Revista Digital de Tecnologías de la Información y Comunicación. Vol. 1, No. 1, trimestre enero - marzo de 2005.

 

“Todos a dormir”, dijo la fábrica de sueños… La lectura en la era de la televisión

Silvia Berenise Hernández Rodríguez *

En 1926 el ingeniero escocés John Logie Baird inventó un sistema de televisión que incorporaba los rayos infrarrojos para captar imágenes en la oscuridad. Con los avances en la transmisión radiofónica y los circuitos electrónicos que se produjeron en los años posteriores a la I Guerra Mundial, los sistemas de televisión se convirtieron en una realidad.
En México, se realizaron experimentos en televisión a partir de 1934, pero la puesta en funcionamiento de la primera estación de TV, Canal 5, en la ciudad de México, tuvo lugar en 1946. Al iniciarse la década de 1950 se implantó la televisión comercial y se iniciaron los programas regulares y en 1955 se creó Telesistema mexicano, por la fusión de los tres canales existentes.
Televisa, la empresa privada de televisión más importante de habla hispana, se fundó en 1973 y se ha convertido en uno de los centros emisores y de negocios más grande del mundo, en el campo de la comunicación, ya que además de canales y programas de televisión, desarrolla amplias actividades en radio, prensa y ediciones o espectáculos deportivos.
La televisión ha alcanzado una gran expansión en todo el ámbito latinoamericano. En la actualidad existen más de 300 canales de televisión y una audiencia, según número de aparatos por hogares (más de 60 millones), de más de doscientos millones de personas.
A partir de 1984, la utilización por Televisa del satélite Panamsat para sus transmisiones de alcance mundial, permite que la señal en español cubra la totalidad de los cinco continentes. Hispasat, el satélite español de la década de 1990, cubre también toda Europa y América. (Microsoft Encarta, 2002)
Con fuerza y mucha importancia la televisión irrumpió en la estructura social, con tanta presencia en el medio ¿cómo uno puede escapar a sus influencias? No digamos es malo, si no más bien su utilización en la actualidad.
Ya todo empezaba cuando Graham Bell inventó el teléfono, ya que acortó las distancias y comenzaba la era de las comunicaciones inmediatas, algo nuevo e innovador se veía en el umbral de la tecnología, algo habría de cambiar los estilos de vida y con ello las formas simbólicas a las que la gente estaba acostumbrada.
La era de la televisión se constató en el siglo XX por el auge que tuvo y por convertirse en todos los hogares como algo indispensable para las familias, para su entretenimiento e información; de mucha presencia, un medio de comunicación que después de su llegada a la escena tecnológica encontró el medio perfecto que lo adoptó indefinidamente: los hogares.
¿Qué decir de México? las diversiones se reducen por los costos económicos y por el poco tiempo del que se dispone por las jornadas de trabajo, no queda más que descansar, conocer y convivir frente al televisor, algo sumamente cómodo y práctico.
Esta es su era, donde proliferan tanto que destrueca a los demás medios de comunicación como a la radio y a la prensa, ahora ¿Quiénes leen? Son pocos, menos aún los que dedican tiempo a libros alternativos, ya sean de ciencia o literatura.
Digamos que los libros y lo que ofrecen no son un rival ante la televisión; sin embargo sus funciones son homologas, la “tele” (ver desde lejos) desplazó a los libros y al hecho de leer, tiempo atrás con la invención de la imprenta con Gutenberg alrededor del año 1455, las impresiones de escritos vio la luz, las personas tuvieron acceso a la información de una manera diferente a la tradición oral, tan es así que hubo quienes se atrevieron a criticar a la Iglesia católica como Martín Lutero, a partir de la actitud de avance y sobretodo, de reflexión a partir del estudio de la Biblia, que curiosamente se había distribuido gracias a la imprenta. Hubo oportunidad de leer.
¿Hubo era del libro? Hubo momentos históricos en que se convirtieron en símbolos de “cultura”; pero de cultura culta, elitista. En nuestro país no ha habido un momento en que digamos “todos tuvieron acceso a ellos” .
Durante La Colonia la adquisición de volúmenes se hacían por pedidos al extranjero, a esto se aúna que estaban escritos en lenguas distintas (¿cómo decodificar?) y que el analfabetismo era –y sigue siendo- un gran obstáculo.
Es obvio que entre leer y ver existe una gran diferencia, leer representa un proceso complejo, se necesita de su enseñanza y de su aprendizaje, la acción de ver es sencilla, vasta con no ser ciego, esto es algo con lo que se nace, sólo se requiere tener un televisor y la disposición para ello.
Entonces ¿Qué rivalidad hay? Se trata de un fenómeno social el que pocos quieran leer y la mayoría ver la TV, y encuentra sus orígenes en la educación, primero en la familia después en la institución educativa.
Tradicionalmente se ha concebido a la lectura como un acto mecánico de decodificación de grafías con la finalidad de que sean sonorizadas, y a su aprendizaje como el desarrollo de habilidades perceptivo-motrices que consisten en el reconocimiento de las mismas que componen una palabra, oración y párrafo.
Generalmente, el método de enseñanza de la lectura va de la mano con la concepción que tiene el maestro de ésta, así también de lo que espera la sociedad, un “buen lector” supuestamente, debe leer rápidamente y sin titubear, sonorizarlo perfectamente, siendo que la comprensión es lo más relevante, es decir, que la persona pueda construir un significado que le da el autor y que a partir de éste pueda tal vez emerger uno nuevo o de acuerdo a las concepciones previas y contextuales.
La lectura implica una comunicación entre lector y el autor por medio del texto, creo que esa falso pretender que la comprensión lectora debe considerar un punto de partida igual para todos y delimitar el mismo tiempo para todos. Las personas relacionamos la lectura con el hastío y el aburrimiento, debido a la falta de variedad de textos y porque la escuela nos condiciona para aprenderlos de memoria, aun cuando este fuera del alcance de nuestras posibilidades cognoscitivas (por la edad y la preparación).
“En la medida en que los textos escritos adquieren sentido para el niño, el sistema de escritura cobra existencia social como objeto cultural” (Palacios, M. 1996: 18)
Quiere decir que se trata de un proceso interactivo, que la utilización de este le da un significado real para las personas, ese es el sentido, la interacción es entre el pensamiento y el lenguaje y necesita de flexibilidad. Se lee con técnica, se usa bien o mal, pero sobretodo, para cumplir un objetivo.
A partir de la popularización de la TV en los hogares mexicanos, los niños han encontrado en este aparato algo así como un instrumento que “educa” sin tomar en cuenta si esa educación es de calidad o no.


Necesidades pedagógicas referentes a la lectura


Muchos piensan que los libros son para adornar los muebles, también muchos saben que leer es importante y bueno, que nos hace analíticos pero no se aplican por flojera, no existe el hábito… Alguna vez un compañero me comentaba “yo sé que el éxito es de los que leen, yo no leo, pero prefiero la computadora”. Es un hecho que la gente, los jóvenes se resignan a no saber, renunciar a su propio saber, por saber leer.
A pesar de que el sistema educativo tiene la tarea de formar alumnos asiduos a la lectura, no se ha alcanzado óptimamente esta meta, la baja calidad de la educación tiene varias causas, lo que me interesa ahora es que no hay una metodología que forme a niños o jóvenes que prefieran la lectura, quizá sea el desempeño docente; pero sobretodo, el contexto en el que se insertan los aprendices.
En el Plan y Programa de estudios editado en 1993 se plantea como un propósito central en la asignatura de español el siguiente:
Que los alumnos “adquieran el hábito de la lectura y se formen como lectores que reflexionen sobre el significado de lo que leen y puedan valorarlo y criticarlo, que disfruten de la lectura y formen sus propios criterios de preferencia y de gusto estético” (SEP. 1995: 21)
Es un hecho que tal propósito no se ha podido alcanzar completamente, porque sólo algunos alumnos se forman como lectores, y más complejo es el proceso en el que una persona es capaz de armonizar la información obtenida con los libros o periódicos con la recibida por los medios de comunicación, en especial de la TV, porque tampoco habría que satanizar a la TV, ciertamente ofrece una ventana de recreación, aquí el merito sería encontrar un nivel crítico y reflexivo ante las dos fuentes.
La TV tiene poder sobre la imaginación, nos convertimos en los personajes que se nos presentan, cierto que puede suceder los mismo con la literatura plasmada en los libros, pero la TV viene acompañada de música y movimientos de cámara lo que la hace para una generación que creció con la TV, mucho más divertido, aunque sea en detrimento de nuestra capacidad analítica.


Cisma entre libros y TV


Cierto que el hombre posee la capacidad de desarrollarse y aprender en un mundo tangible y simbólico, ve y siente; pero piensa… Ya decía, se puso en boga a la llegada del televisor este aparato que acaparó tanto la atención de centenares y gradualmente –si no fue de tajo por el precio inicial de éste en el mercado- y se consolidó como el eje central de las comunicaciones.
Así pues, la TV es un aparato receptor de imágenes y sonidos, que puede captar señales a grandes distancias con la rapidez necesaria y con ello asegura mucha “información” y entretenimiento, con la “tele” es más importante ver que hablar, la imagen habla por sí sola, el telespectador es una animal vidente más que un animal simbólico, tal como lo plantea Sartori en “El homo videns”.


Ahora las personas se informan viendo, desplazando a la lectura.


En la actualidad, la primera escuela del niño es la TV y el niño es una esponja que registra y absorbe todo lo que ve, es decir, tiene la capacidad de registrar como verdadero que la TV le presenta, traducirlo a valores y principios. Se puede convertir en alguien que no lee y se forma generación tras generación lo que Alberoni definía como una cultura juvenil en 1997:
“Los jóvenes caminan en el mundo adulto de la escuela, del Estado […] de la profesión como clandestinos. En la escuela escuchan perezosamente lecciones […] Se parapetan en su habitación con carteles de sus héroes, ven sus propios espectáculos, caminan por la calle inmersos en su música, despiertan sólo cuando se encuentran en la discoteca por la noche […] y saborean la ebriedad de apiñarse unos contra otros, la fortuna de existir como un único cuerpo colectivo danzante” (Sartori, G. 2002: 30)
Es así pues que los jóvenes que no se cultivan son fácilmente manipulables, se manejan como “masas” que aunque se identifican por tener los mismos intereses, tales intereses no tienen una mayor importancia verdadera en la sociedad.
La cultura del libro es de unos pocos, mientras que la cultura audio-visual es de la mayoría, se da un empobrecimiento de la capacidad de entender, lo cierto es que el progreso tecnológico no se puede detener; pero aunque no hay una panacea que ayude a mejorar esta situación de manera definitiva, si puede estar en nuestras manos manejar el uso de la tecnología, ya que como decía Sartori, “el hombre que lee y el hombre que ve, la cultura escrita y la cultura audio-visual, dan lugar a una síntesis armoniosa” (2002: 57) pero lo cierto es que las personas que leen son cada vez menos, así como de libros y periódicos, parece que no hay integración, sino una sustracción de los medios atrofiando la capacidad de entender de las personas.


El consumo cultural por medio de la lectura


La cultura del libro se encuentra en peligro, cierto es que nunca ha encabezado la lista de los pasatiempos de las personas, menos en nuestro país, pero es alarmante que los jóvenes no tengan en muchas ocasiones un criterio propio, que se dejen influenciar por las modas y por la imposiciones del capitalismo. El consumo cultural típico de México se condiciona mucho por el contexto.
Para adquirir la cultura escrita se necesita leer, para ello uno debe estar alfabetizado y alfabetizar no significa otra cosa que favorecer el desciframiento correcto de un texto, de unas palabras, se necesitan destrezas para leer como el conocimiento instrumental.
La escuela tradicional ha fracasado en el proceso de integrar valores de la cultura superior a los sectores marginales y sobretodo, en la transmisión de la cultura escrita y se debe a la escolaridad real en México.
Lectura “es desciframiento que oculta sus claves, se extiende como un tejido de experiencias subjetivas, remite a las referencias transindividuales de grupos y clases, tanto como a los estilos y costumbres de una comunidad y sus formas locales de manifestación y de existencia” (García, C.-1993: 340)
Para leer es necesario explorar los rasgos de los que leen, es decir, sus disposiciones y su disponibilidad técnicas y culturales, me refiero a la influencia significativa de la familia, Canclini lo llama “El universo de la familia”, tomando en cuenta su tradición cultural y los códigos audiovisuales, ya que los medios son una cotidianidad, y estos, igual que la escuela, también transmiten códigos.
Por ejemplo, en las escuelas se aprende que leer es importante y que da un cierto prestigio en la sociedad, pero no se aprende a leer como tal, es decir, a comprender y a valorar las lecturas, se aprende a descifrar las letras y formar palabras, “los alumnos aprenden a valorar el prestigio de la cultura y a distinguir la estratificación natural entre lo que saben y los que no, los letrados y los iletrados, al tiempo que no pueden sino reconocerse entre los excluidos de esos niveles de distinción” (1993 : 251)
Generalmente, entre las familias que más se lee son de profesionistas, porque ni siquiera los más ricos o adinerados son lo que encabezan la lista, así también se piensa que la lectura debe ser productiva y que el lector, más que un crecimiento intelectual, se obtiene prestigio y distinción por medio de la lectura.
Pero a pesar de los beneficios que “leer” tiene, las personas, principalmente los niños, más que leer los libros, les gusta ver, ya que prefieren al contenido, los dibujos, los colores y la caligrafía clara.
Con la TV “se produce un salto, casi sin transiciones, del analfabetismo generalizado a las modernas culturas de la imagen. Este hecho adquiere relevancia en más de un sentido: el desconocimiento de los códigos de la escritura deja de construir un impedimento para acceder a la cultura; la TV prolonga las tradiciones orales y sustituye con ventaja al libro” (1993: 259)

Lo malo es que muchos ven todo, casi cayendo en la inercia.

Ver TV es un proceso que antecede y prosigue el contacto directo con la pantalla, uno consume el tiempo libre con la TV, y se consume en la medida de sus necesidades, es decir, de acuerdo a los grupos a los que pertenece el individuo, lo que Guillermo Orozco denomina “comunidades de apropiación, de audiencia y de referencia, con los cuales hay compatibilidad y correspondencia, en general se llama “grupo con lo que se ve la TV y con ello se le da sentido y según el tipo de audiencia variarán las comunidades de apropiación, por ejemplo, la audiencia es infantil, el grupo de apropiación es la familia o la escuela y el grupo de referencia es el sexo o la edad. (Charles, C. 1998)
La TV es todo un atractivo para los sentidos, en cuanto a la lectura dicen algunos “leo para desaburrirme; pero me aburro de todos modos”
La TV pudo cambiar las reuniones familiares, se volvieron “autistas” ante el televisor que la tecnología trajo, con el paso del tiempo la TV se hizo más atractiva, llegó la pantalla a colores, la publicidad aumentó, los mensajes se redefinieron y mejoraron las formas de transmisión de estos, para coronar el reinado de la TV llegó el control remoto y crece nuestro entusiasmo y el placer por estar ente tan exquisito invento.
A nuestra necesidad de cambio se apegan los programas televisivos, derrotan rotundamente la inmovilidad de los libros, todo el trabajo cae sobre nosotros, desde abrirlo, hojearlo, leerlo, interpretarlo, transmitirlo…Construirlo ¡Que flojera! (Dicen)
La TV es otro caso, totalmente dinámico, toda una sorpresa agradable, se mantiene una dinámica permanente de imagen tras imagen, con lo que Sartori obtiene un 10 al llamarnos “Homo videns”, y con lo cual se llega al punto máximo de un solo sentido: la vista, que al fin y al cabo dice un refrán “De la vista nace el amor” y de eso se vale la TV si no somos capaces de discernir entre lo “consumible” de lo “inconsumible”

Reflexión acerca del papel predominante de la TV


Veamos, anteriormente la transmisión de conocimientos y la capacidad de pensar y reflexionar del hombre se apegaba a la cultura oral, había estimulación a la memoria. Al llegar la escritura hubo un cambio revolucionario y esta estimuló la abstracción y al análisis. Hoy la cultura de la TV y el video estimulan la capacidad visual y el pensamiento asociativo, hubo un cambio de los procesos mentales.
Como hubo un cambio radical de representarse la información, también hubo una adaptación psicológica para aprehenderla y apropiarla, así pues, los libros y todo lo que sea escrito no deja de tener importancia, pero su popularidad disminuye considerablemente por ser objetos prácticamente estáticos y de poco color.
En las escuelas los alumnos casi no leen, les agrada más escuchar al maestro, les causa tedio tener que leer unas cuantas páginas. Los maestros se encuentran en aprietos porque los educandos no aprenden, pero ellos no pueden hacerlo desde la pasividad, se necesita una didáctica activa e interactiva… Lo malo es que los maestros no vienen a control remoto.
Los adultos actuales fueron niños y estuvieron expuestos a la influencia de la TV, la teleaudiencia se construye socialmente y el niño es un aprendiz que capta por medio de la observación y de la imitación; sin embargo no todo es una catástrofe, la utilización de la TV y de los libros dependen del gusto que uno tenga, y este gusto se forma a partir de otras influencias sociales, no nada más de la TV.
La fábrica de sueños es la televisión, no como aparato, pero si como un medio que transmite tradición y cultura, “todos a dormir” porque de cierta forma influye en nuestro actuar social de manera que en muchas ocasiones somos indiferentes ante situaciones que son de suma importancia.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICA


1. CHARLES Creel, Mercedes, Educación para la recepción, Ed. Trillas, México, 1998.

2. GARCIA Canclini, Néstor. EL consumo cultural en México, Ed. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, México, 1993.


3. GOMEZ Palacio, Margarita. La lectura en la escuela SEP, México, 1996.

4. Microsoft Encarta, 2002


5. SARTORI, Giovanni. Homo videns, la sociedad teledirigida. Ed. Taurus, México, 2002, pág. 30


6. SEP, Plan y Programa de Estudios, Primaria, México, 1995.


* Licenciada en Educación Primaria y actualmente cursando el décimo semestre de la Licenciatura en Comunicación y Educación