Revista Digital de Tecnologías de la Información y Comunicación. Vol. 1, No. 1, trimestre enero - marzo de 2005.

 

 

LA COMUNICACIÓN EDUCATIVA EN PAULO FREIRE

Por. Rodolfo Bórquez Bustos [1]

 

Este gran pedagogo brasileño nació en Recife Estado de Pernambuco. Estudió derecho en la Universidad de Recife, y en forma simultánea realizó estudios de filosofía y de psicología del lenguaje. Prácticamente no se dedicó a la abogacía, más bien toda su vida la consagró a unir su trabajo teórico-práctico en el área de la educación, con el fin de ayudar a las personas socialmente más desfavorecidas.
En los inicios de su carrera como pedagogo (1947-1956) Freire, fue asistente y posteriormente director del Departamento de Educación y Cultura de Pernambuco. Posteriormente impartió clases de historia y filosofía en la Universidad de Recife. A inicio de los 60’s, fundó el Movimiento de Cultura Popular, en Recife, que pronto se transformará en un movimiento nacional. A inicios de los años sesentas, este pensador brasileño pone en práctica su método de alfabetización cuyo fin último no era enseñar solamente a leer y a escribir, sino —y sobre todo— a liberar a los oprimidos de la domesticación ejercida por el poder, por medio del desarrollo de sus capacidades críticas-reflexivas, provocando en los educandos, la conciencia de la necesidad de cambiar la sociedad injusta.
En 1961, aplicando el método creado por Freire, se llevan a cabo una de las primeras experiencias de alfabetización, en la “ciudad de Angicos, en el Estado de Río Grande Do Norte, en la empobrecida región noreste de Brasil,...300 campesinos fueron alfabetizados en 45 días”.[2]
En 1963, Freire asumió la presidencia de la Comisión Nacional de Cultura Popular, y el Presidente Joao Goulart lo invitó a coordinar el Plan Nacional de Alfabetización para Adultos. Cuando en 1964 se instaló una dictadura producto de un golpe de estado, el pedagogo brasileño fue encarcelado durante dos meses y posteriormente se exilió a Chile, donde asesoró al gobierno demócrata cristiano de Eduardo Frei y del socialista Salvador Allende, logrando con su método desterrar completamente el analfabetismo en ese país. También durante su estancia en Chile, trabajó durante cinco años como Consejero de la UNESCO, en el Instituto de Entrenamiento e Investigación de la Reforma Agraria. En 1969 colaboró con la Universidad de Harvard, en el Centro Universitario para el Estudio del Desarrollo y el Cambio Social.
En 1970, Freire fundó en Ginebra Suiza, junto con un grupo de exiliados, el Instituto de Acción Cultural, cuyo fin inicial, fue dar asesoría educativa a los nuevos gobiernos de las ex colonias portuguesas. De manera concreta se desarrollaron proyectos de alfabetización en Tanzania, Nicaragua, Guinea-Bissau, São Tomé y Príncipe, etc. También Freire fue profesor en la Universidad de Ginebra, y trabajó en el Consejo Mundial de Iglesias con sede en ésta misma ciudad. En 1980 recibió el Premio Rey Balduino en Bélgica, y la UNESCO en 1986 le otorgó el Premio Educación para la Paz.
Acogiéndose a la Ley de Amnistía, Freire regresó a Brasil en 1979, donde impartirá clases en la Pontificia Universidad Católica y en la Universidad de Campinas de Sao Paulo, y en 1989 será nombrado Secretario Municipal de Educación de esta ciudad. Este gran pedagogo, el año en que muere —1997— estaba invitado para impartir clases en la Universidad de Harvard Estados Unidos.
La obra de este pensador universal, es inmensamente vasta, y su trabajo intelectual y práctico estuvo siempre ligado a un compromiso con los oprimidos. “25 libros publicados en 35 idiomas... su intensa labor estaba guiada por su amor a la enseñanza, aunque él aseguraba: trabajo para vivir, porque mi pensión de jubilado (700 dólares) no me alcanza para mantener a mi esposa y mis 5 hijos”[3]. Estas son las paradojas de la vida, de un hombre que fue feliz entregando su sabiduría y trabajo a favor de aquellos que vivían en la pobreza y marginalidad.
La obra pedagógica de Freire, está guiada por el interés de desarrollar una educación liberadora, la cual postulaba como fin último, la humanización del hombre. A continuación examinaremos los principales postulados en que este pensador brasileño, construye su proyecto liberador.

1. Alfabetización y educación liberadora.

La crítica que hace Freire a la educación tradicional y su propuesta de educación liberadora, está enmarcada en el contexto histórico en que vive Brasil. Para este pensador su país atraviesa por un proceso de transición, entre lo que es (una sociedad cerrada) [4] y lo que debería ser: una sociedad abierta o democrática.
Freire sostenía que el pueblo era el motor de la historia, y que su misión consistía en hacer avanzar la sociedad brasileña hacia una etapa abierta o democrática. Para que ello se pudiera llevar a cabo, este pueblo debía tener conciencia de su papel. ¿Cómo los pobres oprimidos podían ser actores en el proceso de cambio, si en el noreste de Brasil —uno de los lugares más pobres del país— vivían 25 millones de personas de las cuales 15 millones eran analfabetos? Los testimonios que nos describe Paulo Freire de los habitantes de esa región son elocuentes, opiniones tales como “quiero aprender a leer y a escribir—dice un analfabeto de Recife— para dejar de ser la sombra de otros... otro dice en tono afligido, no tengo rabia por ser pobre, sino por no saber leer...[un analfabeto afirma ] quiero aprender a leer y escribir para cambiar el mundo”[5].
Frente a este reto, una de las primeras tareas que emprenderá Paulo Freire, será crear un método y un proyecto de alfabetización, que lo pondrá en práctica originalmente en Brasil, posteriormente en Chile y finalmente en muchas partes del mundo. Pero para él alfabetizar no era solamente enseñar a leer y escribir, sino que educar tiene como propósito principal, crear en el individuo una constante actitud crítica frente a su realidad, que le permita al educando comprender su estado de opresión en el que se encuentra sumido, así paulatinamente las personas van a adquirir conciencia y comprender que esa situación puede ser modificada de una manera favorable a sus intereses.
El método creado por este pensador brasileño para alfabetizar, tiene entonces como objetivo final, lograr una educación liberadora, y se basa en los principios siguientes: debe ser activo, dialógico y comportar un espíritu crítico, lo cual ayudará a los hombres a superar sus actitudes mágicas o ingenuas frente a la realidad, pero para que esto pueda suceder es necesario modificar los programas educacionales. También se recomienda usar técnicas tales como la reducción y codificación.[6]

Las etapas de elaboración y acción práctica del método, Freire las divide en las siguientes fases:

I.- Obtención del universo vocabular de los grupos con los cuales se trabajará. Se realiza a través de contactos informales con los moradores del área que se va a alfabetizar, donde se descubrirán los vocablos típicos del pueblo, con mayor sentido existencial, y las expresiones ligadas a la experiencia del grupo.

II.- Selección del universo vocabular estudiado. Se estudian todas las palabras, frases y expresiones, seleccionando las palabras generadoras. Los criterios para seleccionar dichas palabras son la riqueza silábica, las dificultades fonéticas y el contenido práctico.

III.- Creación de situaciones existenciales típica con que se va a trabajar. Aquí se plantean situaciones y problemas de carácter nacional, regional o local, que les atañe a la existencia concreta de los participantes. Dichas situaciones serán codificadas, apoyándose en distintas técnicas tales como pueden ser fotografías, dibujos, diapositivas, etc. Los analfabetos, con la colaboración del coordinador, descodificaran el mensaje, lo que provocará un rico debate en el grupo. Por ejemplo, si son campesinos pobres, la palabra generadora puede ser “vaca”, se promueve entre los participantes la reflexión y discusión, lo que puede conducir a que los participantes concluyan que no tienen vacas, y como trabajadores solamente las ordeñan. También pueden llevar el debate a preguntarse si alguna vez ellos podrán tener sus propias vacas, la respuesta probable será que no, ya que ganan poco y son pobres. En fin, este tipo de pláticas abiertas, tienen como meta provocar la toma de conciencia y al mismo tiempo alfabetizar.

IV.- Elaboración de fichas que ayuden a los coordinadores en su trabajo. Tal como lo indica su nombre, éstas fichas constituyen solamente un apoyo para el coordinador, jamás una prescripción rígida que se debe seguir al pie de la letra.

V.- Preparación de fichas con la descomposición de las familias fonéticas que corresponden a los vocablos generadores. Esta etapa, no consiste solamente en la preparación de los materiales, que pueden ser por ejemplo carteles, y fotografías, los cuales comporten las familias fonéticas y las palabras generadoras, sino lo más importante es crear por parte de los coordinadores, una actitud de diálogo abierto con lo educandos analfabetos, donde se establezca una relación dialogal entre el yo-tú, y no como tradicionalmente se hace, donde el “tú” es un mero objeto, si así fuera el diálogo se destruiría y ya no se estaría educando, sino deformando, o bien “domesticando”.[7]

Organizadas estas cinco fases, ya se puede iniciar la etapa alfabetizadora, que se desarrollará en los círculos de cultura.[8]

De todo esto, podemos deducir que para Freire educar no es solamente trasmitir o entregar conocimientos determinados y estáticos. Más bien es la capacidad de crear una situación pedagógica, en la que el ser humano se conozca a sí mismo, y logre tomar conciencia del mundo o el entorno injusto que lo rodea, con el propósito de transformarlo. En este sentido la educación cumple con una función liberadora, y es una acción política cuyo fin consiste en hacer que los individuos tomen conciencia de la opresión que padecen, y de esta manera generen acciones concretas que conduzcan a la ejecución de cambios sociales.
Por otra parte, Freire considera que la clase dominante impone su hegemonía, a través de la construcción y transmisión de conocimientos. Como un ejemplo típico, podemos señalar el contenido curricular de las escuelas, que generalmente es completamente ajeno a los educandos de origen humilde. Este razonamiento, conduce al pensador brasileño a señalar que tanto la educación como la cultura, no pueden ser neutrales, ya que siempre están ligadas a una actitud política. Él define a la cultura “como un campo de lucha por el significado, una conversación entre muchos que nunca es neutral... el lenguaje y la cultura siempre reflejan una pluralidad de valores, voces e intenciones que generan el diálogo. Tal perspectiva, presta atención a la intensidad de las contradicciones sociales dentro de los sistemas lingüísticos y simbólicos. La cultura [por lo tanto también la educación] nunca está despolitizada; siempre permanece ligada a las relaciones sociales y de clase que la conforman”[9].
Teniendo presente esta postura, alfabetizar a parte de enseñar a leer y a escribir, es

sobre todo una acción cultural y política, que tiene como fin concientizar[10] a los analfabetos, es decir hacer que los analfabetos tomen conciencia, y sean actores de su propia historia, transformando su entorno, para lograr liberarse de la sociedad que los oprime, en estos términos los educandos deben “leer” política y socialmente el mundo opresivo, tomar conciencia de ello con el fin de romper las cadenas de la opresión, por medio de la lucha. Con este razonamiento se deduce que Freire postula la unión entre la teoría y la práctica. Esta propuesta específica no debe ser aplicada solamente a los procesos de alfabetización, sino que a todo proceso educativo. Por medio de la educación, el pensador brasileño pretende modificar la mentalidad de los dominados, para que pasen de una cultura del silencio, a una cultura del diálogo, de la reflexión, de la crítica, de la libertad y de la lucha, lo que propiciará la transformación de su existencia miserable.
La función del educador entonces no es transmitir un conocimiento que será asimilado por el educando, donde se “depositan” conocimientos ya elaborados para que sean pasivamente adquiridos por los alumnos, para Freire la labor del educador debe ser “problematizar a los educandos el contenido que los mediatiza, y no la de disertar sobre él...como si se tratara de algo ya hecho, elaborado, acabado, terminado”[11]. El problematizar a los educandos, tiene como finalidad desarrollar la conciencia crítica, para que descubran las relaciones de explotación y de poder que se dan en la vida cotidiana y desmitologicen el mundo que los rodea. En esta perspectiva, el pensador brasileño propone politizar y desmitificar la noción de cultura dominante, sosteniendo que los estudiantes en tanto que agentes sociales de cambio, pueden apropiarse críticamente de ella y construir social y políticamente alternativas que beneficien a los sectores oprimidos. Esta propuesta freirina se sustenta en la concepción que él tiene del hombre.

2. El concepto del hombre en Freire

Freire afirma que el animal está unido a su realidad, no puede separarse de ella, su actividad es él, y está determinada por su instinto, es un ser que no posee otra posibilidad que permanecer encerrado en sí mismo. Por lo tanto el animal al no tener poder de decidir, de elegir, “al carecer de finalidades que proponerse y proponer, [no tiene capacidad de objetivarse, ni objetivar su actividad] al vivir “inmerso” en el “mundo” al que no consigue dar sentido, al no tener un mañana ni un hoy, por vivir en su presente aplastante, el animal es ahistórico”[12].
En cambio el hombre no está en el mundo como un objeto más, está más bien con el mundo, a través de la razón puede comprender ese mundo, darle un sentido, reflexionar, criticar, crear ideas nuevas y transformarlo. El hombre no se acomoda, sino que se integra al mundo, pero en este proceso de integración él tiene la posibilidad de luchar contra todas las formas de opresión que le impiden humanizarse. Así el ser humano se construye a sí mismo, se hace sujeto, al construirse como persona transforma al mundo, se relaciona con otros hombres, construye cultura y hace la historia, historia que al mismo tiempo la puede reformar o transformar, por el solo hecho de ser sujeto y no objeto.
Este proceso hace que el hombre tenga conciencia, es decir, posee la capacidad de darse cuenta de ciertos acontecimientos, de analizar críticamente distintas situaciones y puede llegar al fondo de la problemática observada, con el fin de aceptar o modificar el problema detectado. El hecho de que el ser humano sea conciente de su actividad y del mundo en que se encuentra, provoca que su actuar se realice en función de lograr ciertas finalidades. Su presencia creadora se plasma en las transformaciones que él efectúa, ello ocurre debido a que el hombre tiene el poder de separarse del mundo, no como el animal que vive adherido a él, por tal razón el ser humano no solamente vive sino que existe, y su existencia es histórica, en el sentido que posee la capacidad de vivir en un presente, heredar el pasado, y proyectarse en el futuro, en cambio el animal siempre vive en el ahora.
Freire reconoce que las fuerzas históricas opresoras, por medio de la cultura y la ideología, están constantemente empujando, forzando al hombre para que se acomode, o ajuste al mundo de las injusticias. Pero el hombre al ser un sujeto por vocación, tener conciencia —estar con el mundo—, poseer disposición a la crítica y ser ontológicamente inacabado; tiene la posibilidad de resistir, modificar y cambiar el mundo que el poder dominante pretende implantar, pero ello no lo hacen los hombres de manera aislada, sino en relación con los otros hombres. Por tal motivo, uno de los rasgos más relevantes de los seres humanos, es que se comunican, se hacen en el diálogo, en la palabra, no en el silencio.

3. La educación dialógica y bancaria.

La comunicación constituye uno de los rasgos humanos más importante, en cambio el monólogo niega la naturaleza del hombre. La base de la comunicación es el diálogo cuyas características son: ser racional, y que ninguno de los interlocutores posea el monopolio de la iniciativa. Por medio del diálogo las personas expresan su intersujetividad. La forma más habitual que tienen los seres humanos para dialogar es a través de la palabra, que está ligada a la acción y a la reflexión. Por tal motivo “decir la palabra verdadera es transformar el mundo”.[13] Para este pensador brasileño, palabra y acción están unidas íntimamente, advirtiendo que la palabra sin acción es verbalismo, en cambio la acción sin palabra es activismo. Las personas se distinguen por su quehacer que es acción y reflexión a la vez, vale decir, es praxis, es transformación del mundo, es reflexión y acción.[14] Al mismo tiempo hay que señalar que la palabra no es privilegio de unos pocos, sino un derecho de todos, ningún individuo puede decir la palabra por otro, si así ocurriera, sería robarle al otro el derecho a decirla.
Esta idea de diálogo, que introduce Freire a toda actividad educativa, —señalando que los maestros deberían trabajar a partir del capital cultural de los alumnos, o de los oprimidos en el caso particular de los analfabetos—, se obtiene abriendo los procesos de comunicación con el educando, entonces de lo que se trata, es de incorporar el bagaje cultural del alumno al curriculum, evitando así las constricciones de significado impuestos por la cultura dominante que tiende a subyugar la vida de los individuos.
La práctica pedagógica basada en la comunicación dialógica abierta, crea a nivel individual y colectivo, inmensas posibilidades de reflexión y acción, donde se destaca que el educador puede “leer” el mundo de los oprimidos, y que éstos últimos comprendan su mundo con el fin de transformarlo, abriendo la posibilidad de crítica y acción liberadora. En cambio si la relación pedagógica se sustenta en cerrar el diálogo, y el profesor se limita a aplicar el programa sin comprender el mundo de los estudiantes, evitando así toda posibilidad de intercambio de experiencias, estaríamos frente a un tipo de educación bancaria. Aquí el maestro solamente trasmite al alumno los contenidos curriculares elaborados por las instancias administrativas del sistema escolar, dejando al margen todo el bagaje cultural del educando, el cual es considerado completamente extraño a los objetivos de los programas, olvidando la riqueza que pueden aportar la cultura de los educandos en los proceso de aprendizaje.
La educación bancaria Freire la caracteriza por ser de naturaleza narrativa, discursiva o disertadora, ello implica una relación entre un sujeto activo (el educador) que narra o diserta, y un educando, que es un objeto paciente que escucha, memoriza y repite. La tónica de este tipo de educación, es narrar sobre una realidad estática, completamente ajena a la experiencia existencial de los alumnos, la tarea del educador consiste en “llenar” a los educandos con los contenidos de su narración. El educador será mejor en la medida en que más llene los recipientes de su depósito, y serán mejores educandos mientras más se dejen “llenar” dócilmente.[15] En lugar de comunicarse, el profesor hace comunicados y “deposita” sus conocimientos en los estudiantes, quienes lo reciben pacientemente, repiten, memorizan y archivan dichos “depósitos”.
La concepción bancaria de la educación, refleja la sociedad opresora, suscita una cultura del silencio, pero al mismo tiempo también mantiene y promueve las contradicciones, que Freire las clasifica a partir de las siguientes características:

a) El educador es siempre quien educa, el educando es siempre el educado.
b) El educando es el que sabe, los educados no saben.
c) El educador es el sujeto del proceso educativo, es el que piensa, los educandos son los objetos, los que solamente repiten lo pensado y expresado por el educador.
d) El educando es el que habla, los educandos son los que escuchan dócilmente.
e) El educador es quien disciplina, los educandos son los disciplinados.
f) El educador es quien opta y prescribe su opción, los educandos son quienes siguen la prescripción.
g) El educador es quien actúa, los educandos tienen la ilusión de actuar, pero actúan en la actuación del educador.
h) El educador es quien escoge el contenido programático, los educandos —a quienes jamás se les escucha— se acomodan a él.
i) El educador identifica la autoridad del saber, con su autoridad funcional, la cual se opone antagónicamente a la libertad de los educandos. Son éstos quienes deben adaptarse a las decisiones de aquel.
j) Finalmente concluye Freire, el educador es el sujeto del proceso, los educandos son meros objetos.[16]

El fin de este modelo bancario de educación, es adaptar, domesticar, ajustar a los hombres al sistema dominante, de hecho constituye una forma o práctica más de la dominación. En cambio el modelo dialógico, busca que el hombre participe, construya conocimientos a partir de su experiencia de vida, comprenda la sociedad opresiva, la critique, proponga y actúe para cambiar dicha sociedad. A pesar que la intencionalidad de la educación bancaria es mantener sometidos a los individuos a un mundo opresivo, estos son seres que tienen como vocación ontológica humanizarse, por lo tanto tarde o temprano pueden “percibir la contradicción en que la“educación bancaria” pretende mantenerlos, y percibiéndola pueden comprometerse en la lucha por la liberación”.[17]

4. La renovación del pensamiento de Freire.

La conclusión a la que llega Freire es fundamental, ya que en su modelo crítico contempla como posibilidad real que los oprimidos resistan, y se liberen de la dominación en la que se encuentran sometidos, en este sentido, la educación dialógica, abierta, cumple un papel relevante.
El segundo aspecto importante, es que Freire rompe con el concepto dominante de ciencia que ha prevalecido bajo la modernidad, donde el sujeto —educador—, es el único capaz de conocer, poseer y construir conocimientos, mientras que el educando, es un simple objeto incapaz de pensar, tener ideas propias, oponerse a la cultura e ideología dominante. Es decir, Freire rechaza toda forma de positivismo y reproduccionismo estructuralista.
Las críticas conservadoras que se le han hecho a este pensador brasileño, es que pretende colocar al profesor como un agitador político, cuya labor no es educar sino concientizar, lo que conlleva implícitamente una cierta propuesta de subentendida como sociedad socialista. Esta postura un tanto radical, Freire la matizó en sus últimos escritos, donde profundizó sobre los procesos de comunicación e interacción intersubjetiva entre educadores y educandos, en esta relación el primero tiene como función ser un facilitador de la comunicación, cuyo objetivo final ya no es la construcción de una sociedad completamente liberada de las contradicciones sociales, sino principalmente la extensión de la democracia, la formación ciudadana en el sentido más amplio, por tal motivo la práctica educativa “exige la eticidad del educador y su necesaria militancia democrática”.[18]
El pedagogo brasileño, en sus últimos años de vida más bien volcó su interés hacía el estudio de las formas en que las clases populares resisten al poder dominante, a través de “sus fiestas, sus danzas, sus juegos, sus leyenda, sus devociones, sus miedos sus semánticas, sus sintaxis, su religiosidad...[señalando que no le parece] posible organizar programas de acción político-pedagógica, sin tener seriamente en cuenta las resistencias de las clases populares”.[19]
En esta misma línea, Freire recuerda cuando fue secretario de educación en la ciudad de Sao Paulo, su principal quehacer como funcionario, consistió en tratar de democratizar el sistema educativo, para ello fue necesario democratizar la administración (hacer más autónomas las escuelas), democratizar el poder, es decir “reconocer el derecho de voz de los alumnos, de los profesores, disminuir el poder personal de los directores...[estimular la] mayor participación de los alumnos...profesores...madres...padres, de la comunidad escolar; [ya que] la democracia pide estructuras democratizantes y no estructuras inhibidoras de la presencia participativa de la sociedad civil en el mando de la república”. [20]
A todas luces el discurso de Freire había cambiado, y su objetivo ya no era concientizar para la revolución, sino que a través de una comunidad comunicativa de aprendizaje, ampliar de manera crítica la democracia, entendida ésta como una forma de vida y de ejercicio del poder político.


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[1] Sociólogo. Maestro de la Universidad Autónoma de Guerrero. Coordinador del Cuerpo Académico: Educar para la Democracia. E-Mail: rborquezbustos@yahoo.com

[2] Diario La Jornada, “Murió el educador Paulo Freire, pedagogo de los oprimidos”, 3 de mayo de 1997, México, p.22.

[3] Idem.

[4] La sociedad cerrada es comprendida como aquella profundamente jerarquizada, donde existe una marcada división entre una gran mayoría de pobres, y muy pocos que detentan el poder y la riqueza. En este tipo de sociedad no se reconocen los derechos fundamentales de las clases desposeídas. Nadie se interesa por educar a los analfabetos adultos, y ellos no tienen derecho a votar. Es la típica sociedad basada en una explotación colonizadora. Freire, Paulo, La educación como práctica de la libertad. Siglo XXI, Buenos Aires, 1973, pp.32 y ss.

[5] Ibid.,pp.97 y ss.

[6] Ibid., pp. 100 y ss.

[7] Ibid, pp. 110-113.

[8] Para mayor detalle y explicación práctica del método utilizado por el pensador brasileño, consultar el ensayo: Freire, Paulo, “Cartas a una joven nación”, en, El Correo de la UNESCO, año 23, junio de 1980, sin lugar de edición.

[9] Aclaren. Peter, La vida en las escuelas, una introducción a la pedagogía crítica en los fundamentos de la educación, Siglo XXI, México, 1998. p.238.

[10] En el sentido más amplio alfabetizar consiste en el aprendizaje de los códigos lingüísticos; y concientizar, es el desciframiento de la realidad vivida, es la relación que debe existir entre el pensar y el actuar. Alguien que se concientiza (ello ocurre en las prácticas sociales cotidianas) es aquel que ha sido capaz de encontrar la razón de ser de las cosas, (la pobreza por ejemplo). Sin embargo este descubrimiento debe estar acompañado por una acción transformadora, que puede ser organizarse políticamente para combatir la pobreza. Estas dos categorías son inseparables y constituyen el núcleo central del método de Friere.

[11] Freire, Paulo, ¿Extensión o comunicación?, Siglo XXI Buenos Aires, 1973, p.62.

[12] Freire, Paulo, Pedagogía del oprimido, pp. 118-119.

[13] Ibid, pp. 103-104.

[14] Ibid., p. 161.

[15] Freire, Paulo, Pedagogía del oprimido, op. cit., pp. 71-72.

[16] Ibid., pp. 73 y ss.

[17] Idem.

[18] Freire, Paulo, Política y educación, Siglo XXI, México, 1999, p. 43.

[19] Ibid., p. 54.

[20] Freire, Paulo, Educación y participación comunitaria, en Castells, Manuel, et. al., Nuevas perspectivas críticas en educación, Piadós, México, 1994, p. 93.

BIBLIOGRAFÍA

Freire, Paulo, “Cartas a una joven nación”, en, El Correo de la UNESCO, año 23, junio de 1980, sin lugar de edición.
Freire, Paulo, Educación y participación comunitaria, en Castells, Manuel, et. al., Nuevas perspectivas críticas en educación, Piadós, México, 1994.
Freire, Paulo, ¿Extensión o comunicación?, Siglo XXI, Buenos Aires, 1973.
Freire, Paulo, La educación como práctica de la libertad. Siglo XXI, Buenos Aires, 1973.
Freire, Paulo, Pedagogía del oprimido, Siglo XXI, Madrid, 1975.
Freire, Paulo, Política y educación, Siglo XXI, México, 1999.
La Jornada, “ Murió el educador Paulo Freire, pedagogo de los oprimidos”, México, 03 de mayo de 1997.
Mclaren. Peter, La vida en las escuelas, una introducción a la pedagogía crítica en los fundamentos de la educación, Siglo XXI, México, 1998.