Revista Digital de Tecnologías de la Información y Comunicación. Vol. 5, No. 4. Trimestre octubre - diciembre de 2009. ISSN: 1870-7505

 

LA COMUNIDAD INTERNACIONAL Y SU INTERÉS EN LOS PROBLEMAS AMBIENTALES Y LA   CONSERVACIÓN DE LA NATURALEZA. UN BALANCE HISTÓRICO.

Mtro. José Sales Nava*

INTRODUCCIÓN

El desarrollo sin equidad de las sociedades modernas viene de la mano con la destrucción del medio ambiente natural y social. Esto, desde hace varias décadas ha llamado fuertemente la atención de gobernantes y gobernados a nivel mundial; por ello, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y varios organismos internacionales que de ella dependen, han llevado a cabo una serie de eventos que tienen como objetivo fomentar una actitud que modifique la relación del hombre con la naturaleza.
 
Al respecto, en este articulo se hace una descripción y una reflexión acerca de  cuáles han sido los intentos que históricamente se han realizado a lo largo y ancho del mundo, con en único fin de modificar la conducta depredadora que ha caracterizado al hombre moderno y lograr establecer estrategias y compromisos colectivos para lograr el desarrollo sostenible y garantizar una mejor calidad de vida para las generaciones del presente y las que están por venir.

DESARROLLO

Históricamente, la visión que ha prevalecido desde finales del  siglo XVII es la del mundo natural dentro de un esquema netamente utilitarista, pues,  lo ven como una fuente inagotable de recursos y materias primas para los procesos productivos; como un espacio para la  extracción, la agricultura y ganadería, o sencillamente, como un espacio donde se pueden verter sin tratamiento y de manera gratuita, todo tipo de desechos industriales de centros urbanos o municipales, sólidos, líquidos o gaseosos, como si el mundo natural fuera un gigantesco basurero.

Esta claro que el crecimiento económico que caracteriza a esta época fue concebido bajo el esquema del desarrollo industrial que ha destruido los ecosistemas naturales. Los daños a los ecosistemas naturales  se han manifestado de manera cada vez más patente y preocupante; por ejemplo, en la sobre pesca  de casi todas las principales especies de peces comerciales del  mundo, la destrucción de enormes superficies de bosques de coníferas y de ecosistemas lacustres completos, con toda su biodiversidad, así como de la reducción dramática de la superficie ocupada por las selvas húmedas de todo el planeta y del deterioro de la mayoría de los arrecifes coralinos del mundo, entre otros muchos resultados colaterales del desarrollo industrial tradicional.

El resultado de los procesos productivos organizados por y para el hombre en las épocas pasadas y presentes es que la mayoría de los países del mundo, tienen que enfrentar problemas como la contaminación ambiental, la escasez de recursos, la erosión de la tierra, la declinación en la productividad, la pobreza y las guerras que, entre otros; son simplemente manifestaciones de que no se le puede pedir más a la naturaleza de lo que nos puede dar. Los costos han sido y siguen siendo incalculables.

Challenger (2001:22 y ss), sostiene que desde  la revolución industrial en la Gran Bretaña de finales del siglo XVIII, algunas voces se levantaron en contra de la creciente contaminación de la atmósfera  y de los ríos, producto de las actividades mineras y de la industria de la transformación. Pero ha sido durante las últimas cuatro décadas del siglo XX y lo que va del XXI, cuando estas voces se han multiplicado y trascendido, llegando a la mayoría de la gente y a los políticos de todo el mundo.

De acuerdo con lo que plantea este autor, queda claro que es a partir del siglo XVIII  cuando comienzan a vislumbrarse posturas más preocupadas por lo que acontece con el medio que es fuente de vida y garante de que ésta se mantenga: la naturaleza. Respecto a esta última, Limón Domínguez (2000:13 y ss) dice que  la idea que se tiene en el presente sobre la naturaleza, es nueva y significativamente diferente de las anteriores. Nos dice que a grandes rasgos, se puede hablar de tres concepciones, coincidentes con épocas históricas, como son la época primitiva, la época moderna, y el momento contemporáneo. De una concepción mágica y sagrada de la naturaleza -“amenazante”- se pasa a la concepción de la “ilustración” donde la naturaleza se concibe bajo los supuestos del “señorío de la voluntad humana”, esto es, se entiende como dominable. En el presente, la naturaleza ha pasado de ser amenazante a amenazada. El hombre actual ha entendido los excesos de la industrialización y, comienza a buscar nuevas formas de percepción y de relación con la naturaleza.

El resultado de esa búsqueda, es la obtención de una nueva percepción de la naturaleza y, desde  mediados del siglo XIX, en 1869, fue tomando fuerza con  el biólogo alemán Ernest Haeckel, la necesidad de una mentalidad ecológica. Hoy esa necesidad, es inaplazable. La ecología 1, cuyo concepto fue acuñado por éste biólogo alemán, es una ciencia que irrumpió en el escenario mundial como algo común y comienza a tomar mayor fuerza en la década de los años sesenta; esto, porque la crisis mundial contemporánea en todos los ámbitos social, político, económico y cultural tiene básicamente implicaciones ecológicos. Para Ramírez Cahue (1995:68), la degradación ambiental, la reducción de la calidad de vida y el agotamiento de los recursos están asociados a la falta de consideración de los principios ecológicos, en las políticas y en el desarrollo de la ciencia y la tecnología. Por lo tanto, la ecología esta llamada a ser la ciencia que nos conduzca a la rectificación del camino y a la salvación de un destino catastrófico que para algunos es ya inminente.

A pesar de que ya con Haeckel, se vislumbran intenciones de frenar la actitud depredadora del hombre y no seguir destruyendo a la naturaleza, Schteingart (2000: 234) dice que durante mucho tiempo los ecólogos se han resistido a estudiar la perturbación de los ecosistemas ocasionada por la acción del hombre. Es recién a fines de los años sesenta cuando cobra fuerza la posición “ambientalista” que reconoce la necesidad de analizar la presión ejercida por las poblaciones humanas sobre el medio natural, y esta relación pasa de ser un objeto de estudio exclusivo de algunas disciplinas biológicas, a constituirse en materia de política pública en el ámbito internacional.

Como puede observarse, aunque con el dominio de una visión biologista y naturalista, los inicios de los años sesenta son importantes porque es en este periodo cuando los primeros ecologistas levantaron sus gritos de alarma y señalaron los daños al ambiente provocados por nuestra especie. Las poblaciones de todos los rincones de la tierra, van sumando sus propias voces a las de los ambientalistas a través de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), organización que representa los intereses de las naciones del mundo y de  la cual dependen la mayor parte de los organismos encargados del cuidado del medio ambiente y, han donado y generado miles de millones de dólares para organizaciones y proyectos de conservación ambiental. Esta actitud asumida por los pueblos no es gratuita;  se da a raíz de que casi todos los países del mundo tienen que enfrentar la triste realidad de que el ambiente  y los ecosistemas naturales  se encuentran hoy en malas condiciones, con una productividad natural reducida, con capacidades de absorción y descontaminación  de los residuos y afluentes disminuidos, y los paisajes y hábitats naturales tan fragmentados, que no sólo su patrimonio natural y su biodiversidad resultan seriamente amenazados; sino que, las bases mismas de su economía  y su crecimiento futuro están en riesgo.

La   historia mas reciente que nos pone en contacto con las acciones que se han ejecutado en favor del medio ambiente, la podemos dividir en dos etapas; la primera que va de 1970 a 1992, cuya caracterización queda ajustada a posiciones todavía de carácter naturalista y biologista con acciones puramente correctivas que tienen que ver básicamente con los problemas de salud pública que se han generado como consecuencia de la actitud destructora del ser humano frente a la naturaleza y; la segunda que va de 1992 a la fecha, en la que se vislumbra una nueva visión que se caracteriza por acciones ambientalistas integrales y totalizadoras, donde se incluyen el mundo natural, económico, político, cultural y social. Es decir, a la naturaleza y la sociedad se les ve como un todo integrado; por lo tanto,  la crisis de una, pone en riesgo la existencia de la otra.

En el ámbito mundial, se han llevado a cabo conferencias y cumbres de gran importancia que colocan a la problemática ambiental en el centro de la agenda internacional. Estas, según Challenger (2001: 22 y ss) se plantearon como objetivos, en primer lugar, que el ordenamiento ecológico se llevara a cabo para fomentar un uso del suelo verdaderamente compatible con la conservación de la biodiversidad y del medio ambiente en general, y en segundo lugar,  profundizar en las bases conceptuales que van más allá de los aspectos del territorio. Es decir, se requiere de una visión holística de la tierra, la biodiversidad y los usos del suelo, y no solamente una perspectiva utilitaria, en la cual todo depende de las aptitudes o vulnerabilidades del suelo, la topografía, la vegetación, etcétera.

En  1971 tuvo lugar en París, Francia, la Primera Reunión del Consejo Internacional del “Programa sobre el hombre y la biosfera”, en la que estuvieron representados treinta países, así como organismos dependientes de la Naciones Unidas, la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO), y la Organización Mundial para la Salud (OMS), etcétera. El objetivo general de este evento, fue proporcionar los conocimientos fundamentales de las Ciencias Naturales y Sociales necesarios, para la utilización racional y la conservación de los recursos de la biosfera y para el mejoramiento de la relación global entre el hombre y el medio, así como para predecir las consecuencias de las acciones de hoy sobre el mundo del mañana, aumentando así la capacidad del hombre para ordenar eficazmente los recursos de la naturaleza y la biosfera (UNESCO, 1971). A partir de este evento, en 1972,  en la   Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (CNUMAD) se comienza a cuestionar la estrategia del desarrollo a partir de las implicaciones ambientales en general, y no sólo desde la perspectiva del agotamiento de los recursos naturales. Caravias y Provencio  (SEMARNAP, 1996:34), nos dicen que como parte de los debates realizados en este periodo,  se puede ubicar el surgimiento de un nuevo enfoque  denominado “ecodesarrollo”.

En 1975, en la llamada carta de Belgrado, se determinó que para resolver la crisis del medio ambiente hay que dejar resueltos el problema de la pobreza, el de la injusticia racial y el de la guerra; que la deuda que tenemos contraída con la naturaleza, no puede ser trasladada de persona a persona, sino que hay que liquidarla con la moneda de la justicia social. En suma, que a la paz de la naturaleza debe antecederle una paz de los humanos. Este planteamiento, comienza a acercarnos a cuestionamientos que van más allá de una visión netamente naturalista; se vislumbra ya la comprensión de los problemas desde los planos sociopolíticos y éticos. Limón Domínguez (2000: 59 y ss) nos dice que desde aquí podemos observar con claridad, que la raíz de esa crisis esta sujeta a las condiciones sociales impuestas por la fascinación de una idea de progreso que olvidó en algún momento y como consecuencia de la propia dinámica que la idea generó, la importancia de los valores morales y éticos de una sociedad que se requiere reconocer como justa, libre y democrática.

Por otro lado, en 1987, la Organización de las Naciones Unidas a través de la  Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo, en su histórico informe (nuestro futuro común, también conocido como informe de Brundtland), advertía que la humanidad debía cambiar sus modalidades de vida y de interacción comercial, si no deseaba el advenimiento de una era con inaceptables niveles de sufrimiento humano y degradación ecológica. La Comisión de Brundtland, cuyo nombre obtiene en honor de su presidenta, exhorto al inicio de un nuevo crecimiento económico racional con un enfoque ecológico. Aunque el problema no consiste en insertar la dimensión ambiental en el viejo modelo de desarrollo, sino en inventar uno nuevo, en construir el futuro con otros criterios e indicadores, haciendo descender la planificación hasta la base social, desde el análisis y diagnóstico de los problemas hasta la evaluación de los resultados; la comisión declaró que la humanidad contaba con la aptitud para lograr ese nuevo modelo económico: el desarrollo sustentable.  Esto es, aquél que satisface las necesidades de las generaciones presentes  sin socavar la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer las suyas.

En 1989, la Organización de las Naciones Unidas comenzó la planificación de la Conferencia sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo en la que se trazarían los principios para alcanzar el desarrollo sustentable. Durante dos años, numerosos expertos en todo el mundo se dedicaron con ahínco a la concertación de acuerdos que prepararon  el camino a Río (1992). Se dio una apertura sin precedentes a la incorporación y participación de grupos miembros de organismos no gubernamentales (ONGs), grupos de empresarios, docentes, asociaciones feministas, grupos indígenas y otros colectivos contribuyeron al proceso de Río.

El los últimos tiempos, se observa con claridad que a pesar de las  acciones concretas diseñadas por los organismos adjuntos a la ONU para mitigar los efectos negativos del desarrollo económico sobre los ecosistemas naturales, los resultados han sido escasos y deficientes; pues,  de 1990 a la fecha, según Vázquez Torres (1999: 254), seguimos padeciendo cada día la creciente contaminación del aire con gases que atrapan el calor solar en la atmósfera provocando el “efecto invernadero”; rápido deterioro de la capa de ozono; alarmantes sequías  en muchos lugares de la tierra; desertificación del campo; destrucción de las selvas tropicales; pérdida de la diversidad biológica; transformación progresiva de ríos, lagos y mares en vertederos de desechos químicos, termales y radiactivos; he aquí parte del inventario de los problemas ambientales que proliferan ya por doquier y amenazan con asfixiarnos.

Los problemas aquí expuestos, hoy en día representan el reto que tiene enfrente  la humanidad y el nuevo modelo de desarrollo económico sustentable. Resolverlos desde éste modelo, requiere de  los actores sociales una nueva visión del mundo, una reestructuración de las relaciones Estado-sociedad, una intervención protagónica de la sociedad civil en las decisiones  y cambios institucionales y culturales para la generación de nuevos valores sociales. Por tanto, el desafío consiste por un lado,  en generar acciones a partir de una conciencia diferente y transitar hacia esquemas de vida  sostenibles; ya  sea en el campo o en la ciudad, en la familia, en el barrio, en la colonia etc.; y,  por el otro, simplemente entendiendo que en el mundo nada es estático, que todo cambia; por lo tanto, aunque no es sencillo debemos aceptar el cambio.

Como puede observarse, en el decenio de 1990, comienzan a perfilarse senderos que conducen al desarrollo sustentable.

En 1992 se celebró en Río de Janeiro, Brasil la Cumbre de la Tierra o ECO 92, la más vasta reunión de dirigentes mundiales. Asistieron a esta reunión, llamada oficialmente Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (CNUMAD), los jefes o los más altos representantes de los gobiernos de 179 países junto con cientos de funcionarios, de organismos de las Naciones Unidas, de representantes de gobiernos municipales, círculos de científicos y empresariales, así como organizaciones no gubernamentales (ONG’s) entre  otros. Paralelamente a la Conferencia, tuvieron lugar diversas reuniones, seminarios, y exposiciones públicas sobre asuntos relacionados con el ambiente y el desarrollo, a las que asistieron 18,000 participantes de 166 países y unos 450,000 visitantes. Cerca de 8,000 periodistas informaron acerca de las reuniones en Río, cuyos resultados se dieron a conocer en todo el mundo por la prensa, la radio y la televisión. La llamada agenda 21 es el resultado de este magno evento y,  constituye un marco de referencia para la determinación de políticas empresariales y gubernamentales, así como para la objeción de decisiones personales con las que adentraremos en el próximo siglo. En este encuentro, se concertaron los cinco documentos de Río; dos acuerdos internacionales  y se formularon dos declaraciones de principios y un vasto programa de acción sobre desarrollo sustentable, a saber:

  • La Declaración de Río sobre Medio Ambiente y el Desarrollo en cuyos 27 principios se definen los derechos y responsabilidades de las naciones en la búsqueda del progreso y del bien de la humanidad.
  • La Agenda 21 integrada por 40 capítulos tendientes al logro de un desarrollo sustentable desde el punto de vista social, económico y ecológico.
  • Una declaración de principios para orientar la gestión, la conservación y el desarrollo sustentable de todos los tipos de bosques, esenciales para el desarrollo económico y la conservación de todas las formas de vida. Por separado pero en paralelo a los preparativos de la Cumbre de la Tierra, se negociaron dos convenciones que suscribieron la mayoría de gobiernos reunidos en Río de Janeiro.
  • La convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático se propone la estabilización de los gases de invernadero presentes en la atmósfera en niveles que no trastoquen peligrosamente el sistema climático mundial. Ello requiere la disminución de emisiones de gases tales como dióxido de carbono generado como subproducto de la utilización de combustibles para obtener energía.
  • El convenio sobre la diversidad  biológica que exhorta a los países a encontrar cauces y medios para preservar la variedad de especies vivientes y velar por el equitativo beneficio del aprovechamiento de la biodiversidad.

Este histórico documento, explica que la población, el consumo y la tecnología son las principales fuerzas determinantes  del cambio ambiental y ecológico. Establece claramente la necesidad de reducir en ciertos lugares del mundo las modalidades de consumo ineficaces y con elevado desperdicio fomentándose simultáneamente en otras zonas un desarrollo muy intenso y sustentable. Se proponen políticas y programas para obtener un equilibrio duradero entre el consumo, la población y la capacidad de sustento de la tierra. Se describen algunas de las técnicas y tecnologías que han de  fomentarse para la satisfacción de las necesidades humanas combinadas con una cuidadosa gestión de los recursos naturales.

La Agenda 21 plantea también, opciones para luchar contra la degradación  del suelo, el aire y el agua, así como para la conservación de los bosques y de biodiversidad. Trata de la pobreza y del consumo excesivo; de la salud y la educación; de las ciudades y los campesinos. A todos nos incumbe una función: a los gobiernos, las empresas, los sindicatos, los científicos, los docentes, los pueblos indígenas, las mujeres, los jóvenes, los niños. Además, establece que quien contamine debería sufragar el costo de la contaminación; también destaca como uno  de sus grandes principios, la necesidad de la erradicación de la pobreza, dando acceso a las personas desfavorecidas a los recursos que les permitan vivir de manera sustentable. De acuerdo con la Agenda 21, solo un esfuerzo mundial mancomunado logrará un futuro más prospero y seguro para todas las naciones.

Para muchos estudiosos, la  Agenda 21 representa el  más decidido esfuerzo mundial hacia la integración de la protección ambiental con el desarrollo, para dar respuesta a las necesidades básicas del presente, con la mira puesta en un mejor futuro.

 Otro referente histórico sobre el particular, lo simboliza  la Cumbre de las Américas sobre Desarrollo Sostenible celebrada en Santa Cruz de la Sierra Bolivia, en diciembre de 1996. Derivado de esta cumbre, los Jefes de Estado adoptaron como mandato una Declaración y Plan de Acción que apoya una completa integración de la sociedad civil en el diseño e implementación de políticas de desarrollo sostenible a nivel nacional y hemisférico. En la Declaraciónlos representantes y mandatarios expresaron: "apoyaremos y promoveremos, como requisito fundamental del desarrollo sostenible, una amplia participación de la sociedad civil en los procesos de toma de decisiones, incluyendo políticas y programas y su diseño, implementación y evaluación."
En el Plan de Acción  se establece que: "Con el objeto de apoyar las iniciativas específicas sobre participación pública contenidas en el Plan de Acción, encomendar a la OEA que dé prioridad a la formulación de una estrategia interamericana para la promoción de la participación pública en la toma de decisiones para el desarrollo sostenible, teniendo en cuenta las recomendaciones del Seminario Interamericano de Participación Pública, celebrado en Montevideo en 1996."
En la Cumbre de las Américas queda claro, tanto  para los representantes y mandatarios, que los principales desafíos para alcanzar el desarrollo sostenible en esta materia incluyen:

  • El desarrollo de una conciencia social sobre las preocupaciones económicas, sociales y ambientales, a fin de abrir vías a la transición de nuestras sociedades al desarrollo sostenible;
  • El acceso equitativo a los servicios de salud, así como mejorar su calidad de acuerdo con los principios y prioridades establecidos en la Carta Panamericana sobre Salud y Medio Ambiente en el Desarrollo Humano Sostenible, teniendo en cuenta las enfermedades relacionadas con el deterioro ambiental;
  • La disminución de los efectos ambientales negativos sobre la salud, particularmente los relacionados con la mortalidad y morbilidad de los grupos más vulnerables, como las mujeres y los niños;
  • El incremento del acceso a la educación, así como mejorar su calidad, con especial atención a los grupos vulnerables como las mujeres, las jóvenes y los niños, a fin de asegurar la capacitación necesaria para el desarrollo sostenible;
  • El fortalecimiento de la cooperación regional adecuada para la promoción de la educación formal y no formal para el desarrollo sostenible y la comunicación, con el fin de aumentar sus impactos; y
  • El establecimiento y/o fortalecimiento de la capacidad para reaccionar ante brotes de enfermedades, ante casos de desastre, así como de las instituciones encargadas, y de sus políticas y capacidad de respuesta.

La  Segunda Cumbre de las Américas celebrada en Santiago de Chile en 1998, tiene como principales objetivos:

  • Asegurar que para el año 2010,  el 100% de los menores tengan acceso a la educación primaria y que, por lo menos, el 75% de los jóvenes tengan acceso a la educación secundaria de calidad, con porcentajes cada vez mayores de jóvenes que terminen sus estudios secundarios; y
  • Ofrecer oportunidades de educación a la población en general.

Para tal efecto, los representantes o gobernantes que participaron en la cumbre se propusieron:

  • Establecer, de acuerdo a su legislación, estrategias educativas dirigidas a las sociedades multiculturales.
  • Incorporar en la educación, los principios democráticos, los derechos humanos, la visión de género, la paz, la convivencia tolerante, el respeto al medio ambiente y los recursos naturales.

La tercera Cumbre de las Américas,  se llevó a cabo en Québec Canadá, del 20 al 22 de abril de 2001 y  reunió a 34 jefes de estado de América Latina y el Caribe. Esta Cumbre representa la culminación de un proceso preparatorio de los últimos tres años que ha incluido la participación de los Estados miembros, Organizaciones Internacionales, Instituciones Financieras y Organizaciones de la Sociedad Civil. 
Durante la Cumbre de Québec, los jefes de gobierno se concentraron en los temas y desafíos hemisféricos comunes que fueron reconocidos en el proceso preparatorio: mayor y mejor acceso a la educación de calidad, la eliminación de la pobreza, el fortalecimiento de los derechos humanos y la democracia y la integración económica.  La consideración de estos temas y la declaración de la Ciudad de Québec y el Plan de Acción acordados en la Cumbre, ayudarán a determinar las prioridades y metas de la región para los próximos años.
En lo que va del presente siglo, aparte de la tercera cumbre de las américas, no podemos pasar por alto la llamada Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible realizada en  Johannesburgo el año 2002. El compromiso de la cumbre se sustenta en políticas ambientales, económicas y sociales racionales, en instituciones democráticas que tomen en cuenta las necesidades de la población, en el imperio de la ley y en medidas para luchar contra la corrupción. En concreto, la cumbre determina que "El desarrollo sustentable tiene tres pilares que se refuerzan sustancialmente: crecimiento económico, desarrollo social y protección ambiental".

CONSIDERACIONES FINALES

Este breve recorrido histórico a nivel internacional, nos demuestra que, de 1990 a la fecha, la cuestión ambiental se ha convertido en una preocupación social, científica, política y  educativa. Con una visión prospectiva, se valora la importancia de tomar conciencia de los problemas medioambientales, poniéndose de manifiesto la necesidad de formar a los ciudadanos y tratar de implantar una educación nueva, destinada a sensibilizar a los jóvenes para que respeten su entorno, y así hacerlos partícipes en la consecución de una calidad ambiental y para estimularles a no alterar su equilibrio. Aquí ya no hay espacio para ir corrigiendo los problemas generados contra la naturaleza;  hay que anticiparlos mediante la generación de nuevas actitudes y con nuevos valores éticos y morales en los seres humanos en general.

En este sentido, la educación ambiental, aunque no es el remedio a todos los males que se han ocasionado y se siguen ocasionando como producto de la relación hombre-medio ambiente socio natural, esta llamada a ser el vehículo mediante el cual, el ser humano, la familia y la sociedad, obtengan una “formación educativa y cultural” con una nueva racionalidad ambiental para tener un conocimiento integral de la naturaleza y de su actual deterioro; con una visión que contemple las implicaciones psicológicas, históricas, sociales, económicas, políticas y culturales presentes en esta compleja relación, y que propicie el cambio requerido en las pautas de conducta.

Utilizo el concepto de “formación” de acuerdo con el planteamiento de García Hoz (1987: 171),  que sostiene que la palabra educación quizá deba ser sustituida por la de formación que, significando esencialmente lo mismo, ésta lleva más directamente a la idea de modificación profunda de la persona y la humanidad en general.

Respecto al estudio del medio, en la actualidad existe entre los especialistas una indeterminación en cuanto a si el término debe ser formación ambiental (término más moderno que implica, además, un compromiso de acción consecuente hacia la defensa del medio ambiente)  o educación ambiental.

 

BIBLIOGRAFÍA


CHALLENGER, ANTHONY. “Estrategias para la Conservación de Ecosistemas”. En GACETA ECOLÓGICA. INE-SEMARNAT, numero 61. México, 2001.
LIMÓN DOMÍNGUEZ, Dolores. Pedagogía ambiental: propuestas de cambio para una sociedad comprometida. Editorial Cooperativa Universitaria. San Jordi, Barcelona, 2000.
RAMÍREZ CAHUE, Héctor Marcelo. Individuo y Sociedad. Editorial Nueva Imagen, México, 1995.
SCHTEINGART, Martha. Aspectos conceptuales y metodológicos en estudios urbano-ambientales. El Colegio de México. Estudios demográficos. Vol.15, núm.2, mayo agosto, 2000.
UNESCO. Primera Reunión del Consejo Internacional del “Programa sobre el hombre y la biosfera”, Paris Francia, 1971.
SEMARNAP. “El nuevo marco institucional en México”. El Desarrollo Sustentable. Una Alternativa de Política Institucional. Cuadernos / SEMARNAP. México. 1996.
VÁZQUEZ TORRES, Ana María (2001). Ecología y Formación Ambiental. McGRAW-HILL, México, 2001.
GARCÍA HOZ, Víctor. Pedagogía visible y Educación invisible. Ediciones Rialp S.A., Madrid, España 1987.

CITAS

1. La palabra <<ecología>> tiene su origen en el término griego “oikos”, que significa<<casa>> y “logos”, que significa <<estudio>>. Así, el estudio de la casa ambiental comprende a todos los organismos que viven en ella y a todos los procesos funcionales que la hacen habitable. Fuera de su significado literal, la ecología se puede definir como el <<estudio de la totalidad de las relaciones entre los seres vivos y su ambiente>>.

*Profesor-Investigador de Tiempo Completo de la Licenciatura en Sociología de la Comunicación y Educación de la Unidad Académica de Ciencias Sociales de la UAG.
-Integrante del Cuerpo Académico en Formación “Educar para la Sustentabilidad”.
-Perfil ProMEP 2007-2010.