Revista Digital de Tecnologías de la Información y Comunicación. Vol. 5, No. 2. Trimestre abril-junio de 2009. ISSN: 1870-7505

 

La fragmentación, enemigo de la sociedad

Antonio Rodríguez Barrón *

 

A principios  del siglo XX se inicio una nueva cultura en el sector empresarial en los sistemas de producción y distribución, con objeto de con menor cantidad de recursos humanos acumular mayor capital. Esta filosofía organizativa ha dado como resultado una relación  social entre el trabajo intelectual y  técnico o manual.  De tal manera que se agrupan en dos sectores específicos, uno, los que piensan: que son el grupo minoritario, y otros los que ejecutan el trabajo, que son las grandes mayorías del sector productivo, a los cuales se les asigna actividades de rutina, monotonía y más que nada no les permite el uso de su razonamiento, sino que simplemente ejecutan pasos  sencillos y lo que se les indica, de tal manera que no desarrollan su intelecto quedando rezagados a simples operadores u obedecedores de órdenes.

Esta es la llamada política de fragmentación,  la cual da como resultado  que el ser humano pierda progresivamente  y a alta velocidad su capacidad de decidir libremente y de forma independiente la manera de actuar y pensar, para entrar en un proceso casi permanente de sometimiento al sistema, atentando con esto a su derecho de participación en  los procesos de tomas de decisiones, de tal manera, que lo que en un  pasado no muy lejano más bien reciente requería de cierta profesionalización y especialización, ahora se ha fragmentado las tareas  que se le asigna a las personas, dándoles pequeños espacios en los procesos de producción divididos y subdivididos en más elementales, no requiriendo para su realización conocimiento previo alguno toda vez que son tan sencillos que cualquier persona puede realizarlos, todo esto con el  afán de que el sistema capitalista pague salarios más bajos, toda vez que no requieran conocimientos de especialización o universitarios, teniendo un  mejor y mayor control sobre los trabajadores.
                
La fragmentación no solo ha invadido los espacios productivos de las empresas, sino que ha invadido otros sectores de la sociedad tan importantes como los sistemas educativos, de  forma análoga como a los trabajadores se les ha fragmentado las tareas de trabajo,  a los estudiantes, se les pretende negar toda posibilidad de participación en los procesos de, educación y productivos,  en los que se encuentran inmersos, pareciendo que la función de la escuela,  se limita a custodiar a los jóvenes en formación académica en sus saberes, inquietudes y necesidades, se someten a los intereses  económicos  e intelectuales que conviene a quienes ejercen el poder, tanto al  interior del  país,  como respondiendo a disposiciones internacionales que a través de la economía y el armamento someten a los pueblos en desarrollo.       
    
Asimismo la escuela como institución en estas sociedades funcionalistas, promueven un currículo oculto en que además de fragmentar los contenidos y descontextualizarlos se inculca de manera indirecta la obediencia y la sumisión a la autoridad, y en no pocos casos de manera muy directa,  negando a los estudiantes cualquier forma de reflexión crítica de la realidad.

Es alarmante y de alta preocupación el hecho de que nuestra juventud actual y las generaciones de jóvenes que se harán presentes en  el futuro, estén siendo destinados a su autodespersonalizacion y pierdan su identidad propia, que por consecuencia no sean individuos reflexivos, activos, autónomos y críticos  de la sociedad. De forma tal, que se requiere que los contenidos  curriculares,  se contextualicen y no se presenten de manera aislada, requiriendo  que las diferentes áreas de conocimiento estén vinculadas fuertemente a concientizar a la juventud de los problemas del mundo actual, para preparar individuos que en su etapa de ciudadanos y aun en su formación intervengan en su comunidad, privilegiando de manera justa, solidaria y democrática su participación en la misma.

Por otro lado, resulta ilógico y absurdo suponer siquiera que los niños y jóvenes que asisten a la escuela en nuestro país,  sea sólo para memorizar datos, tomar dictados, adquirir cierta disciplina y repetir acciones que no tengan un valor significativo en sus vidas,  que como consecuencia de estos aprendizajes “sin valor”, tan sólo pretendan obtener  buenas notas sin esperar algo más enriquecedor a sus vidas, que puedan aportar algo trascendente e importante en el mejoramiento de su entorno.

En la actualidad  los requerimientos de las empresas en el concierto de las naciones, se sustentan en aumentar la competitividad, la eficiencia, incrementar la producción, reducir los costos laborales, mejorar la calidad y flexibilizar la producción.  Y desde  este punto de vista,  podemos darnos cuenta, como se está visualizando a las escuelas en  instituciones educativas, en referencias al sector empresarial,  mercados económicos y cómo se está catalogando al ser humano de la misma forma que un “producto” de la educación adquirida, tratando con esto de despersonalizar al ser humano y convertirlo en un producto de mercancía intercambiable de cierta utilidad,  haciéndolo cada vez mas desechable, esto es úsese y tírese.

Casi al inicio de la década de los noventas, del siglo XX ha surgido en el mundo, casi como una moda, la importancia de la calidad en todos los ámbitos, creando para ello estándares que respondan a requerimientos específicos y competitivos en esferas cerradas,  en lo que a la producción se refiere, sin embargo, esta situación ha permeado en otras áreas, tales como la administración, en sus diferentes formas, sin escapar desde luego la administración escolar o educativa. Se introduce la flexibilidad curricular, autonomía de los centros escolares, mayor formación y actualización del profesorado, creación de “círculos de calidad”, equipos pedagógicos, uso excesivo de las telecomunicaciones, etc., con el anhelado objetivo de formar personas, con capacidad de crítica y solidaridad que se puedan defender de los embates de nuestra época. Queda confirmado y reconocido, que la clave del éxito de una empresa es el recurso humano, ya que sin su cooperación y compromiso,  es imposible alcanzar las metas y lograr la excelencia en la calidad.

Los objetivos que se persiguen por la autoridad en cualquiera de sus formas,  requiere que las instituciones escolares planifiquen proyectos curriculares, en los que los estudiantes se vean obligados, entre otras cosas, a tomar decisiones, solicitar la colaboración de sus compañeros, debatir, criticar sin temor a ser sancionados por el hecho de opinar y defender sus posturas contrarias al docente en turno; cotidianamente deben verse implicados en la realización de acciones fundamentadas en un conocimiento adecuado, suficientemente contrastado, acerca de aspectos de la sociedad de la que forman parte: su grado de desarrollo cultural, político, científico y tecnológico, sus costumbres, valores, etc. Las únicas limitaciones “permitidas” en esta participación activa y toma de decisiones y las conductas subsiguientes deben ser las impuestas por la ética propia que rige toda situación democrática, y la propia conciencia del alumno al momento de llevar a cabo lo que haya decidido en ese espacio de análisis y conciencia, privilegiando que los jóvenes se alineen a principios y no a personas.

En estas circunstancias nos damos cuenta que en las instituciones escolares y en las propuestas curriculares está presente, la cultura que marcan los sectores dominantes, mientras que por otro lado los grupos sociales minoritarios de la gran sociedad son ignorados. Dentro de estos grupos relegados o marginados se encuentran, las personas con algunas discapacidades físicas o mentales, los homosexuales y lesbianas, los jóvenes, los niños, las personas de la tercera edad,  las mujeres, las etnias, las clase trabajadora y en general las comunidades con economías emergentes o en desarrollo.

Los jóvenes estudiantes deberán tomar conciencia de que esta realidad, entristece a la sociedad y, deberán comprometerse con la misma de manera real y no simulada, existen diversas formas de concientizar a las nuevas generaciones en su paso por esta la hermosa vida, una de ellas pudiera ser, aparte de preparar académicamente, otorgarles una adecuada y correcta información  de lo que está pasando en el mundo actual.

La educación para la libertad exige tomar en serio las experiencias, estrategias y valores de los miembros de los grupos oprimidos. Implica también ayudarles a analizar y comprender las estructuras sociales que les oprimen, para elaborar estrategias y formas de actuación con probabilidades de éxito.

En este mismo sentido, es de relevancia, estudiar y comprender los errores históricos para impedir que fenómenos de marginación se sigan reproduciendo. En el caso de la pobreza, no es algo que deba tratarse en la escuela desde el punto de vista de la caridad, sino como lo que es en realidad, un resultado, de políticas económicas y sociales. No debemos continuar con la inercia, de seguir ocultando las circunstancias que provocan la pobreza, la violencia, la marginación y las emigraciones masivas de ciudadanos a países del “primer mundo”, ya que con esto seguimos reforzando,  esa misma situación de injusticia que la ocasiona.

El lugar donde se certifican los conocimientos, procedimientos, destrezas e ideales necesarios para que la sociedad funcione como tal;  es la escuela. La enseñanza y el aprendizaje habitan en las aulas aunque, lamentablemente también representa una de las maneras de conformar y reforzar intereses sociales, formas de poder, siempre con un significado cultural y político. Es difícil que en estos espacios áulicos, maestros y alumnos, se ocupen de reflexionar e investigar cuestiones relacionadas con la vida y cultura de las personas, que pertenecen a los sectores marginados o de los gobiernos o pueblos con los que se tienen relaciones conflictivas.

Un curriculum democrático y respetuoso con todas las culturas es aquel en el que están presentes estas problemáticas durante todo el curso escolar, todos los días, en todas las tareas académicas y en todos los recursos didácticos. De la misma forma, una educación democrática y no excluyente, no es aquella que trabaja con contenidos culturales fragmentados, en cambio, facilita la reconstrucción de la historia y la cultura de los grupos y pueblos silenciados. La división de funciones y la jerarquización en el sistema educativo con la finalidad de optimizar los procesos para la mejora de resultados, nos está llevando a perder de vista el auténtico objetivo de la educación.

Es un hecho, que estamos viviendo una etapa donde la calidad está presente en todos los ámbitos internacionales, en donde todos tenemos que alcanzar los estándares y exigencias de calidad: en las empresas, en el trabajo, la escuela y en todo lo que tenga que ver con el desempeño humano.

La calidad como anhelo de excelencia humana, es válido y sumamente importante ya que todos los seres humanos deseamos una mejor calidad de vida y mejores sociedades; lo satisfactorio sería que verdaderamente lo logremos.

De tal forma que entendamos que la calidad no es una moda, ni hay mucha ni poca calidad, es  de calidad o no lo es y para que las sociedades sean libres criticas y autónomas requerimos que sus integrantes sean individuos de calidad.