Revista Digital de Tecnologías de la Información y Comunicación. Vol. 5, No. 3. Trimestre julio-septiembre de 2009. ISSN: 1870-7505

 

Mecanismos de legitimación y exclusión desde la Cultura y el Arte

Sandra Luz Ávila Toscano*
Teresa Pacheco Linares*
Élfego Andrés Uribe Alpízar*
Narciso Nava Barrera*

 

Resumen: El presente es un  ensayo que aborda desde una perspectiva social el devenir histórico de la cultura y el arte, sus representaciones simbólicas y las prácticas que se utilizan para legitimarla.

Para iniciar este trabajo sobre cultura y el arte se hace necesaria una definición sobre el tema. Raymond Williams (1981:112) considera que el término ‘obras de arte’ es propiamente una categoría socio-cultural y no una descripción objetiva neutra; porque bajo esta representación se pretenden unificar diversas prácticas y más aún hacerlas idénticas en cierto sentido. Y así, por ejemplo, las prácticas manuales diferentes que involucran sentidos distintos (vista, oídos, tacto...) se incluyen en esta categoría; de esta forma son agrupadas  la pintura, la escultura, la danza, la poesía, el cine, etc., y se les otorga propiedades importantes comunes que las distinga como grupo de otras prácticas humanas.

Esta representación crea un lenguaje simbólico del arte que se naturaliza. El profesor J. F. Romero (2009), señala que en el ámbito de la música, por ejemplo, la música popular mexicana se construyó sobre el ‘lenguaje tonal’ que es el lenguaje hegemónico y que no nació en América Latina, se impuso. ¿Qué es el lenguaje tonal? Es el sistema de organización sonoro por medio del cual un sonido se convierte en central. Este sistema provoca dinámicas de tensión y distensión sonora. Y así nacemos acogidos por la relación del lenguaje tonal el cual envuelve nuestros sentidos de tal manera que todo sonido que no se base en este ‘lenguaje’ no lo reconocemos y por lo tanto lo excluimos, porque sus tonos son ajenos a la percepción musical que nos han impuesto y que hemos internalizado. Así la música autóctona de nuestras comunidades indígenas, por ejemplo, suena fuera del orden musical para nosotros y debido a esto no se le incluye dentro del orden cultural dado.

Estos mecanismos de diferenciación son abordados por Pierre Bourdieu . Su constructo teórico  parte de la sociología y se fundamenta en la ubicación del sujeto en el espacio social; y es en este espacio donde identificamos la existencia de diferencias y de principios de diferenciación. Los factores raciales de género, edad o de posesión o ausencia de capital son algunos de estos principios.
La posesión, acceso, desposesión y exclusión de las diferentes formas de capital es uno de los principios estructurales a través del cual se expresan las diferencias y mecanismos de diferenciación.  De esta forma, por ejemplo, en la escuela el acceso a las artes particularmente a la música es utilizado como instrumento de diferenciación. En las escuelas públicas no se enseña música propiamente, la clase de música es para que con los diferentes acordes del piano los alumnos entonen el himno nacional o canciones alusivas  a alguna celebración nacional.

Como consecuencia no se fomenta ni se desarrollan las habilidades que tienen los niños  para la música, y al Conservatorio sólo ingresan alumnos que cuentan con  recursos económicos que les permite tener acceso a todo tipo de instrumentos musicales y de clases de música particulares.
¿Qué pasa entonces con lo nuestro en relación a la tradición del arte? En las representaciones que los agentes sociales  se hacen del espacio social y la toma de posición que adoptan, en las luchas por conservarlo o transformarlo, se inscribe el espacio simbólico, lo que P. Bourdieu (2003) conceptualiza como ‘habitus’.  Para él,  ‘habitus’ es la forma en la que yo me represento en el entorno social pero también la forma en que el entorno social expresa su gusto. Los gustos son la afirmación práctica de una diferencia inevitable. El gusto se siente como fundado en la naturaleza y en consecuencia, se expresa como disgustos por los gustos ajenos, como aversión por los estilos de vida diferentes, luchas por el monopolio de la legitimidad estética en el campo del arte, pero también es el primer principio de exclusión y se disfraza diciendo que existe ‘talento’.

Abordando este mismo tema, Raymond Williams pretende explicar el fenómeno del arte desde la  historia. Y de manera general llega a la misma conclusión que Bourdieu. Williams dice que la historia se construye en el presente porque quienes la construyen en los libros lo hacen desde el presente, de esta manera los historiadores construyen pasado que les acomoda y ocultan lo que les incomoda.

Para Williams, el habitus en el campo artístico se manifiesta mediante la naturalización de los capitales culturales heredados y adquiridos, la permanencia de las ‘artes puras’ y el disgusto legítimo por los espacios significantes de la tradición popular o de masas.
Se legitima la opinión erudita del artista por sobre la del espectador y se fortalecen sobre todo, en los sistemas escolarizados, la ritualidad que interioriza la supremacía del arte a partir de sus significaciones connotativas. ¿Con qué finalidad? Para interiorizar que esas prácticas son más valiosas que el arte popular. Se acepta la legitimidad para expresar el juicio sobre las obras de arte. Es decir, sólo los expertos pueden validar el arte y la legitimidad para expresar el juicio se otorga desde el arte.

En este sentido, R. Williams se refiere a la tradición como la recuperación de lo más bello que viene del pasado, o como la recuperación de lo que se decide seleccionar para legitimarlo. En ambos constructos los grupos de élite tienen acceso a todas las prácticas culturales, los de abajo no. La connotación del saber es: Yo sé, y tú no.

En el ámbito de la educación, también se legitiman la prácticas, y el ‘habitus’ actualmente se manifiesta a través de la naturalización de mecanismos de calidad y eficiencia, de esta forma interiorizamos el sentido de legitimidad de estos criterios y lo que queda fuera nos produce ‘disgusto’.  Así a través de nuestra cotidianeidad y de nuestra práctica  como docentes también validamos estos mecanismos y los  utilizamos  para establecer diferencias, denostar e incluso excluir tanto en el espacio áulico, en el ámbito laboral, como a nivel institucional. Entonces aquellos profesores en la Universidad Autónoma de Guerrero, por ejemplo, que logran que sus alumnos puedan formularse más preguntas que respuestas acerca del conocimiento que esta dado, que fomentan la crítica y la argumentación como dispositivos didácticos para generar aprendizaje, ¿No son maestros de calidad porque no hacen uso de equipo de tecnología de punta en sus exposiciones? ¿Un maestro que no tiene reconocimiento como perfil promep no es eficiente? ¿Un maestro de la montaña por no contar con recursos tecnológicos, ni de infraestructura, no es un maestro eficaz? ¿Su escuela no es de calidad? ¿Sus alumnos son alumnos de segunda?

Según los parámetros establecidos por los CIEES(1), PROMEP(2) y otros organismos, no reúnen los requisitos de calidad y eficiencia reconocidos. De esta forma se acepta la legitimidad para expresar juicios sobre el ámbito educativo. Sólo los expertos evaluadores pueden validar las prácticas educativas y la legitimidad para expresar el juicio se otorga desde las reglas del mercado.

BIBLIOGRAFIA

Bourdieu, P.(2003) La Distinción, Criterios y Bases sociales del gusto. México: Taurus.

Romero, F. (2009) Seminario: La Tradición y el Arte. Instituto Pensamiento y Cultura en América Latina.

Williams, R. (1981) Cultura, Sociología de la Comunicación y del Arte. Barcelona: Bidos.

(1) Comités Interinstitucionales para la Educación Superior.

(2) Programa de Mejoramiento del Profesorado

 

* Profesores de Tiempo Completo del Programa Educativo de Turismo de la Unidad Académica de Turismo de la Universidad Autónoma de Guerrero