Revista Digital de Tecnologías de la Información y Comunicación. Vol. 2, No. 1.Trimestre enero-marzo de 2006.

 

EDUCACIÓN Y CULTURA AMBIENTAL.

MC. José Sales Nava*

 

INTRODUCCIÓN


El presente artículo, es producto de un trabajo de investigación cuyo propósito fue examinar el quehacer de la escuela y la educación formal en la contribución al desarrollo de una cultura ambiental sustentable en estudiantes de bachillerato en la micro región de Coyuca de Benítez Guerrero, México. El objetivo central de esta investigación, engloba el interés por explorar en que medida las escuelas del nivel medio superior ubicadas en esta micro región, a través de la educación formal contribuyen al desarrollo de una cultura ambiental sustentable como mecanismo clave para modificar conductas, actitudes y valores para frenar el deterioro del medio ambiente en el entorno ecológico que rodea a esta mico región; sobre todo al correspondiente a los arroyos, el río y la laguna.

Al respecto, consideramos que para poder entender la contribución de la escuela a una función de esta naturaleza, es importante iniciar con  un proceso de revisión previa sobre las principales nociones que guían la discusión teórica sobre este particular. Es decir, es necesario aclarar conceptos.

 

LA RELACIÓN ESCUELA, EDUCACIÓN Y CULTURA AMBIENTAL. Una revisión conceptual.

Frente a  la racionalidad capitalista que considera a la naturaleza como una fuente inagotable de recursos  que dominó durante mucho tiempo a casi todos los países del mundo; aparece ahora como una alternativa la formulación de una política de desarrollo que promueva una racionalidad fundada en los principios del ecodesarrollo, de la gestión ambiental, del desarrollo sustentable o sostenible1 (Leff, 1994: 33). Los desafíos que enfrentan las sociedades contemporáneas cuyos rasgos distintivos son las grandes catástrofes derivadas  del cambio climático (fenómeno del niño); la pobreza, la contaminación y sobreexplotación de acuíferos, la contaminación del aire, pérdida de la biodiversidad, las megaciudades insustentables, la desruralización, las epidemias, las guerras2 y la deforestación a gran escala, etc.; les obliga a hacer un llamado de alerta y se  invita  a reflexionar, debatir y construir propuestas de posible solución. En este sentido, en distintos foros y debates internacionales organizados fundamentalmente por la ONU y sus  organismos como, PNUMA, UNESCO, OCDE, etc., se ha colocado a la problemática ambiental3 en el centro de la agenda, con la idea de sentar las bases conceptuales que permitan encontrar  una salida posible a tales problemas. Estos organismos, han hecho serios cuestionamientos y han creado  consenso en el sentido de que es de vital importancia conservar nuestros ecosistemas4 porque se encuentran en verdadera crisis por su deterioro, con serios problemas en el presente y para las generaciones futuras. Hoy, está en juego la supervivencia de la especie humana al correr graves riesgos la base material en la que sostiene su vida; por tanto, es importante el considerar  que es impostergable el hecho de que como seres humanos y como actores principales y activos de una colectividad social tenemos derecho a vivir en un ambiente sano y de calidad. La calidad de vida esta conectada a la calidad del ambiente.

Acudiendo a este llamado y al reclamo de amplios sectores de la sociedad civil mundial y organismos no gubernamentales, hay quienes desde distintos ámbitos del conocimiento científico, han coincidido en que la escuela y la generación de una nueva educación y cultura relacionada con los saberes  ambientales, es  uno de los caminos  para solucionar la crisis que se vive. Consideran que esta función histórica corresponde al aparato escolar y educativo como institución creada por los hombres  para generalizar la transmisión del conocimiento científico y las normas y  valores que sustenta toda organización social.

Existen planteamientos como el de Limón Domínguez (2000: 68) que comparte el criterio de quienes consideran que es necesario pedir a la escuela  que acuda en auxilio del medio ambiente, ya que, efectivamente la escuela, la institución educativa en general, podría participar en la sensibilización de la población joven con respecto a la problemática ambiental. Por lo tanto es  necesario sensibilizar a los estudiantes y a los jóvenes en general ante los problemas del hombre y su medio; tienen el reto de aprender a revalorizar su relación con la naturaleza. Además, mediante sus prácticas sociales que como agentes humanos y valiéndose de todo un cúmulo de conocimientos,  herramientas o recursos a su disposición, que son empleados regularmente en sus rutinas ordinarias y en su trato con otros, sean capaces de conocer y aprender cómo pueden ser reconciliados los intereses presentes y futuros de tal manera que como actores de las actuales generaciones puedan vivir en armonía con las generaciones venideras.

Se entiende que es en la escueladonde el proceso educativo se concreta, de ahí que resulte indispensable tomarla como objeto de análisis, mirarla atentamente para examinar su funcionamiento y, a partir de allí, pensar por qué, para qué y cómo cambiarla para que contribuya como facilitadora de nuevos saberes que sensibilicen, formen y capaciten en la conservación y mejora del medio ambiente en beneficio de las generaciones venideras, sin desatender a las presentes.

Es en esto último, precisamente donde se abre la gran discusión teórica y conceptual, debido a que existen innumerables propuestas epistemológicas y de paradigmas  sobre la relación que se establece entre la escuela, la educación y la cultura; por tanto, para un buen entendimiento es fundamental  abrir un espacio de discernimiento y aclarar  conceptos.

De acuerdo con Leff (1994:17) la problemática ambiental plantea la necesidad de internalizar un saber ambiental emergente en todo un conjunto de disciplinas, tanto de las ciencias naturales y sociales, para construir un conocimiento capaz de captar la multicausalidad de las relaciones de interdependencia de los procesos de orden natural y social que determinan los cambios socioambientales, así como construir una racionalidad social orientados hacia objetivos de un desarrollo sustentable, equitativo y duradero. Son, la multicausalidad y las relaciones de interdependencia de los procesos naturales y sociales, los que hacen que no  haya consenso en la  interpretación y definición de conceptos como: “escuela”, “educación”, “cultura”, “cultura ambiental”, “medio ambiente”,  “educación ambiental” etc.

En este contexto, resultan claves las definiciones que sobre estos conceptos se den, ya que esto permitirá identificar y asumir alguna visión o postura, de tal manera que se esté en condiciones de demostrar bajo este enfoque la indispensable y necesaria relación entre escuela, educación y cultura ambiental.

Para ello, es necesario incursionar en los debates teóricos que se han dado en torno a estos conceptos; pues, de acuerdo con Guiddens, citado por Andrade Carreño (1999:143) la teoría sólo tiene relevancia cuando es capaz de iluminar procesos concretos de la vida social y de iluminar, interpretar y explicar rasgos sustantivos de la conducta humana; en este sentido la tarea de la teoría es proveer una concepción particular de la naturaleza de la actividad humana y del agente humano.

La Escuela5 y su función en los sistemas educativos.

En el campo de las ciencias sociales como la psicología, la sociología, la pedagogía y las teorías educativas y de la enseñanza en general, encontrar un concepto único de escuela, es como buscar una aguja en una pajar, porque considero que conceptos y definiciones hay tantas como sujetos hay interesados en discernir sobre este particular. Cada uno ubica su posición o interpretación de acuerdo a su propia postura paradigmática y visión epistemológica del mundo y de la realidad.

Respecto al concepto de lo que es la escuela, Elsie Rockwell, citada por Marta Marucco (1996:18) opina que  la escuela es una realidad compleja que debe ser abordada en tanto  conjunto de relaciones y prácticas institucionalizadas históricamente, dentro del cual el curriculum oficial constituye sólo un nivel normativo. En ella interactúan tradiciones históricas, variaciones regionales, numerosas decisiones políticas, administrativas, y burocráticas, consecuencias imprevistas de la planificación técnica e interpretaciones particulares que hacen maestros y alumnos de los elementos en torno de los cuales se organiza la enseñanza. Además, entre otras cosas la escuela permite reconocer la perduración de prácticas antagónicas con los fundamentos teóricos de las políticas educacionales, advertir la supervivencia de tradiciones, ritos y rutinas cuya funcionalidad no se discute, identificar contradicciones entre lo que la educación pretende lograr  y lo que realmente produce.

También la  escuelaes entendida por Hebe Solbes (1996:24 y ss) como un espacio transicional, posible lugar de juego, simbolización y producción cultural; donde, cada sujeto en su constitución dinámica selecciona, focaliza y vincula con experiencias anteriores sólo determinados estímulos de ese espacio que se le ofrece. El aprendizaje es singular y significativo para el sujeto, que también es singular y busca  sentidos propios. Asimismo, considera que la escuela crea cultura cuando da forma a la representación de sí de una comunidad determinada, que de otro modo no podría ser dicha, permanecería en la negación y la anomia o anularía su identidad enajenándose en la cultura de masas. Por lo tanto, nos dice que la escuela no necesariamente reproduce la realidad: puede dramatizarla, permitir su simbolización, mientras crea otra realidad cotidiana que es imborrable en la experiencia de vida de los sujetos, y liberadora: un ámbito de protección y cuidado de la vida.

Es importante resaltar la visión de Hebe Solbes, y la de quienes sostienen que  la escuela debe guardar una estrecha relación con la formación de cultura, sobre todo en lo ambiental. Con su postura queda claro que la escuela, más que  educar al ser humano para la asimilación pasiva de contenidos, la adquisición de conocimientos y la capacitación para el trabajo, debe formarlo  valoralmente con la finalidad de que las actividades que el sujeto desarrolle en su cotidianeidad se sustenten en el  estimulo a la producción y la construcción de conocimientos. Parto del supuesto de que la educación formal que se imparte en la escuela, juega un significativo papel en la formación de valores y actitudes hacia la vida en general y hacia el entorno natural y social en particular. Además, su quehacer debe estar conectado con formas distintas de identidad, de cooperación, de solidaridad, de participación y de realización, así como de la satisfacción de necesidades y aspiraciones a través del trabajo individual y colectivo.

Para otros educadores, la escuela lleva implícita la noción de competencia que se convierte en un valor cultural en sí mismo, de ahí que se empleen medidas de aprovechamiento, se apliquen exámenes, y test, se otorguen calificaciones, se de la obtención de grados en la competencia, junto  al de la productividad.

En el marco de estas interpretaciones y conceptualizaciones aparece una tendencia que comienza a ubicar la relación de la escuela con el medio ambiente natural y social. Un antecedente importante puede ubicarse en el informe final de la Conferencia Intergubernamental sobre Educación Ambiental de Tbilisi, organizado por la UNESCO/PNUMA en 1977. En la recomendación número tres sobre la función, los objetivos y los principios rectores de la educación ambiental,  se establece que hay que confiarle a la escuela un papel determinante en el conjunto de la educación ambiental y organizar con ese fin, una acción sistemática en la educación sobre todo en los niveles básicos: la primaria y la secundaria. Además, en la recomendación número siete de este mismo informe sugiere que para garantizar un papel activo a la escuela como espacio educativo, los estados miembros de este organismo internacional de manera institucional, deben incidir en la elaboración de programas de estudios escolares compatibles con las necesidades del medio a nivel local, regional y mundial.

En esta misma dirección, Kathleen Kelly Lainé (1997: 192) nos dice que una tendencia internacional importante, la cual puede ser considerada como parte del nuevo paradigma de la educación ambiental, es el de las escuelas verdes. En la experiencia de los países de habla alemana, este concepto recibe el nombre de “ecologizar la escuela”. El enfoque sitúa a la escuela como un lugar holístico6 de enseñanza ecológica, en la cual juegan un papel el propio edificio, el medio natural, social, económico y tecnológico, así como los procesos de enseñanza-aprendizaje, administrativos y organizacionales. Con esta propuesta, se establece el criterio de que es necesario mantener un verdadero vínculo entre la escuela y la comunidad.

En  la IX Reunión de Ministros de Medio Ambiente para la América Latina y el Caribe, cuya sede fue la Habana Cuba, efectuada en septiembre de 1995,  la Doctora Rosa Elena Simeón Negrín, ministra de Ciencias, Tecnología y Medio Ambiente de Cuba, expreso que la educación ambiental es un proceso educativo, es un enfoque de la educación, es una dimensión, es una perspectiva y una alternativa de la educación y la pedagogía, que debe desarrollarse básicamente en la escuela, por el encargo social que a esta se le confiere en la preparación de niños, adolescentes, jóvenes y adultos, para la vida, y constituye un fin político, económico y social.

En este mismo orden de ideas, sostiene que la escuela ofrece innumerables formas para la realización de la educación ambiental; pero, a la vez, es un trabajo muy complejo e integrador, por lo que el amplio significado que tiene el concepto de medio ambiente necesita sensibilización, responsabilidad, interiorización, dinamismo y entusiasmo por el docente, capaz de motivar, como requerimiento inicial, a los alumnos.

Si bien es cierto que la educación abarca un ámbito mucho mayor de lo que representa la escuela en su expresión más simple, aquella y ésta, no pueden explicarse sin esa relación o vínculo estrecho que los liga recíprocamente debido a que la propia sociedad así lo ha determinado. No hay educación formal sin escuela, y no hay escuela si no es por y para brindar educación.

Después de haber expuesto toda una gama de conceptualizaciones sobre la escuela considero pertinente plantear la concepción particular sobre el concepto de escuela. Para nosotros, la escuela como todo concepto abstracto, solo se concretiza o alcanza su materialización en la medida  en que exista un  espacio físico para su funcionamiento, un curriculum en cuyos programas de estudio se especifiquen objetivos, maestros, alumnos, directivos,  etcétera, y; sobre todo, que la sociedad le designe un rol y una función especifica en el orden social y le especifique cuál es  su razón de ser. De lo contrario, no es nada; es solo una imagen puesta en el pensamiento del ser humano.

El Concepto de Educación7 y sus múltiples interpretaciones.

Considerando la relación y el vínculo estrecho que liga a la escuela con la educación, el escenario que hemos planteado con respecto a la primera, acompaña al proceso de conceptualización y debate teórico que se ha dado con relación a la educación, sobre todo a la formal.

Históricamente la sociedad ha creado mecanismos que le permitan establecer un rasgo distintivo con respecto al resto de los seres vivos que habitamos este planeta. Ese rasgo, nos lo ha dado precisamente la educación. Ésta, se presenta como el más eficaz instrumento para incidir de manera formal o informal sobre el comportamiento del ser humano; reproduciendo los conocimientos e información respecto al entorno, ya sea físico-natural o sociocultural.

Muchos estudiosos de las ciencias sociales (sobre todo sociólogos, psicólogos, educadores, pedagogos, etcétera), desde sus respectivos campos disciplinares han emitido sus puntos de vista sobre el concepto de educación.

Para algunos, la educación es un instrumento de reproducción porque consideran que ésta, es reproductora de los valores, las reglas y las normas que la sociedad ha generado y difundido  de manera descendente a las generaciones jóvenes, para que pasen a formar parte de su conciencia práctica en su vida cotidiana. En este sentido, Jiménez-Ottelongo y Moreno Valle (1997: 27 y ss) remitiéndose a Emilio Durkheim, sostienen que la educación es una  acción ejercida por las generaciones adultas sobre aquellas que todavía no están maduras para la vida social y,  tiene por objeto suscitar y desarrollar en el niño cierto número de estados físicos, intelectuales y morales, que exigen de él la sociedad política en su conjunto y el medio especial al que esta particularmente destinado. Por  tanto,  la educación tiene que verse como institución y como organización formal. Como institución tiene como objetivo general la satisfacción de una necesidad social que es la reproducción del propio grupo cuyas pautas,  roles, y relaciones de los elementos que intervienen tienden a mantenerse, y a reforzarse mutuamente; y como organización formal, tiene la tarea de capacitar a los sujetos para el trabajo y la adecuación individual en el o los grupos.

Para otros, la educación es un instrumento de transformación. En esta línea se ubica la postura que asume Krishnamurti, citado por Philip Snow Gang (1997: 154 y ss) quien ha declarado que sólo a través de la educación puede ser transformado el individuo; sostiene que el tipo de educación correcta significa el despertar de la inteligencia, el fomentar una vida integrada y sólo semejante educación puede crear una nueva cultura y un mundo pacífico; pero para poder llevar a efecto esta nueva educación debemos contar con un inicio fresco, y con bases totalmente diferentes a las que han prevalecido y predominado en la educación tradicional.

Con una visión similar, María Montessori citada por este mismo autor, nos dice que en el proceso educativo es necesario que demos al educando una visión del universo en su totalidad. El universo es una realidad imponente, y una respuesta a todas las preguntas; pues todas las cosas son parte del universo, y se encuentran conectadas unas con las otras para formar una sola salida. Si la idea del universo se presenta a los niños y niñas de la manera correcta, creará en ellos una admiración y asombro. El conocimiento que entonces adquieren es organizado y sistemático; su inteligencia se torna total y completa debido a la visión de lo total que les ha sido presentada. No importa qué toquemos, un átomo, o una célula, no podemos explicarlo sin el conocimiento  de un universo más amplio.

Puede observarse con claridad que estas visiones, se sustentan en la teoría que asume que el todo es más que la simple unión o interpretación de las partes. Por tanto,  conceptualizar a la educación y los procesos inmersos en ella a partir del simple entendimiento de las partes que la integran (escuela, programas, alumnos, maestros, cuerpos directivos etc.), implica quedarnos con una visión muy parcial de la realidad que ésta representa y, el conocimiento obtenido sería incompleto.

En esta misma línea y desde el ámbito de la sociología habría que resaltar la visión de Pierre Bordieu (1998:132) que sostiene que la educación debe privilegiar todas las enseñanzas que ofrezcan modos de pensar dotados de una validez y una aplicabilidad general con respecto a las enseñanzas que proponen saberes susceptibles de ser aprendidos de manera también eficaz (y a veces más agradablemente) por otras vías. Hay que velar en particular porque la enseñaza no deje subsistir lagunas inadmisibles, que son perjudiciales para el éxito del conjunto de la empresa pedagógica; sobre todo en materia de modos de pensar o de saber-hacer fundamentales que, al considerarse como enseñadas por todo mundo, acaban por no ser enseñados por nadie.

Por otro lado, desde la pedagogía es importante resaltar la conceptualización que hace Paulo Freire. Este pedagogo, sostiene que la educación verdadera es praxis, reflexión y acción del hombre sobre el mundo para transformarlo. La educación es un acto de amor, de coraje; es una práctica de la libertad dirigida hacia la realidad, a la que no teme; más bien busca transformarla, por solidaridad, por espíritu fraternal.

Como puede observarse, la convergencia o divergencia que se da con respecto al concepto de  educación, depende esencialmente de la visión que cada sujeto tiene de la realidad, ya sea esta  físico-natural o sociocultural. Además, hay que considerar que en cada postura asumida siempre se encierra una fuerte carga ideológica y política  que puede significar mantener visiones inamovibles (estáticas) o transformadoras (revolucionarias). Finalmente, hay que entender que  los intelectuales, los investigadores, los educadores y los pedagogos, como seres humanos están comprometidos con la sociedad y participan activamente en su construcción, reestructuración o transformación. La construyen, la sostienen y la cambian porque es su naturaleza de seres humanos estar influidos por, e influir en, su entorno social y natural. Como actores activos en estos contextos, no se conducen ni optan siempre de la misma manera y en la misma dirección.

En el contexto de la conceptualización y discusión respecto a la educación, comienzan a aparecer una serie de visiones que ven en ésta, un vehículo importante para promover y detener la problemática que el hombre ha generado respecto a su medio ambiente natural y social;  pues,  la educación se presenta como el más eficaz instrumento para incidir de manera formal, no formal e informa8 sobre el comportamiento humano, que enseñe acerca de la naturaleza y facilite conocimientos e información respecto a las cuestiones ambientales.

Batllori Guerrero (2001: 47 y ss), ha destacado que  a lo largo de los dos últimos siglos, la teoría educativa ha hecho repetidas referencias al estudio del ambiente como fuente de conocimientos y de formación para niños y jóvenes. Desde Rousseau (1712-1778), para quien la naturaleza es nuestra primera maestra hasta las actuales corrientes pedagógicas, muchos educadores han insistido en la necesidad de recurrir a la experiencia y al conocimiento de su entorno como vía de aprendizaje. Lo que distingue a estas teorías pedagógicas es la consideración de que la naturaleza debe emplearse como recurso educativo. En este sentido, a la educación se le empuja para convertirse en una de las vías más útiles para potenciar al máximo la formación ambiental en los diferentes estratos de la sociedad, desde los políticos, los profesionales y el personal técnico, que tienen en sus manos la toma de decisiones importantes, hasta  la misma sociedad civil en todos sus niveles, que a través de su actuación diaria incide de manera directa sobre el ambiente.

Otro referente importante a mencionar es el planteamiento que se hace en el informe final  de la declaración de la Conferencia Intergubernamental de Tbilisi  sobre Educación Ambiental UNESCO/PNUMA (1977: 27), que se plantea que en los últimos decenios, el hombre, utilizando el poder de transformar el medio ambiente, ha modificado aceleradamente el equilibrio de la naturaleza. Como resultado de ello, las especies vivas quedan a menudo expuestas a peligros que pueden ser irreversibles, por lo que,  la educación debe desempeñar una función capital con miras a crear la conciencia y la mejor comprensión de los problemas que afectan al medio ambiente. Esa educación ha de fomentar la elaboración de comportamientos positivos de conducta con respecto al medio ambiente y la utilización por las naciones de sus recursos.

Como puede observarse, en atención a esta serie de preocupaciones, señalamientos, demandas y designaciones; organismos públicos, privados, organismos internacionales gubernamentales y no gubernamentales, centros educativos y organizaciones sociales emanadas de la sociedad civil, se han echado a cuestas el compromiso de que desde el ámbito de la educación ambiental formal, no formal e informal,  se inicie  un proceso con acciones concretas que conlleven a reajustar los desequilibrios generados a la naturaleza, y al mismo tiempo, crear las condiciones necesarias para que a través de este tipo de educación que se imparta dentro y fuera de la escuela, se pueda facilitar un nuevo crecimiento personal, con nuevos valores, actitudes y normas para hacer frente a los problemas que nos plantea el medio socio natural. Es decir apuntar nuestras acciones hacia una nueva racionalidad que se sustente en la promoción de nuevos saberes ambientales que incorporen las condiciones ecológicas y sociales de un desarrollo equitativo y sustentable.

Para ello, a partir de las teorizaciones, debates y conceptualizaciones que se han dado y se están dando, tendremos que ubicar de manera objetiva y concreta lo que entienden por educación ambiental los organismos internacionales gubernamentales y no gubernamentales y; sobre todo los estudiosos del campo educativo y pedagógico.

La razón de ser de la educación ambiental, tiene como soporte importante al medio ambiente. Por consiguiente, el entendimiento de lo que éste es, sirve de justificación a la necesaria existencia de una educación de esta naturaleza.

El  “Medio  Ambiente9” y su origen conceptual.

Los antecedentes históricos nos indican que la preocupación que el ser humano tiene por la naturaleza, se remonta al siglo XVII. Pero fue en el siglo XX, en particular  desde  finales de la década de 1960, cuando hubo una serie de intentos por ordenar y regular la actuación del ser humano sobre su medio ambiente natural y, comienza a tomar fuerza la necesidad de crear una mentalidad de protección ambiental y ecológica. A partir de la década del setenta, el medio ambiente y su problemática se han convertido en una importante preocupación tanto para los ciudadanos como para los propios gestores responsables, ya que significa la alteración de los sistemas de vida para nuestro planeta.

El antecedente más próximo sobre la preocupación de las instituciones en torno al  medio ambiente, lo encontramos en 1972. En este año, se realiza en Estocolmo, Suiza, la Conferencia Mundial sobre el Medio Ambiente; se establece el Día Mundial del Medio Ambiente; se funda el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y se instituye el Programa Internacional de Educación Ambiental. A partir de este acontecimiento, se comienza a ubicar a la problemática ambiental más allá de la cuestión meramente naturalista; se vislumbra ya el interés por el ambiente histórico y el ambiente  humano.

Con respecto al proceso de  conceptualización que se ha dado en torno a lo que se entiende por “medio ambiente”, es importante rescatar el planteamiento de Limón Domínguez (2000:23 y ss), quien nos dice que los significados de los términos “medio” y “medio ambiente” han variado a lo largo del tiempo. Estos fueron sinónimos durante mucho tiempo. Efectivamente, el concepto que expresaba la palabra “medio” tenía un sentido más restrictivo que el que significaba “ambiente”, pero, esta sinonimia llegó a su término en los años sesenta. Hacia esa época tuvo lugar uno de los primeros coloquios que trataron el tema de “medio ambiente”; nos referimos al que se realizó en Aixen-Provence, Francia, en 1972, oportunidad en que se estableció una separación de conceptos -que perdura en la actualidad- y allí adquirió su “propia identidad”; un nuevo término, con el que se delimitó, definitivamente, el campo específico conceptual de uno y otro: medio ambiente.

A partir de aquí, se comienzan ha establecer una serie de discusiones que conllevan a la toma de posiciones respecto al medio ambiente, no solamente natural, sino también social. En este sentido, por ejemplo desde el punto de vista sociológico se sostiene que el medio ambiente sería el conjunto de problemas planteados, al adquirir conciencia las relaciones de interdependencia entre el hombre (en cuanto ser social), y el “medio”. La noción de medio ambiente correspondería, por tanto, a la mirada crítica que el hombre dirigiría al medio y a su propio comportamiento en él, con vistas a desembocar en una acción. El medio ambiente sería el medio, no sólo “vivido” y “pensado”, sino también “actuado”.

De acuerdo con lo que plantea esta autora, el proceso evolutivo que ha tenido lugar en cuanto a la definición de medio ambiente está íntimamente ligado a la variedad de problemas ambientales que han ido surgiendo, distanciándose, en cierto sentido, de la concepción naturalista para llegar a un concepto de medio ambiente más global e interrelacional que, se define como el conjunto de las condiciones naturales (físicas, químicas y biológicas), culturales y sociológicas. Así, concebir el medio ambiente como un medio “vivido” y después “pensado” y “actuado”, lleva a la formación de la persona apoyándose en su medio ambiente, en su manera de percibirlo y de sentirlo. Esa formación la obtiene fundamentalmente a través de la organización escolar y los procesos educativos que en ella se organizan.

Por lo tanto, la capacidad de pensar, reflexionar, de hacer, en definitiva, de crear, convierte al hombre en un ser transformador y creador de ambiente. En este sentido la adaptación humana, por medio de la cultura, ha prevalecido sobre la adaptación biológica. Así, el hombre viene referido a su medio ambiente, ya que, aprender a pensar, viene a ser la cimentación del aprender a vivir.

En este contexto, la necesidad de comenzar a atacar a fondo los factores causales de las principales tendencias de deterioro ambiental que afectan severamente la calidad de vida y las posibilidades de reproducir, sostener, y mejorar las condiciones productivas del futuro, irán asociadas a lo que pueda concurrir en el ámbito de la educación; sobre todo la educación ambiental. Ésta, puede ser un instrumento eficaz para contribuir a ese reto ineludible de modificar actitudes y comportamientos de los habitantes del planeta, para hacerlos responsables con su medio natural, social y cultural. Su desenvolvimiento teórico y su implementación práctica se deben dar  a través de vías estratégicas que atiendan no solo a cambios conceptuales y procedimientos, sino también, y muy profundamente, a nuevas orientaciones en las actitudes y valores que inspiren el comportamiento humano respecto a la naturaleza a partir de una ética ambiental; entendida como el conjunto de valores morales y éticos que nos permitan admitir la responsabilidad por aquellas consecuencias de nuestra manipulación de la naturaleza, que podría llegar a afectar tanto el bienestar del individuo como el de la sociedad.

Es importante resaltar y rescatar los planteamientos que consideran que lo ambiental es un concepto amplio, integral y totalizador, que no se reduce o limita al simple entendimiento de la naturaleza y la problemática que ésta enfrenta debido, muchas veces a la actitud irracional que frente a ella asume el ser humano. Es integral y totalizador, porque  su entendimiento no se reduce sólo al punto de vista ecológico; sino que se refiere a los procesos de interacción de los seres vivos con su ambiente natural; lo ambiental, se mueve en un ámbito que fusiona de manera general las nociones de naturaleza y cultura, y combina la dinámica de la evolución tanto biológica como social; es integral y totalizador, porque aspira a encontrar nuevos razonamientos morales que ayuden a transformar la manera en que los seres humanos ven al mundo natural y actúan en él.

Carlos Marx, citado por Leff (1994: 21), dice al respecto que la cuestión ambiental ha plateado así la necesidad de un pensamiento holístico y sistémico, capaz de percibir las interrelaciones entre diferentes procesos que inciden y caracterizan a su campo problemático. Esta demanda ha estimulado el desarrollo de teorías para encontrar las homologías comunes de diferentes lógicas, para articular diversos saberes en métodos interdisciplinarios de investigación para el análisis de sistemas socioambientales complejos.

 

El concepto de “Educación Ambiental”10, como “nuevo Paradigma”11 Educativo.

La educación ambiental debe considerarse como un nuevo paradigma educativo, en primer lugar; porque se nos presenta como un nuevo proceso que nos es útil para plantear y resolver problemas en relación a lo ambiental; en segundo lugar, porque esta en proceso de construcción y, en este proceso, podemos contribuir y darle un soporte conceptual innovador que domine la inherente y multidisciplinaria temática ambiental y; en tercer lugar, porque  representa un nuevo campo del quehacer pedagógico que asume diversas posiciones teóricas complejas, desde las cuales se interpreta la realidad y en ella se distinguen de manera integral y totalizadora, los aspectos relativos a la cuestión natural, cultural, económica, política y social. Al respecto, González Gaudiano (1993: 97 y ss) nos dice que  la educación ambiental debe estar asociada a una pedagogía de la posibilidad, de la esperanza, para poder canalizar a través de ella procesos pedagógicos más democráticos y menos coercitivos. Es decir, una pedagogía de la convicción y del compromiso; una pedagogía de la libertad y de la justicia; de la colaboración y comprensión.

En los apartados en los que se expuso lo relativo a los conceptos de escuela y educación, se hizo el planteamiento de que en el campo de las ciencias en general, las sociales en particular y, sobre todo en las relacionadas con las teorías educativas y pedagógicas, es muy complicado encontrar un concepto único de lo que estas significan. Con respecto al concepto de educación ambiental, el asunto no es diferente; ya que, el propio concepto de educación ambiental, desde sus comienzos, revela una cierta diversidad porque engloba realidades muy distintas y, a partir de ese momento, adopta especificaciones y matices igualmente diversos.

Por lo tanto, en este escenario se tratará de rescatar y exponer los planteamientos más importantes que nos permitan ubicar al concepto de educación ambiental.

Históricamente hablando, en el apartado referido al concepto de educación, Batllori Guerrero (2001: 47 y ss), nos ha dicho que, a lo largo de los últimos siglos la teoría educativa ha hecho repetidas referencias al estudio del ambiente como fuente de conocimientos y de formación para niños y jóvenes. Desde Rousseau (1712-1778), para quien la naturaleza es nuestra primera maestra hasta las actuales corrientes pedagógicas, muchos educadores han insistido en la necesidad de recurrir a la experiencia y al conocimiento de su entorno como vía de aprendizaje. Lo que distingue a estas teorías pedagógicas es la consideración de que la naturaleza debe emplearse como recurso educativo.

Con estos planteamientos, se vislumbran ya propuestas que se encaminan a considerar como necesaria una educación diferente a la que tradicionalmente se ha venido desarrollando; por lo tanto, considero que es de mucha trascendencia ubicar la importancia que se le otorga al papel que debe asumir la nueva educación ambiental, como una nueva propuesta paradigmática, en los distintos escenarios donde ha sido objeto de discusiones.

Institucionalmente, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO: 1970), definió a la educación ambiental como:
…..el  proceso que permite reconocer valores y aclarar conceptos para crear habilidades y actitudes necesarias que sirven para comprender y apreciar la relación  mutua entre el hombre, su cultura y el medio biofísico circundante. La educación ambiental también incluye la práctica de tomar decisiones y formular un código de comportamiento respecto a cuestiones que conciernen a la calidad ambiental.

Además nos dice que la educación ambiental:
* Es el resultado de la orientación y articulación de las diversas disciplinas y experiencias educativas que facilitan la percepción integrada del ambiente tomando en cuenta una acción más social y capaz de responder a las necesidades sociales.
* Es el proceso que consiste en reconocer valores y aclarar conceptos con objeto de fomentar las aptitudes necesarias para comprender y apreciar las interrelaciones entre el hombre, su cultura y su medio físico.
* Es una visión de aprendizaje de las relaciones del hombre con su ambiente y de cómo actúa sobre el mundo para construir y unificar la nueva participación.
* Es el proceso de enseñanza-aprendizaje relacionado a la sociedad y la naturaleza de modo que se obtengan los instrumentos necesarios para lograr participar, individual o colectivamente, en el establecimiento armónico de este binomio.
*  Es una enseñanza orientada para el convivio y la creación de procesos capaces de asegurar la sobrevivencia cualitativa en una sociedad que tiende a urbanizarse e industrializarse.

Para la UNESCO, queda claro que el cambio de un nuevo sistema de valores y una ética ambiental hecha por la totalidad de los integrantes de la sociedad; es la educación para la vida. Y, esa educación para la vida se representa en la educación ambiental.

Otro evento trascendente en el que se discute la importancia de la educación ambiental y la necesidad de que ésta asuma los procesos educativos, formales, no formales e informales, lo encontramos en la Conferencia Intergubernamental sobre educación ambiental. Informe Final. Organizado por la UNESCO/PNUMA, en TBILISI (URSS) del 14 al 26 de octubre de 1977. En esta conferencia, se plantea que la educación ambiental:
… debe impartirse a personas de todas las edades, a todos los niveles y en el marco de la educación formal y no formal. Los medios de comunicación social tienen la gran responsabilidad de poner sus recursos al servicio de esa misión educativa.

Debidamente entendida, debería constituir una educación permanente general que reaccionara a los cambios que se producen en un mundo en rápida evolución. Esa educación  debería preparar al individuo mediante la comprensión de los principales problemas del mundo contemporáneo, proporcionándole conocimientos técnicos y las cualidades necesarias para desempeñar una función productiva con miras a mejorar la vida y proteger el medio ambiente, prestando debida atención a los valores éticos. Esa educación contribuye a poner de manifiesto la continuidad permanente que vincula los aspectos del presente a las consecuencias del futuro; demuestra además la interdependencia entre las comunidades nacionales y la necesaria solidaridad entre todo el género humano.

Además, se agrega que la educación ambiental ha de orientarse hacia la comunidad. Debería interesar al individuo en un proceso activo para resolver los problemas en el contexto de realidades específicas y debería fomentar la iniciativa, el sentido de la responsabilidad y el empeño de edificar un mañana mejor. Por su propia naturaleza, la educación ambiental puede contribuir poderosamente a renovar el proceso productivo.

Las discusiones sobre el tema de la educación ambiental se han dado bajo fuertes polémicas. El resultado es muy diverso dado que ésta, como producto de una orientación y articulación de las diversas disciplinas y experiencias educativas que facilitan la percepción integrada del medio ambiente; y, como espacio social que se encuentra atravesado por varios conflictos de interés,  es tan diversa y la situación actual tan conflictiva, que no puede estar circunscrita solo al marco de instituciones oficiales, descentralizadas o escuelas públicas o privadas. Por lo tanto, es necesario que  de manera integral, se baje al nivel de todos los sectores sociales, para ayudarles  a desarrollar una conciencia ética colectiva sobre todas las formas de vida con las cuales compartimos este planeta y que aprendan a  respetar sus ciclos vitales e imponer límites a la exploración de esas formas de vida impuesta por y para los seres humanos.

Por otro lado, en relación al tipo de conocimientos que la educación ambiental debe generar, Batllori Guerrero (2001:56), argumenta que en ella se establece que el conocimiento sea una construcción colectiva, compartiendo los problemas desde su planteamiento hasta su posible solución como situaciones que afectan al grupo en su conjunto y que el grupo como tal debe afrontar. En esta dirección, los educadores ambientales están llamados a trabajar sobre conflictos, considerando que es precisamente a través de situaciones conflictivas reales como las personas llegan a compenetrarse personal y afectivamente en la solución de problemas y en el cambio de comportamientos.

En lo que concierne a la discusión sobre la educación ambiental y el papel que le corresponde asumir hacia la búsqueda de un futuro sustentable, es importante rescatar la observación que sobre este tipo de educación hace Delgadillo, citada por Batllori Guerrero (Op-cit: 48) cuando señala que hay que reconocer que la Educación Ambiental no es la panacea. Es decir no es la solución a todos los males de las sociedades modernas, pues, el problema del deterioro ecológico, de destrucción de recursos naturales, del calentamiento global, la contaminación del agua, la destrucción de la flora y la fauna, etc., no se debe sólo a que hay más o menos educación ambiental, sino a un problema del modelo capitalista, ético y moral que prevalece hoy en día. Sin embargo, consideramos que no por eso debemos renunciar y restar importancia a este tipo de educación que, lleva implícita la dimensión ambiental con el propósito de que los individuos y las comunidades modifiquen su sistema de valores, sus actitudes y sus hábitos a favor de la conservación ambiental y que promuevan movimientos de solidaridad y cooperación.

De acuerdo con lo expuesto, podemos afirmar que desde el punto de vista conceptual y metodológico, los problemas que se vislumbran en un tipo de educación como la ambiental que se encuentra en proceso de construcción, ha mostrado un avance significativo. Han aparecido interesantes planteamientos que destacan que los problemas de la educación ambiental, también son de índole filosófica, porque se requiere definir cuál es el proyecto de vida que tenemos como grupo humano en el marco de un paradigma civilizatorio altamente depredador; son de índole económica, porque no pueden negarse las estrechas relaciones que se guardan con este factor; también, son de índole política, porque todo proceso pedagógico es político en tanto responde a intereses y visiones del mundo y por último; los problemas ambientales también son culturales, porque la cultura es, finalmente el marco, donde adquiere significado nuestro pensamiento y acción (Viesca Arrache 2000: 69).

Este último aspecto merece un reconocimiento muy especial, en la medida en que hay una serie de planteamientos que sostienen que en la escuela, el sujeto se educa y adquiere cultura.

El concepto de “Cultura12” y “Cultura Ambiental13”.

Es importante iniciar la exposición sobre este tema, afirmando que indudablemente el concepto de cultura guarda una estrecha relación con el concepto de educación y, sobre todo con el de educación ambiental. Sin embargo, un discernimiento sobre el concepto de cultura y cultura ambiental no es sencillo, dado que, la discusión sobre la cultura tiene muchas implicaciones que trascienden en todos los campos de las ciencias sociales, en las que destacan entre otras; la psicología, la sociología, la antropología, la filosofía, la pedagogía, la educación, etc.

En este contexto, los conceptos que sobre cultura pudieran examinarse, son varios y divergentes; por lo tanto,  rescato en primer lugar, los conceptos que de manera general se refieran a la cultura y, en segundo lugar, aquellos que nos permitan ubicar de manera gradual la relación que ésta guarda con la educación y el medio ambiente; esto nos ayudará a derivar lo que podemos considerar como “cultura ambiental”.

Thompson, (1993: 153 y ss), sostiene que el concepto de cultura alude a una variedad de fenómenos y a un conjunto de preocupaciones que hoy día comparten analistas que trabajan en diversas disciplinas, que van de la sociología y la antropología a la historia y la crítica literaria. Asume que en las primeras discusiones que se dieron sobre la cultura, en especial aquellas que se produjeron entre los filósofos e historiadores alemanes durante los siglos XVIII-XIX, se encaminaron a discernir el término <<cultura>> que, se usaba generalmente para referirse a un proceso de desarrollo intelectual o espiritual, proceso que difería en ciertos aspectos del de <<civilización>>. Podemos describir este empleo tradicional del término como la concepción clásica de la cultura.

Sin embargo, con la aparición de la antropología a fines del Siglo XIX, la concepción clásica cedió el paso a diversas concepciones antropológicas de la cultura. Entre ellas, destaca la concepción descriptiva que se refiere al conjunto de diversos valores, creencias, costumbres, convenciones, hábitos, usos, aptitudes y prácticas adquiridos por los hombres en su condición de miembros característicos de una sociedad particular y en  un periodo histórico determinado. Con el  planteamiento de este autor, podemos afirmar que la cultura se ha movido entre el subjetivismo y el objetivismo: este último se refiere a objetos, instituciones y practicas directamente observables; la primera se refiere a representaciones sociales, formas de pensamiento, valores y, en general esquemas de representación.

Por otro lado, desde el punto de vista de la psicología, Wittaker (1990:291) sostiene que bajo el encabezado de cultura, los científicos sociales no sólo incluyen las herramientas y los productos de la tecnología humana, las manifestaciones visibles y concretas de la cultura, sino las maneras sociales compartidas y transmitidas de la interacción social, la organización de grupos en familias, clanes, comunidades, tribus y estados, así como las creencias, actitudes, normas y convicciones compartidos por los miembros de una cultura. Casas, ropas e implementos de trabajo constituyen productos de la cultura, pero también lo son los valores, concepciones y filosofías de la vida. Ya que los seres humanos nacen inermes desde el punto de vista biológico, pues carecen de instintos formados de antemano que les permitan a las crías de otras especies enfrentarse  y adaptarse a la vida, virtualmente todas las capacidades y las creencias que adquieren les vienen por transmisión cultural. Ningún humano sobrevive y se adapta si no es en una cultura; y las culturas en las que el hombre vive en el mundo son diferentes en razón de muchísimos rasgos.

En este sentido y con base a lo anterior, psicológicamente hablando, parece sumamente razonable que nuestras personalidades estén moldeadas en lo esencial por la cultura en la que hayamos sido criados; ya que, la cultura en que nos criamos canaliza los aspectos externos de la conducta, pero nuestra personalidad también es producto conjunto de los hilos universalmente humanos y singularmente individuales que conforman nuestra experiencia y que en cada persona se encuentran tejidos de modo especial.  Apoyado en estos planteamientos, podemos decir que cada pueblo tiene el derecho de afirmar su identidad cultural y a utilizarla, a difundirla y transmitirla. Las formas de organización interna de los pueblos, factores de mantenimiento y conservación de sus tradiciones socioculturales, participan de esa identidad cultural.

Por otro lado, encontramos que entre los  geógrafos la cultura es entendida como pauta de significados, constituye una dimensión fundamental del territorio, porque la apropiación del espacio no tiene sólo un carácter instrumental sino también simbólico expresivo. Así entendido, el territorio constituye el marco obligado de ciertos fenómenos sociales, como el arraigo, el apego y el sentimiento de pertenencia socio territorial, por un lado, y la movilidad, la marginación y hasta la globalización, por otro. Estos mismos,  consideran a la cultura como una instancia de mediación entre los hombres y la naturaleza. Así, para Vidal  de  Blanche (1845-1918), la cultura es todo aquello que se interpone entre el hombre y el medio ambiente, todo aquello que humaniza el paisaje.

Dentro de ésta rama de la ciencia (geografía), surge una tendencia de los denominados  geógrafos culturales y, conceptualizan a la cultura como un sistema de valores compartidos y las creencias colectivas; es decir, se interesan por la interpretación simbólica que los grupos y las clases sociales hacen de su entorno, las justificaciones estéticas o ideológicas que proponen a este respecto y el impacto de las representaciones sociales sobre la modelación del  paisaje etc.

Ahora bien, desde el ámbito de la sociología, Marcuse, citado por Jiménez-Ottelongo y Moreno Valle (1997: 37 y ss), concibe a la cultura como el conjunto de fines morales, intelectuales y estéticos (valores) que la sociedad considera como meta de la organización, división y dirección del trabajo -el provecho que se considera puede alcanzarse con el estilo de vida  que ella ha constituido-. Por ejemplo, el aumento de la libertad personal y pública, la reducción de las desigualdades que impide el desarrollo del “individuo” y de la “personalidad” y una administración racional y eficiente, pueden representar los “valores culturales” de la sociedad industrial avanzada. En este sentido, de acuerdo con Marcuse, deberíamos definir a la cultura como un proceso de humanización, caracterizado por el esfuerzo colectivo por proteger la vida humana; pacificar la lucha por la existencia, manteniéndola dentro de límites justos; estabilizar la organización productiva de la sociedad; desarrollar las facultades intelectuales del hombre, reducir y sublimar la agresión, la violencia, la miseria.

También desde la sociología, Pierre Bordieu, conceptualiza a la cultura como un bien en sí mismo, como una práctica social y como la expresión de lo que los diversos individuos y los grupos sociales han llegado a ser a través de su historia social particular.

En esta misma dirección, desde el punto de vista sociológico, la cultura es concebida como esencialmente hereditaria y ambiental. El hombre nace y se desarrolla en medio de una cultura determinada y por el proceso de socialización, el individuo se asimila a la cultura que lo rodea. Este último planteamiento, abre la brecha hacia el establecimiento de la relación de la cultura con el medio ambiente.

Esta gama de conceptualizaciones y definiciones de cultura, nos deja en claro que nada es espontáneo, que nada esta dado, que todo se construye.

Por lo tanto, en lo que se refiere a la cultura ambiental y ecológica, estamos por hacerla, está en proceso de construcción; en los últimos tiempos, ha tomado fuerza la idea de hacer conciencia de lo que significan para la vida terrenal en general, los perjuicios que hemos ocasionado y estamos ocasionando con nuestro progreso y civilización a nuestros ecosistemas.

En este sentido habría que agregar que durante el  siglo XX, sobre todo en las últimas décadas han empezado a formarse movimientos favorables a la conservación del medio ambiente; a tomarse algunas medidas correctivas y otras preventivas para preservar el hábitat natural, así como a pugnar por modificar la forma y estilo de vida depredadora del hombre, para crear en su lugar, una cultura ambiental y ecológica. Esto es, a una actitud de depredación hay que anteponerle una cultura de conservación.

Afortunadamente, hay indicios de que se ha empezado a cobrar conciencia de que apremia el reencuentro con la naturaleza a través de una cultura en la que prevalezcan los factores que son indispensables para el desarrollo en plenitud y la conservación de la vida de todos, en el desarrollo histórico social pasado, presente y futuro.

Respecto a lo anterior, Cifuentes Vargas (2000:96), dice que los seres orgánicos hemos vivido (tenemos historia), continuamos aun con suficiente variedad de vida (tenemos presente), y con la voluntad y acendrado espíritu de toda la comunidad mundial, seguiremos viviendo por siempre, perdiéndose nuestro destino en el espacio y en el tiempo (tenemos porvenir). Esta debe ser la esencia de la lucha ambiental y ecológica, su razón de ser y su misión histórica.

En otro orden de ideas, Vázquez Torres (1999: 262) nos plantea que del mundo natural deviene, así, el mundo cultural; esto es, un mundo que existe única y exclusivamente como objeto de transformaciones. Nada tiene sentido, nada tiene un fin sin que el hombre otorgue valor a una cosa a un ser viviente. Reconocer que somos agentes morales equivale a admitir responsabilidad por aquellas consecuencias (previstas o no) de nuestra manipulación de la naturaleza que podría llegar a afectar tanto el bienestar del individuo como el de la propia sociedad.

En los últimos tiempos, han cobrado fuerza las ideas que sostienen que la cultura es un espacio determinante para cambiar la actitud y aptitudes del hombre frente a la naturaleza; por lo tanto, se considera que es importante una intervención protagónica de la sociedad civil en las decisiones y cambios institucionales y culturales para la generación de nuevos valores sociales.

En este sentido, Enrique Leff (1990: 39 y ss), plantea que cada cultura debe su existencia a las condiciones sociales de la que son producto; por tanto, se ha planteado la necesidad de generar una cultura ambiental y ecológica para transformar las relaciones del hombre con la naturaleza. La cultura ambiental y ecológica debe concebirse en un marco más amplio, que comprende y articula los procesos ideológicos con la construcción de una nueva racionalidad productiva, a través de un conjunto de procesos políticos y de la movilización social, que transforman las relaciones de poder entre Estado y sociedad.

Cuando hablamos de que es necesario formar una conciencia hacia la sustentabilidad, se denota que el problema no se reduce sólo a lo económico; se desborda también en los ámbitos de la cultura, la comunicación, las costumbres y los valores tales como la equidad, entendida como la justa distribución y la templanza; entendida como el no abuso de los bienes satisfactores. Esto es, incide en el campo de lo educativo. En relación a esto último, hay que entender que el entorno cognitivo cultural donde se desarrolla todo proceso educativo, tanto formal como informal, está mediatizado por la conciencia colectiva, esto es, el conjunto de ideas, creencias, aspiraciones y valoraciones que tienen los miembros de un grupo con respecto al mundo que los rodea y que enmarca todo su actuar. Es por ello que es necesario el análisis del entorno cognitivo cultural que conforma, modifica y reestructura la conciencia colectiva.

Como puede observarse, la discusión sobre la cultura tiene muchas implicaciones que trascienden todos los campos, incluyendo el escolar y el de la educación. Por ejemplo, para el caso de la educación formal, Sacristán citado por González Gaudiano (1993:55 y ss),  nos dice que la cultura está muy diversificada y sus componentes reciben valoraciones distintas. Esta diferencia se aprecia en la propia composición del currículum, en las opiniones de los padres y de los profesores respecto de lo que es conocimiento valioso, y hasta la acaban asumiendo los propios alumnos.

Para concluir, considero a la cultura como un proceso holístico, en el que se conjugan la humanización continua de los seres humanos; fundamentalmente en lo referente al conjunto de diversos valores, creencias, costumbres, convenciones, hábitos, usos, aptitudes y prácticas sociales adquiridos en su condición de miembros característicos de una sociedad particular y; el respeto profundo por la naturaleza.

Por cultura ambiental, entiendo el proceso integral y totalizador en el que se conjugan los distintos factores de la vida social, económica, política y natural; en la que están implícitos la dimensión ambiental y los sistemas de valores éticos y morales; las actitudes y los hábitos a favor de la conservación y cuidado del medio ambiente natural y social, donde se estimula la relación conciente entre el bienestar y el desarrollo en equilibrio con la naturaleza, a través de actos que conlleven la solidaridad y la cooperación.

 

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Citas

1Por ejemplo, la guerra entre Estados Unidos de Norteamérica e Irak (2003), aparte de la muerte de un numero incalculable  de seres humanos que conduce a una crisis humanitaria a nivel mundial, significa también la destrucción del ya maltrecho medio ambiente y la destrucción de ecosistemas en un importante espacio de la tierra. Esto, debido a la utilización de armas nucleares y el desplazamiento de grandes sectores de la población de Irak, lo que significa, hambre, desnutrición, insalubridad, hacinamiento, etc.
2Patricia Ávila García (2000: 107), nos dice que se consideran problemas ambientales, los relacionados con la destrucción de los ecosistemas, la perdida de biodiversidad, la erosión del suelo, la contaminación, la  deforestación  etc., y, todos aquellos que están asociados con los procesos de urbanización, industrialización y cambio tecnológico.
Por mi parte, entiendo los problemas ambientales como un conjunto de mecanismos y factores correspondientes que amenazan el entorno y alteran las condiciones de vida socionatural.
3Entiendo por ecosistemas al conjunto funcional que comprende a comunidades de seres vivos, entre los que se incluye al hombre y su medio físico, natural y social.
4Para Jiménez-Ottelongo y Moreno Valle (1997:98), El término escuela procede del griego escole, latín scholla, lugar donde se realiza la enseñanza y el aprendizaje. El origen en griego procede de la palabra ocio, descanso, porque en la estructura de la sociedad griega, la situación de descanso, lo que se apartaba del nec gatio se dedicaba al cultivo del espíritu. Es decir la escuela en griego tenía una conmutación de ocio culto, ocio cultivado, la dedicación al noble ejercicio del pensamiento. Esta organización tiene tres tipos de elementos:
  1. Personales (docentes, escolares, administrativos y logística).
  2. Funcionales (son los procedimientos, toda heurística, herramientas intelectuales).
  3. Materiales (edificio, mobiliario, material didáctico).
5Enfoque de acuerdo con el cual los conjuntos son más que simplemente la suma de sus partes.
6El término educación etimológicamente proviene del latín ducere, que significa conducir, e-ducere significa conducir-fuera-de. Para algunos, esta raíz etimológica es uno de los fundamentos para pronunciarse por la Escuela Nueva, y, aunque sin lugar a dudas sí hay una conducción, ésta siempre parte de lo que ya es el alumno, es decir, inicia a partir de sus conocimientos y formación previos. Hay también otra forma de entender la raíz etimológica, esta es la que deriva educación de educare, que significa instruir, guiar, y ésta es la base etimológica para fundamentar a su vez a la Escuela Tradicional, misma que hace hincapié en el papel pasivo que el alumno debe guardar con respecto a su propio proceso de educación. Como podemos ver, en ambas hay una conducción, existen un alumno que es guiado y un profesor que guía, pero, desde diferentes concepciones del mismo.
7González  Gaudiano (1993: 63 y ss), se refiere a la educación formal y no formal como aquella que se desarrolla en el centro escolar, curricular y extracurricularmente en todos los niveles del Sistema Educativo Nacional y, la informal es aquella que se desarrolla principalmente a través de un creciente número de publicaciones periódicas, medios electrónicos como la TV, video, radio, etc., con orientaciones y características variadas, que contribuyen a informar y formar opinión sobre distintos tópicos.
La Secretaria de Desarrollo Urbano y Ecología (SEDUE, 1986) define a la educación no formal como aquella que se desarrolla paralela o independiente a la educación formal y por  tanto, no queda inscrita en los programas de los ciclos del sistema escolar y aunque las experiencias educativas sean secuenciales, no constituyen niveles que preparan para el siguiente; no se acredita, ni se certifica y puede estar dirigida a diferentes grupos de población. No obstante, las actividades deben sistematizarse y programarse para lograr los objetivos propuestos.
Entre las acciones más difundidas se cuentan:
  • La realización de talleres ambientales infantiles y de “Basura y artesanía”.
  • El diseño de materiales de divulgación.
  • Impartición de cursos a obreros y personal de turismo etc.
8La Conferencia Intergubernamental sobre educación ambiental. Informe Final. UNESCO/PNUMA, realizado del 14 al 26 de octubre de 1977, en TBILISI (URSS). En su recomendación número dos, nos dice que el concepto de “medio ambiente” abarca una serie de elementos naturales, creados por el hombre y sociales de la existencia humana y que los elementos sociales constituyen un conjunto de valores culturales, morales e individuales, así como de relaciones interpersonales en las esferas del trabajo y de las actividades de tiempo libre.
Al respecto, Siguiendo la definición de medio ambiente  expresado por el “Programa de las Naciones Unidas para el medio Ambiente” (PNUMA), LIMON DOMÍNGUEZ (2000: 28) nos dice que  este programa atiende tres  dimensiones que conforman el concepto de medio ambiente:
  • el medio ambiente natural, en el que se desarrolla la vida biológica del hombre;
  • el medio ambiente histórico, que conserva las huellas de las acciones humanas pasadas, y
  • el medio ambiente humano, que engloba el conjunto de factores culturales, sociales, económicos y tecnológicos que condicionan la vida del hombre sobre la tierra.
9“La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y sus Recursos, organismo de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO: 1970), definió a  la educación ambiental como “el proceso de reconocer valores y aclarar conceptos para crear habilidades y actitudes necesarias que sirven para comprender y apreciar la relación  mutua entre el hombre, su cultura y el medio biofísico circundante. La educación ambiental también incluye la práctica de tomar decisiones y formular un código de comportamiento respecto a cuestiones que conciernen a la calidad ambiental”.
10Thomas S. Khun (1995:13), en su texto  Estructura de las Revoluciones Científicas, se refiere a los “paradigmas” como realizaciones científicas universalmente reconocidas que, durante cierto  tiempo, proporcionan modelos de problemas y soluciones a una comunidad  científica.
 Al respecto,  también considero importante destacar la propuesta de Pablo González Casanova (1999:5), quien define el  concepto de “paradigma” como una forma de “plantear y resolver problemas”.
11Anda Gutiérrez (1998: 24 y ss), nos dice que cultura es una palabra proveniente del latín que significa cultivo, y en este sentido podría entenderse como el acto de cultivar y mejorar las facultades físicas, morales e intelectuales del hombre, ya sean transformaciones o innovaciones materiales o creaciones sociales, científicas, artísticas religiosas, éticas, etcétera, que le ayuden directa o indirectamente a satisfacer sus necesidades.
12González Gaudiano (1993: 55 y ss). Afirma que el concepto de cultura ambiental ha estado íntimamente asociado con el de educación; es un concepto muy controversial porque el primer término del binomio puede verse desde diferentes ópticas teóricas y políticas.
13Para efectos de este trabajo adoptamos la posición de Geertz que nos dice: El concepto de cultura ambiental que sostengo es fundamentalmente semiótico. Como creo, con Máx Weber, que el hombre es un animal  preso de las tramas de significados que él mismo ha tejido, considera que la cultura consiste en esas tramas, y que por lo tanto, el análisis de la misma no es una ciencia experimental en busca de leyes sino una ciencia interpretativa en busca de significado. Es una explicación lo que busco, la construcción de expresiones sociales sobre su superficie enigmática.

* Docente Investigador de la Licenciatura en Sociología de la Comunicación y Educación  de la Unidad Académica de Ciencias Sociales, dependiente de la Universidad Autónoma de Guerrero, México.