Revista Digital de Tecnologías de la Información y Comunicación. Vol. 8, No. 1. Semestre enero-junio de 2012. ISSN: 1870-7505

 

EL DEBATE EN TORNO A LA CRISIS AMBIENTAL CONTEMPORÁNEA

Jesús Castillo Aguirre
J. Nazarín Vargas Armenta

 

Resumen

En este ensayo se critican los enfoques ecologistas (neoclásicos, keynesianos y neoliberales en general) que dominan los estudios y las políticas públicas sobre el problema de deterioro del medio ambiente. Se sustenta, coincidiendo con otros autores, que las concepciones del desarrollo sustentable no pueden reducirse a una visión técnica de las relaciones de la sociedad humana con el medio natural, sino desde una visión de las relaciones sociales de producción.

Introducción

De acuerdo a la Comisión de Desarrollo Sustentable de la Organización de las Naciones Unidas, se define el término sustentable como la utilización de servicios y productos que responden a las necesidades básicas de toda población y mejorar la calidad de vida, al mismo tiempo que reducen el uso de todos los recursos naturales y materiales tóxicos, la producción de basura y las emisiones de contaminación en todos en todo ciclo de vida sin comprometer a las futuras generaciones.

En este artículo se parte de las siguientes definiciones generales. Crecimiento: en una economía creciente o con fuerte crecimiento, sus elementos de intercambio, bienes y servicios, son simples mercaderías que se mueven en uno u otro sentido según la oferta y demanda, ya sea en forma interna o hacia mercados externos. Desarrollo: en una economía desarrollada, y cuyo objetivo es el desarrollo de una sociedad, los recursos se distribuyen para mejorar las condiciones de vida de todos los que la conforman. Ahora, suponiendo que se den las condiciones de desarrollo económico, se puede llegar a proponer otra meta mayor. Desarrollo Sustentable: los recursos son distribuidos de tal forma que permiten satisfacer las necesidades básicas de los habitantes, pero también se toma en cuenta que en tiempo futuro, las generaciones que sigan a la nuestra, puedan tener acceso a esos recursos y poder así, gozar de las condiciones de vida digna que los avances científicos y tecnológicos ponen a nuestro alcance.

Este trabajo toma como referente teórico las posiciones teóricas desarrolladas en el texto de Guillermo Foladori (Foladori; 1999). Para este autor la sustentabilidad no se refiere al concepto que establece: «dejar a las futuras generaciones un mundo mejor», sino al que se define como: «capacitar mejor a las presentes generaciones para hacerlas menos vulnerables frente al futuro».

Crítica a los enfoques dominantes del desarrollo sustentable

Los enfoques de la economía ecologista dominan la literatura económica sobre los problemas ambientales. Ya desde el último tercio del siglo XIX se intentó medir el flujo de energéticos derivados de la actividad económica. Hasta 1971 (en el libro de Georgescu-Roegen, La ley de la entropía –toda energía tiende a degradarse– y el proceso económico) los estudiosos del tema hacen hincapié en los recursos no renovables como amenaza para la sustentabilidad del proceso económico. Pero esto sólo es retomado cuando se habla de la crisis ambiental. En el Club de Roma, con el Informe Los límites del crecimiento (1972), se sugiere frenar el crecimiento económico a favor de una economía y una relación ecológica estable.

De acuerdo a Foladori (1999), la dinámica de los precios se contrapone a los ritmos naturales. Y esto plantea varios problemas. El primero es de orden técnico. La economía ecológica descansa sobre un análisis energético. Para este enfoque existen límites físico-materiales a la producción humana. Pero el problema es de ritmo y no de límites absolutos. Pero cabría la pregunta: ¿Crece la producción humana a un ritmo que plantea límites de abastecimiento de materiales en un futuro previsible? Al respecto no hay respuestas sólidas, si se considera la rápida variación en la tecnología, en las estimaciones de existencia de los principales materiales, y en los cambios de la dinámica de la población.

Un segundo problema, siguiendo a G. Foladori, es el de la especificidad humana en el comportamiento con su ambiente. Es engañoso contrastar los límites finitos de los materiales con la tendencia al crecimiento infinito de la producción/necesidades, tanto por el lado de las necesidades como por el lado de los materiales. Los materiales no pueden ser considerados a los fines del uso humano como limitados. Existe una diferencia entre el recurso como concepto abstracto y el recurso como categoría económica. Y a la humanidad le interesa el recurso como categoría económica. La sociedad humana tiene la capacidad de utilizar recursos de los más variados sustituyendo unos por otros según los fines y el grado de desarrollo tecnológico. Los recursos no son nunca limitados, una vez que comienzan a escasear como materia prima para determinada actividad, rápidamente se sustituyen por otros. Por ejemplo, en la Luna hay grandes cantidades de aluminio y titanio. Tiene agua congelada en los polos. También “tiene helio 3” que se puede recoger. Los científicos especiales en física espacial consideran que existe en la Luna 1 millón de toneladas de helio, “y si se trajeran a la tierra, teóricamente, combinados con deutiero, producirían la energía suficiente para cumplir las necesidades de la humanidad durante ocho siglos” (Iglesias; 2002). Entonces, el problema central es de que “el ser humano se topa con límites sociales antes que con límites materiales absolutos...” (Foladori; 1999).

Un tercer problema es el de orden económico: Foladori se plantea la pregunta: ¿Puede organizarse una producción económica alternativa, que contemple los recursos y desechos aun dentro de la lógica mercantil de la sociedad capitalista? Y contesta que aún no, pues la economía ecológica aún no ha realizado este análisis para afirmar que es posible una producción ecológica. Y, finalmente este autor plantea el problema de orden político: ¿será posible un crecimiento cero en el marco de un sistema capitalista? como lo planteó el informa Brundtland, en 1987. Foladori señala que una deficiencia de la economía ecológica es la de basar sus argumentos en principios físicos y pretender anexarlos al funcionamiento económico regido por leyes sociales (Foladori;1999).

Los límites del desarrollo sustentable

La humanidad se enfrenta a un creciente desafío: convertir el Planeta Tierra en un espacio apto para la vida de las próximas generaciones. Se trata de un desafío nuevo, nunca antes el ser humano tuvo que preocuparse por la reproducción de su entorno de manera global como Planeta. La gravedad que presenta la depredación y la polución, así como el incremento constante de población empobrecida ha obligado al desarrollo de políticas específicas para contener el proceso de deterioro ambiental, aunque no siempre con el éxito deseado.

Toda especie, en su afán por duplicarse y expandirse, transforma el medio ambiente a sus intereses. Con ello puede crear crisis ambientales. Pero ninguna especie no humana ha llegado a tener conciencia de la necesidad de reproducir el entorno junto a su propia especie. Esta conciencia ha estado presente desde los orígenes de Homo Sapiens, a través de los mitos y ritos que buscaban garantizar la reproducción de las condiciones materiales de existencia. No obstante, hoy en día es la primera vez en la historia de la humanidad que dicha conciencia va más allá del espacio inmediato de vida y producción, para tener un alcance planetario.

Como se ha visto supra, desde la década de 1960 diversas voces e instituciones se han encargado de hacer conciencia de la gravedad de la problemática ambiental. Los países han venido adoptando progresivas políticas medioambientalistas. A pesar de ello, los problemas de fondo persisten. La dificultad para revertir esta crisis ambiental radica en las propias relaciones interespecíficas del género humano. Cuando se habla de la relación entre la sociedad humana y el medio ambiente se tiene en mente, por lo general, que la humanidad establece como unidad relaciones con los demás seres vivos y con el medio abiótico (agua, aire, viento luz, calor).

Se trata de una visión equivocada, que tiene sus raíces en una visión simplista de la ecología. Porque las relaciones con el medio ambiente incluye, además, las que se establecen al interior de la propia especie, entre congéneres. La diferencia es radical, y tiene que ver con la distinción entre relaciones técnicas y relaciones sociales.

Relaciones técnicas y relaciones sociales

Las relaciones técnicas son las relaciones del ser humano con el mundo abiótico y con los otros seres vivos. Las relaciones sociales son las relaciones del ser humano con sus congéneres. El ser humano establece relaciones técnicas tanto con la materia abiótica como con otros seres vivos a través del proceso productivo y con el propósito de generar productos útiles a sus necesidades.

De acuerdo a Foladori (1999) las relaciones técnicas describen el proceso de producción en su sentido formal, como interrelación entre el ser humano y la naturaleza para cambiarla de forma. Estas relaciones se modifican según el nivel de desarrollo de la técnica, los conocimientos tecnológicos y científicos, y la amplitud de utilización del entorno. Las relaciones sociales de producción, por su parte, dan cuenta de la trama que se establece entre los seres humanos en el proceso productivo (relaciones entre congéneres), como resultado de la manera en que están distribuidos los medios de producción.

El conjunto de las relaciones técnicas y las relaciones sociales ligadas a los medios de producción constituyen el proceso de producción. Ambas relaciones conforman un entramado dialéctico, donde unas influyen sobre otras y viceversa. Esta distinción entre relaciones técnicas y relaciones sociales de producción, así como la hegemonía relativa de unas sobre otras, está presente implícita o explícitamente en cualquier análisis de la actividad humana. También está presente en la discusión sobre las causas de la crisis ambiental contemporánea.

Hay quienes afirman que es el alto nivel de desarrollo tecnológico ligado al uso de energías no renovables es la causa principal de la crisis ambiental. Hay otros que desde una perspectiva más optimista argumentan que el desarrollo tecnológico es capaz de superar la crisis ambiental. Ambas posturas consideran a las relaciones técnicas como la clave para entender el destino “ecológico” de la humanidad. Pero también hay quienes sostienen que la causa de la crisis ambiental radica en las relaciones sociales de producción (Foladori, 1999; Leff, 1986; O`Connor, 1992; Bellamy Foster, 1994).

Y, efectivamente, el polo de las relaciones sociales es el que gobierna, aunque de manera intrincada y no siempre visible, a las relaciones técnicas. No obstante las propias relaciones técnicas tienen un grado de independencia (y por tanto de responsabilidad) que requieren una atención más detallada. Se debe partir de un análisis de las relaciones técnicas, que es siempre humanista en el sentido de enfrentar a la humanidad como un todo respecto del resto del mundo natural, para llegar a un análisis de las relaciones sociales, mostrando que éstas trastocan la relación genérica sociedad/naturaleza en una relación histórica entre clases sociales.

La visión técnica de los problemas ambientales

De acuerdo a Guillermo Foladori (Foladori; 1999), cuando se habla de relaciones del ser humano con el medio ambiente se están considerando exclusivamente relaciones técnicas. Las relaciones técnicas son las que se establecen entre el ser humano y el medio abiótico y otros seres vivos. Se trata de las relaciones más obvias en cuanto a efectos sobre el medio ambiente, y en muchos casos hasta visibles. Abarcan las causalidades inmediatas y puntuales: una atmósfera con exceso de dióxido de carbono, una tendencia hacia el sobrecalentamiento del globo, la emisión de clorofluorocarbonos que eventualmente destruyen la capa de ozono, la generación de basura tóxica no degradable, el uso de recursos naturales no renovables, entre otras. Cuando estas relaciones técnicas generan resultados no deseados como los arriba anotados, se procura una alternativa también técnica de solución. Filtros de control de emisiones, cargas impositivas, etc. Ciertamente estas soluciones técnicas pueden dar cuenta de varios problemas puntuales, pero la historia reciente ha mostrado que al mismo tiempo que soluciona un problema surge otro, y las cuestiones de fondo difícilmente han encontrado solución a través de alternativas técnicas.

Esta visión técnica –o técnico-científica, como la nombra Peter Charles Brand (2001)–, de los problemas ambientales implica concebir la relación sociedad/naturaleza como genérica abstraída del contexto histórico. De hecho, las ciencias físico-naturales, al tener por objeto de estudio las relaciones técnicas tienen este enfoque genérico. La sociedad humana aparece como una unidad que se interrelaciona con el medio ambiente. Pero esta dicotomía sociedad/naturaleza es parcial, y por tanto equivocada para dar cuenta de la crisis ambiental.

Las relaciones sociales y los problemas ambientales

Foladori (1999, 2002) plantea que el problema principal para la sociedad humana no es de interrelación con las otras especies vivas y con el medio abiótico. Es de contradicciones internas. No existen relaciones al exterior, con el medio ambiente, que no estén previamente medidas por las relaciones al interior, entre clases y grupos sociales. La sociedad humana no se relaciona con su entorno de manera homogénea, como lo hace cualquier otra especie viva. La sociedad humana se relaciona de manera diferencial según su estructura de clases sociales. De una manera tan diferencial como podrían hacerlo distintas especies de seres vivos. No existe ninguna relación técnica que no esté subordinada a un determinado tipo de relación social, históricamente determinada, y resultante de una estructura de clase particular. Con esto no se niega que los ritmos y leyes propias de la naturaleza, o los ritmos modificados por la acción del ser humano, se manifiesten como imposiciones al ser humano. Lo que sucede es que estas imposiciones son asumidas de manera diferente por las distintas clases y sectores sociales; y estas diferencias en las formas de asumir la contradicción con la naturaleza se traducen en contradicciones sociales privilegiadas, pues estas contradicciones se resuelven a favor de determinados sectores y clases y condicionando las contradicciones con la naturaleza.

Las relaciones sociales son las que se establecen entre los seres humanos a partir de la forma como se distribuyen los medios de producción. Esta distribución de los medios de producción determina un acceso diferencial al medio ambiente; grados de intervención y de decisión sobre el uso del ambiente diferente, y leyes que gobiernan el ritmo, la forma y el tipo de recursos a utilizar. Se trata de las causas de fondo de los problemas ambientales. Causas nunca aparenciales, siempre esenciales, que se manifiestan en las más variadas relaciones técnicas, y que no se explican a partir de un análisis de causalidad inmediata.

La relación de la especia humana con su entorno, y consigo misma, es siempre una relación mediada por cosas producidas. Cuando más cerca del presente histórico, el grado de intermediación de las cosas entre los seres humanos y de éstos respecto al ambiente es mayor. Esto es una tendencia intrínseca a la propia especie humana, que tiene su comienzo en el trabajo como proceso de objetivación de la naturaleza, y que no tiene ni tendrá fin mientras exista la especie humana. De todas las cosas producidas, algunas tienen un papel más preponderante que otras en la dinámica de la vida humana y en relación con el medio ambiente. Nos referimos a los medios de producción. Estos son los que permiten la reproducción de todas las demás cosas, de ahí su jerarquía. Ahora bien, estos medios de producción se heredan de generación en generación de acuerdo a determinadas regulaciones sociales.

Según el control que una clase tenga sobre los medios de producción, tanto el acceso a la naturaleza y su utilización, como la responsabilidad sobre los resultados imprevistos por su uso, serán diferentes. En la sociedad capitalista no es lo mismo el acceso a la naturaleza por parte de quien representa la propiedad de la tierra y de las fábricas que quien sólo dispone de su fuerza de trabajo para vivir. Las posibilidades de transformar el medio ambiente de forma planetaria, como se plantea hoy en día, están en manos de los dueños de las fábricas que poluyen la atmósfera que fabrican automóviles movidos a energía fósil, que producen alimentos y materias primas utilizando insumos tóxicos y no biodegrabables, que producen armamento, que realizan sus ganancias con la generación de energía nuclear, que saquean los mares por incrementar su lucros… Por cierto que de nada de este puede tener responsabilidad la inmensa mayoría de la especie humana que no dispone de los medios para producir, que no representa al capital, sino que tan sólo sobrevive de la utilización de su propia fuerza e intelecto biológico.

En este entendido no hay comparación alguna con el resto de los seres vivos, donde cada generación arranca de cero, no acumula su experiencia en cosas. Por ello, proyectar la interpretación ecologista a las relaciones sociedad/naturaleza es equivocado. La sociedad nunca se enfrenta a la naturaleza como bloque, como especie, sino que se enfrenta como sociedad dividida, compleja, y diferenciada en clases. Estas relaciones sociales determinan el tipo de relaciones técnicas a establecer, y con ello, la manera como el ser humano se relaciona con su entorno. Al rápido desarrollo de la productividad del trabajo humano durante el último siglo, con su modalidad de utilización de energía fósil y con sus consecuencias lamentables sobre el medio ambiente, no puede pensarse fuera de un sistema de relaciones sociales capitalistas, donde la competencia imprime de manera forzosa e inevitable, la orientación de la producción hacia la obtención de la ganancia en lugar de la satisfacción de las necesidades sociales.

Las causas de la crisis ambiental

Guillermo Foladori plantea que sin un análisis de cómo las relaciones capitalistas obligan a un determinado comportamiento del ser humano con su ambiente, no podemos entender las causas de la crisis ambiental contemporánea; que se avanza en el conocimiento técnico y puntual de la depredación, o de la polución, pero no se tienen conciencia de las fuerzas más profundas que explican aquel comportamiento técnico. Al no partir del análisis de las relaciones sociales, se trata lo que es una manifestación puntual como un problema de fondo.

Señala que el ejemplo más contundente de que la mayoría de los análisis sobre la crisis ambiental responde a una concepción técnica está en la contradicción que corrientemente se planeta entre las necesidades crecientes de la especie humana y un mundo finito en materiales. La finitud del mudo material sería la “responsable” (aunque no se plantea explícitamente así) de la crisis ambiental. Existe depredación, por ejemplo, porque la riqueza material no es renovable. Si existiera en abundancia no habría problema de agotamiento y, por tanto, tampoco de depredación. Cuando se trata de recursos renovables, la depredación sólo puede existir porque la velocidad de recicle natural no es suficiente a los intereses humanos. En este caso se trato del límite físico de recicle que la naturaleza impone a la sociedad humana (Marx platea el problema del intercambio orgánico del hombre con la naturaleza). La depredación es, en todos los casos, posible porque aparece un mundo material finito y/o más lento en sus ritmos que las necesidades humanas. La definición de Economía que da la teoría neoclásica y keynesiana es elocuente de esto: utilización de recursos escasos para satisfacer necesidades ilimitadas. Esto es, la sociedad humana con necesidades ilimitadas se enfrenta a restricciones físicas impuestas por la finitud de la materia. Si en lugar de considerar los efectos de la depredación, consideramos los de la polución nada cambia. En este caso, la sociedad humana lanza residuos al medio ambiente más rápido de lo que éste es capaz de reciclar. Nuevamente estamos frente a un problema de límites físicos. Por último, puede pensarse la crisis ambiental como un problema de sobrepoblación y pobreza, al estilo maltusiano. También en este caso aparece la naturaleza incapaz de ofrecer el alimento suficiente, lo que deriva en un supuesto excedente de población. Siempre los límites físicos naturales están por detrás de esta concepción técnica de la crisis ambiental. Para la economía ecológica esta contradicción entre límites físicos y estilo de desarrollo es el centro explícito del problema.

Esta idea de límites físicos y de contradicción entre desarrollo humano y mundo material escaso permea diversas ciencias. Toda la teoría del Big Bang, por ejemplo, parte de la base de un Universo finito. La Ley de la entropía, cuando pensada a nivel universal, tiende a mostrar una contradicción entre la utilización de materiales por el ser humano y el crecimiento del desorden, es otra forma de presentar la energía útil, ahora como probabilidades tendenciales finitas.

La gran mayoría de la discusión en torno al desarrollo sustentable tiene como común denominador esta contradicción entre desarrollo ilimitado y mundo material finito. Concomitantemente, las políticas de reversión de la crisis ambiental pasan a ser de control y ahorro de energías fósiles, de limitación del crecimiento poblacional, y de limitación de las emisiones poluyentes. En todos los casos está implícita la idea de que actividades técnicas general resultados no buscados, y que éstos pueden ser contrarrestados con otras acciones técnicas. Queda por fuera la discusión y el análisis de las relaciones sociales de producción. No se discute aquí si la materia es finita o infinita (cosa que por otro lado no está claro); tampoco si la segunda ley de la termodinámica tiene alcance restringido o universal (que tampoco esto está claro); menos aún si es “racional” el control sobre los recursos no renovables, o el control de las emisiones no reciclables. Sí interesa destacar que el punto de central de la discusión de la crisis ambiental no está ahí. El problema central está en las relaciones de producción. La consigna de salvaguardar el Planeta para las próximas generaciones no responde a 1/6 de la población mundial que está subnutrida y tal vez ni logre tener futuras generaciones. Tampoco a ¼ de la población mundial considerada pobre por las Naciones Unidas, y que está prioritariamente preocupada por su propia sobrevivencia. Según un informe del PNUD de 1997, la cantidad de pobres aumentó en 900 millones en los últimos 50 años, y pasó de 17 por ciento a 23 por ciento de la población mundial. Ahí están las relaciones sociales y la causa de la crisis ambiental. Con ello se demuestra que la especie humana no puede ser considerada como un bloque en su relacionamiento con el medio ambiente. No existe una relación neutra o absoluta que diga si deben o no explotarse los recursos naturales no renovables. Mientras para unas clases o sectores de clase puede resultar “racional” para otras sería irracional.

Se sostiene que el problema de la crisis ambiental no debe plantearse en los términos de si la sociedad humana se enfrenta a límites físicos. Porque no hay tal “sociedad humana” en abstracto. Lo que existen son clases y grupos en alianza y oposición, que se relacionan entre ellos y con el entorno de manera totalmente diferente. El problema no es sólo técnico, tampoco es prioritariamente técnico. El problema es social. Además de las relaciones técnicas aparenciales, existen relaciones sociales de producción que generan, según el tipo, tendencias de utilización del entorno, de los materiales y/o la naturaleza en general, en forma particular. Ahí radican las fuerzas últimas que explican el comportamiento humano con su ambiente.

Cierto es que como especie, la humana tiene determinadas tendencias genéricas, universales, como ser la utilización del espacio de forma crecientemente mediática y la objetivación de la naturaleza. Tendencias que conducen de por sí a una alineación frente a los medios de producción, y un incremento de los resultados imprevistos. Pero, también es cierto, que esa tendencia intrínseca de la naturaleza humana es redimensionada históricamente por la forma particular de producción, por el entramado de relaciones sociales que convierten la alineación genérica respecto de la tecnología en una alineación específica, en el capitalismo de la clase obrera por el capital. O sea, las relaciones sociales transforman lo genérico en histórico.

Las relaciones capitalistas, por ejemplo, implican determinadas leyes de comportamiento con el ambiente. La búsqueda de la ganancia, como objetivo en sí de la producción capitalista, conlleva la producción ilimitada. Esto no es intrínseco a la naturaleza humana como suponen la teoría neoclásica y la keynesiana, que identifican lo que es propio de un momento histórico con algo genérico a la especie humana.

Cada una de las tendencias intrínsecas al incremento de la ganancia capitalista, implica comportamientos forzosos sobre el medio ambiente. Tanto la tendencia al abaratamiento del capital constante, como al incremento a la rotación del capital conducen al saqueo de la naturaleza. No es una cuestión de voluntad, es una relación necesaria cuando existe competencia mercantil. Si prestamos atención a las leyes de aplicación del capital a la tierra, nos encontramos con la aplicación del avance sobre suelos vírgenes de la utilización de capital de manera intensiva, saqueando las riquezas naturales y hasta de la explotación y/o apropiación monopólica de ciertas partes del Planeta. Cuando pasamos a las implicaciones de las relaciones capitalistas sobre el trabajo, aparecen la pobreza, pauperización, migraciones y pérdida de la diversidad cultural como resultados necesarios. En su conjunto, se trata de la demostración más nítida y contundente de que las relaciones y las leyes capitalistas no coinciden con un desarrollo sustentable.

Conclusiones

Es un lugar común adjudicar a la sociedad humana en su conjunto la responsabilidad del agotamiento de los recursos naturales y la contaminación del medio ambiente. Se busca hacernos creer que todos los ciudadanos contaminamos y destruimos por igual a la naturaleza. Sin embargo, no todos los sectores sociales tienen la misma responsabilidad. El deterioro ambiental está íntimamente asociado con la dinámica de la acumulación capitalista, con la propiedad de los medios de producción y con las relaciones sociales de producción que de ella derivan. Pero también, en un contexto de la división internacional del trabajo, la globalización impone a la mayoría de los países subdesarrollados un modelo de sobrevivencia basado en la explotación intensiva de los recursos naturales, que genera la deforestación, la degradación de los suelos, desaparece la diversidad biológica, altos niveles de contaminación por el nulo tratamiento de los residuales en las ciudades y el uso de productos químicos contaminantes. Se trata de la práctica capitalista de socializar los gastos del capital y de privatizar las ganancias del mismo.

En este sentido, el trabajo es considerado la clave para entender la relación del hombre con la naturaleza. Y el trabajo obedece a una determinación histórica que lo constituye como base de la producción capitalista. Esta producción se guía bajo los principios de la competencia. A nivel de intra-ramo la competencia conduce a una diferenciación social, a la división social del trabajo y al desarrollo de las fuerzas productivas; lo que conduce a un incremento de la rotación del capital y al abaratamiento del capital constante. La competencia capitalista a nivel inter.- ramo conduce a que la oferta y la demanda no coincidan, lo que conduce a una producción ilimitada, a la sobreproducción y a la escasez.

En la producción capitalista hay una competencia en la tierra, lo que determina una renta de monopolio y una renta diferencial con el consecuente avance sobre suelos vírgenes y a la intensificación del capital sobre la misma superficie. El efecto sobre la fuerza de trabajo de la competencia es el de su conversión en mercancía, lo que a su vez conduce a una situación de desempleo y pobreza, con efectos en las leyes de población, a la pérdida de diversidad cultural y a cambios en la distribución espacial. Todos estos elementos determinan la depredación y la polución como se aprecia en el cuadro siguiente.

Bibliografía

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La Jornada, 16 de julio 2002.

 

 

1 Doctor en de Desarrollo Regional. Miembro del Cuerpo Académico Consolidado. "Derecho, Justicia y Desarrollo Sustentable". Profesor-investigador titular de la Unidad Académica de Economía-Acapulco, de la Universidad Autónoma de Guerrero. E-mail: jesuscastillo09@hotmail.com.

2 Doctor en Ciencias de la Educación. Doctor en Derecho. Miembro del Cuerpo Académico Consolidado. "Derecho, Justicia y Desarrollo Sustentable". Profesor-investigador  de la Unidad Académica de Derecho-Acapulco, de la Universidad Autónoma de Guerrero. E-mail: varmenta33@hotmail.com.