Revista Digital de Tecnologías de la Información y Comunicación. Vol. 2, No. 1. Trimestre enero-marzo de 2006

 

“Historia, economía y política en la relación Estado y Sindicato de Maestros en México”.

Dr. Carlos E. Massé Narváez (CEU - UAEM). ( cmasse@cmq.edu.mx)
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            Resumen
           
             Primero se exponen la discusión acerca del problema magisterial con énfasis en las relaciones laborales; así como las bases teórico metodológicas para el análisis entre Estado y Sindicato, las cuales coinciden implícitamente con un proceso dialéctico entre consenso y coacción. Es en este marco que el Estado mexicano implementó la normativa de las relaciones laborales con los trabajadores que laborarían en él. Finalmente, se expone la configuración institucional de la estructura corporativa, la del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación; pasando por una breve caracterización crítica de la Federación de Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado (FSTSE); emergencia del movimiento, el cual detectamos por fuentes hemerográficas en el Estado de Chiapas (para variar). Enseguida reseñamos como se fue expandiendo dicho movimiento, el cual partió de la periferia al centro de la República; para finalmente culminar --momentáneamente--, con la conocida "negociación de febrero" de 1981, como ejemplo histórico de los movimientos de maestros en México; para con ello terminar de explicar esta breve historia económica – política del magisterio mexicano.

            Abstrac

First they expose the discussion about the magisterial problem, with emphasis in the labor relations; as well as the methodologic bases theoretical used in the analysis between State and Union, which implicitly agree with a dialectic process between consensus and coaction. It is in this frame that the Mexican State implemented the norm of the labor relations with the workers who would toil in him. Finally, the institutional configuration of the corporative structure is exposed, the one of the National Union of Workers of the Education; happening through a brief critical characterization of the Federation of Unions of Workers to the Service of Estado (FSTSE); emergency of the movement, which we detected by hemerográficas sources in the Country of Chiapas (to vary). Immediately we reviewed as one went away expanding this movement, which left from the periphery for the center of the Republic; finally to culminate -- momentarily --, with the well-known "negotiation of February" of 1981, like historical example of the movements of teachers in Mexico; towards it to finish explaining this brief economic history? policy of the Mexican teaching.

 

  1. Aspectos teórico metodológicos

Hubo consenso en el seno del Estado en el inicio de la institucionalización de las relaciones laborales (como relaciones corporativas) para normar la vida de los sindicatos emergentes, el proceso práctico-vital de dichas relaciones, adquirió sus propios matices. La relación que se estableció entre la burocracia política y la burocracia sindical, fueron configurando dos esferas de conflicto permanente a las que puede denominarse estructurales. Por un lado, el conflicto interburocrático entre la SEP y la cúpula del SNTE; por otro lado, el conflicto entre éste binomio institucional y los profesores inconformes.
           
            Lo anterior produjo una crisis de consenso, que se diferencia del momento inicial de institucionalización, pues derivó en un conflicto político social, que tendería a la latencia y que se tornaría, en ocasiones, en manifestaciones de repudio por parte de los mentores. Estos tienen que sufrir a ambas burocracias, cuyo vínculo --aunque no sin fricciones--, resulta ser en parte, una unión para el control de los trabajadores. Control político que, en el espectro más general de la sociedad, es la base que sostiene al modelo económico general y a su instrumentación particular nacional, con asesoría de entidades financieras internacionales, por ejemplo, la política de austeridad instrumentada desde los años ochenta hasta nuestros días, cuyo rasgo inconfundible es el tope salarial.

            En este planteamiento, la resolución del problema gira en torno a dos ejes que se alternan: en algunas ocasiones, a través del binomio coerción-represión; y en otras, por medio de la concertación con el fin de avanzar en la construcción de nuevos consensos, que permitan un clima de paz social en apariencia armónico.
           
            Para que el lector tenga más claro el proceso por el cual el Estado instrumenta concertaciones o represiones es teorizado además por otros autores. Algunos estudiosos del Estado y de la corriente interpretativa del corporativismo, están de acuerdo en que las corporaciones y las organizaciones son factores de vital importancia, sobre todo, en tres cuestiones relacionadas íntimamente con la dominación política:

1)         Las corporaciones pueden regular el conflicto de clases en la sociedad;
2)         racionalizar los procedimientos políticos para facilitar la aplicación de decisiones políticas y económicas y;
3)         hacer  mas eficaces los mecanismos de control político a disposición del Estado.

            Estos aspectos en su conjunto, contribuyen de manera significativa al sostén del modelo económico, pues al intervenir en la política económica, el control corporativo de la sociedad civil resulta muy favorable para la subsistencia del capitalismo. Razón por la cual no es extraño que en el mundo moderno, fuertes tendencias se orientaron a establecer regímenes autoritarios en diversas partes del orbe. Como resultado, puede verse en el corporativismo una variante de la dominación autoritaria.

            Desde la perspectiva de lo que podríamos llamar una "sociología de las relaciones laborales", encontramos tres perspectivas diversas. Por un lado, el denominado "pluralismo societalista" en el cual, por sistema de relaciones laborales debe entenderse, el conjunto de normas que regulan la actividad productiva y que son elaboradas por las complejas intenciones de sindicatos (cuya intención de representatividad es falseada), empresas y agencias gubernamentales. Esta perspectiva pretendía una negociación colectiva en términos de "relaciones humanas".

            Sin embargo, como hemos visto, la gestación de los estados nacionales latinoamericanos surgió en un contexto geopolítico específico que ha asignado roles específicos al modelo económico escogido y a su necesidad de control político. Necesidad que requirió a su vez, de la adopción de un modelo más ad hoc a la inclusión de las masas al juego político, sin que ello significara, dejarles en entera libertad de presionar al Estado.

            Retomando las propuestas explicativas teóricas, observamos que hace tiempo, algunos estudiosos del llamado "pluralismo societalista"(Blasco: 1979; 156) conceptuaban las relaciones laborales en América Latina como orientados a una condición "madura" de la negociación colectiva, definida como un conjunto de normas de negociación, de carácter privado, que normarían con autonomía el proceso del trabajo.

            Consideramos que en México esto no pudo se pudo dar, pues la naturaleza de las relaciones laborales no surgió de manera técnica, ni económica, y sólo en muy contados casos y momentos han existido relaciones relativamente autónomas, sino de base más bien política, estatista. Como se mencionó, hubo consenso al interior de la cúpula de mando en el Estado, al legislar sobre el particular para la organización de la clase trabajadora cerrando toda posibilidad de organización autónoma y desradicalizando con ello el problema de la contradicción entre las clases sociales, institucionalizando el conflicto del trabajo, negando toda posibilidad de negociación colectiva en sentido amplio. Al respecto, tres aspectos de vital importancia son señalados:

            "a) Su facultad --la del Estado-- para interpretar la legislación laboral que, desde su formulación en el Artículo 123 Constitucional, y más tarde en la ley federal del trabajo de 1931, tiene una redacción flexible que permite gran libertad en su interpretación por parte de las autoridades laborales". Con lo cual puede favorecer o perjudicar a los trabajadores; "b) Su facultad de árbitro de las relaciones obrero patronales, definido constitucionalmente, y como responsable de la política macroeconómica, le permite, por medio de la política económica, definir el reparto de los recursos públicos, de las prestaciones sociales y privadas y de las tasas de remuneración, lo cual se puede traducir en premios o en castigos para las distintas organizaciones sindicales y sus bases; c) el control de las decisiones político-electorales dentro del PRI, que determina quién concurre como candidato y quién gana, representa un recurso formidable para regular el acceso al sistema político o a la marginación del mismo de ciertos grupos o líderes, tanto en el nivel nacional como en los estados y municipios. Asimismo, el control de partido le posibilita regular el poder de las corporaciones dentro del mismo" (Durand: 1994; 29).

            Si bien para los trabajadores involucrados directamente en el proceso productivo y en especial para los trabajadores del sector privado, el Estado se reserva el derecho de ser árbitro o mediador del conflicto; para los trabajadores del mismo Estado, se reserva el derecho de ser árbitro y patrón, de juez y parte. En esto radica fundamentalmente, la potencialidad de su autoritarismo. Otro fundamento es, según Weber, el uso legítimo de la fuerza pública (la que en nuestro país le otorga la constitución al titular del ejecutivo federal), cuando considere amenazada la paz social o la seguridad nacional.

            Otra perspectiva que surgió del análisis de las relaciones laborales, condujo al "Pluralismo Estatalista", haciendo énfasis en un tipo de politización de las relaciones laborales. Esta perspectiva conceptuaba a las relaciones laborales en términos de un sistema de negociación tripartita, en donde el Estado juega el papel principal. Prácticamente lo producido por el sistema de relaciones laborales, era básicamente el resultado de una interacción entre Estado y movimiento obrero, en donde según esta perspectiva, el movimiento obrero tiene una capacidad de desestabilizadora violencia, y su práctica o amenaza, sería su arma más eficaz de negociación.

            La evolución del análisis de las relaciones laborales nos sirve para apreciar la transición de la perspectiva "pluralista estatalista" al corporativismo, base del autoritarismo. Si bien el autoritarismo puede acrecentarse, se conservan algunos rasgos de pluralismo estatalista. 

            No obstante, en la perspectiva corporativa se pone de manifiesto la evolución del Estado en cuanto a la ingerencia de éste en el conflicto del trabajo a través de los sindicatos, disminuyendo con ello, el potencial desestabilizador que le adjudicaba aquélla perspectiva. Este planteamiento teórico, es aprovechado en el plano de la realidad para tomar decisiones del más alto nivel con implicaciones de política económica de vital importancia. De estas, controla directamente muchas de las condiciones de trabajo más importantes como son: los sueldos, horas extras, duración de las vacaciones y los feriados, indemnizaciones, planes sanitarios, jubilación, etc.; políticas que en última instancia benefician a los patrones. Los líderes del sindicalismo oficial aceptan ser cooptados, con fines de mantenimiento del control de los trabajadores por un lado; y por otro, para la obtención de prebendas en la esfera política

            Además, desde la política económica, se controla la política de importaciones, la política impositiva, la inflacionaria y la anti-inflacionaria, las que están en poder del gobierno. Y teniendo éstas un efecto directo en el nivel de vida de los trabajadores, éstos tratan de ejercer una influencia --a través de los movimientos de lucha--, en las decisiones del gobierno sobre el particular. Los trabajadores para proteger y aumentar su nivel de vida, se vuelven hacia la política, para intentar hacer más democrática la toma de decisiones que ha de representar sus intereses.

            No obstante, aun cuando los salarios se fijan mediante la negociación colectiva y esta aparece como importante, dicha apariencia es casi siempre ilusoria. En México se elaboran negociaciones colectivas, pero éstas se dan en el contexto de un sistema de conciliación y arbitraje, que es compulsivo sólo para los trabajadores.

            Visto así, las corporaciones son la base de un sistema autoritario de Estado en el cual la representación de intereses es estructurada, controlada y subsidiada por el Estado. Este enfoque sitúa en el centro del análisis al mismo Estado, subrayando las estructuras institucionales donde se desenvuelven las relaciones laborales y muestra el impacto de dichas estructuras y mecanismos gubernamentales que relacionan al Estado y los trabajadores (en nuestro caso de estudio, contenidos en el apartado B del artículo 123 constitucional).

            En esta perspectiva el sindicato queda imposibilitado de desarrollar su actividad reivindicativa, y estabilizado económicamente por mecanismos gubernamentales, pasa a desempeñar funciones de agencia paraestatal.

            Aunque visto así, el corporativismo es un sistema de tipo político que atomiza a los grupos sociales políticamente importantes en instituciones para su control. Este consiste primeramente en la fragmentación de la gran masa de la población en instituciones con normas establecidas por el mismo Estado, legitimando así dichas normas a través del Estado de Derecho y Constitucional. Normas cuya violación permite, hacer uso --en última instancia-- de la fuerza pública para recuperar el quehacer institucional, fortaleciendo de paso el papel del Estado.

            Este sistema tiene su base en cuatro grandes mecanismos gubernamentales que son :
-La cooptación.‑ Que es la adaptación de los líderes de trabajadores al juego político.
-El control.‑ Que se efectúa por medio de una red compleja de aparatos burocráticos.
-El corporativismo.‑(Que las contiene a todas), que es la incorporación de pretendidas movilizaciones  independientes al sistema.
-La represión.‑ Esta puede ser por un lado de tipo violento y se implementa casi siempre después de fallar los tres mecanismos anteriormente mencionados, y por otro lado la represión administrativa, que se instrumenta para el control y el desgaste de los movimientos sociales.

            Esta última categoría de análisis, cobró realidad en estudios similares al nuestro:

            "El gobierno usó todo su aparato para enfrentar al movimiento, sólo que en las dos primeras etapas quienes fueron los ejecutores de su política son la SEP y el SNTE, ...Cuando avanza más el movimiento y se vuelve peligrosamente a hacer confluir el descontento de otros sectores de la población el gobierno recurre a la represión violenta, se asesina a un profesor y a un padre de familia, se desaloja a 35 000 maestros de las calles de la SEP y el SNTE y la policía judicial toma las escuelas en huelga en el caso de guerrero" (Arriaga: 91; 87).

            Es importante destacar que estos mecanismos se presentan en la realidad social en muchas ocasiones coincidentemente, es decir, no hay ninguna rigidez en su instrumentación por parte del Estado. Por lo tanto, nos adherimos --nunca incondicionalmente-- a las teorías que conciben al Estado mexicano como autoritario. De ahí que mientras no exista una verdadera transición a la democracia en el país, sostendremos la siguiente hipótesis: la lucha por la democratización en este país y no sólo la del SNTE está limitada en gran medida por el control que se ejerce en todos los sindicatos de trabajadores tanto del Estado o servidores públicos, como los que prestan su servicio al sector privado (contenidos en el apartado "A" del Artículo 123 Constitucional), por ser la base de estabilidad política del sistema, la cual a su vez sostiene al modelo de acumulación en México.

            No tendría mucho sentido si sólo se intentara probar la suposición planteada. Ni tampoco sería el caso, adherirse sin más al principio cuasi-indiscutible de la determinación del Estado sobre el conjunto de la clase trabajadora. Dicha determinación impide visualizar una dinámica de la cotidianeidad en la micro-dimensión de ese complejo conjunto de relaciones. De ahí que lo interesante de estudiar es esa dialéctica de la multiplicidad de relaciones y determinaciones entre las instituciones involucradas y las posiciones y acciones de los diversos actores sociales también implícitos en el proceso de lucha abierta que representa el movimiento magisterial.

  

  1. La configuración de la estructura corporativa del SNTE.

           
"Para ganarse a las masas fue necesario crear un tremendo aparato de asociaciones aparentemente democráticas." (Max Weber)

            Al inicio del trabajo se ha dicho, que el conflicto que desata el movimiento magisterial se da entre la burocracia política (SEP y otras) y la burocracia sindical magisterial frente a los maestros disidentes; vinculado a esto se encuentra la forma que adquieren las estructuras corporativas de control de las masas, las que adquieren la forma de grandes corporaciones. Por ello, se hace a continuación un esbozo del significado de la burocracia en general y de la burocracia sindical en particular.

            La necesidad del control político para garantizar el "despegue económico", llevó a desarrollar en nuestro país, estructuras burocráticas que consolidaron el poder en las cúpulas de los sindicatos, manteniendo en aquellas los grupos de poder. Esto dio motivo a que se delegaran las funciones aparentemente representativas de la masa en unas cuantas manos, para que los líderes llevaran supuestamente a la práctica la voluntad colectiva, pero ellos se liberan pronto de la masa y se hacen independientes de su con­trol. Esto lleva implícito una tendencia de la organización a la oligarquía, pues los mismos mecanismos verticales en la toma de decisiones le dan solidez a la orga­nización y controlan a la masa, convirtiéndola (por lo general) de conducto­ra a conducida. 
           
            Tanto más compleja y vertical es la maquinaria administrativa de las organi­zaciones de masas, más lejos se hayan estas para influir en las decisiones, alejándose la democracia definitivamente y consolidándose el poder en las cúpulas de los sindicatos, con lo que predomina una necesaria coacción para la coexistencia entre base y representación.
           
            Dicha concentración se da por la ventaja que tienen los líderes y la demás burocracia sindical sobre los miembros de la organización, como es el con­trol sobre los medios de comunicación de la organización y su pericia en la política, por lo que las masas aparecen como inca­paces de participar en la toma de decisiones --excepción hecha cuando se ponen en movimiento de lucha por reivindicaciones económico – políticas--.

            Con estos planteamientos no se quiere decir que la lucha de los trabajadores de la educación es en vano debido a la notoria desigualdad de fuerzas entre ambas, --por un lado, una organización poderosa como es la burocracia del SNTE y su vínculo con el Estado, y por otro, un movimiento que surge espontáneo y sin organización al principio--. Esto es así porque además de la dificultad para consolidarlo, tiene que enfrentar también a una buena parte de la burocracia política (SEP), Secretaría de Programación y Presupuesto (SPP), Secretaría de Gobernación (SGOB),la policía y al mismo titular del Poder Ejecutivo.

            Esto refleja, en el caso que tratamos, lo que en verdad son los derechos de los trabajadores del apartado "B", que se podrían traducir como sigue: un sólo sindicato por dependencia (quiere decir), la afiliación forzosa al sindicato oficialista. Por otro lado, los sindicatos podrán ‑léase deberán‑ adherirse a la Federación de Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado (FSTSE), pero no a otras centrales obreras o campesinas pues de lo contrario sería un riesgo que podría poner en grave peligro la estabilidad del sistema político mexicano, con base en posibles coaliciones que darían por resultado grandes conglomerados de trabajadores organizados (Reséndiz: 92; 44).

            Por ello la FSTSE es creada, mas con propósitos de control, que de representación.
           
            "Desde su fundación la FSTSE nace con sus actuales características; surge como una concepción del régimen y en consecuencia sujeta a él en un juego de negociaciones permanentes que la incrusta en la estructura del poder a dos niveles: al nivel mismo de la acción de los agremiados, que son apoyo pero a la vez se benefician de un sistema de privilegios, y al nivel de la dirección que controla la participación y asciende a la jerarquía política"(Sirvent: 77; 20).
           
            Las principales contradicciones en la FSTSE y de todo organismo obrero que se inserte en el juego político de negociaciones reguladas, son: i) que: constituye un medio defensivo y expresa los intereses inmediatos de clase, pero ii) obtiene prestaciones sólo si no utiliza ni moviliza todo su potencial. La consecuencia ha sido el conformismo con el control y el aletargamiento del trabajador como sujeto de cambio. Es decir, la toma de decisiones en la cima de la organización, había sido generalmente inalcanzable por la base, lo que repercute negativamente en cuanto a la toma de conciencia de la situación del trabajador, quien además, es utilizado como factor de apoyo al gobierno en turno.

            Para ejemplificar lo anterior recordemos el discurso del secretario general durante el congreso de la FSTSE celebrado en marzo de 1974, quien reconocía como "logros" obtenidos el otorgamiento de sobresueldos a 200,000 trabajadores. Esto, que se puede encontrar en otros ejemplos, según Sirvent permite la negociación de privilegios para los líderes, pues segun Sirvent:

            "a cambio de la burocracia política en manos del régimen" particularmente útil en las grandes movilizaciones y en las tareas políticas de la Confederación Nacional de Organizaciones Populares (CNOP), estableciéndose como "columnas permanentes de la alianza popular de la revolución" (77: 17.)  Y añade que:
           
            "La FSTSE apoya al régimen de las más diversas maneras: celebrando grandes manifestaciones de apoyo que son una forma de legitimar el gobierno en turno (Loc.cit)).

            Por otro lado, sobre las negociaciones generales de los obreros por aumento de salarios, señala el autor que:

            "El primero de septiembre del mismo año, durante el cuarto informe de gobierno, el Presidente de la República estableció su posición de fijar un aumento salarial para la burocracia que la FSTSE aceptó. De esta manera, los sindicatos obreros de las empresas privadas y públicas fueron llevados a negociar y, a aceptar el aumento propuesto por el Gobierno, que era menor al que ellos habían solicitado" (Ibidem.).

            Además de toda esta compleja red de relaciones de poder que pesan sobre los trabajadores al servicio del Estado, la afiliación al SNTE se daba concomitantemente al ingreso de un nuevo trabajador a la SEP. Comúnmente, desde que un profesor de primaria estaba por con­cluir su carrera, al tramitar su plaza de base y firmar documen­tos de incorporación a la SHCP y a la SEP, también firmaba su afilia­ción al SNTE; es más se le da prioridad a ésta para que se pueda tramitar todo lo demás.

            Por todo lo anterior, la dirigencia del Sindicato Magisterial ha sido muy codiciada, ejemplo de ello es que el 22 de septiembre de 1972 fue tomado por la fuerza el local del SNTE por un grupo que encabeza­ba Carlos Jongitud Barrios y Eloy Benavides, quienes poco antes habían desconocido al secretario general Carlos Olmos. Sin embar­go no es hasta el X Congreso Nacional, de la Paz, B. C., que el grupo de Jongitud consolida su poder hegemónico.

            Con el ascenso de este grupo se inicia una nueva época de charrismo en el SNTE, nueva, porque surge "Vanguardia Revolucio­naria", instrumento ideológico‑político de control sindical al servicio de un grupo apoyado en la burocracia subordina­da a sus intereses y apoyada también en una compleja red de aparatos y mecanismos burocráticos, que se puso al servicio del Estado para obtener prebendas políticas al interior del sistema (senadurías, gubernaturas, etc.), mediante limitar y controlar con la rigidez que ameritaba, el agotamiento del modelo que dio origen al calificativo de "milagro mexicano", por sus índices alcanzados en la economía en la época del "desarrollo estabilizador". Dicha rigidez atacó con mayor rigor la participación democrática de las bases.

            Esperando haber reseñado, interpretando, el marco histórico, económico y político en el que se han desenvuelto las luchas magisteriales en el SNTE; pasaremos, igualmente a reseñar sucintamente, el caso de un movimiento magisterial.

 

Conclusión y brevísimo ejemplo con base en el movimiento de maestros entre 1979 y 1981.
           
            El movimiento magisterial entre 1979-1981, no fue el primero en la historia del gremio de maestros. A finales de los años cincuenta hubo también hechos que demostraron la crisis del consenso inicial con el que se había empezado la institucionalización de las relaciones laborales, al surgir el SNTE en 1943. Estas crisis son el resultado del carácter real de tales relaciones, las que derivaron en la práctica en algo muy diferente al sentido de "representación" que los maestros esperaban de su sindicato.
           
            En el marco de esas relaciones prácticas que se fueron configurando entre la burocracia política (SEP principalmente), y la burocracia sindical (sobre todo con el CEN del SNTE), no tardaron en aparecer dos tipos de conflictos que se tornaron estructurales: el que es inherente a dicha relación (SEP-SNTE), y el de éstos frente la los maestros trabajadores, lo que produjo, a partir de la crisis de consenso hacia el último tercio de 1979, un conflicto social más amplio. De hecho, se puede decir que por parte de los maestros inconformes, la historia del magisterio ha deambulado de la latencia al activismo.
           
            Con respecto a la primera actitud, nos atrevemos a conjeturar que esta perdura mientras las condiciones de vida de los maestros no resultan tan apremiantes y concomitantemente, cuando la cúpula del sindicato es menos intransigente y más negociadora. El activismo por su parte, tiene que ver precisamente con la ausencia de estas dos mínimas "garantías", sin las cuales, el gremio deja la latencia y pasa a implementar su gran potenciar movilizador.
           
            Pero hace falta algo que explique por qué, tanto el aparato del Estado, como la cúpula del SNTE han actuado así frente los maestros. La explicación se encuentra, en la necesidad de control político por parte de aquel sobre la gran masa de trabajadores. Control necesario como soporte de un clima de paz social, que permita la actividad productiva dentro del modelo de desarrollo económico en proceso.
           
            Al movimiento de 1979-1981 le tocó la época en que el Estado benefactor inicia su declive. Aunado a ello otros factores ya históricos como el de la deuda externa, vienen a influir en la política económica de manera negativa con respecto a los salarios de los trabajadores. Ante esta situación exigen mejoras salariales, a través primero, de la instancia oficial (SNTE). Al ver que éstos no responden por la vía legal de las demandas, se ven obligados a trascender diferentes niveles de jerarquías, llegando incluso al desconocimiento de sus "representantes".
           
            La primer visión que los mentores tienen de esta actitud de los dirigentes, es la de indolencia y despotismo. Cuando la situación cobra efervescencia y aparecen actos aparentemente irracionales por parte del vínculo SNTE-Estado, se cobra conciencia del verdadero papel del SNTE, el del control y desgaste del movimiento, mecanismos similares estos, a los que emplea también la SEP. De ahí que, con la experiencia de la aparición de estas actitudes durante el movimiento, los mentores ya conciben a un mismo enemigo en el vínculo SNTE - Estado, al tomar conciencia de que el SNTE no es en el fondo lo que aparenta, forma parte del mismo Estado según lo demuestra su rol en los movimientos. Su papel se reduce al de agencia paraestatal, cuya responsabilidad se limita a su vez a la de "gestor". Pero su papel social, es sin embargo muy importante. Al igual que los demás sindicatos del Estado, así como los de las grandes centrales obreras, cumplen con el papel de controladores de los trabajadores.
           
            Esto confirma que en México no se dieron ni se dan aún ahora, relaciones laborales de estilo "pluralista societalista", ni siquiera, del tipo "pluralismo estatalista". Si bien el Estado mexicano entró en una significativa transformación con respecto a su ingerencia en la economía en los años inmediatamente posteriores al apagarse el movimiento en 1981, no inicia cambios con respecto a las relaciones laborales con sus trabajadores. El esquema corporativista sigue vigente aunque ha perdido efectividad con respecto al voto electoral. Esto obedece en el nivel político, a que nuestro país no a avanzado con el ritmo que casi todos deseamos hacia la democracia. Fuertes intereses económico-políticos se oponen a ello porque eso les significa pérdida de poder y privilegios.
           
            Como puedo observarse a través del proceso de lucha (Massé: 1998), hubo incontables momentos de consenso, no sólo entre las cúpulas de la burocracia Política (Secretarías de Estado); así como entre éstas y la cúpula de dirigentes (el CEN del SNTE), en cuanto a las decisiones que habrían de tomarse --según momento y lugar--, con respecto al conflicto magisterial. Se podrá ahí mismo encontrar, momentos de consenso entre los actores antes mencionados y los mismos afectados (tal fue el caso del acuerdo de febrero de 1981). Consenso logrado no sin previas fricciones provocadas a su vez por momentos de intencionalidad coactiva Esta no sólo se dio de arriba hacia abajo, sino en ocasiones a la inversa. Por ejemplo, cuando el movimiento magisterial, por su capacidad movilizada en número y espacio, adquirió, aunque sea momentáneamente, un gran poder de negociación y obligó a las autoridades a satisfacer algunas de sus demandas.
           
            También se pudo ver (en la misma fuente), por ejemplo en el caso de los maestros de Oaxaca, que no aceptaban vincularse al grueso del movimiento nacional, lo que impidió el logro de un mayor consenso a nivel nacional entre los maestros, que impugnaban a su sindicato y a las autoridades correspondientes. No obstante, por su número, y por sus logros, el consenso logrado por la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), fue muy significativo.
           
            Aunque muchas cosas se lograron, algunas fueron logros aparentes. Por ejemplo, la incorporación de cinco agentes democráticos en el Comité Ejecutivo Nacional del SNTE, por la relatividad de los logros. Porque independientemente de que, de ser efectiva dicha incorporación, los maestros democráticos serían minoría y muy probablemente terminarían cooptados. Por otra parte, en una entrevista informal hice contacto con dos exlíderes del movimiento disidente, quienes me informaron que, las carteras que en apariencia se cedieron a los maestros combativos, sólo fueron creaciones de tipo nominal y jamás funcionaron en la práctica para los fines esperados por los combatientes. Sirvieron según su apreciación, como una salida política para evitar la represión, frenando y enfriando al movimiento.
           
            Lo hasta aquí descrito es simplemente un esbozo somero de la complejidad que implicó el movimiento magisterial durante el tránsito de la lucha entre el último tercio de 1979 e inicios de 1981. Pero es innegable que esta combatividad, que se haría manifiesta en subsecuentes movimientos, fue una aportación fundamental --aunque momentánea-- para un despertar en la conciencia y en los ánimos de los docentes. Vinculado a esto,  como se ha mencionado ya, tal vez el logro más trascendental de ese período fue, el conocimiento a través de la práctica combativa, del potencial transformador del movimiento de masas.
           
            Por otra parte, se pudo observar lo poco útil que resulta asignar al Estado el carácter omnipotente que en ocasiones se le atribuye. El movimiento muestra lo contrario cuando nos deja ver cómo, la disidencia obliga a negociar a algunas autoridades del Estado mediante la coerción que resulta de la amenaza de huelgas.
           
            Por ejemplo, hubo concertación (no exenta de coerción) en la famosa "negociación de febrero" de 1981, cuando el gobierno de López Portillo obligó a pactar a la cúpula del SNTE y a la representación disidente, para dar una salida momentánea al conflicto generado en esos años. Más bien prevalece un clima de concertación coerción antes y después de los períodos de movilización, los cuales son relativamente breves.
           
            Sin embargo, a un nivel global de las relaciones entre los distintos actores analizados, y con la ayuda de la investigación hemerográfica (en la fuente mencionada), más que la construcción de un nuevo consenso general, se percibe una especie de concertación impuesta desde el Estado hacia los maestros disidentes. Aunque también quizá, ambas cuestiones signifiquen en el fondo lo mismo.

 

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