Revista Digital de Tecnologías de la Información y Comunicación. Vol. 2, No. 3. Trimestre julio-septiembre de 2006.  

La sociedad de la información

Marco Antonio Basilio Loza*

1. Características de la sociedad de la información

Cuando se habla de la sociedad de la información no se está  haciendo referencia a una sociedad distinta a la sociedad capitalista, dado que en realidad no se trata de una formación social que se ha erigido sobre la base de la abolición de la propiedad privada de los medios de producción y de muchas otras características que constituyen la esencia de este tipo de sociedad, más bien, se alude a  una nueva modalidad y a unos nuevos rasgos que ésta  a adquirido más recientemente.
Se trata entonces de un cambio  en el modo de desarrollo en el que la fuente de toda productividad  se deriva del avance de las tecnologías de la información y comunicación,  a diferencia de la sociedad industrial en donde  de acuerdo con Castells (1999: 42) “la principal fuente de la productividad es  la introducción de nuevas fuentes de energía y la capacidad de descentralizar su uso durante la producción y los procesos de circulación”
Aunque hace ya  aproximadamente  tres  décadas que algunos intelectuales visionarios como  Alain Touraine y Daniel Bell vislumbraban el surgimiento de este nuevo tipo de sociedad, se considera que es  a partir de la década de los ochenta cuando se inicia este proceso de reestructuración de la sociedad capitalista en la que tanto el neoliberalismo como la consolidación de una economía globalizada juegan un papel nuclear.
Desde ese tiempo para acá  las estructuras económicas y sociales de la sociedad han sufrido enormes transformaciones que han sido el resultado del desarrollo tecnológico en el campo de la información y las  telecomunicaciones. Como producto de esta revolución de las tecnologías de la información y comunicación (TICs) han surgido nuevos rasgos que constituyen la esencia de la nueva sociedad de la información entre ellas: el surgimiento de una economía en la que la industria a dejado de ser el sector más dinámico para dejarle este privilegio a la esfera de servicios, destacándose dentro de ésta, las empresas vinculadas con la producción, distribución e intercambio de la información; la implementación de una política económica impuesta por los organismos internacionales financieros, que desembocan en  la racionalización presupuestaria, obligando  a ejercer el gasto público con excesiva austeridad; la modificación de una estructura social, en la que si bien es cierto, que  sus dos polos siguen teniendo un peso específico dentro de la misma, los grupos intermedios se han visto fortalecidos, debido a la consolidación de aquellos sectores poblacionales que mantienen una relación directa con las actividades subyacentes a  la economía de la información; la acentuación de los movimientos migratorios como resultado de la gran polarización de la estructura social, consecuencia del reparto desigual de la riqueza; la aparición de nuevas tecnologías en el campo de la comunicación como el teléfono móvil, la TV vía satélite, el Internet, el correo electrónico, el chat, que de manera cotidiana son utilizadas  por unos usuarios que cada día son más interdependientes de ellas; la importancia desmedida que ha adquirido  la información y el conocimiento, lo que se demuestra con la existencia de un buen número de  empresas y organizaciones dedicadas a su producción, almacenamiento y distribución.
En relación a este último punto, es importante considerar el planteamiento que hace Gimeno Sacristán  (2005) al señalar que en todas las sociedades, la información ha desempeñado una función nuclear al menos por tres razones: en primer lugar, porque todas las sociedades han sentido la necesidad de poseer un acervo de información que son en realidad los contenidos potenciales de las actividades comunicativas; en segundo lugar, porque es necesario que sus miembros se comuniquen a fin de intercambiar experiencias e ideas, pero ante todo, a fin de desarrollar de manera cooperativa sus actividades; en tercer lugar, toda sociedad es de información porque la acción comunicativa es  una necesidad humana y un componente esencial de la cultura. No obstante, también señala que lo nuevo de la  sociedad de la información es: “en primer lugar, que  el stock de conocimiento disponible se acrecienta enormemente; en segundo lugar, la posibilidad existente de que ese stock sea más accesible; en tercer lugar, el que se disponga de información sobre más cosas (banales y trascendentes); en cuarto lugar, la circulación de los contenidos aumenta su fluidez a través de canales por los que discurre; en quinto lugar, la presencia de más actividades y agentes que reproducen y reinterpretan el conocimiento; en sexto lugar, los medios de comunicación acrecientan su presencia en la vida cotidiana, marcando la actualidad, ocupando nuestro tiempo, etc.; en séptimo lugar, más individuos pueden participar de estas tendencias (en diferentes tipos y niveles de información y en desigual medida unos respecto de otros)” (Jimeno, José. 2005:47).
De lo anteriormente expuesto por Sacristán,  se pueden inferir algunas ideas concluyentes en relación a lo que se entiende  como  sociedad de la información y lo que serían sus rasgos más significativos, los cuales le confieren una identidad propia que la distingue de otras formas sociales. De este modo, se considera que este  tipo de  sociedad se caracteriza esencialmente por el hecho de que la información, y de alguna manera el conocimiento, fluye en grandes proporciones a partir de que se han generado una gran cantidad de espacios, es decir, de organizaciones y/o  empresas que la producen, la distribuyen y la intercambian, garantizando, con ello, y hasta cierto punto una mayor accesibilidad a la misma.
Cabe señalar, que la nueva sociedad de la información  no sólo se está haciendo posible gracias a la aparición de las tecnologías de la información y comunicación, sino que además, sustenta en ellas su modo de vida, al darle un uso cotidiano y al erigirlas en el pan de cada día de sus miembros(los usuarios de éstas tecnologías que son su parte constituyente).
Sin embrago, también es importante apuntar, que la sola presencia de la tecnología en la sociedad no garantiza su uso  generalizado, es decir, una cosa es que estén presentes y otra muy distinta que  los diferentes sectores de la sociedad la utilicen y la sepan usar. Esto nos lleva a dos puntos neurálgicos que en todo caso serían algo así como dos retos que enfrentarán  los centros escolares en la sociedad de la información: por un lado, el uso equitativo de la tecnología, lo que implica que todos tengan acceso a ella en las mismas circunstancias, tratando de contrarrestar la famosa brecha digital, y por otro lado, el asunto de la alfabetización digital, lo que implica  aprender el nuevo lenguaje y los códigos con el que se hace posible la comunicación  entre los hombres en la nueva sociedad de la información

2. De la sociedad industrial a la sociedad de la información.

 Ya hemos planteado que la gran diferencia entre la sociedad industrial y la sociedad de la información es que la primera ostenta una economía basada en la fortaleza del sector secundario, es decir, en aquellas relaciones entre capital y trabajo que se proponen la producción de mercancías para el consumo y el cambio a gran escala, mientras que la segunda, tiene su fundamento económico en el sector terciario, o sea, en la esfera de los servicios, especialmente en las actividades económicas que se vinculan a la industria de la información y el conocimiento.
Mientras la sociedad moderna emerge como resultado de dos grandes  revoluciones industriales que se desarrollan entre el último tercio del siglo XVIII y el último tercio del siglo XIX, la posmodernidad o la sociedad posindustrial se inicia en el último quinto del siglo XX como resultado de la tercera revolución que se gesta  ya no en la industria, sino en el ámbito de  las tecnologías de la información y comunicación. Ahora bien, es necesario distinguir que las primeras dos revoluciones de la industria fueron auspiciadas por la aplicación de nuevas formas de  energía a la producción, concretamente  la maquina de vapor y la electricidad, de ahí que  la máquina de vapor haya sido  el descubrimiento más significativo de la primera revolución industrial, mientras que la electricidad lo fue de la segunda. Por su parte los inventos más típicos de la tercera gran revolución industrial fueron el ordenador, la Internet y sus dispositivos tecnológicos subyacentes.
 La sociedad industrial pone mayor énfasis en el crecimiento económico, eficientando sus procesos productivos, mientras que la sociedad de la información se enfoca hacia la innovación tecnológica, especialmente, en aquellos sectores empresariales en donde se produce,  procesa y  distribuye  la información y el conocimiento.
En este sentido, cuando se habla de la sociedad de la información se hace referencia no a una sociedad distinta a la capitalista, sino a esta misma, pero  con un rostro diferente y con unas características que le son propias. Las sociedades industriales por su parte, tal y como lo señala  Castells (2005) han sido de dos tipos: o bien estatistas (aquellas sociedades en donde el Estado asume un rol protagónico en la dirección de los procesos económicos y sociales) o bien capitalistas. A diferencia de ésta, las sociedades informatizadas han sido, todas ellas, y son, de corte capitalista. No obstante, lo que es propio de estas últimas, tal y como lo hemos venido planteando, es que la información y el conocimiento son la fuente principal de la productividad.
La modernidad, como  ha llamado Alain Touraine al periodo en el que la sociedad industrial se ha erigido como la forma social dominante, se fundamenta en un concepto de hombre cuya esencia está dada por sus acciones, es decir, que el “hombre es lo que hace y que por tanto debe existir una correspondencia cada vez más estrecha entre la producción- cada vez más eficaz por la ciencia, la tecnología o la administración- la organización de la sociedad mediante la ley y la vida personal, animada por el interés, pero también por la voluntad de liberarse de todas las coacciones” (Touraine, Alain.1999: 9)
Lo destacable en este planteamiento es que lo que el hombre hace, es decir, su acción es eminentemente racional. El proceso de producción, intercambio, consumo, así como los procesos jurídicos- políticos y demás procesos de la vida social no son más que el resultado de la acción humana, y por tanto, productos de la aplicación de la razón. Es ésta quien alienta a la ciencia  y al desarrollo tecnológico, a la vez que le da sentido a la existencia de un orden social y político que intenta sustituir a la arbitrariedad, al caos y el conflicto. El relato de la modernidad se sustenta en la idea de que el hombre al actuar conforme a derecho y a la razón tendrá que avanzar invariablemente hacia la libertad, el progreso, la armonía y el bienestar.
En contraparte, la sociedad posindustrial a la que el mismo Touraine prefirió llamar “la sociedad programada”, se define por el papel nuclear que desempeñan las industrias culturales, es decir, la trascendencia de las organizaciones y/o empresas que tienen que ver con el proceso de producción, intercambio, reproducción y diseminación de la información o el conocimiento.
El  valor adquirido por estos dos elementos en la nueva sociedad se observa en la misma definición que no sugiere  Alain Touraine (1999:241) “llamo en efecto, sociedad programada _ expresión más precisa que la sociedad posindustrial, lo cual sólo está definida por aquello a lo que sucede_ aquella en que la producción y la difusión masiva de los bienes culturales ocupan el lugar central que antes habían ocupado los bienes materiales de la sociedad industrial”. Es decir, que todas las formas de trabajo orientadas a producir bienes materiales que asumían un papel central en el crecimiento de la economía, como la industria textil, eléctrica y química, en la sociedad programada han perdido su importancia, trayendo como principal consecuencia que los trabajos vinculados a la producción y difusión de la información  se erijan como los procesos de mayor trascendencia
Hacia esta misma idea se orientan los trabajos de Jean Francois Lyotard (1990) quien  señala que el saber cambia como resultado de las nuevas características de la sociedad posindustrial o posmoderna y como resultado concreto de las transformaciones tecnológicas. De esta manera,  reconoce que la proliferación de las máquinas de información tendrá un gran impacto en la circulación de conocimientos y que éstos se convertirán en la principal fuerza de producción.
Para terminar esta parte concluimos que la  sociedad posindustrial o sociedad posmoderna como concepto, tiene su origen en la década de los setenta, con los planteamientos de Touraine y Daniel Bell, y como entidad histórica en la década de los ochenta. A partir de ese tiempo, los términos más aceptados para referirse a este tipo de sociedad han sido los de  sociedad de la información o sociedad del conocimiento

BIBLIOGRAFÍA


Castells, Manuel. (2003): La galaxia Internet. De bolsillo. Barcelona, España.
Castells, Manuel.(2005): La era de la información, La sociedad red, Vol. I. Siglo XXI. México.
Crovi, Delia y otros. (2004): Sociedad de la información y el conocimiento, entre lo falaz y lo posible, La crujía. México.
Gimeno, José. (2005): La educación que aun es posible. Morata. Madrid, España
Lyotard, Jean-Francois (1990): La condición postmoderna. REI. México
Touraine, Alain. (1999 ): Crítica a la modernidad. FCE. México

*Catedrático e investigador de la Licenciatura en Sociología de la Comunicación y Educación de la Unidad Académica: Facultad de Ciencias Sociales