Revista Digital de Tecnologías de la Información y Comunicación. Vol. 5, No. 4. Trimestre octubre-diciembre de 2009. ISSN: 1870-7505

 

LAS MISIONES CULTURALES UN PROYECTO EDUCATIVO PARA LOS ADULTOS EN MÉXICO.

Luis Rosas Gutiérrez *

 

Resumen: Hablar de las misiones culturales, es sumergirse en el horizonte histórico del proceso educativo de los adultos, de cómo los primeros maestros surgieron de este programa de alfabetización y  siendo éstas, el paso decisivo para la conformación de las escuelas normales rurales.  Este proyecto educativo aun sigue vigente y con más fuerza que al principio, ya que en la actualidad existen muchas de éstas en toda la republica mexicana, llevando los conocimientos a todos los ciudadanos que no alcanzaron cursar sus estudios primarios,  además de  enseñarles nuevas estrategias de cómo mejorar los oficios locales para que puedan obtener recursos económicos para sus familias, de cómo prevenir sus enfermedades y seguir cultivando las costumbres y tradiciones locales.

Antecedentes  de las misiones culturales.

La educación es un proceso eminentemente social y dinámico, éste, ha sufrido  profundos cambios a través del desarrollo histórico-social, acorde a la conformación  social y política   del  país, a  partir   de la guerra de Independencia,  momento histórico donde se  inicia la   búsqueda de las condiciones que favorezcan la realización de los objetivos individuales y sociales de los mexicanos.

Hablar de las misiones culturales mexicanas es hablar históricamente del arduo camino de varias décadas de la labor educativa en nuestro país y su relación con la educación de los adultos; como proyecto que se ha venido construyendo paulativamente entre la teoría y la práctica, como fruto  de la conformación del México del siglo XX.

En este marco histórico 1921,  marca el momento  más importante en la historia de México: terminaba la revolución armada que se inició en 1910 en contra del dictador Porfirio Díaz, el país se echaba a cuestas la reconstrucción nacional, se anunciaba el nacimiento de una nueva sociedad que la revolución libero, y que emergía con esa energía contenida por largo tiempo, que remarcó un nuevo renacimiento político, social, económico e intelectual.

Al término la lucha armada, la sociedad, demandaba al Gobierno escuelas para que el pueblo se educara por lo que se sintió obligado a hacer algo por la educación. Tanto fue así  que para poder salir del problema, organizo el sistema educativo en una dependencia federal, la que oriento la educación del pueblo y la de los adultos.

El primer secretario de esa dependencia, hoy conocida como Secretaria de Educación Pública fue José Vasconcelos, quien trabajo en favor de la educación del país iniciando campañas contra el analfabetismo, instalando escuelas rurales y nombrando a los primeros misioneros. El motivo más importante fue que el campo mexicano se encontraba abandonado, la lucha armada  había diezmado a la población, y terminó con la infraestructura económica del país. Para entonces los ideales revolucionarios del reparto agrario y la justicia social estaban lejos de hacerse realidad; el abandono, pobreza, hambre y la miseria, eran comunes en las comunidades rurales, mestizas e indígenas.

Para resolver estos problemas y poder llevar la educación a las regiones rurales se redactó el programa y plan de estudio de las misiones culturales, que se caracterizó  por  orientarse desde un enfoque humanístico, andragógico y holístico, tomaba en cuenta las condiciones y características de la comunidad, cada misión buscaba  enseñar a jóvenes y adultos mayores de 15 años. Las actividades  que se desarrollaban y se siguen practicando, son las siguientes:

  1. Educación familiar
  2.  Educación para la salud.
  3. Artesanías 
  4. Actividades recreativas.
  5. Agricultura y ganadería.
  6. Obras materiales
  7. Carpintería.
  8. Educación básica.

Siendo el primer Jefe de Misión el distinguido profesor Rafael Ramírez. Un maestro misionero debería tener amplios conocimientos sobre las condiciones de vida de la población, dominar el idioma nativo de la región y tener conocimientos pedagógicos suficientes para capacitar y entrenar adecuadamente a los maestros que reclutaran, porque la escuela rural, no podría llevar su misión educativa si los maestros no basaban su enseñanza en los trabajos manuales, tales como el cultivo de la tierra y las pequeñas industrias y ocupaciones que se derivan de la agricultura.

El misionero es un  maestro cuya primera labor es visitar las zonas rurales y en forma especial las comunidades indígenas, de estas visitas rendían informes a las autoridades educativas que luego trataban de reclutar maestros rurales para destinarlos a las poblaciones más necesitadas.

En 1923 las autoridades educativas y el gobierno determinaron que cada escuela debería ser dotada de un huerto escolar como base para el trabajo. Es en este tiempo también, cuando surge la casa del pueblo que era un tipo de escuela rural, según Ortiz (1952, pág.165) dice: “la escuela era para la comunidad y la comunidad para la escuela, es decir, una fusión de intereses educativos y sociales”

La casa del pueblo era construida por los vecinos a iniciativa de los misioneros, y se dejaba al maestro rural que  vivira en armonía con el vecindario.  En ese mismo año 1923, se reunieron 147 maestros bajo la dirección de la primera misión cultural ubicada en Zacualtipán, estado de Hidalgo,  recibieron clases de educación rural, de jabonería, curtiduría, agricultura, canciones y educación física,  pero la comunidad no quiso quedar fuera de estos cursos que los misioneros impartían, por lo que sin haberlo contemplado previamente, se le asignó a la misión la atención directa a la comunidad.

En 1925 la Secretaría de Educación Pública declaraba: “Se ha dado el nombre de misión cultural a un cuerpo docente de carácter transitorio que desarrolla una labor educativa de cursos breves a maestros y a particulares”. Cada misión era una escuela ambulante que se instalaba temporalmente en los centros de población en donde predominaban los indígenas, ocupándose del mejoramiento profesional de los maestros, quienes ejercían influencia civilizadora sobre los habitantes de la región, despertando en ellos, interés por el trabajo, desarrollándoles la capacidad necesaria para trabajar oficios y artes industriales, enseñando a la vez a utilizar los recursos  locales e incorporándolos lenta pero firmemente a la civilización.

Sin embargo los maestros formados en las misiones culturales carecían de una base profesional, pero la suplían con el ardiente anhelo por transformar sus comunidades mediante el trabajo y los oficios. Por esta razón se organizaron  los Institutos de educación y en el año de 1926 se inicia el florecimiento de las misiones culturales, época en que se establece la dirección de misiones y al año siguiente se inician los primeros cursos especiales para los misioneros. Para cada grupo había clases determinadas de acuerdo a su especialidad o comisión educativa.

Al concluir éstos, el misionero recibía un pliego de instrucciones entre las cuales había un párrafo destinado a señalar cómo emplear la biblioteca ambulante y los equipos de carpintería y de industrias. El instructivo fijaba, asimismo, 21 días de duración para las reuniones con los maestros rurales. Desde entonces la dirección de misiones  hace  congresos de maestros misioneros para evaluar sus actividades y darles a conocer nuevas instrucciones o para compartir experiencias de acuerdo a su campo de acción.

Sin embargo el Instituto requería de varios trabajos previos, que incluían actividades de investigación sobre la situación, las necesidades y problemas de las comunidades. Esta labor era validada por  un inspector que se encargaba de hacer una minuciosa exploración de los problemas de orden social, económico y material que afectaba a la región, con la finalidad de que los misioneros recibieran esa capacitación y fueran más eficaces y acertados en sus actividades.

Los misioneros norman su labor de acuerdo con una serie de sugerencias encaminadas a  establecer nexos con las comunidades.  Estos lineamientos también buscaban que las escuelas atendidas por las misiones fueran provistas, en lo posible, de lo necesario en cuanto a obras y equipamiento, así como del mejoramiento y cooperación pedagógica, a fin de fomentar la cultura en los maestros.

Estos organizaban festividades locales y concursos, tenían la finalidad de mostrar a la  sociedad los avances en las actividades de la misión. La misión  que tenían los maestros misioneros, era la de atender también al mejoramiento de  las condiciones de salubridad, los problemas económicos. Alfonso Fabila en  Ortiz Benítez: describía así a las Misiones Culturales: “[...] son escuelas sin muros, cuyos límites están marcados por las comunidades de un distrito y sus habitantes, cuyos lugares de formación son los campos  mismos, los talleres y los hogares (lugares todos donde existen problemas humanos), y que se hallan situados preferentemente entre quienes más necesitan de ellas [...] El propósito que perseguían no es crear profesionales ni trabajadores expertos, sino ciudadanos capaces de mejorar las condiciones de vida en sus hogares y en la sociedad”

Los gobiernos emanados de la Revolución consideraban que el asunto educativo no se agotaba con dotar al país de escuelas donde se enseñaran las primeras letras, concepción que había sido utilizada por el régimen derrotado.  Sino que la escuela debía encarar los retos del progreso y buscar la felicidad del pueblo desde el hogar y la familia.

Para los años 1933 y 1934, las misiones culturales quedaron adscritas a las escuelas normales rurales y centrales agrícolas, por lo que su labor se concentró en las comunidades que formaban la zona de influencia de dichas instituciones. sin embargo con el surgimiento de las Normales Rurales y posteriormente del Instituto Federal de Capacitación del Magisterio, la tarea de las misiones se fue relegando   a la atención de las comunidades rurales mas marginadas, dejando la actualización y preparación pedagógica de los futuros maestros a éstos centros educativos.

Por otro lado en el Gobierno del Gral. Lázaro Cárdenas del Río, tuvo un especial significado histórico, ya que con él, se alcanzaron importantes objetivos de justicia social y de desarrollo económico. Éste, estableció las reglas para la educación del país determinó, que la educación fuera activa y utilitaria para que el niño y el adulto aprendieran haciendo y que los conocimientos adquiridos fueran los medios de subvenir a sus necesidades y de mejorar sus condiciones económicas.

Buscaba elevar el nivel cultural de México con base en las grandes masas proletarias del campo y la ciudad, y se dió el apoyo decidido a la alfabetización de éstas, especialmente las rurales. Era una educación socialista oficialmente, sin embargo, ésta debería de ser  laica, que combatiera el fanatismo y todo tipo de prejuicios. En este lapso, se sacudió política y socialmente al país y los misioneros desempeñaron un importante papel como organizadores y orientadores en los diversos aspectos de la política del régimen.  

Hasta 1942 existió una relación muy estrecha, casi de unidad, entre las misiones culturales,  la escuela rural mexicana y el estado; relación que como se ha dicho antes, fue un impulsor fundamental para atender las enormes necesidades educativas de los indígenas y campesinos más pobres.

Pero a partir de ese mismo año, (1942) éstos  se separaron al restablecerse la actividad de las misiones como un programa extraescolar y de extensión comunitario. Por lo que el desarrollo de las instituciones educativas era ya  importante, como el caso de las escuelas normales, lo que hacía necesario reorientar el trabajo del misionero. Para ello, se integraron diferentes tipos de grupos con diversas finalidades.

Misiones Culturales Rurales. Compuestas por un jefe de misión, que debía ser profesor normalista con cinco años de experiencia y con amplios conocimientos de la vida rural; le acompañaba una trabajadora de hogar, una enfermera y partera, un maestro de artes plásticas, un maestro de agricultura, otro más de albañilería, un mecánico y herrero y dos o más maestros de otros oficios e industrias.

Misiones especiales para obreros. Con un jefe, profesor normalista entendido de los asuntos propios de estos grupos; una trabajadora de hogar y un maestro operador de aparatos cinematográficos. Estas misiones volvían a atender problemas de tipo urbano y utilizaban el auge del cine como una herramienta pedagógica.

Misiones de capacitación docente. Formadas por un profesor normalista con cinco años de experiencia docente y enterado de la información pedagógica moderna; una educadora de niños graduada, un maestro de actividades recreativas, un maestro de música y canto, una trabajadora de hogar, un maestro de artes plásticas y un experto en mediciones mentales y pedagógicas.

En ese mismo año 1942,  se reorganizaron sistemáticamente todos los servicios de las misiones culturales para dirigir su acción educativa al mejoramiento integral de las comunidades, y a la capacitación de los maestros en servicio. Asimismo, entre 1942 y 1947 se fundaron varias misiones culturales rurales y se suprimieron las misiones de capacitación.

Como se observa, es de hacerse notar que desde la creación de las misiones culturales su finalidad es mejorar el medio rural, las cuales han contribuido grandemente a superar el aislamiento en que vive el campesino indio, dando al mismo tiempo a las comunidades rurales un sentido de interdependencia y relación con el resto de la población.

HUGHES en su crónica sobre las misiones culturales manifiesta: “[...] han promovido la colaboración (entre aldeas) para resolver problemas comunes. También mediante la introducción de nuevos cultivos, han hecho de los campesinos mejores productores y consumidores dándoles mejores animales domésticos, mejores técnicas de producción y mejor régimen alimenticio”  

Sin embargo, durante muchos años el trabajo de las misiones a estado siempre sujetas a limitaciones y privaciones, ya que los sueldos de sus integrantes, generalmente bajos, aunado a las condiciones precarias de las comunidades aisladas, se requería de misioneros comprometidos con su labor.

Otro punto débil de la actividad de las misiones en este período fue el tiempo de duración de los programas en las comunidades, ya que muchas veces se tenían inicios espectaculares con muchos logros y beneficios para la gente; pero cuando la misión se retiraba, el ánimo decaía y nada quedaba para restituirlo, es decir que no supervisaban los alcances obtenidos y los ciudadanos capacitados no ponían en práctica lo aprendido.

Por otra parte éstas, quedaron vinculadas a la campaña nacional contra el analfabetismo como lo manifiesta Doralicia Carmona lo más importante, “es que concibe a la educación como medio para aminorar la desigualdad social, mediante la apertura de nuevas alternativas por la difusión de nuevos valores que contribuyan a superar atavismos, creencias tradicionalistas y sentidos mágicos de la vida; además, se le reconoce como fundamental en la consecución de los principios democráticos del país.”

En consecuencia, el alcance de su planteamiento va más allá del simple carácter democratizador, porque la educación tiene que ver con los valores,convicciones, compromisos, recursos y agentes sociales, que la sociedad promueve para garantizar y ampliar la vida democrática del país. Sin embargo el analfabetismo en ese tiempo era de proporciones extraordinarias y se considera que a la fecha según el XII Censo efectuado en el año 2000 el país cuenta con una población total de 97, 483,412, de los cuales 4, 387,000, que representa el 9.0%, de analfabetas en tanto que el 91.0% son mexicanos que saben leer y escribir. Como se observa, ese fenómeno no se ha abatido, sigue lacerando a la sociedad mexicana. Por eso Jaime Torres Bodet ( 1946), siendo Secretario de Educación Pública, advertía:  “en una tierra en donde únicamente la mitad de la población sabe leer y escribir y donde las necesidades de instrucción rebasan de manera innegable los cauces de los sistemas educativos que los ingresos públicos autorizan, quienes disfrutan del privilegio de haber ido a la escuela, debían auxiliar al Estado en la tarea de salvar a la otra mitad de sus compatriotas, protegiéndola de los riesgos que implica la privación de los más elementales cursos de conocimiento y acción social

Después de transitar por más de 20 años de historia, las misiones culturales vuelven a florecer. ¿Será porque aún no desaparecen del panorama social y económico de México, aquellos problemas y desigualdades que las justifican? ¿Será por el enconado esfuerzo de los maestros de no permitir que dejen de existir esos enormes rezagos que cada día se hacen más grandes?

BIBLIOGRAFÍA.

CARMONA, Doralicia. Memoria política de México. Boletín informativo. Núm. 57. México.
DICCIONARIO DE LA REAL ACADEMIA DE LA LENGUA ESPAÑOLA (1970)  Ed. Trillas. España.
DICCIONARIO DE LAS CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN (1983) Ed. Santillana. España.
HUGHES, Lloyd H. (1951) Las Misiones Culturales Mexicanas y su programa, UNESCO, París,

GÁMEZ, Jiménez, Luis (1993)  Las Misiones Culturales y la Escuela Rural Mexicana, en: Educación. Revista del Consejo Nacional Técnico de la Educación, No. 47, octubre-diciembre, México

ORTIZ, Benítez, Lucas (1952) Breve información sobre las Misiones Culturales Mexicanas. ed. CREFAL, México.
TINAJERO, Jorge Berrueta (1993)  Misiones culturales mexicanas, 70 años de historia. México. 
http://inep.org/content/view/84/51/

 

* Mtro. Luís Rosas Gutiérrez. Maestro en Formación y Práctica Docente. Doctorante en Ciencias de la Educación.