Revista Digital de Tecnologías de la Información y Comunicación. Vol. 5, No. 2. Trimestre abril-junio de 2009. ISSN: 1870-7505

 

La filosofía y la educación en el devenir de las teorías del aprendizaje

Luís Rosas Gutiérrez *

 

Toda acción humana, colectiva o individual, manifiesta como percibe el mundo y el universo que  profesa; es decir, da a conocer la filosofía que  posee. Exteriorizando implícita o explícitamente su concepción filosófico-antropológica, una visión de la realidad social en que vive y se desenvuelve, misma que constituye su base, motor, axiología y teleología.

Entonces el fenómeno educativo como un quehacer fundamentalmente humano, no escapa a esta determinación, como no escapa tampoco a la determinación que las condiciones concreto-materiales e histórico-sociales ejercen sobre él las teorías filosóficas, sociales y psicopedagógicas como pueden ser las conductuales, las biológicas, cognitivas y socioculturales que lo sustentan y le dan un sentido psicosociopedagógico.

En este sentido, todo sistema educativo como propuesta o como proyecto, como modelo y como realidad presupone una determinada filosofía que es su base y guía. Por lo tanto, toda propuesta o modelo educativo, tiene como sustento de su estructura una concepción específica del hombre, del mundo, de la sociedad, de la naturaleza y del fenómeno educativo mismo. Lo que según Cesar Coll, concibe como los niveles de concreción del curriculum primer nivel (diseño curricular base o también “Mínimos Curriculares”. Teniendo como marco estos mínimos curriculares, el segundo nivel de concreción curricular que compete establecerlo al equipo de profesores de un centro. A este nivel se le denomina proyecto curricular de centro. y, por último, el tercer nivel consiste en que cada profesor tiene que elaborar su programación de aula.

Según cómo concibamos a éste, dependerá el manejo y la orientación que se le da al proceso educativo, al marco psicosociopedagógico que lo fundamenta, los métodos que utilizar, las técnicas y estrategias didácticas que se aplicaran en el diario quehacer docente, que es donde de una u otra forma, en uno u otro sentido, la propuesta, el modelo, el proyecto o el sistema educativo de una sociedad, región o institución, se hacen realidad.

Hablar del fenómeno educativo nos obliga necesariamente a una reflexión y análisis previos de su fundamentación filosófica, y a evidenciar su indisoluble relación que frecuentemente se oculta con intención o no por parte de quien o quienes lo manejan; los actores del hecho educativo: alumnos, maestros y padres de familia.

En este sentido, como se puede observar, las políticas educativas que lleva a cabo un gobierno, las teorías y sistemas psicosociopedagógicas que utiliza explícita o implícitamente, así como las prácticas que ordena, implanta o estimula en el quehacer docente, no son casuales, como podría creerse ingenuamente, sino que corresponden a una concepción específica del hombre, del mundo y de la sociedad que se quiere construir y/o reproducir, y que en primera y en última instancia, determinan sus medios, valores y fines; es decir, que le dan sentido a la tarea educativa.

Como se ha señalado anteriormente, una concepción filosófica del hombre, del mundo y del universo es la base y orientación de la educación, visión que le da explicación y sentido al quehacer educativo; sin embargo, la relación entre filosofía y educación no se da en el plano meramente teórico de la abstracción; es decir, por la mera exposición de los componentes de una visión filosófica del hombre, de la naturaleza y de la sociedad, sino que ésta permea y se manifiesta en todos los pasos y componentes del proceso educativo mismo, se concreta en el discurso psicosociopedagógico, así como en cada experiencia, en cada acción del hecho educativo, en cada momento en el que se ejerce la práctica docente.

En tal sentido cada vez que un maestro ejerce la docencia, sea frente a un grupo de preescolar, primaria, secundaria o de nivel superior, está concretando y haciendo realidad, consciente o inconscientemente, una visión filosófica específica del hombre, del mundo, de la sociedad, de la naturaleza y del propio universo que desde su concepción es lo mejor para el estudiante. Retomando a uno de los psicopedagogos olvidado en este siglo, Wallon, éste, en su análisis sobre la educación, señala: La eficacia de la acción educativa “se basa sobre el conocimiento exacto del niño, de su naturaleza, de sus necesidades, de sus capacidades, en una palabra, sobre el estudio psicológico del niño”. Esto quiere decir que le da una inusitada importancia a la pedagogía y a la psicología en el proceso enseñanza-aprendizaje como bases fundamentales para entender el desarrollo del niño y la evolución del psiquismo.

 

* MC. Luís Rosas Gutiérrez. Maestro en Formación y Práctica Docente. Doctorante en Ciencias de la Educación.