Revista Digital de Tecnologías de la Información y Comunicación. Vol. 6, No. 2. Semestre julio - diciembre de 2010. ISSN: 1870-7505

EL DESARROLLO HISTÓRICO DE OCCIDENTE Y SUS IMPLICACIONES MUNDIALES

Justino Arziga Castañón*

 

INTRODUCCIÓN

Para llevar a cabo este análisis, es necesario recapitular acontecimientos históricos atribuidos al concepto de progreso o desarrollo, bajo esta dinámica tendremos una visión más amplia de cómo la influencia del mundo occidental ha incidido en el progreso mundial, precisando los campos del quehacer y la relación humana, es decir, el tecnológico, el económico, el social, el político y el cultural.

Los análisis de Nisbet, Weber, Wallerstein, Smith, Marx y otros autores sirven de referente para encuadrar esta disertación. En primer lugar, el análisis será desde el punto de vista sociocultural del mundo occidental, revisando la influencia de las principales civilizaciones del mundo clásico, abordando el pensamiento religioso y la evolución de éste hasta la aparición de la ética protestante. De manera simultánea, el análisis político explica la organización para la administración de los intereses comunes, los modelos democráticos resaltan por la importancia que revistieron para dicha organización social y las formas de cómo ésta administraba sus formas de gobierno. El occidente de los siglos XIV, XV y XVI se distingue por el proceso de colonización en diferentes regiones del continente africano, americano, asiático y oceánico,  implanta en estas regiones sistemas económicos, políticos y culturales que favorecieron la conformación de gobiernos tiránicos y los hizo dependientes incluso de la conformación de sus sistemas filosóficos y jurídicos. Los sistemas contemporáneos son también abordados con el fin de representar el progreso en la concepción de la organización social y política.

Por último, el análisis se centra en el ámbito económico, en el estudio del avance tecnológico como factor del desarrollo humano y a las expectativas generadas por éste, emanadas desde la que la Ilustración lo consideró como necesario para el establecimiento de una sociedad feliz y justa, hasta las críticas contemporáneas las cuales centran su discurso en el fracaso de la modernidad como proyecto para el desarrollo mundial.

Atendiendo de igual manera el análisis de los momentos históricos representados por las principales civilizaciones de Occidente y la influencia que estas ejercieron. Asimismo se describen las épocas vividas por la población europea posterior a la caída del Imperio Romano, la Edad Media, el Renacimiento y la Era Moderna.

Aun cuando algunos analistas del desarrollo consideran los indicadores económicos como los determinantes para saber si sociedad este en camino del progreso, y que el crecimiento económico es la primera condición para que esta situación de dé, es importante señalar que la medición de la renta nacional, la distribución per cápita del PIB, el índice de desempleo o la inversión pública y privada no reflejan necesariamente el estado de desarrollo real de una nación. La distribución injusta de la riqueza, la acumulación excesiva de capitales y el acaparamiento de rentas derivadas de sus inversiones, deja pocas utilidades para el aprovechamiento de la población.

En los tiempos modernos, occidente todavía mantiene una situación de privilegio gracias al desarrollo alcanzado con la explotación de las riquezas de las colonias en diversas regiones del mundo. Aunque parte de esa tecnología ha sido aprovechada por los países en vías de desarrollo, todavía se mantienen varios pasos atrás en la consecución plena del progreso. El presente trabajo busca explicar en qué medida esta relación influyó en el desarrollo de esos pueblos y cómo se mantiene actualmente.

ANTECEDENTES

El continente europeo ha sido cuna de las civilizaciones más vigorosas en términos de su magnitud conquistadora, de su creatividad artística, de sus sistemas filosóficos y jurídicos innovadores, de sus grandes personajes que marcaron el curso de la historia. Previamente existieron otras civilizaciones ubicadas en otros continentes como la babilónica, la persa, la egipcia, la oriental, la hindú entre otras, sin embargo, las civilizaciones griega y romana ejercieron una influencia definitiva en el desarrollo de los pueblos occidentales europeos.

Los sistemas de gobierno de las civilizaciones europeas se caracterizaron por la inclusión de rasgos democráticos, por ejemplo la elección de autoridades se realizaba mediante consulta entre los habitantes de ciudades-estados griegas (habitantes masculinos de edad adulta) como Atenas. Los poderes públicos se repartían entre los propios habitantes independientemente de su condición social (inicialmente los puestos de gobierno eran ocupados por los ciudadanos aristócratas) como los describen Robert Dahl (1999) y Sinclair (1999)

Para el siglo V a.c. ya se perfilaba el nacimiento del mayor imperio que el mundo haya conocido. En ese momento Roma era una república en la que el pueblo participaba en la toma de decisiones, el senado se integraba proporcionalmente entre patricios y plebeyos, representando estos últimos a la base social menos favorecida. Para el 27 a.c. el imperio desplaza a la república, y comienza un periodo de expansión sin precedente, anexando prácticamente toda la ribera del mediterráneo (el norte de África, medio oriente, los Balcanes, los territorios bárbaros, la Galia, la península Ibérica y Britania). Entre los legados de esta gran expansión esta la religión cristiana adoptada por el emperador Constantino a fines del siglo IV d.c., esta creencia moldeó el pensamiento y las expresiones de diversa índole en los pueblos europeos, determinando la estructuración social, política y económica durante casi mil años.

La filosofía occidental estuvo marcada por el pensamiento religioso aún después de concluida la etapa medieval, y es que la formación académica de muchos filósofos estaba influida por la teología mística.

Fue un periodo en que el razonamiento académico estuvo liderado por personal eclesiástico. El periodo medieval significó un estancamiento en el desarrollo y el progreso humano en la opinión de muchos pensadores destacados.

Con la llegada de la etapa renacentista, se abren posibilidades para que occidente continúe con el camino del desarrollo y encuentre nuevas oportunidades para lograrlo. Sin embargo, es una etapa también marcada por la exploración de nuevos mundos y el acrecentamiento de las riquezas monárquicas por la colonización, se inicia una expansión territorial que implica una exportación de sistemas ideológicos, filosóficos, jurídicos, políticos, religiosos y educativos. Es esta etapa colonialista la que marca el inicio de la influencia de occidente en la cultura mundial, principalmente en América, África, Asia Meridional y Oceanía. Gran parte de la disertación en este trabajo aborda este suceso y sus posteriores consecuencias, en el sentido que los fenómenos globalizantes actuales deben sus raíces a la siembra cultural que inicio Europa en esta época y que vemos en tiempos modernos como se manifiestan por las similitudes culturales entre naciones desarrolladas (los ejemplos más claros lo representan Estados Unidos en América y Australia en Oceanía)

En la etapa moderna florecen ideas de libertad y justicia social, el periodo de la Ilustración aporta ideas libertadoras y de equidad social que culminan con la Independencia de Norteamérica y la Revolución Francesa. Estos sucesos crean un efecto dominó en las aspiraciones emancipadoras de las colonias europeas alrededor del mundo. Y efectivamente, sucede una independencia política pero que deja un remanente sociocultural que marcará los destinos de estas para los tiempos futuros.

LOS PROCESOS HISTÓRICOS DEL DESARROLLO OCCIDENTAL

El transcurrir inminente de la existencia del ser humano, lo ha colocado como el animal más sociable, apegado a los grupos de semejantes y con un comportamiento sedentario, estableciendo raíces de espacio tiempo en determinada área geográfica; ésta quizá es una de las fases de su desarrollo social en la que los fines y objetivos comunes le dan identidad como grupo, en donde el beneficio individual está supeditado en términos de las normas establecidas, al beneficio colectivo. Bajo esta premisa, la cohesión social pudo mantenerse para supervivir a las condiciones y retos que el entorno le impuso.

La evolución de los grupos y comunidades sociales permitieron que estos crecieran en número de integrantes, pero a su vez la estructuración se hizo más compleja, en respuesta de lo anterior, fue necesaria la creación de ente más elaborado para la administración de los asuntos comunes. La aparición del Estado fue un proceso paulatino pero necesario para mantener por un lado, la cohesión social, asegurar los intereses comunes, y también como lo señala Adam Smith (1996), defender a sus integrantes de los ataques de otros Estados, en razón de que la existencia de otras comunidades organizadas redundara en la conformación de Estados alternos.

Robert Dhal (1999) menciona que en las épocas clásicas, los Estados más bien se conformaban por ciudades-Estados, por ejemplo el caso de Atenas, Esparta, Cartago, Roma, Venecia, Florencia por citar algunos, ésta conformación social es el origen de lo que después se estableciera como Naciones.

Las ciudades-Estado ejercieron tal poder que anexaban otras comunidades generalmente mediante la coerción, éste proceso de incorporación masiva dio lugar a la creación de imperios o Estados supremos. La administración de los intereses comunes resultó en un complejo proceso no solo para resguardar a los integrantes de los ataques externos, sino además de proteger a cada miembro de la sociedad frente a la injusticia y opresión de cualquier otro miembro de la misma o el deber de establecer la exacta administración de la justicia; aunado lo anterior a la necesidad de que el Estado estableciera servicios de bienestar social y edificar y mantener ciertas obras públicas para tal fin (Smith, 1996)

Como parte del progreso en la organización social, estos hechos dan cuenta de los preciso que resulta para la sociedad ir adecuando las estructuras administrativas y de conformación de gobierno. La participación social en estos órganos de administración siempre ha estado determinada por los liderazgos representativos, es decir, la existencia de gobiernos monárquicos, oligárquicos o de la democracia representativa. Las civilizaciones han navegado por diferentes formas de gobierno, por ejemplo, la ciudad-estado de Atenas, inicialmente era gobernada por personas sin un consenso social o incluso por la herencia del poder de familiares o personas afines a los intereses del gobernante en turno (Sinclair, 1999) pero la exigencia de las castas no privilegiadas por participar en la administración del gobierno, favoreció la instauración del sistema democrático en la selección y distribución de los integrantes del Estado.

Por otra parte, Roma paso de una administración democrática (siglo V al I a.c.) en la que los patricios y los plebeyos representaban las castas sociales en el senado, se elegía a un plebeyo por cada patricio, de tal manera que la representación era equilibrada, sin embargo, en el año 27 a.c. Julio Cesar Octavio Augusto inicia el periodo de Roma como imperio, al ungírsele como único gobernante de las provincias romanas y con el control del senado, la expansión colonizante así lo exigía, y la adecuación de la estructura administrativa del Estado fue una condición necesaria para funcionar mejor en la administración de los intereses comunes.

A la caída del imperio romano (siglo V d.c.) el continente europeo experimentó formas hasta entonces innovadoras para la administración de los intereses comunes, el sistema de feudos (modelo que se sugiere proviene de las costumbres de los pueblos bárbaros) fue establecido en todo el territorio. Fue un periodo que muchos consideran representó el estancamiento en el desarrollo político, económico, social, científico y cultural de occidente. Durante prácticamente mil años, los dogmas eclesiásticos dominaron la filosofía y la ciencia (de hecho la escolástica nace como postura filosófica para conciliar la filosofía clásica con los dogmas teológicos) impidiendo la declaración de conocimientos empíricos que demostraban los errores de los dogmas, el caso más sobresaliente es la teoría heliocéntrica de Copérnico, que contravenía los postulados de la teoría de Tolomeo. La teoría de Copérnico no fue aceptada por la iglesia católica de Roma y fue rechazada contundentemente cuando Galileo la defendió, enjuiciándole a éste último por esa acción.

Con la llegada del Renacimiento, la administración de los intereses comunes empieza a retomar signos democráticos, como se observó en el Reino Unido, Holanda, los países nórdicos y otros (Dhal, 1999) Las representaciones de asambleas populares fueron acotando los poderes absolutos de los monarcas en pos de una administración más clara y justa. La posterior concepción de estas asambleas por parlamentos representados por los habitantes de diferentes regiones miembros de un Estado, permitió que las clases menos favorecidas también fueran integrantes de los gobiernos, tal como sucedió en el Reino Unido con la cámara de los comunes (representantes populares) en equilibrio con la cámara de los lores (representantes burgueses y aristócratas)

Algunos países europeos adoptaron y desarrollaron modelos de gobierno similares a los establecidos en Reino Unido, los resultados mostraron que estos países daban cuenta de una administración de los intereses comunes más justa y clara.

La etapa de la colonización europea (inicia con el descubrimiento de América en el siglo XV hasta el reparto de los diferentes territorios africanos a mediados del siglo XIX) en distintos continentes –África, Oceanía, Asia Meridional, Oriente Medio y América– permitió a estos países exportar sistemas filosóficos, doctrinas, legislaciones, sistemas religiosos y políticos que las metrópolis impusieron a las colonias.

Europa occidental se irguió como la cultura dominante, imponiendo formas de organización y administración que resultaron extrañas para los pueblos conquistados. Estos perdieron identidad al cambiar formas de gobierno, sistema político, división política, credos religiosos (a la mayoría de la colonias se les impuso la religión cristiana, con posturas católicas o protestantes), sistemas económicos (las colonias pasan a ser explotadas en las riquezas acumuladas como metales y piedras preciosas, riquezas naturales como maderas finas, algodón, etcétera)

 “El proceso de dominación colonial fue para Europa la época del ascenso de la razón a la universalidad del saber y del poder para consolidarse como principio hegemónico en la fundamentación del conocimiento y la política, así como la fe cristiana impuso su hegemonía en la conciencia religiosa de los pueblos dominados… Para el hombre americano, africano y asiático, la universalización de la cultura fundada en la hegemonía de la razón constituyó la muerte de sus propios referentes socioculturales, el ocultamiento del Ser autóctono y el inicio de un proceso de incorporación al Ser de occidente” (Galvis, 2005:29)

Si bien resulta paradójico, el desarrollo en las colonias mantuvo características favorables, es decir, al ser estandarizado a los modelos europeos, con esquemas similares de desarrollo político y social, se conservó un ritmo uniforme (considerando además la penetración cultural mediante el lenguaje y la expresión artística) que favoreció hasta nuestros días unificación social para los procesos de globalización, proceso que hubiera resultado difícil de haberse conservado rasgos culturales autóctonos, por la diversidad de aspiraciones y procesos de desarrollo.

Con el paso del tiempo, los pueblos conquistados fueron reclamando su autonomía y libertad, desprendiéndose del Ser incorporado (la metrópoli) para actuar como pueblos independientes, con características propias pero con los rasgos heredados de sus conquistadores.

¿El desarrollo de occidente influyó en el desarrollo de los países (posteriormente considerados como tal) del mundo colonizado? La respuesta a esta pregunta es que las aportaciones de occidente repercutieron en varios aspectos:

  1. Acelerar y estandarizar el desarrollo de los pueblos.
  2. Heredar toda la cultura (lenguaje, alfabeto, religión, educación, expresión artística) y asimilar el pensamiento de occidente que abrió oportunidades para construir sistemas políticos y sociales adecuados al contexto, desplazando a los tradicionales.
  3. Posibilitar la autonomía de los pueblos al tomar conciencia del potencial que pueden desarrollar de forma independiente, gracias a las ideas de los pensadores liberales de occidente.

El primer y gran ejemplo de lo anterior lo vemos en la independencia de Norteamérica en 1776, trajo consigo el establecimiento de un gobierno republicano (concebido como la división de poderes en tres órganos, ejecutivo, legislativo y judicial, con un presidente elegido por voto libre y secreto, aun cuando sólo votaban los varones adultos) y representó el momento ideal para establecer un gobierno democrático y de administración eficiente, basado en los cánones del liberalismo político expuestos por Locke, Hobbes y Rousseau, y del cual Alexis de Tocqueville describe como el ideal para la práctica de la democracia (Tocqueville, 1997)

La administración de los intereses comunes daba un paso más en la conformación de gobiernos con estructuras modernas pero esencialmente adecuadas al contexto. El desarrollo social está fuertemente vinculado al desarrollo de los esquemas políticos, es decir, la sociedad en su evolución crea al Estado, en un afán de anteponer intereses personales en aras del interés común, y éste se adecua para asegurar esta premisa, una convivencia segura y libre, aunque esta libertad esté acotada como lo señaló Locke, se delimita la libertad para vivir en seguridad.

El suceso de la independencia de Norteamérica y el movimiento de revolución en Francia motivó a otras naciones en el continente americano a independizarse de las metrópolis europeas, las aspiraciones de libertad y libre determinación de los pueblos fueron las principales banderas.

En el ámbito económico, la relación se siguió gestando como un intercambio desigual, pues la superioridad de los países colonizadores mantenía la hegemonía sobre las recién autonombradas naciones libres. El desarrollo económico de Europa fue paulatinamente más dinámico que sus pares de las colonias independizadas. La cuna del conocimiento tecnológico y de las invenciones; los descubrimientos en las áreas de la astronomía, la medicina y otras ciencias más provenía de este continente.

Los países independizados actuaron a los largo de mucho tiempo (y aun se tiene ese carácter en las relaciones comerciales) como proveedores de las materias primas para ser procesadas en las fábricas de Europa y Estados Unidos, éste último como un actor influyente a partir del siglo XIX.

El colonialismo ya no era de tipo político, ya no se dependía de una corona o emperador, ahora la situación ha cambiado y la colonización (neocolonialismo) se da a través del movimiento de capitales y el intercambio de tecnología, los que son dueños de estos recursos mantienen la hegemonía por sobre los países en vías de desarrollo, ya que estos necesitan de la inversión productiva a través de capitales foráneos y también de la tecnología para mejora en los procesos de producción.

De manera tal que en la actualidad todavía se conserva la superioridad de los países desarrollados de Europa, principalmente con el caso de Latinoamérica y África.

Hemos logrado progresar en varios ámbitos, sin embargo, el camino todavía guarda trechos importantes que se deben superar y lograr una autonomía clara y fuera de toda duda.

RECAPITULACIÓN

Se aborda los acontecimientos que dieron origen al desarrollo (en el sentido de explicar el concepto de progreso) en el continente europeo de occidente. Estos acontecimientos delinearon el curso del progreso de los pueblos europeos y sentaron las bases para la expansión de la influencia cultural en el mundo.

La expansión del lenguaje (el inglés, el castellano, el neerlandés, el francés y el portugués principalmente dentro de las lenguas romances y el latín por la  propagación de la religión cristiana) construyó mecanismo de comunicación que facilitó las relaciones sociales entre las colonias y las metrópolis, asimismo la herencia consanguínea entre los pueblos profundizó esta relación.

El intercambio de tecnología y conocimientos impulsó el desarrollo de los territorios colonizados, sin embargo, las clases sociales explotadas no recibieron beneficios de este intercambio. La aristocracia (peninsulares y criollos) eran los que se beneficiaban del progreso económico hasta el establecimiento de la independencias de las colonias. Al romper el yugo con la metrópolis, se inicia un camino de progreso para todos y de forma autónoma, el desarrollo de los pueblos era ya responsabilidad de cada uno de ellos.

Europa occidental con la tradición de civilizaciones progresistas, impregna de esa tradición a las sociedades extra continentales de los siglos XV al XIX, de no haberse llevado a cabo este proceso quizá el escenario actual de nuestro mundo sería diferente, los pueblos americanos, oceánicos, asiáticos, indo meridionales y africanos no tendrían la herencia del lenguaje, la tecnología, las costumbres, la religión, el sistema político y el desarrollo mundial sería muy diferente.

Tal como lo señala Nisbet (1998), las edades de oro tendrían desfases importantes, quizá las hubieran alcanzado más plenamente los territorios colonizados antes que los europeos, es difícil imaginarlo; las relaciones por afinidad cultural no serían igual, las migraciones tendrían otra matiz, las diferencias abrirían enormes brechas difíciles de cerrar.

El colonialismo también contribuyó a las desigualdades regionales (el imperialismo económico de la actualidad debe a la explotación de los países generadores de insumos, el proceso cíclico en el desarrollo del capitalismo europeo) y actualmente observamos como los países de Latinoamérica todavía arrastran desigualdades e inferioridad con los países más desarrollados de Europa.

CONCLUSIONES

Para distinguir la influencia que ejerce el mundo desarrollado de Europa occidental en el resto del mundo, es necesario llevar el debate al ámbito histórico y analizar cómo la transmisión cultural hegemónica de las monarquías de los siglos XV al XIX plantó las bases para explicar lo que sucede en la actualidad.

El sistema capitalista nacido en Europa es actualmente el sistema económico con mayor presencia en el orbe, los procesos de globalización tienden redes para mantener estos mecanismos de poder económico y conservar los privilegios como países neocolonizadores en el capitalismo tardío (en la concepción de Mandel -1979- y Touraine)

Gran parte de los fenómenos de superioridad cultural y económica atañen a procesos históricos, no es solamente a una deficiente educación o un gobierno deshonesto lo que mina la voluntad de un pueblo para buscar el progreso. Las ideas emancipadoras deben tomar en cuenta ese lastre cultural si se trata de superar viejo esquemas de búsqueda de independencia económica y social.

Cuando se gestaron las luchas independentistas, se estaba plenamente consciente de la responsabilidad que entraña conducir un esfuerzo colectivo de millones de habitantes, en busca de libertad económica, política y social. Que los esfuerzos no sean en vano y que las iniciativas no se disipen en la penumbra de la desesperanza.

BIBLIOGRAFÍA

Dahl, R., (1999) La democracia. Una guía para los ciudadanos. Madrid, Grupo Santillana de Ediciones.
Galvis, L., (2005) Comprensión de los derechos humanos. Bogotá, Ediciones Aurora.
Mandel, E., (1979) El capitalismo tardío. México, Ediciones Era.
Nisbet, R., (1998) Historia de la idea de progreso. Barcelona, Editorial Gedisa.
Sinclair, R., (1999) Democracia y participación en Atenas. Madrid, Alianza Editorial.
Smith, A., (1996) Una investigación sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones. Madrid, Alianza Editorial.
Tocqueville, A., (1997) La democracia en América. México, Ediciones Gernika.

 

 

*Mtro. Justino Arziga Castañón. Profesor – Investigador de la Licenciatura en Sociología de la Comunicación y Educación de la Unidad Académica de Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Guerrero. Perfil PROMEP. Integrante del Cuerpo Académico "Educación, Cultura y Sociedad", Clave PROMEP: UAGRO-CA-114. Correo electrónico: jarziga@yahoo.com.mx