Revista Digital de Tecnologías de la Información y Comunicación. Vol. 3, No. 3. Trimestre julio-septiembre de 2007. ISSN: 1870-7505  

Educación en Valores: La Construcción de la Personalidad Moral

Justino Arziga Castañón *

 

Desde la perspectiva de la educación en valores, el término construcción de la personalidad moral hace referencia a la capacidad que desarrollan los estudiantes para formar su proyecto de valores, el papel del maestro y de la institución mas que enseñarles la estructura de valores entendida como las pautas de comportamientos socialmente aceptables en las áreas de convivencia social, el fin último es ayudar al alumno a construir y apropiarse de un sistema de valores que le permita ser feliz en la relación con sus semejantes.

El educando participa de forma crítica y creativa en la educación en valores, estas actitudes son necesarias para comprender y crear desde una visión autónoma de la persona el conjunto de referentes cognoscitivos que empleará en los juicios de valor para resolver los problemas presentes en su vida social

.Los Valores como Fines Utópicos

Los valores están presentes en nuestra realidad desde que el ser humano es consciente de su existencia, son guías axiomáticas del comportamiento social asumidos como propios, lo anterior significa que sólo cuando la persona es consciente de la necesidad de expresar sentimientos de comprensión hacia el prójimo y lo que le rodea, es cuando hablamos de la existencia de valores sociales.

Por ello es necesario que las personas adviertan en los objetos y en los demás el sentido de valor que ellos expresan, para asumir una actitud de comprensión  a este, el valor se asume como la importancia o relevancia que algo tiene para alguien (Barrios, 2004) el enfoque de agrado o desagrado de las cosas define nuestra medición de valor hacia ellas, siempre buscamos reflexionar adecuadamente para reaccionar y expresar juicios de valor convenientes.

Los juicios de valor no necesariamente tienen un límite preestablecido que determina hasta que punto se pueden lograr, es decir, los valores conllevan a mejorar nuestras actitudes sin establecer puntos finitos de expresión axiomática, puedo ser respetuoso, puedo ser caritativo o puedo ser generoso sin que deba llegar a un límite en la práctica de esos valores, cuanto más generoso me comporto, mejor es la práctica de mi valor ¿hasta que punto de generosidad debo llegar? La generosidad nunca es agotada por una persona o por un acto generoso, porque siempre cabe la posibilidad de ser más generoso, el estado de perfección en los valores nunca tendrán un punto de expresión final, dada la infinidad de los valores, estos siempre tienden a un estado utópico.

De igual forma, si hipotéticamente considerará que he llegado al límite de la generosidad, y que no puedo ser más generoso, significará que ya no se puede aspirar a más en la práctica de este valor y estaremos ante un vacío de fines, porque no cabría la idea de hacer más, repercusión que nos aislaría de concretar logros mas grandes como seres humanos.

El Aprender a Ser y Aprender a Convivir Juntos

En el informe que Jacques Delors presentó ante la Organización de la Naciones Unidas para la Educación y la Cultura (UNESCO) en 1996, sugiere que en los procesos de educación superior, los estudiantes comiencen a desarrollar habilidades para la vida  con el fin de forjarlos como seres autónomos, con pensamiento crítico y divergente.

Deben aprender a ser y aprender a convivir juntos, dos habilidades de índole social que resultan esenciales para favorecer el desarrollo de seres humanos no solo preocupados por el aprendizaje teórico, sino también por desarrollar competencias que le servirán para la vida en comunidad.

“Aprender a ser para que florezca mejor la propia personalidad y se esté en condiciones de obrar con creciente capacidad de autonomía, de juicio y de responsabilidad personal. Con tal fin, no menospreciar en la educación ninguna de las posibilidades de cada individuo”“

Aprender a vivir juntos desarrollando la comprensión del otro y la percepción de las formas de interdependencia –realizar proyectos comunes y prepararse para tratar los conflictos- respetando los valores de pluralismo, comprensión mutua y paz” (Delors, J., 1996)

Los valores toman una considerable importancia como una de las competencias que utiliza el individuo en el ámbito de lo social y que desde la institución escolar se puede ayudar a formar como parte no solo de materia en la currícula, sino como un continuo proceso de aprendizaje en la convivencia con sus compañeros, con su familia, con su entorno comunitario, la escuela debe favorecer las condiciones entre los participantes  -maestros, alumnos, administración, etc.- con el fin de promover la apropiación de valores fundamentales en el estudiante.

La Escuela como Espacio de Aprendizaje de Valores        

    La escuelas forman para la vida futura, para la inserción del individuo en la sociedad, en una sociedad que esperamos sea más democrática y plural cada día, que debe coadyuvar en capacitar a individuos con un espíritu democrático y tolerante. (Martínez, M., 2002) Adicionalmente a la formación socio familiar del educando, la escuela coadyuva en concretar conocimientos, habilidades, aptitudes y actitudes que le servirán en el continuo contacto como persona moral dentro de su ámbito de influencia. La escuela se considera el espacio propicio que no el único, para fluir las actividades curriculares necesarias en la formación moral del sujeto.            

Actualmente la formación de valores en las escuelas dentro del currículo formal no solo se limita a la enseñanza horizontal o vertical, toma una concepción de transversalidad por la necesidad de formar integralmente a la persona, no solo en las actividades de enseñanza – aprendizaje en el aula, sino también en las actividades extracurriculares que se dan en el espacio escolar, se puede enseñar con la práctica real de la filosofía institucional o de la práctica docente y del ejemplo que estos representan para el alumnado.

Sin embargo, la educación en las escuelas debe también ayudar a formar individuos que con valores principalmente de pluralidad, tengan como base valores de calidad moral y ética, en el significado más amplio de los términos.          

  Los Modelos de Construcción de Valores Morales

La filosofía, la pedagogía y la psicología son áreas del conocimiento que se han ocupado y se ocupan de manera recurrente en el estudio de los valores morales, esta coincidencia en el objeto de estudio nos ofrece un cuerpo de teorías de diversos enfoques que enriquece nuestro entendimiento en la concepción de los valores.

Existen cuatro modelos que nos ayudan a comprender cómo los educandos pueden construir un sistema de valores morales:

  • La Educación Moral como Socialización

Asociado a las teorías sociologistas de Durkheim, se entiende que la educación moral debe insertar o ajustar al individuo a la colectividad a la que pertenecen (Puig Rovira, 1995; Paya Sánchez, 1996) se refiere la formación moral con un proceso en el cual los individuos reciben la estructura de valores y normas sociales que deben observar obligados, impuesta en contra de su voluntad, sin oportunidad a cambiar dichas reglas y basando su observancia a una adaptación heterónoma a las normas sociales.

La educación moral como socialización son en síntesis los procesos de adaptación del individuo a un sistema que tiene que ver con el cumplimiento de normas sociales.

  • La Educación Moral como Autoconocimiento y Clarificación de Valores

Este modelo no contempla la enseñanza de de un determinado sistema de valores, sino de facilitar procesos personales de valoración (Noguera, 2000; Puig Rovira, 1995) La obra de Raths, Hermin y Simon El Sentido de los Valores en la Enseñanza es considerada como el origen de las estrategias de autoconocimiento y clarificación de valores.

Cada individuo debe distinguir los valores que quiere hacer suyos mediante un proceso autónomo, desatendiendo las presiones e influencias externas para formar sus propios referentes axiológicos, es sensibilizar al educando en la determinación de las normas más adecuadas que le ayudarán a la formulación de juicios y toma de decisiones morales cuando este se enfrente a conflictos y problemáticas de esta naturaleza.

Algunas de las estrategias es formular cuestionamientos que permitan el autoconocimiento y la autovaloración moral, como respondería a ciertos casos hipotéticos y saber de esa manera cómo piensa y cómo se siente en situaciones de dilema moral, como veremos más adelante este modelo comparte la visión cognoscitivo evolucionista de Kohlberg en el juicio moral.

  • La Educación Moral como Formación de Hábitos Virtuosos

Esta propuesta tiene raíces en la filosofía Aristotélica y que se retoma por argumentos filosóficos contemporáneos, se basa principalmente en moldear al educando a través de la permanente realización de actos considerados como buenos por las normas sociales, mientras más los repita el individuo, mas probabilidades tendrá de convertirse en un hábito virtuoso.

Son dos las etapas por las que se tiene que llevar al educando: la primera se refiere a reconocer los principios morales esenciales y a derivar de ellos sus comportamientos; en la segunda etapa se trata de posibilitar que el sujeto realice repetidamente actos que vayan configurando los hábitos morales y de carácter personal, de acuerdo con principios y valores morales previamente reconocidos (Puig Rovira, 1995)

  • La Educación Moral como Desarrollo

Desde la psicología se nos presenta el estudio desde el enfoque evolutivo – cognotivista, con las aportaciones principalmente de Piaget, Kohlberg y Gilligan (Paya Sánchez, 1996) que refiere principalmente a las etapas de desarrollo del ser humano para madurar su pensamiento moral.

Las aportaciones de Piaget en este sentido es principalmente el estudio de la moral desde el punto de vista clínico, distinguiendo la moral convencional de la moral racional, es decir, de ser esta una serie de reglas sociales impuesta al individuo externamente a una comprensión racional que guiará el comportamiento autónomo. Distingue dos etapas marcadas por el desarrollo del niño desde una moral heterónoma (6-9 años) a una moral autónoma (10-12 años) La moral heterónoma esta mas asociada con el deber ser que señalaba Kant, el respeto a las reglas sin asimilarlas como un comportamiento producto de razonamiento interno, más valorado por los resultados obtenidos que por la conducta mostrada. En cambio la moral autónoma esta asociada a la cooperación y contribución social asumida por el juicio autónomo que deja entrever el niño en su desarrollo moral.

Por su parte Kohlberg, retomando las etapas del desarrollo de estadios para el desarrollo cognitivo aportadas por Piaget, propone el desarrollo de seis estadios en el desarrollo moral, y no limita estos estadios a la preadolescencia como lo consideró Piaget, extiende las etapas hasta edades maduras. La principal diferencia entre estos dos enfoques es el objeto del desarrollo moral, mientras Piaget lo consideró como el aprendizaje de normal sociales, Kohlberg lo estudio desde el juicio moral enfrentando al sujeto al dilemas que mostrarán su comportamiento ante problemáticas morales en las diferentes etapas.

En lo que respecta a Gilligan, considerando su naturaleza femenina y apoyándose en las mismas etapas que propuso Kohlberg, explica en su teoría que la respuesta en el desarrollo moral de la mujer es diferente a los comportamientos en el desarrollo del hombre, señala como principal argumento que en el juicio femenino prevalece la solidaridad con sus semejantes por encima de valores como la igualdad y sus actitudes como respuesta a esa reacción son mas minuciosas en el cuidado y comprensión, contrario al hombre que tiene una prevalencia por el individualismo y mas despreocupado en la atención y cuidado de sus pares sociales.

Las principales críticas a los modelos de desarrollo evolutivo – cognotivista es la linealidad que observan sus etapas, no considerando la posibilidad de saltos evolutivos inmediatamente superiores o incluso etapas más lejanas que las próximas, además que encuadrar características de comportamiento de cada etapa que pudieran ser compartidas por otras no necesariamente subsiguientes, todo ello dependiendo de la madurez cognitiva del individuo.

Conclusiones

Los valores morales son guías del comportamiento social que los individuos independientemente de su contexto deben observar, como fines no tienen límites en su práctica, la axiología fenomenológica los describe como fines utópicos no concretados por personas o actos definidos, sino que esa misma naturaleza conlleva a magnificar con cada nueva acción la práctica de valores para una convivencia social mas fructífera.

Llevar a la práctica o comprender cualquiera de los modelos explicados no implica descartar a los otros, sino que tiene una finalidad mas amplia, ofrecer una visión extensa de cómo se puede mejorar el proceso de enseñanza – aprendizaje y actuar de forma consciente recurriendo a los otros modelos para ampliar el potencial educativo en el ámbito de los valores.

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*Profesor – Investigador de la Licenciatura en Sociología de la Comunicación y Educación de la Unidad Académica de Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Guerrero.