Revista Digital de Tecnologías de la Información y Comunicación. Vol. 3, No. 1. Trimestre enero-marzo de 2007. ISSN: 1870-7505  

El concepto de autonomía en Paulo Freire: un debate abierto

 Por: M.C. Rodolfo M. Bórquez Bustos(1)

 

La propuesta pedagógica crítica de Paulo Freire marcará los años sesentas y setentas, muchos educadores latinoamericanos hicieron suya estas ideas y creyeron que era posible cambiar no solamente los procesos e instituciones educativas, sino también la sociedad a favor de los que tienen menos.  Actualmente, bajo la plena dominación neoliberal-global, los sectores conservadores que postulan el paradigma único dominante centrado en la tecnología educativa2 bajo sus diversas formas, han señalado que la propuesta de Freire no tiene ninguna viabilidad.  Al contrario, nosotros pensamos que el pensamiento de Freire continúan siendo vigentes más que nunca, evidentemente si no tomamos sus postulados como dogma y si además nos situamos desde un horizonte posible, y a partir de una perspectiva ética a favor de los oprimidos, de los marginados, de los excluidos, de los que tienen menos.

Frente a los procesos de globalización-neoliberal que tiende cada vez más a presentarnos una visión homogénea del mundo, y que a nivel educativo se manifiesta principalmente bajo la forma de tecnología educativa, el pensamiento freireano constituye un rizoma muy amplio, con muchas salidas, abierto a un sinfín de alternativas destinadas a comprender y explicar los procesos e instituciones educativas, desde los límites, lo que nos permite ver la educación actual a través de un prisma no solamente cognitivo, sino gnoseológico. Situados en esta dimensión de ver “desde lejos” lo más profundamente posible, estamos en condiciones de cuestionar los parámetros dominantes y soñar con posibilidades distintas a los paradigmas conservadores.

Recordemos que el ser humano no es solamente homo sapiens, u homo faber, donde su actividad está controlada exclusivamente por la razón instrumental, sino también somos homo luden, somos seres simbólicos. Este aspecto subjetivo, dionisiaco, nos da la capacidad de asombro, de inventar lo no dado, lo no dicho, de construir lo no establecido, nos hace soñar en un sinfín de posibilidades y horizontes que desde una perspectiva “razonablemente cognitiva” no existe, nos empuja a romper con los límites impuestos por los parámetros dominantes, y nos hace ver desde lo hondo e inventar nuevas perspectivas o deconstruir lo que se creía verdadero y establecido de una vez para siempre.

A través de la extensa obra de Paulo Freire, se puede visualizar esa intencionalidad de pensar, en lo impensado. Freire escribe y propone desde el margen, desde lo inédito, desde un lenguaje libre de denotaciones que siempre marcan ciertos límites, él pasa de lo conocido a lo desconocido, a lo no pensado y propone salidas potenciales. En este pequeño texto analizaremos solamente una de sus tantas propuestas a la luz de su contrario, el modelo educativo basado en competencia, tan de moda en la actualidad.

Paulo Freire en diversos textos señaló que enseñar exige respetar la autonomía del educando, y que en su praxis éste debe ir tomando conciencia de su condición de oprimido, con el fin de cambiar sus circunstancias.  Desde esta perspectiva no basta que el analfabeto por ejemplo aprenda a leer gramaticalmente un texto, sino que debe aprender a leer su realidad para transformarla, es decir tomar conciencia, para que en un proceso de concientización cambie su realidad, esto quiere decir que los procesos educativos deben politizarse a favor de los oprimidos. Esta postura ética ante el mundo, conlleva a que el profesor y alumno tomen posición a favor de los marginados.

¿Qué consecuencia trae consigo una práctica educativa donde se le considere al alumno autónomo y donde el fin último sea que tome conciencia para cambiar su realidad de oprimido?   El resultado más evidente  es que éste puede pensar por sí mismo, esto ya constituye una revolución en un mundo regido por la racionalidad técnica, donde todo el quehacer humano está sustentado por ciertos parámetros dominantes que tienen como misión, impedir que cualquiera práctica social rompa con el orden dominante.  Dentro de esta lógica, la autonomía por ejemplo puede provocar como consecuencia procesos de creatividad, pero esta creatividad a su vez debe contribuir a reproducir las formas de dominación y no a romper con el poder que oprime, entendiendo al poder tanto en su dimensión micro como macro.

Este asunto constituye un núcleo en el pensamiento crítico de primera importancia, ya que muchos modelos conservadores sí contemplan la autonomía, pero esta autonomía siempre está suscrita a un espacio axiológicamente “neutral”, es decir despolitizado, donde el poder está excluido de todo análisis y cuestionamiento. Por ejemplo en el tan de moda paradigma de educación “basado en competencias” se contempla la creatividad, autonomía “la crítica” etc. Lo interesante sería indagar estas propuestas no desde lo cognitivo, -ya que en esta dimensión nadie razonablemente cuerdo se opone a la creatividad, o a la crítica “positiva”-, sino desde la gnoseología.

 Si así fuera descubriríamos que el discurso del paradigma del modelo educativo sustentado en competencia, tiene como fin último preparar en conocimientos, habilidades, valores, crítica etc., a estudiantes capaces a ser competitivos “en esta sociedad global del conocimiento”, todo esto suena tautológicamente de sentido común, siempre y cuando entendemos la realidad solamente en su aspecto cognitivo, es decir: en una sociedad donde el conocimiento constituye el capital más preciado, hay que preparar a los estudiantes a que obtengan dichas capacidades y/o habilidades.. Sin embargo si la entendemos desde una dimensión gnoseológica, descubriríamos que la “sociedad del conocimiento” es nada más ni nada menos el capitalismo en sus formas más genuinas, extensas y brutales, que para encubrirla se ha inventado los nombres de “sociedad global, del saber, del conocimiento” y así borrar de un plumazo su verdadero rostro de clase, apareciendo como neutra.

Los rasgos más destacados de esta sociedad, es que bajo la nueva ideología de la libre competencia, se tiende a concentrar globalmente la riqueza en unas pocas manos, la avaricia de las grandes empresas multinacionales están provocando una verdadera depredación ecológica que causa desequilibrios incontrolables en la naturaleza nunca antes visto, como es el recalentamiento global de la tierra, asimismo, los estados soberanos se debilitan,  se han creado instituciones con derechos supra nacionales que rigen el curso de cientos de países bajo las reglas del FMI, la OCDE y del Comercio Mundial. En esta sociedad del conocimiento, el empleo es cada vez más escaso, los derechos sociales como salud, educación, condiciones de trabajo, vivienda etc.,  están siendo fuertemente golpeados.

Es evidente que este paradigma al pretender exclusivamente preparar el “material humano” para la competencia laboral, habla o se constituye desde el discurso del poder dominante, no para cuestionarlo sino para reproducirlo, sostenerlo, reafirmarlo, en forma coloquial diríamos que lo actualiza a las actuales condiciones, lo moderniza. Lo interesante desde una reflexión gnoseológica sería preguntarse si por ejemplo la democracia, la propia competencia profesional o económica entendida generalmente de manera bélica como lucha, ayuda al desarrollo humano, precepto que constituye el fin último de todo proceso educativo. Este tipo de preguntas “impertinentes”, en el marco de este paradigma están vetadas, puesto que consideran que el mundo está “dado” y como está ya “dado” hay que adaptarse a las circunstancias, debatir desde lo más profundo del pensamiento, inevitablemente nos conduciría a cuestionar los propios fundamentos de sus postulados.

Esta crítica al paradigma de educación basada en competencia no debe ser interpretada de manera vulgar, como una negativa o cerrazón para adquirir conocimientos o ciertas habilidades, como son manejar una computadora o aprender inglés por ejemplo. De lo que se trata, es que tanto el profesor como el alumno deben cuestionar desde lo más profundo, la naturaleza del la sociedad en que se utiliza dicho conocimiento, al servicio de quien está, cómo este conocimiento reproduce las formas de dominación y principalmente, de qué manera podemos contribuir para que este orden que aparentemente es inmutable, dado de una vez para siempre, pueda ser modificado a favor de los que sufren la opresión de un sistema injusto, ya que están excluidos de todas “las delicias” del libre mercado. La respuesta en los sectores conservadores siempre es la misma: “esta postura es un sueño, el mundo y la vida es así, no es posible el cambio en estos términos, siempre habrán pobres y ricos”. En este sentido tenemos que ir en contra corriente, y Freire fue uno de ellos que se atrevió a cuestionar y proponer salidas posibles.

En el marco de la pedagogía crítica impulsada por Freire, no basta con ser crítico y creativo. La autonomía que constituye la primera condición para la crítica, debe estar centrada en la politización de los procesos de enseñanza aprendizaje, en la búsqueda desde la gnoseología de horizontes utópicos posibles, en la comprensión de que todas las formas de poder siempre trae consigo formas de opresión, y en la búsqueda permanente del camino hacia procesos de concientización, que liberen a los oprimidos de sus condiciones de miseria y sobre todo que la realidad nunca está cerrada de una vez para siempre, el mundo está siempre dándose y en ese fluir está abierto a la construcción de diversas posibilidades, la realidad ha sido y será siempre así.

CITAS

1 Sociólogo de la Unidad Académica de Ciencias Sociales, de la Universidad Autónoma de Guerrero.
E-Mail rborquezbustos@yahoo.com.mx

 

2 Entendemos la tecnología educativa como el proceder sustentado en la racionalidad técnica caracterizada principalmente por la  pretensión del control del pensamiento, mediante cierto cálculo y predictibilidad.  Específicamente a nivel educativo uno de sus rasgos más sobresalientes, se manifiesta en el “cumplimiento de los objetivos señalados en el programa”, control que debe ser verificado por exámenes u otro tipo de evaluaciones, que nos permita medir qué tanto aprendió el alumno. Este proceder crea las condiciones para un supuesto “control” de las incertidumbres. La creatividad o crítica en el marco de la tecnología educativa, tiene que estar limitada a este orden sustentado en el principio de control. De esta manera la autonomía, creatividad o crítica, debe estar sujeta a estos márgenes, impidiendo así que se cuestione  las diversas formas de poder y dominación, ya que ello se encuentra fuera del control racional técnico.