Revista Digital de Tecnologías de la Información y Comunicación. Vol. 2, No. 2. Trimestre abril-junio del año 2006

 
ANTECEDENTES DE LA ELABORACION DE UNA POLITICA PARA LA EDUCACION Y CULTURA AMBIENTAL SUSTENTABLE EN MEXICO.
MC. José Sales Nava*

 

INTRODUCCIÓN

El presente artículo, forma parte de un trabajo de investigación que tiene como  propósito abordar el tema de la educación ambiental en la micro región de Coyuca de Benítez Guerrero, México; esto,  a partir del quehacer de la escuela y la educación formal en la contribución al desarrollo de una cultura ambiental sustentable en estudiantes de bachillerato.Al respecto, es importa señalar que el contenido de este articulo esta incluido en la fundamentación teórica del tema de educación ambiental sustentable, en el que presentamos una análisis que va de lo general a lo particular; esto es, partimos de un balance histórico de las políticas para la educación y cultura ambiental sustentable en México, Guerrero y la micro región de Coyuca de Benítez. Esta última y las escuelas del nivel medio superior son el objeto central de nuestra investigación. 

 1.- Los problemas ambientales en México y su intento en la conservación de la naturaleza y los ecosistemas. Un balance histórico

.En el mundo moderno, todos tenemos el derecho de vivir en un ambiente de calidad; los pueblos y las naciones tienen el derecho fundamental de disfrutar de un ambiente sano y ecológicamente equilibrado que pueda garantizarles las mejores condiciones para su pleno desarrollo colectivo e individual.La idea de mejorar las condiciones prevalecientes en el ámbito ecológico, ambiental y de conservación de la naturaleza para el desarrollo equilibrado en nuestro país, nos lleva necesariamente al análisis de las diferentes etapas que registran los intentos que se han dado para atender esta problemática; es decir, es necesario recurrir al pasado para ordenar el presente y prever el futuro, estimulando la conciencia de la relación entre el bienestar y el desarrollo sustentable en equilibrio con la naturaleza. Es claro que no podemos entender ni explicar la problemática ambiental de nuestro país al margen del contexto internacional, en este sentido de acuerdo con la Secretaría del Medio Ambiente, Recursos Naturales y Pesca (SEMARNAP-1996: 31 y ss), la política ambiental y de manejo de recursos a nivel mundial puede agruparse en tres etapas principales:

  • El enfoque correctivo. Las acciones se centran en el combate a la contaminación y deterioro de los recursos. Se trata de una política desarrollada durante la década de los setenta.
  • El enfoque de gestión de  recursos naturales y de sistemas naturales. Se  inicia a principios de la década de los ochenta, aunque mezclado con la acción correctiva.
  • La política preventiva. Se inicia hacia finales de la década de los ochenta y se encuentra en una etapa de nuevas formulaciones. Se mantienen estrategias de los dos enfoques anteriores.
En este sentido, aunque con algunos años de diferencia, la política ambiental y de manejo de los recursos en México está acorde con la periodización anterior, aunque presenta elementos específicos propios, derivados de sus estilos administrativos y de los cambios ocurridos dentro de las políticas y estructura gubernamental. Por tanto, al igual que en la mayoría de los países, la política ambiental y del manejo de los recursos  en México es resultado de un conjunto de complejos factores, destacándose el incremento de la preocupación internacional y nacional por el deterioro del ambiente como consecuencia de los procesos de industrialización, sobreexplotación y urbanización que cobraron fuerza en el periodo de la posguerra, así como de las críticas a los modelos de desarrollo.Según Anthony Challenger (2001: 61 y ss), el primer antecedente que nos pone en contacto con los esfuerzos realizados en México para conservar nuestros recursos naturales, lo encontramos en el siglo XIX, en el año de 1876 bajo la presidencia de Sebastián Lerdo de Tejada, quien tenía el firme propósito de mantener los bosques que existían, expropiando los terrenos comprendidos en la región conocida como Desierto de los Leones en las inmediaciones de la capital de la República, dada la importancia de los manantiales de dicha zona, ya que éstos surtían del vital líquido a la Ciudad de México, haciendo necesario procurar su conservación y reconociéndose formalmente que conforman un patrimonio que pertenece a todos los mexicanos.En el siglo XX, el día 15 de noviembre de 1917, mediante Decreto Presidencial, publicado en el Diario Oficial de la Federación el día 27 de ese mismo mes y año, y por considerar que es un deber del Ejecutivo Federal cuidar y fomentar los bienes nacionales, especialmente los bosques cuya conservación es de interés público; la belleza natural de sus paisajes; el alto interés histórico de las ruinas que en él se encuentran, así como su proximidad con la capital de la República y su potencial vocación como centro de recreo, se declaró como Parque Nacional, una superficie de 1529 hectáreas que comprendía el terreno propiedad nacional ubicado en la municipalidad de Cuajimalpa, Distrito Federal, conocido como el Desierto de los Leones.Con la declaratoria anterior, se inició oficialmente en México el establecimiento de diversos parques nacionales, que en esencia son la primera semilla y por ende el antecedente virtual de lo que hoy conocemos bajo la denominación de áreas naturales protegidas.Caravias y Provencio (1994: 399) proponen una cronología interesante respecto a la evolución que ha tenido en México el desenvolvimiento de la política ambiental, remitiéndose concretamente a la década de los setentas como el inicio de una primera etapa que culmina en 1982, y que esta relacionada fundamentalmente con los problemas de salud pública y, una segunda etapa que va de 1983-1993 caracterizada por un cambio importante en la política ambiental institucional. De acuerdo con su propuesta, sostienen que en los setentas se ubica  el antecedente histórico más reciente con respecto a los problemas ambientales en nuestro país; en esta etapa, la problemática ambiental quedo incluida en las políticas de Estado. Además, destacan que en esta época, desde el punto de vista político-social, muchos grupos de ciudadanos se sumaron en la demanda de una mejor calidad de vida y se crearon decenas de grupos ecologistas con intereses, ideologías y demandas muy diversas, lo que dio forma a un movimiento social cada vez más interesado en las políticas ambientales.Otro de los factores que proporcionó un mayor interés público y una alerta social por el deterioro ambiental en esta etapa, fueron los efectos negativos de la exploración y explotación petrolera y la petroquímica a fines de los años setenta y principios de los ochenta en diversas regiones del país, pero sobre todo en el sureste. Otros daños más silenciosos tuvieron graves consecuencias en lagunas costeras, tierras de cultivo y ríos, con lo que ecosistemas enteros se vieron afectados.Es importante destacar que aunque con ciertas deficiencias, es en esta etapa donde se comienza a establecer lo que representa una verdadera política ambiental mexicana, que sentó las bases para que actualmente contemos con un cuerpo de instituciones, leyes, reglamentos, normas, programas e instrumentos que en conjunto significan un avance considerable, pero que todavía se encuentran desvinculados de una estrategia general de desarrollo, dado que, la orientación general en esta etapa fue más bien la corrección de los efectos ambientales de la estrategia de desarrollo, sobre todo en el área de la salud, los asentamientos urbanos y la contaminación generada por algunas actividades productivas.Con respecto a la etapa que va de 1983-1993, es importante resaltar el hecho de que el manejo institucional del tema ambiental rebasó el limitado marco de la salud en el que surgió, y con ello se abrió a partir de 1983 otra etapa de la política ambiental mexicana. Se dio un salto en su atención, ensanchando los horizontes de la temática ambiental al incluir, además del control y prevención de la contaminación, los temas de la restauración ecológica, ordenamiento territorial, conservación, aprovechamiento y enriquecimiento de los recursos naturales y formación de una conciencia ambiental. El cambio, se expresó no sólo en la orientación, sino también en el diseño institucional y posteriormente en la legislación y la reglamentación, y significó también un avance en los instrumentos aplicados por la política ambiental.En esta etapa, se registran un sinnúmero de estrategias organizadas de manera institucional mediante la creación de una serie de programas a través de  instituciones públicas encargadas de implementar las políticas ambientales desde  el aparato de Estado. Así, con estos temas quedó incorporado un capitulo de ecología en el Programa Nacional de Desarrollo (PND1983-1988). Se creó la Secretaría de Desarrollo Urbano y Ecología con una Subsecretaría de ecología encargada de plantear y dirigir la política ambiental, para lo cual debía establecer criterios ecológicos, determinar normas y formular programas para conservar, preservar y restaurar el ambiente, vigilando la aplicación de las normas y programas (Ley Orgánica de la Administración Pública Federal, 1982). El documento rector de la política ambiental fue el Programa Nacional de Ecología (PNE 1984-1988), elaborado por la Subsecretaría de Ecología (Poder Ejecutivo Federal, 1984). Las estrategias y metas del PNE incluyen aspectos correctivos, como el control de la contaminación y la restauración ambiental, y preventivos, como el ordenamiento territorial, conservación y aprovechamiento de los recursos naturales y la educación ambiental.El cambio sexenal de 1989 no tuvo modificaciones importantes en política ambiental, aun cuando las manifestaciones de la degradación ecológica fueron más patentes, como lo habían expuesto los dos primeros informes oficiales sobre ambiente en México entre 1986-1988.El año de 1992, significo para México una especie de transición para muchos aspectos y también en su política ambiental al firmar los acuerdos emanados de la cumbre de Río en la cual, se constituye un plan de acción mundial en materia ambiental frente a los desafíos del siglo XXI. El espíritu de la Agenda 21 fue convocar al más decidido esfuerzo mundial hacia la integración de la protección ambiental con el desarrollo, para dar respuesta a las necesidades básicas del presente, con la mira puesta en un mejor futuro; México suscribió este documento, adquiriendo el compromiso de elaborar su propia propuesta en la forma de un programa especial denominado Programa para Atender la Agenda del Desarrollo Sustentable, bajo la coordinación de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT). Se trata de un programa que involucra a los diversos sectores gubernamentales para su formulación y cumplimiento.Como puede observarse, en nuestro país hubo una notable sensibilización pública alrededor del tema ambiental, determinando la creación de la Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL 1992), que propiciaba un marco institucional más articulado entre las políticas social y ambiental. Estos cambios implicaron que la Subsecretaría de Ecología se reorganizara en dos órganos desconcentrados de la SEDESOL: la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA) y el Instituto Nacional de Ecología (INE). La primera vigilaba, inspeccionaba y verificaba el cumplimiento de la normatividad, así como de los correctivos y sanciones aplicables a las violaciones de la misma. El INE, con la encomienda de la formulación y expedición de las normas y criterios ambientales, así como de la evaluación y dictamen de las manifestaciones de impacto ambiental, de la administración de las áreas protegidas, que no se encuentren bajo la responsabilidad de otras dependencias, o del ordenamiento ecológico del territorio.Asimismo, para atender los asuntos relativos a la biodiversidad nacional, el 16 de marzo de 1992 se creó, por acuerdo presidencial, la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO). Al respecto, Caravias  y Provencio (SEMARNAP, 1993: 34), hacen una caracterización crítica de la política sobre medio ambiente y manejo de recursos en estas dos décadas:
1. La atención a los problemas ambientales tanto por el Estado como  por la sociedad es tardía y se inicia cuando el deterioro es ya un hecho consumado.
2. La política ambiental ha ocupado un espacio marginal dentro de las perspectivas de desarrollo nacional y ha tenido niveles de bajo rango y con muy poca incidencia en el resto de las instituciones.
3. La política ambiental elude los aspectos productivos y se orienta y enfatiza más a los correctivos de la contaminación urbana y a la conservación de la naturaleza. Las acciones preventivas en el manejo y uso de los recursos han sido relegadas. Las políticas de uso de recursos están diseñadas al margen de los criterios ambientales, de manera sectorial. Además no se apoyan en un cuerpo de conocimientos científicos.
4. No ha habido una preocupación sistemática y seria por monitorear y evaluar los efectos del desarrollo en los recursos y sus ecosistemas.
5.- La ecología se ha percibido y transmitido como una limitante del desarrollo más que como un potencial para el mismo. En parte por esta razón no se ha intentado, de forma seria y sistemática, diseñar y aplicar programas en los que los objetivos ambientales sean compatibles con los de superación de la pobreza....se han aplicado programas que han contribuido decisivamente al deterioro del ambiente y a la degradación de los recursos, pero en muchos casos con resultados insatisfactorios para combatir la pobreza.Por otro lado, en épocas más recientes en México se consideran a las políticas ambientales como un componente fundamental de la estrategia económica de tal manera que de acuerdo con Provencio (1995: 65 y ss), cuando se constituye el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica, se establecieron acuerdos paralelos sobre medio ambiente. Con este acuerdo, México, Canadá y Estados Unidos por primera vez en la historia de los acuerdos comerciales introducen un componente ambiental. Para alcanzar este objetivo se acordó desde un inicio incluir en el Tratado disposiciones ambientales tales como:
  • Preeminencia de los tratados internacionales en materia ambiental (CITES, los Protocolos de Montreal y Basilea) acordados por las partes sobre las disposiciones del TLC.
  • Compromiso de las partes de no disminuir sus normas ambientales con el objeto de atraer inversiones.
  • Respeto a los derechos de cada país para determinar sus propios niveles de protección ambiental.
Posteriormente, en el mes de septiembre de 1993, se estableció el Acuerdo de Cooperación Ambiental de América del Norte. Es en el marco de este acuerdo que se crea la Comisión de Cooperación Ambiental de América del Norte cuyos objetivos son:
  • Alentar la protección y el mejoramiento del medio ambiente para el bienestar de las generaciones futuras;
  • Promover el desarrollo sustentable;
  • Incrementar la cooperación entre las partes en materia ambiental; y
  • Promover la participación de la sociedad en la elaboración de leyes y políticas ambientales.
La Comisión, con sede en Montreal, quedó instalada el 26 de julio de 1994, con un presupuesto de 9 millones de dólares para 1995 y un programa de trabajo diseñado para la realización de actividades de cooperación en: conservación y protección de ecosistemas; estudios comparativos de leyes y reglamentos ambientales; prevención de la contaminación; instrumentos de política para el desarrollo de la capacidad tecnológica; y asuntos ambientales fronterizos.El 28 de diciembre de 1994 se publicó en el Diario Oficial de la Federación el decreto que establece los asuntos que corresponde atender la nueva Secretaría de Medio Ambiente, Recursos Naturales y Pesca (SEMARNAP). De esta manera, en el Plan Nacional de Desarrollo 1995-2000 se consideran las políticas ambientales como un componente fundamental de la estrategia económica de nuestro país. En el apartado de Política Ambiental para el Desarrollo Sustentable, el Plan Nacional de Desarrollo describe sistemáticamente las principales líneas de política institucional que corresponde ejecutar a la SEMARNAP en este periodo:
  • Las políticas y acciones en materia de medio ambiente y recursos naturales se sustentarán en nuevos esquemas de corresponsabilidad y de participación social, mejorando la información a  la sociedad y fortaleciendo las actuales formas de corresponsabilidad ciudadana en la política pública.
  • El éxito de estas estrategias dependerá de la conformación de una cultura de prevención, aprovechamiento sustentable de nuestros recursos y mejoramiento de la calidad de vida, planteada como una de las principales tareas compartidas entre Estado y sociedad, donde se privilegien la educación, la capacitación y la comunicación.
  • Detener los procesos de deterioro es urgente, así como promover medidas para recuperar las áreas críticas. Para ello y además de las acciones dirigidas a fortalecer la capacidad de generación de los bosques y de nuestros recursos pesqueros, de recuperar la calidad del agua y de los suelos, sobre todo en el caso de algunas cuencas hidrológicas.

En la actualidad, se mantiene viva la idea de afrontar los desafíos del futuro de manera armónica con la naturaleza. En el Plan Nacional de Desarrollo 2001-2006 se establece que uno de los objetivos fundamentales que se pretende alcanzar es el desarrollo social y humano armónico con la naturaleza, lo que implica fortalecer la cultura de cuidado del medio ambiente para no comprometer el futuro de las nuevas generaciones. Para la consecución de este objetivo el Plan Nacional de Desarrollo prevé diversas estrategias, entre las que destaca la protección y conservación de los ecosistemas más representativos del país y su diversidad biológica, especialmente de aquellas especies sujetas a alguna categoría de protección. Se plantea además que, la responsabilidad respecto a  la protección del equilibrio ecológico debe ser asumida tanto por las autoridades como por los particulares, y que en este sentido el Estado tiene el deber de fortalecer la conciencia ecológica, teniendo en cuenta que uno de los propósitos de la participación ciudadana en acciones de conservación es reorientar la relación entre la sociedad y la naturaleza.En este escenario, es importante señalar que, paralelamente a las políticas ambientales instrumentadas desde la estructura gubernamental, se vio un aumento en el número y actividad de los organismos no gubernamentales que, de manera importante contribuyeron y siguen contribuyendo enormemente a la asimilación social de las preocupaciones ambientales; sin embargo, como agrega Provencio (1995: 68), este auge ha estado altamente permeado por una cultura de antigobiernismo y por prácticas de un activismo centrado en las respuestas rápidas; el rezago general en la conformación de una cultura de corresponsabilidad en la atención de los problemas públicos.


 2.- Los Orígenes de Educación Ambiental en México.

De acuerdo con las definiciones de la UNESCO, la educación ambiental permite reconocer valores y conceptos con el fin de crear habilidades y actitudes necesarias para comprender y apreciar la relación natural y social entre el hombre y su medio biofísico circundante, a tiempo que le da posibilidades de crear normas y códigos de comportamiento para lograr el mejoramiento de la calidad ambiental. En México, el interés mostrado por mejorar la calidad del medio ambiente y alcanzar una mejor calidad de vida, se traslada al ámbito educativo en situaciones particulares que lo enlazan en los grandes problemas globales dado que, la problemática generada por el impacto humano sobre el medio ambiente, sobre todo en el siglo XX, es un preludio de amenaza universal que sólo podrá encontrar soluciones mediatas e inmediatas cuando traspase las fronteras de la burocracia en oficinas, cámaras legislativas, y se involucre de manera estructural y organizada a las escuelas y los sistemas educativos prevalecientes e institutos de investigación y se promueva en grupos civiles, además, el conocimiento y la conciencia objetiva de las medidas viables para enfrentar esta conflictiva situación mundial.En nuestro país, de 1972 a 1992 el trato que se le había dado a los problemas ambientales quedaba circunscrito básicamente a las acciones organizadas por las agencias gubernamentales encargadas de estos temas, dejando poca responsabilidad al sector educativo y escolar aunque, si bien es cierto que en cada uno de los planteles educativos considerados (preescolar, primaria, secundaria y normal) se incluyen contenidos ecológicos en sus materiales didácticos y se promueven actividades en este sentido, su orientación quedaba sujeta a una visión biologista del problema, dado que, sólo se pensaba en la ecología en términos de la preservación de un escenario natural espectacular y de la especie exótica o, en el mejor de los casos, como elemento contingente de la salud; no contribuyendo con esto a la solución integral del mismo. Así, teniendo como antecedente una creciente deforestación, la disminución de la flora y la fauna, la intensa sobreexplotación del agua, la grave contaminación de las zonas urbanas, y la incapacidad para absorber los desechos industriales urbanos, entre otros problemas, de 1992 a la fecha, se le ha dado un viraje interesante al tema; se parte de la idea de que la restauración y la protección de los ecosistemas y los recursos naturales deberán asumirse desde una perspectiva integral; es decir, desde una perspectiva social, económica, política, cultural y educativa. En este sentido, de acuerdo con González Gaudiano (1993: 78) dentro del campo de la educación formal, se requiere un reconocimiento pleno de que la educación ambiental debe constituir un componente esencial de los procesos escolarizados a todos los niveles, y no sólo asumirse como un interés sectorial. Por tanto, considerando que México es un mosaico de culturas y condiciones ecológicas y que, las soluciones a la problemática ambiental dependen en gran medida de la participación activa y consciente de todos los sectores de la población, se hizo una necesidad impostergable el realizar acciones de educación ambiental, a través de un proceso continuo y permanente que se inicie en los grados de preescolar y siga a lo largo de las diferentes etapas del sistema educativo formal e informal, hasta alcanzar los niveles medio superior y superior. Con planteamientos de esta naturaleza, se van definiendo posturas en el sentido de que, al igual que en otros países del mundo, en el nuestro, la educación ambiental debe convertirse en un paradigma importante que tienda a instrumentarse en todos los niveles educativos con orientaciones perfectamente delimitadas. Así, por ejemplo, Vázquez Torres (2001: 281) nos dice que en nuestro país, en el campo educativo; el biólogo y conservacionista Enrique Beltrán, aparte de temas ecológicos se propone manejar una “educación formal” y otras de tipo “no formal”, con respecto a la problemática ambiental; propone también que se cambien los programas educativos y se trate de incidir en todos los sectores, considerando las necesidades de particularizar en cada caso según los intereses específicos de cada grupo social participante. Bajo esta perspectiva de cambios y transformaciones, algunos profesores del sistema educativo nacional plantean que la educación elemental debe ser más formativa que informativa y, anticipan la necesidad de que el educando “aprenda a aprender” como una alternativa para que durante toda su vida, dentro y fuera de la escuela, organice sus observaciones por medio de la reflexión y participe responsable y críticamente en la vida.González Gaudiano (1993:45 y ss), como ponente en el coloquio denominado “Marco referencial de trabajo: una historia, múltiples mediaciones”. Elementos para el desarrollo de la educación ambiental en México, organizado por la Universidad de Guadalajara-Fondo Mundial para la Naturaleza (FMN), realizado en Guadalajara; expone de manera importante cuales han sido los avances y obstáculos que han prevalecido en México respecto a la educación ambiental y, nos dice que pronunciamientos como los expuestos con anterioridad, destacan la necesidad de que las acciones educativas y escolares se diseñen en función de las características del entorno económico, social, ecológico, cultural y de la actividad del sector o grupo al que vayan dirigidas; que se inscriban de manera articulada dentro de un programa permanente; que se canalicen, no tanto a niveles masivos, como a pequeños grupos que puedan constituirse en multiplicadores, en promotores de cambio de sus comunidades o ámbitos de acción, creando las condiciones para que puedan participar en la resolución de los problemas ecológicos, al alcance de sus posibilidades, partiendo de la valoración de sus recursos locales y de la necesidad de modificar aquellas pautas de consumo negativas o sustantivas de su identidad cultural; y, establece tres líneas de acción: formal, no formal e informal.En relación a la educación ambiental formal, nos  plantea que es aquella que se refiere a la promoción de la incorporación de la dimensión ambiental en la estructura curricular en los distintos niveles del Sistema Educativo Nacional, de manera interdisciplinaria con las otras áreas de conocimiento. Asimismo, abarca la promoción de la formación de cuadros profesionales especializados en las diversas áreas vinculadas con la gestión ambiental. Por lo tanto, de acuerdo con este autor,  las áreas prioritarias de la educación ambiental formal son:

  1. La Investigación…… Con esta actividad, es necesario ampliar y reforzar el conocimiento disponible en relación con la educación ambiental desde el espacio  escolar.
  2. Formación y actualización docente. Esta es una prioridad de primer orden. Sobre todo si  se trata de proyectos enfocados a establecer la relación de contenidos ambientales-tratamiento didáctico y no sólo proporcionar información. ….Todo proyecto de innovación escolar, por muy bien planteado que se encuentre, culminará en un fracaso si no se contempla la necesidad de capacitar al personal docente que se encargará de su instrumentación.
  3. Metodología de enseñanza. Área comprensiblemente desatendida, ya que la educación ambiental en la escuela se ha planteado, con demasiada frecuencia, como la incorporación de contenidos al currículum. Pretender educar en lo ambiental restringiéndose el estrecho espacio del salón de clases y empleando las tradicionales formas de enseñanza, es como invitar a alguien a cenar y ofrecerle recetas de cocina. Es preciso recuperar para la educación ambiental un conjunto de principios pedagógicos asociados al empleo del juego y la imaginación (cuento, teatro, dibujo, etcétera) y el desarrollo de la capacidad de asombro, como los métodos naturales de aprendizaje, sobre todo para despertar un mayor interés en los estudiantes en sus diferentes niveles.
A nivel metodológico se requiere impulsar propuestas dirigidas a trascender los muros de la escuela y conectar a los estudiantes con los procesos naturales  en los propios lugares en los que ocurren.En México y América Latina en general, es fundamental impulsar la formación de hábitos de formación intelectual y atender el trabajo colectivo escuela-comunidad a través de problemas reales. Este es un reto que debe enfrentarse de forma metodológica.
  1. Diseño curricular. Un área sumamente compleja por el conjunto de determinaciones y mediaciones que concurren….Es muy común reducir la intervención en el área del currículo a la recomendación de una asignatura sobre temas ambientales (por lo general ecológicos). No existen experiencias integrales que atiendan la propuesta internacional de incorporar horizontalmente la dimensión ambiental en los distintos espacios del currículum.
  2. Evaluación. Es importante el desarrollo de proyectos orientados a generar propuestas de evaluación no tanto en relación con la adquisición de aprendizajes específicos, para lo cual se pueden emplear estrategias disponibles, sino en especial sobre procesos asociados con la formación de hábitos y actitudes desde el contexto escolar.
  3. Materiales didácticos. En este aspecto se apunta hacia la elaboración de materiales de carácter interdisciplinario, apoyando simultáneamente varias asignaturas. Así el material didáctico también favorece la integración conceptual y la flexibilización del currículo y no sólo responde a las prescripciones programáticas como generalmente ocurre”.

Sobre el campo de la educación ambiental no formal en México, este autor sostiene que es un espacio difuso, que presenta ambigüedades teóricas y políticas, las cuáles convalidan la diversidad de enfoques y tendencias existentes. En general, la educación no formal es relativamente reciente en Latinoamérica, ya que los programas institucionales comenzaron a cobrar impulso a partir de los años cincuenta, remitiéndose hacia aquellos sectores poblacionales que habían tenido un precario acceso a los sistemas educativos escolarizados, fundamentalmente en las áreas de educación para adultos y capacitación para el trabajo.En este contexto, la educación ambiental no formal deviene prácticamente en un campo pedagógico en construcción, que aún no logra definir alcances y estrategias, dado el amplio espectro poblacional, en un país con tal diversidad ecológica y cultural.Lo relativo a la educación ambiental informal, se ubica principalmente a través de un creciente número de publicaciones periódicas, medios electrónicos como la Televisión, video, radio etc.,  con orientaciones y características variadas, que contribuyen a informar y formar opinión sobre distintos tópicos ambientales.Como puede observarse, los avances logrados en México en los campos de la educación ambiental formal, no formal e informal, si bien son incipientes es necesario tomarlos en cuenta en la formulación de una estrategia que pretenda la consolidación de dichos campos en aras de lograr una conciencia ambiental acorde a las necesidades de nuestro tiempo sin trastocar las del futuro inmediato.En lo que respecta al ámbito escolar, es necesario promover, como parte de lo cotidiano, actividades específicas de educación ambiental que permitan a los escolares mantenerse agrupados en torno a sus intereses.Respecto a las características de la formación profesional de los educadores ambientales se plantea que es un asunto que no puede pasarse por alto, sobre todo por las distintas tendencias existentes dentro del campo, la principal de las cuales consiste en una sobredosis de información de lo ecológico y una deficiencia sustantiva en el componente socio pedagógico. Por lo tanto, la instrumentación de una educación ambiental integral, nos conlleva a la imperiosa necesidad de:
….extender entre los educadores ambientales una concepción más crítica de la educación, que dé cuenta de la estrecha relación entre el conocimiento y el poder que asuma, por ejemplo, a las escuelas como espacios no sólo de reproducción y transmisión, sino como centros de producción cultural y política con posibilidades de contrarrestar la legitimación de determinadas formas de lenguajes, de estilos, de aprendizajes, de experiencias, una educación donde, en palabras de Giroux (1990: 110) el, conocimiento  no se estudie por sí mismo, sino como una mediación entre el individuo y una realidad social más amplia. Es decir, una educación ambiental que no difunda explicaciones sobre los problemas y asigne el lugar particular de cada quien en la compleja trama de los mismos;  sino que abra la oportunidad de que el sujeto de la educación formule sus propias interpretaciones  y encuentre su posición en la urdimbre de factores que componen el mundo.
Toda educación implica la transformación de una concepción de la realidad, del mundo, de sí mismo, etc.,  ....en cada época existen concepciones y supuestos en conflicto, la educación ambiental, en este específico momento histórico, debe partir esencialmente de comprender cómo se producen y se regulan las formas culturales, políticas y económicas dominantes que determinan la relación sociedad-naturaleza, la relación individuo-naturaleza; de comprender los mitos, las creencias, las ideologías y los procesos sociales que sitúan a los sujetos en lugares previamente identificados en función de su clase, raza y género, y que orientan su pensamiento y acción. Ello permitiría entender por qué se responde y cómo ante mensajes ambientalistas que se ciernen sobre la gente; o por qué no se encuentra la respuesta esperada ante mensajes investidos de formas culturales valoradas que evocan condiciones de vida presuntamente deseadas.
Necesitamos evitar que la educación ambiental se convierta en la pedagogía del no. La educación ambiental debe estar asociada a una pedagogía de la posibilidad, de la esperanza, para poder canalizar a través de ella procesos pedagógicos más democráticos y menos coercitivos. Es decir, una pedagogía de la convicción y del compromiso: una pedagogía de la libertad y de la justicia; de la colaboración y comprensión. De acuerdo con estos planeamientos, es necesario crear condiciones educativas, jurídicas, organizacionales y políticas para exigir que, sociedad y gobierno, canalicen más energías y más presupuestos para educación y medio ambiente.  

3.- La educación ambiental en el nivel medio superior y superior en México

Es evidente que la contaminación, los asentamientos humanos, el transporte, la pobreza extrema, la energía, la conservación de recursos biológicos o genéticos y la apropiación de los recursos naturales, generan la demanda de nuevos conocimientos, nuevos enfoques, metodologías y conceptos, nuevas formas de organización del trabajo científico y tecnológico, así como nuevos diseños curriculares y programas de estudio en todos los niveles de escolaridad existentes en el país. Sin embargo, según Leff (1994:70) de acuerdo con un diagnostico realizado en 1985 sobre los programas de formación ambiental a nivel universitario en América Latina, mostró que, sobre todo en el campo de las ciencias sociales, ha habido mayor resistencia para transformarse e incorporar la dimensión ambiental en sus programas, cátedras, prácticas y cursos ambientales en ciencias sociales, de tal manera que pasemos de la formación de una conciencia social sobre los problemas ambientales a la producción de nuevos conocimientos, nuevas técnicas y nuevas orientaciones en la formación profesional, lo que constituyó uno de los grandes retos para la educación superior en la última década del siglo XX y, que sigue siéndolo en los principios del presente siglo.A pesar de esa resistencia manifiesta, a nivel medio superior y superior, encontramos que en el caso de la educación media superior, que contiene una complejidad especial debido a la gran diversidad de planes y programas de estudio que lo integran, como antecedente, tenemos que en 1989, la SEDUE convino con el CESU de la UNAM, sobre la realización de un estudio evaluativo que comprendería nueve modalidades de educación media superior, con objeto de obtener información en relación a la dimensión ambiental en cada una de ellas y poder determinar, consecuentemente, las medidas más apropiadas para fortalecer estos aspectos en el quehacer educativo. El estudio concluyó en 1990 y sus resultados se presentaron a representantes de las instituciones involucradas en el estudio y a otras instituciones de este nivel en lo que fue el “II coloquio sobre Ecología y Educación Ambiental. La educación media en debate”, realizado en México, D. F., el 16 de Octubre de 1990; y, en sus conclusiones se planteo:
1. Pugnar por la incorporación de la dimensión ambiental en los diferentes currícula de las instituciones de nivel medio superior y superior.
2. Fomentar y motivar la participación del personal docente en grupos interdisciplinarios que se aboquen al estudio de los problemas ambientales.
3. Impulsar la realización de cursos de capacitación y actualización docente en formación y problemática ambiental.
4. Impulsar la interacción de las instituciones educativas del nivel medio superior a fin de impulsar la formación ambiental.Sin embargo, cabe la observación de que, así como hay prioridades en la educación ambiental, de manera critica encontramos que el principal obstáculo para la incorporación de la dimensión ambiental en el currículo universitario se localiza en las resistencias institucionales, aunque también los planos epistemológico y teórico-metodológico requieren más investigación para esclarecer las formas de incorporación de la dimensión ambiental en los distintos campos del conocimiento, a partir de una transformación de sus paradigmas prevalecientes. Como puede observarse, el campo de la educación ambiental en México es relativamente nuevo y ofrece múltiples facetas, se vincula con los más diversos contextos, por lo tanto, como todo campo en construcción, implica que casi todo esta por hacerse y; para ello, de acuerdo con Vázquez Torres (2001:283) habría que enfrentar los siguientes problemas:

  1. Aún es incipiente en todos los niveles: en cualesquier currícula de estudios, apenas comienza a integrarse (como es el caso de ciertos sectores de la educación secundaria, donde se incluyó como asignatura la educación ambiental). Sin embargo, existen ya en México especialidades, diplomados y postgrados en áreas como la ingeniería ambiental, ingeniería en sistemas ambientales., psicología ambiental, arquitectura ambiental, etc.
  2. Actualmente, en todos los programas escolares deberá formularse el concepto de educación ambiental e incluirse como núcleo de estudios: esto, en México, apenas está plasmado en el papel y sus posibilidades reales de funcionamiento son aún muy inciertas.
  3. Los libros de texto locales que debieran tocar estos temas desde la primaria, secundaria, bachillerato, etc., aún no han sido elaborados, o apenas comienzan  a elaborarse.
  4. Los educadores y profesores del sistema educativo nacional introducen- más por voluntad propia que por interés institucional- la temática de la educación ambiental, ya que ésta no se haya definida ni integrada en los programas y planes de estudio en los diversos niveles educativos.
  5. A escala familiar y en los medios de comunicación masiva, no hay ninguna orientación seria y permanente a este respecto.
  6. Nuestra propia apatía ante la educación ambiental frena la posibilidad de conocimiento, concientización  y acción en el terreno de la protección y mejoramiento del ambiente.
  7. Por último, los estudiosos del tema se empeñan en discutir cuestiones teóricas y semánticas que no se materializan en avances concretos.

Es claro que la problemática descrita, no podrá  encontrar una solución posible si no se asume un compromiso social, en el que de manera responsable todos los integrantes de la sociedad civil y política en nuestro país, actuemos de manera consciente y consecuente con la naturaleza. Es necesario asumir el rol que a cada uno corresponde para generar nuevos valores que nos conduzcan a la conformación de una ética ambiental responsable; pues, en una cultura avanzada, todos, absolutamente todos y todo, sin excepciones de ningún tipo, tenemos derecho de existir y a convivir en fraterna armonía entre los seres humanos y con la naturaleza.

BIBLOGRAFÍA

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Fue el documento fundamental emanado de la Cumbre de Río en 1992, integrado por cuarenta capítulos sobre los más diversos temas del medio ambiente y el desarrollo y que fue avalado por 179 países participantes.