Revista Digital de Tecnologías de la Información y Comunicación. Vol. 6, No. 2. Semestre julio-diciembre de 2010. ISSN: 1870-7505

 

Fortalecimiento de la Democracia y las Instituciones

María del Rocío García Sánchez.1
José Sales Nava.2
Guadalupe Godínez Alarcón. 3
Bulfrano Pineda Avonza. 4

 

Resumen:

La democracia en el sistema constitucional mexicano está consagrada en el artículo 40 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, el cual establece que es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una república representativa, democrática, federal, compuesta de Estados libres y soberanos en todo lo concerniente a su régimen interior; pero unidos en una federación establecida según los principios de esta ley fundamental.

Plasmada de esta manera en la carta magna, la democracia debe plantear la centralidad de la política como una actividad eminentemente ciudadana y no como una responsabilidad exclusiva y excluyente de una minoría política que se asumen como representantes del pueblo. Esto significa, que el ciudadano se reconozca como tal, es decir como el sujeto de la política y no como el objeto pasivo de los funcionarios gubernamentales.

El tema de la democracia está estrechamente vinculado al desarrollo de instituciones cada vez más eficientes, quedando atrás la discrecionalidad y la arbitrariedad de la actuación gubernamental.

Vivir en una democracia significa que tanto ciudadanos como autoridades ejerzan con compromiso y responsabilidad sus derechos, sus libertades y sus obligaciones con apego a la legalidad y al respeto a los individuos.

Desde este panorama, pensar la democracia, implica reconocer la participación de todos los ciudadanos en los asuntos de gobierno; significa un enorme cambio cultural. Para que una democracia sea realmente efectiva, se requiere que los poderes públicos, las instituciones, las asociaciones, los centros educativos, las familias, los medios de comunicación, etc., vayan conformando, día a día, la base de la  convivencia  en democracia.

Palabras Clave: Democracia, Instituciones, Estado de Derecho.

Abstract:

Democracy in the Mexican constitutional system is enshrined in Article 40 of the Constitution of the United Mexican States, which makes it the Mexican people will become a representative republic, democratic, federal, consisting of free and sovereign states around regarding its internal organization, but united in a federation established according to the principles of this fundamental law.

Embodied in this way in the constitution, democracy must raise the centrality of politics as an activity eminently citizen and not as an exclusive responsibility and precluding a minority policy who consider themselves as representatives of the people. This means that the citizen is recognized as such, that is to say as the subject of politics and not as passive object of government officials.

The issue of democracy is closely linked to the development of institutions more and more efficient, lagging behind the discretion and arbitrariness of the government action.

Live in a democracy means that both citizens and authorities exercise with commitment and responsibility rights, their freedoms and obligations with attachment to the legality and respect to individuals.

From this picture, think democracy, implies recognition of the participation of all citizens in the affairs of government, it means a huge cultural change. For democracy to be truly effective, it requires public authorities, institutions, associations, the educational centers, families, the media, etc. Be formed, day by day, the basis of the belief in the democracy.

Keywords: Democracy, Institutions, Rule of Law.

Introducción

De acuerdo con su significado original, democraciaquiere decir gobierno del pueblo. El término democracia y sus derivados provienen, en efecto, de las palabras griegas demos (pueblo) y cratos (poder o gobierno). La democracia es, por lo tanto, una forma de gobierno, un modo de organizar el poder político en el que lo decisivo es que el pueblo no es sólo el objeto del gobierno lo que hay que gobernar sino también el sujeto que gobierna.

En sentido estricto la democracia es una forma de gobierno, de organización del Estado, en la cual las decisiones colectivas son adoptadas por el pueblo mediante mecanismos de participación directa o indirecta que le confieren legitimidad al representante.

Hay democracia cuando existe una sociedad abierta, inteligente, en la que la relación entre gobernantes y gobernados es concebida en el sentido de que el gobierno exista para el pueblo; en el que el Estado está al servicio de los ciudadanos y no los ciudadanos al servicio del Estado.

Para ello, es fundamental abrir espacios de discusión para reflexionar acerca de las posibles y diversas vías por las que puede transitar la participación ciudadana, para promover un verdadero diálogo abierto orientado a dar pasos hacia una democracia participativa.

Hoy más que nunca, se hace indispensable la transformación de nuestro sistema político, el que habrá de transformarse, modernizando sus estructuras y formas de integración e interacción con la sociedad, pues de no hacerlo así, corre el riesgo de convertirse en un lastre para el avance de las formas de convivencia social.

En la medida en que los gobernantes se procuran apoyo y el consentimiento de sus gobernados, justifican el derecho a mandar y se acercan más al ideal perfectible de la democracia. De tal suerte, el concepto democraciasólo se entiende como tal, cuando su investidura emana de la voluntad popular porque el poder es del pueblo.

En definitiva, el buen funcionamiento del régimen democrático reclama un replanteamiento de nuestro sistema político, y naturalmente la formación de ciudadanos capaces de asumir un papel activo en la sociedad.

  • Democracia e  Instituciones

La democracia aparece como una premisa y fundamento del Estado, lo que significa que éste solo puede ser constitucional si está cimentado en la democracia participativa, significa también que los términos Estado y Constitución adquieren una connotación de legitimidad a través del principio de la democracia.

La república constituye el concepto fundamental de la organización del Estado mexicano. El Estado mexicano, como un Estado de Derecho, surge de la influencia tanto de las instituciones como de las ideas norteamericanas y europeas. Es decir, la forma de organización jurídica del Estado mexicano es hija de las ideas del pensamiento político moderno.

Para Aristóteles (Rama, 1979; 78-86), la democracia consiste en “que todos los ciudadanos fueran elegibles y electores, que todos mandaran a cada uno y cada uno a todos alternativamente. En la acepción contemporánea, la democracia consiste en el régimen político donde el pueblo es gobernante y gobernado; donde la persona cuenta con garantías individuales y con un mínimo de seguridad económica; donde se consagra el principio de la división de poderes; el de la elección popular de todos los gobernantes, y donde el régimen de partidos políticos permite el pluralismo ideológico y la alternancia en el poder de las diferentes corrientes ideológicas que conforman la sociedad”.

Una etapa posterior en el desarrollo histórico del Estado, fue la de poner límites al poder de aquellos que detentaban la dirección del Estado, y en éste contexto surgen los llamados derechos individuales, y la teoría de la división de poderes, la soberanía popular de Rousseau.

En el Espíritu de las Leyes, obra eminente de Montesquieu, propuso una clasificación de las formas de gobierno que retomaban los dos criterios clásicos que desde Aristóteles se habían venido imponiendo para ordenarlas: quien gobierna a quien y como gobernar.

Con el tiempo, las ideas de Montesquieu y las de Locke fueron adquiriendo una introducción institucional concreta en los Estados constitucionales modernos hasta que la división de poderes se convirtió en una exigencia mínima e indispensable para la existencia de una constitución.

Hans Kelsen (1980: 52) afirma que “el tipo de democracia que llevaba a un grado más alto el ideal de esa forma de gobierno era la democracia directa, o sea, aquélla en la que se reunían en una asamblea soberana los individuos que gozaban de derechos políticos, sin mediación alguna de representantes, para tomar decisiones obligatorias para todos los miembros de la ciudad Estado. Esa fue sustancialmente la manera en que se practicó el gobierno popular en el mundo antiguo. Tal convención de ciudadanos no se integraba por lo que hoy llamaríamos partidos políticos ni procedía por votación. Tampoco conoció la separación de poderes ni la división territorial”.

La democracia es un medio para lograr que la sociedad encuentre concordia en sus formas de convivencia, pero más que ello, la democracia merece especial atención porque se ha considerado el impacto positivo que puede generar en las instituciones, de nuestro sistema democrático; para que estas sean instrumentos eficaces, funcionales y coherentes con las políticas de creación de ciudadanías integrales.

¿Cuál es la percepción que la ciudadanía mexicana tiene sobre la democracia? En la tercera encuesta nacional sobre cultura política y prácticas ciudadanas (ENCUP, 2005), se obtuvieron los siguientes resultados:

  • En cuanto a su satisfacción con la democracia, el 47% de los entrevistados dijo estar poco o nada satisfecho con la democracia que tenemos hoy en México, contra 20% que manifestó no estar ni satisfecho ni insatisfecho y 26% que dijeron estar satisfechos y muy satisfechos.
  • Cinco de cada 10 entrevistados piensa que en el futuro la democracia mexicana será mejor o mejor en parte, contra dos de cada 10 que opina será igual.
  • Cinco de cada 10 entrevistados consideran que el país no está siguiendo el rumbo adecuado, contra 24 % que piensa que sí y 16% que señala que sólo en parte.

Ciudadanía y democracia son dos conceptos centrales en el pensamiento político de nuestro tiempo. Se trata, en principio, de conceptos estrechamente vinculados. El sentido común dominante nos indica que sin democracia no puede haber ciudadanía.

En la actualidad, el concepto de democracia no se limita al de una forma determinada de gobierno, sino también a un conjunto de reglas de conducta para la convivencia social y política. La democracia constituye un eje fundamental de las constituciones políticas de cada país.

Norberto Bobbio (2000: 58) asegura que “por democracia se comprende una forma de gobierno que se encuentra en manos de la mayor parte de los ciudadanos, y se contrapone a las formas de gobierno autocráticas y oligárquicas”.

Es evidente que cuando se comparan la monarquía y la democracia, se trata de opciones incompatibles porque en el fondo hay ideas opuestas de lo que es el individuo. Quienes simpatizan con la autocracia por lo común tienen una idea negativa del hombre: lo conciben como un ser malo que sólo con la amenaza del castigo puede mantenerse en calma. Por el contrario, los que se inclinan por la democracia normalmente asumen una visión positiva de la persona, la piensan como buena y capaz de autogobernarse. Para los primeros, el Estado mantiene controlados a los súbditos incorregibles; para los otros, el Estado se enriquece con la intervención de los ciudadanos, y ellos mismos, en ese proceso, se perfeccionan.

Una república democrática se distingue por ser un régimen cuya legitimidad no brota de la voluntad divina sino de la voluntad de los ciudadanos, donde no impera la disposición arbitraria de una persona sino la ley, en el que hay separación de poderes, donde los cargos públicos son temporales y rotativos, y en el que para su funcionamiento los individuos participan, en ocasiones directamente y en otras por medio de representantes, a veces de manera más amplia y otras de manera más restringida.

Por ello, es necesario que se produzca un cambio profundo en la cultura política mexicana, así como la formación gradual de las instituciones del gobierno democrático. Hay varios ejemplos de países que sólo han sido capaces de mantener la democracia de forma muy limitada hasta que han tenido lugar cambios culturales profundos.

La estabilidad de la democracia depende del buen funcionamiento de sus instituciones, y de muchos otros factores que tienen correlación con las apreciaciones, las opiniones, las evaluaciones y las actitudes que acompañan a los quehaceres de la política.

Desde la década de los ochentas, es claro que se ha venido extendiendo un sentimiento de desconfianza hacia la política, que ha cuestionado la confianza hacia la actividad política, y en particular hacia las instituciones.

La creencia más común sobre la relación entre las distintas formas de confianza política parte del descontento con los gobiernos de turno, desconfianza hacia las instituciones políticas o respecto al sistema político.

Vivir en una república democrática, comprende la construcción de instituciones que no funcionen obedeciendo decisiones unipersonales y arbitrarias del autoritarismo, sino que se han de regir por un sistema legal que obliga a todos los actores a conductas acordes con el orden constitucional. De lo contrario estaríamos frente a instituciones frágiles y desprestigiadas que sucumben ante la desconfianza de la sociedad civil.

  • Fortalecimiento de la democracia como establecimiento de la gobernabilidad.

 La inestabilidad política y social que el estado de Guerrero ha vivido en distintas épocas, ha hecho posible la destitución de varios gobernadores en turno y que únicamente han reflejado la tenaz y permanente rebeldía contra la opresión y las injusticias. La permanencia en el cargo de los gobernadores también ilustra la eterna rebeldía social imperante.

De los 77 gobernadores que ha tenido el estado en su historia, 45 no fueron electos constitucionalmente, y de los 32 que sí lo fueron, solamente 17 concluyeron su mandato, en periodos de cuatro o seis años. Del 23 de marzo de 1857 al 2 de diciembre del mismo año, la entidad estuvo gobernada por un Consejo de Gobierno, debido al proceso de erección, y ha habido seis ocasiones en que fueron desaparecidos los tres poderes: el 1° de diciembre de 1911, el 12 de agosto de 1918, el 6 de noviembre de 1935, el 20 de febrero de 1941, el 21 de mayo de 1954 y el 4 de enero de 1961. De 77 gobernadores, 35 duraron en el cargo menos de un año, y seis, menos de un mes; hubo uno que apenas duró dos días (1914), y otro, sólo uno (abril de 1971). También, el General Diego Álvarez, asumió el cargo en tres ocasiones, aunque no de manera continua: en el primer periodo (1862-1869) duró seis años ocho meses; en el segundo (1873-1876), tres años con nueve meses, y en el tercero (1881-1885) cuatro años, (Gallegos, 2004; 32-34)

 Todo ello refleja la inestabilidad política casi ininterrumpida en la entidad a lo largo de los 156 años de su existencia como estado libre y soberano, aunque su soberanía siempre ha estado subordinada a los designios del gobierno federal como claro síntoma de la ingobernabilidad que ha caracterizado a toda una etapa de la vida política guerrerense.

La imagen de nuestras instituciones de gobierno en Guerrero, es uno de los asuntos más preocupantes debido al deterioro que ha sufrido ante la opinión pública. La Inseguridad pública, impunidad, cotidianos escándalos políticos, autoridades inconsistentes que se dicen y se desdicen, han propiciado que vivamos inmersos en un ambiente de desconfianza en el que todos recelamos de todos y en el que el respeto a las autoridades e instituciones está brillando por su ausencia.

El asunto no sería trascendente si consideramos que todos los países que han alcanzado un alto nivel de desarrollo lo han hecho dentro de un marco de respeto ciudadano a las normas de convivencia social y a las instituciones establecidas democráticamente. Sólo así se puede promover la participación civilizada de los ciudadanos en la solución de los problemas políticos y sociales inherentes al desarrollo de una sociedad.

La sociedad mexicana no confía en el sistema de justicia, en las instituciones políticas ni el gobierno, esta crisis de legitimidad ha ido en aumento. En Febrero de 2010, en una encuesta ciudadana efectuada por Mitofsky, el desempeño y cumplimiento de las actividades del Presidente de la República fue evaluado con una calificación de 6.7, mientras que los senadores obtuvieron un 6.0 y los diputados un 5.7.

Nos encontramos con una ineficacia en las instituciones públicas que generan un círculo vicioso que desemboca en situaciones inestables, mientras que, por el contrario la eficacia gubernamental y la legitimidad social se combinan en un círculo virtuoso de gobernabilidad, se garantiza la estabilidad de los sistemas políticos.

Muy a nuestro pesar pareciera que en realidad las instituciones fueron creadas para ser instrumentos políticos en manos de camarillas que buscan permanecer en el poder, sin importar los valores de la democracia ni el bien común  que deben lograr en representación de los intereses de la sociedad mexicana.

Esta situación no es solamente el símbolo de la ingobernabilidad, sino la  decadencia de nuestro sistema político mexicano, por el que en lugar de buscar lo ético y la mejora social, sirve como trampolín para la búsqueda denodada de poder, de beneficios políticos y económicos.

En consecuencia, una de las prioridades en la entidad guerrerense debe ser la gobernabilidad democrática y el fortalecimiento de las instituciones mediante la utilización de diversas técnicas e instrumentos para mejorar progresivamente la capacidad de las administraciones públicas con el objeto de satisfacer las demandas sociales, atendiendo los requerimientos que plantean los diferentes sectores de la sociedad.

  • La eficacia en las instituciones.

 La eficacia y eficiencia en el ejercicio del poder político son elementos vinculados a la democracia para la gobernabilidad, para alcanzar objetivos determinados en beneficio de la sociedad.

La gobernabilidad está dada por muchos factores, evidentemente uno muy importante tiene que ver con la calidad de nuestras instituciones, y el nivel en el cual las instituciones de nuestros gobiernos realmente están funcionando en términos democráticos.

De esta forma, empezamos a tropezarnos con problemas  de crisis de credibilidad  generada por el hecho de que la sociedad se siente defraudada por sus gobernantes. Sin embargo, se debe considerar que la crisis tiene origen principalmente en la actuación de las autoridades, de ahí que empezamos a percibir cómo realmente hay un quebranto muy serio en nuestra democracia.

Los mexicanos tienen hoy en día, reconocido el acceso a la justicia como un derecho consagrado en la Constitución Política Mexicana específicamente en las garantías individuales clasificadas como de seguridad  y desde este punto de vista de nuestra Ley Fundamental, las garantías de seguridad implican no solamente la eficacia del Estado en cuanto a las funciones que deben desempeñar los servidores públicos; sin embargo la certeza y seguridad que debe brindar esta garantía enfrenta algunos problemas como son:  impunidad,  corrupción, la lentitud en los procesos, onerosidad y burocratismo.

La corrupción, la no observancia de la ley, el ocultamiento de la información, el uso de las instituciones para beneficio personal, el no conducirse de acuerdo con valores morales y principios éticos, es, hoy en día un factor que ha minado la confianza de la ciudadanía guerrerense hacia las instituciones públicas.

En este sentido, dentro de una sociedad, el derecho se caracteriza por ser el fundamento de su existencia y de cauce imprescindible de su actividad. En el campo teórico, el derecho debe ser un instrumento a favor de la sociedad para limitar el ejercicio del poder; es un importante instrumento para limitar la arbitrariedad y el abuso del poder.

  • Democracia y Estado de Derecho.

 Un principio del Estado de Derecho, es el de la democracia entendida en su vertiente de régimen político social del estado mexicano organizado sobre el principio de la soberanía del pueblo y la separación de poderes.

La democracia no debe ser entendida solamente como un principio organizador del Estado sino como aquella en la que la sociedad participa en los asuntos públicos, como el principio determinante del orden constitucional, donde se garantiza y salvaguarda a los ciudadanos de las arbitrariedades del poder absoluto y los que detentan el poder ejecutivo no actúan con arrogancia y desprecio a la  justicia y a la legalidad.

Legalidad, se refiere primordialmente a la conformidad de las acciones, con las disposiciones jurídicas establecidas.

Con este concepto, se hace referencia a una conducta externa sometida a la exigencia de una ley.

El marco legal de un sistema democrático de instituciones es la constitución. Las constituciones se han convertido en la ley suprema de las sociedades modernas. Pero esta supremacía sólo puede ser legítima si expresa los principios fundamentales del Estado de Derecho.

El Estado que se constituye y funciona bajo normas jurídicas se llama Estado de Derecho. Dentro de éste se asegura el respeto de los derechos humanos y el actuar de la autoridad se basa en la justicia, entendida esta última como un valor que permite además, la igualdad y la equidad como base de la convivencia social.

En el Estado de Derecho prevalece el gobierno de las leyes sobre el arbitrio de los hombres, al tiempo que se reconocen y garantizan las libertades de los ciudadanos. Por ello, es un patrimonio común que debe ser creado, protegido y consolidado responsablemente por todos los actores políticos. Es una plataforma compartida que previene y, en su caso, castiga las arbitrariedades de la acción política, a la vez que ofrece certidumbre y orden político. Orden que, cabe precisar, no es inmutable, ya que el Estado de Derecho democrático brinda los espacios y los procedimientos legítimos para la libre confrontación de los proyectos y los programas políticos que buscan dotar de contenido sustantivo a los regímenes democráticos.

De ahí que el Estado este obligado a  garantizar los medios y mecanismos para satisfacer las necesidades de las personas, para que puedan desarrollarse dentro de una armonía que eleve su dignidad como ser humano.

De esta manera, el Estado de Derecho debe contar al menos con los siguientes elementos:

  • Preponderancia de la ley
  • Sistema jerárquico de normas
  • Legalidad en los actos de administración
  • Separación de poderes.

El desarrollo de un país se funda en la justicia efectiva que brinda el Estado de Derecho. Ningún estado democrático puede lograrse sin la plena vigencia de la legalidad porque además de ser un elemento fundamental en la convivencia armónica de la sociedad, el respeto a la ley constituye un elemento determinante para el desarrollo del país.

La vigencia del Estado de Derecho depende, fundamentalmente, de la confianza de la ciudadanía en su gobierno y en las leyes que lo rigen. Para ello es indispensable una actuación íntegra y transparente de la autoridad, que brinde a los ciudadanos la certidumbre de que cuentan, en todo momento, con instituciones que garantizarán el respeto a sus derechos mediante la aplicación de la ley. Es también obligación del Estado promover la adecuación del marco legal para que éste sea justo y responda a la realidad nacional, de manera tal que la ciudadanía esté convencida de que su interés está mejor protegido dentro de la legalidad que al margen de ella.

Queda aún pendiente la enorme tarea de garantizar a todos los mexicanos la misma seguridad en sus personas y en sus bienes. También es imperativo garantizar el acceso efectivo a la justicia y que ésta se aplique a todos por igual. Ello resulta indispensable para la consolidación de una verdadera cultura de la legalidad que norme la conducta los servidores públicos y de los ciudadanos y forme parte integral de la vida cotidiana.

La sociedad quiere un México en el que haya leyes modernas, suficientes, claras y sencillas que normen de manera efectiva todos los ámbitos de la vida nacional, quieren que la ley se cumpla y se haga cumplir. En suma, la sociedad exige un Estado democrático de derecho, con una sólida cultura de la legalidad, con certeza jurídica y seguridad para todos.

En ese sentido, es necesario impulsar la consolidación de una administración ética, eficaz, transparente y responsable, que rinda cuentas, que combata y castigue la arbitrariedad, la corrupción y la impunidad, que siga abriendo espacios a la participación ciudadana y amplíe los espacios de escrutinio social.

Fuentes Bibliográficas:

  • Bobbio, N. (2000), El futuro de la democracia, México: Fondo de Cultura Económica.
  • Gallegos Nájera, J.A. (2004), La Guerrilla en Guerrero: Testimonios sobre el Partido de los Pobres y  las Fuerzas Armadas Revolucionaria, México: Lamas.
  • Kelsen, H. (1980) Esencia y valor de la democracia, España: Nacional, España.
  • Rama Germán, W.  (1979) Democracia: Una bibliografía selectiva sobre el tema: el concepto en Aristóteles, Rousseau y Max Weber. Argentina: El Cid Editor S.R.L.
  • Encuesta Nacional sobre Cultura Política Prácticas Ciudadanas 2008, disponible en: http://www.segob.gob.mx/encup/.
  • Confianza en las Instituciones 2010, disponible en:http://72.52.156.225/Estudio.aspx?Estudio=confianza-instituciones
  1. Enciclopedia Jurídica Omeba,  tomo XVIII, (2005), México: Ángel Editor

 

1. Doctora en Derecho, Profesora Investigadora de Tiempo Completo de la Unidad Académica de Derecho (Acapulco) de la UAGro; Perfil PROMEP 2010-2013, Integrante del Cuerpo Académico en Formación “Educar para la Sustentabilidad” correo electrónico: mrociogsz@yahoo.com.mx.
2. Maestro en Ciencias de la Educación, Profesor - Investigador de Tiempo Completo de la Licenciatura en Sociología de la Comunicación y Educación de la UAGro. Perfil PROMEP 2010- 2013. Integrante del Cuerpo Académico en Formación “Educar para la Sustentabilidad”, correo electrónico: jlugardo15@hotmail.com
3. Maestra en Psicoterapia Humanista, Profesora-Investigadora de Tiempo Completo de la Licenciatura en Psicología de la UAGro, Integrante del Cuerpo Académico en Formación “Educar para la Sustentabilidad”, correo electrónico cenself@hotmail.com
4. Maestro en Derecho Penal, Profesor-Investigador de Tiempo Completo en la Unidad Académica de Derecho, de la UAGro Perfil Promep  Email: bulfranopineda@hotmail.com