Revista Digital de Tecnologías de la Información y Comunicación. Vol. 8, No. 1. Semestre enero-junio de 2012. ISSN: 1870-7505

 

La pertinencia del enfoque por competencias en la UAG

Marco Antonio Basilio Loza *

 

Uno de los temas de mayor relevancia que actualmente se está debatiendo en el campo de la sociología alude sin duda alguna a la conformación de la nueva sociedad global e informacional, o como la han denominado algunos sociólogos: “de la sociedad de la información o del conocimiento”, la cual como apunta acertadamente Manuel Castells  sólo se está haciendo posible gracias a la consolidación del paradigma tecnológico y al avance vertiginosos de las tecnologías de la información y comunicación, que hasta el día de hoy se encuentran socavando los esquemas que teníamos del tiempo y el espacio, dando lugar a un replanteamiento de nuestras prácticas sociales en todos los aspectos, incluyendo a la acción educativa en sus diferentes manifestaciones y niveles. Como resultado de ello, los sistemas educativos de los diferentes países del mundo iniciaron a partir de la última década del siglo XX un proceso de reforma para ajustar la educación a las nuevas circunstancias sociales.

En nuestro país estos cambios tienen su origen en el sexenio de Miguel de la Madrid Hurtado que asumió la presidencia en 1982, ya que en este periodo se presentó por primera vez la necesidad de replantear la política económica  del país con una orientación neoliberal. Ello sentó las bases para que el  Estado, rector de la economía, iniciara más tarde un proceso de transferencia de sus funciones empresariales a la sociedad civil, proyectando venderle un buen número de paraestatales, y perfilando el  proceso de adelgazamiento de sus funciones, dando claridad a la intención de abandonar su papel proteccionista, y volcándose ahora a la atención de las exigencias del mercado global que requería de una entidad estatal comprometida con la libre competencia; es decir, de un Estado con amplia intervención en la economía se comenzó a  pasar a uno que  adoptaría las políticas neoliberales y garantizaría de aquí en adelante el libre tránsito de las mercancías, del capital y del trabajo.

Como resultado de la situación difícil por la que atravesaba el país en ese entonces, el gasto público se redujo, propiciando que el desarrollo educativo se detuviera, pues en los periodos anteriores había experimentado un notable crecimiento en sus principales indicadores: alumnos, escuelas y docentes; asimismo, la crisis afectó la demanda educativa de los sectores menos favorecidos, incrementando las tasas de deserción, reprobación y  eficiencia terminal que en el caso de la educación primaria era baja, ya que sólo 50 de cada 100 alumnos lograban terminarla en el tiempo establecido para ello.

El inicio de la década de los noventa había sido precedido por dos acontecimientos importantes en el nivel mundial: el muro de Berlín fue derribado, dando lugar a la reunificación alemana separada como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría; la Unión Soviética y algunos países del este se desintegraron para dar paso a una nueva geopolítica, a la formación de nuevos Estados nación ahora sobre la base de rasgos culturales. En México, Carlos Salinas de Gortari estaba concretando muchas de las acciones y políticas que se comenzaron a perfilar desde el sexenio anterior: se consumó el ingreso de México al GATT y se firmó el Tratado de Libre Comercio (TLC) con los Estados Unidos de América y Canadá, con el cual muchos de los mexicanos no estarían de acuerdo, incluyendo a los zapatistas de Chiapas que se levantaron en armas el primero de enero de 1994, el primer día de vigencia del TLC. En ese mismo año nuestro país se hace oficialmente miembro de la OCDE, y es a partir de ese entonces cuando se comienza a delinear una política educativa acorde a la implementada por los diferentes países integrantes de este organismo, lo que explica en gran parte el impulso que le estamos dando hoy en día al enfoque por competencias. Por donde se le mire, las reformas que se están promoviendo en nuestra realidad educativa obedecen esencialmente a las demandas de organismos externos. Tanto el proyecto Tuning impulsado por la Unión Europea, como el Proyecto DeSeCo (Desarrollo y selección de competencias) promovido desde la OCDE son un claro ejemplo de ello.

Como resultado de las transformaciones ocurridas a nivel global y de las medidas  tomadas por el Gobierno para ajustar la economía del país a los intereses del mercado se procedió a hacer un replanteamiento de la acción educativa: de una política que enfatizaba  los aspectos cuantitativos se comenzó a pensar en la implementación de estrategias que consiguieran mejores niveles de calidad en la educación. Así, comenzaron a cobrar relevancia en nuestras universidades los aspectos cualitativos de la educación, al mismo tiempo que se comenzaron a plantear sus desafíos más urgentes, entre éstos los siguientes: impartir una educación multicultural que forme conciencias e inculque los valores de la tolerancia y solidaridad a fin de que grupos sociales distintos puedan vivir en armonía en comunidades culturalmente heterogéneas, formadas como resultado de los  movimientos migratorios; educar con y sobre tecnologías de la información y comunicación, pues en una sociedad donde la información es la principal fuente de productividad y riqueza no deben faltar recursos humanos que sean capaces de utilizarlas y aplicarlas adecuadamente; capacitar permanentemente al profesorado a fin de actualizarlo en diferentes campos de la ciencia y la tecnología, así como en el desarrollo de diferentes competencias básicas para el desempeño óptimo de su práctica pedagógica; y preparar para un nuevo mercado laboral con nuevos empleos y diferentes formas de trabajo. Sin embargo, el mayor reto que actualmente está enfrentando la educación superior y especialmente la Universidad, es el diseño de nuevos currículos centrados en el aprendizaje flexible, lo cual supone transitar de una pedagogía tradicionalista a una pedagogía de corte más moderno; supone también que la enseñanza ya no es el fin central del proceso educativo, pues la labor del docente deja de constituirse en su parte más sustancial para dejar ese papel al aprendizaje, por lo que la acción educativa deberá orientarse a la construcción de esquemas de reflexión y acción que permita al alumno interpretar adecuadamente la realidad para poder actuar en ella; implica también dejar de concebir al conocimiento como un proceso de acumulación de datos e información para entenderlo como integración  dentro de los esquemas mentales que se van construyendo y que serán útiles para darle significados a contextos diferentes y actuar en ellos; supone asimismo, poner los contenidos al servicio de las competencias, ya que aquellos dejan de ser el elemento principal del proceso formativo para que éstos asuman ese  papel en el diseño de  nuevos currículos.  Ello implica también  un cambio de roles en los agentes educativos: el docente se convertirá en un facilitador y el alumno tendrá que tomar las decisiones más importantes sobre las condicionantes de su aprendizaje. De igual manera, como resultado de esta dinámica se están abandonado los viejos currículos rígidos centrados en campos disciplinares para proponer alternativas curriculares sustentadas en principios teóricos y metodológicos diferentes.

Una de las propuestas que está cobrando auge y que se comienza a consolidar como la dominante en los centros universitarios, -probablemente por el impulso que se le está dando desde las instancias supranacionales como la UNESCO, el B.M, el FMI, la OCDE y por ser congruente con la nueva sociedad global e informacional que se está conformando- para efecto del diseño de los nuevos currículos es el de “las competencias”, por lo que una gran gama de conceptos relacionados con esta propuesta están invadiendo el ambiente académico universitario. Aún así, en muchas de las instituciones de educación superior, tal enfoque sigue sin comprenderse, por lo que están enfrentando grandes dificultades, tanto para implementarlo como para desarrollarlo.

En el caso de la UAG (Universidad Autónoma de Guerrero), la intencionalidad de diseñar currículos basados en competencias se ve reflejada en los resolutivos de Tercer Congreso General Universitario, de donde resultaron documentos que contenían los lineamientos teóricos y metodológicos requeridos para su implementación -Modelo educativo y académico de la UAG y Guía para el diseño de planes y programas-. Sobre esa base se iniciaron los trabajos para desarrollar los currículos educativos en las diferentes Unidades Académicas de la UAG, entre ellas, La Unidad Académica de Sociología. Sin embargo, a casi cinco años de su planteamiento, debemos de reconocer que continuamos afrontando serias dificultades para su implementación, siendo necesario efectuar una evaluación seria de lo que se ha hecho hasta ahora  e iniciar su replanteamiento con fundamentos más claros y sólidos. De esta manera,  se ha estado trabajando en diferentes frentes, especialmente en la identificación de aquellos problemas derivados de la aplicación del currículo, en darle una mejor fundamentación socio-psico-pedagógica al plan de estudios y en el diseño de los diferentes programas que lo componen, así como en la estructuración de sus secuencias didácticas. Todo ello, con el fin de no repetir  los mismos problemas en las generaciones futuras y contar con un currículo de mayor pertinencia social que procure una formación básica sólida, que proponga flexibilidad en sus rutas formativas, que se centre en el autoaprendizaje del estudiante, que se encuentre comprometido con la realidad social del país, que se vincule claramente con los sectores productivo y social, y que incluya modalidades de enseñanza basadas en TICS.

Por otra parte, debemos de reconocer que en nuestro ambiente académico nacional, en  la UAG y particularmente  en la Unidad Académica de Sociología , se han abierto escasos espacios de discusión sobre la pertinencia o viabilidad de este enfoque curricular, más bien  su implementación ha sido automática, manteniendo una postura acrítica y dando por sentado su valor y pertinencia. Ello probablemente se deba a que la SEP al poner mayor énfasis en los aspectos cualitativos de la enseñanza y al procurar incrementar sus estándares de calidad  ha implementado políticas educativas que orientan a las universidades a tomar como única vía de desarrollo, el trazado por las instancias de carácter supranacional. Así, por ejemplo, se ha establecido como un requisito para obtener financiamiento para las dependencias de Educación Superior el participar en los procesos de planeación y diseño de proyectos a través de los PIFIS, así como se han determinado parámetros de evaluación y acreditación, tanto para profesores de tiempo completo como programas educativos que sólo pueden cumplirse en la medida en que las expectativas de estos organismos y de la SEP se vean alcanzadas.  

BIBLIOGRAFÍA:

Basilio, Marco. (2010). La planeación estratégica: Una exigencia para la escuela en el informacionalismo y la globalización, Nueva Generación: México.
Basilio, Marco, (2011). El sistema educativo nacional, problemas y retos, Nueva Generación: México.
Castells, Manuel. (2005). La era de la información, Siglo XXI: México

 

* Mtro. Marco Antonio Basilio Loza. Docente e investigador de la Unidad Académica de Sociología de la Universidad Autónoma de Guerrero. Integrante del Cuerpo Académico "Educación, Cultura y Sociedad", Clave PROMEP: UAGRO-CA-114. Perfil PROMEP. Correo electrónico: anamarc1998@yahoo.com.mx