Revista Digital de Tecnologías de la Información y Comunicación. Vol. 7, No. 2. Semestre julio-diciembre de 2011. ISSN: 1870-7505

 

El enfoque por competencias en el contexto de la sociedad global e informacional

Marco Antonio Basilio Loza1
Rodolfo Bórquez Bustos2
Justino Árziga Castañón3
José Francisco Giles López4

 

Todas las sociedades que han existido, sean tradicionales o modernas, orgánicas o inorgánicas, democráticas o aristocráticas, estatistas o capitalistas, etc., han requerido en diferentes momentos de su desarrollo de educar a sus miembros de una manera muy especial, siempre atendiendo a factores histórico sociales, ello debido a que la acción educativa tiene fuertes determinaciones sociales que la moldean y la hacen única, adquiriendo características específicas que naturalmente son exigidas por su suprasistema.     Ello conduce a sostener que las transformaciones ocurridas en los sistemas educativos invariablemente son el resultado de las presiones ejercidas por las sociedades a las que pertenecen. Así por ejemplo, el surgimiento de la sociedad informacional ha traído consigo cambios en sus diferentes estructuras: en el nivel económico, quizá el elemento nuevo más trascendental sea el papel neurálgico que asume la información y el conocimiento en la producción y generación de la riqueza, así también como el carácter global de su economía, dando lugar a la libre competencia y circulación de capitales, de mercancías y de seres humanos; en lo social, las migraciones están conformando sociedades o comunidades más diversas culturalmente, al mismo tiempo que se está presenciando el engrosamiento de los trabajadores de cuello blanco o de aquellas personas que laboran en el sector terciario, y más aún en las empresas vinculadas a la generación de la información y el conocimiento; en el plano político, el debilitamiento del Estado de bienestar y la implementación de una estrategia digital que se expresa más genuinamente en la incorporación de las nuevas tecnologías de la información y comunicación en las gestiones gubernamentales, así como en los procesos electorales implementados por las democracias con el afán de lograr más credibilidad y transparencia.

En fin, se está conformando una nueva sociedad global e informacional que sólo se hace posible gracias a la consolidación del paradigma tecnológico, pero que exige un replanteamiento de la acción educativa en todas sus vertientes. Como resultado de ello, los sistemas educativos de los diferentes países del mundo iniciaron a partir de la última década del siglo XX un proceso de reforma para ajustar la educación a las nuevas circunstancias sociales. Entre los retos más importantes que afrontarán los sistemas educativos y especialmente las universidades, se encuentran: impartir una educación multicultural que forme conciencias e inculque los valores de la tolerancia y solidaridad a fin de que grupos sociales diversos puedan vivir en armonía en comunidades culturalmente heterogéneas, formadas como resultado de los  movimientos migratorios; educar con y sobre tecnologías de la información y comunicación, pues en una sociedad donde la información es la principal fuente de productividad y riqueza no deben faltar recursos humanos que sean capaces de utilizarlas y aplicarlas adecuadamente; capacitar permanentemente al profesorado a fin de actualizarlo en diferentes campos de la ciencia y la tecnología, así como en el desarrollo de diferentes competencias básicas para el desempeño óptimo de su práctica pedagógica; y preparar para un nuevo mercado laboral con nuevos empleos y diferentes formas de trabajo. Sin embargo, el mayor reto que actualmente está enfrentando la educación superior y especialmente la Universidad, es el diseño de nuevos currículos centrados en el aprendizaje flexible, lo cual supone transitar de una pedagogía tradicionalista a una pedagogía de corte más moderno; supone también que la enseñanza ya no es el fin central del proceso educativo, pues la labor del docente deja de constituirse en su parte más sustancial para dejar ese papel al aprendizaje, por lo que la acción educativa deberá orientarse hacia la construcción de esquemas de reflexión y acción que permitan al alumno interpretar adecuadamente la realidad para poder actuar en ella; implica también dejar de concebir al conocimiento como un proceso de acumulación de datos e información para entenderlo como integración de ellos dentro de los esquemas mentales que se van construyendo y que serán útiles para darle significados a contextos diferentes y actuar en ellos; supone asimismo, poner los contenidos al servicio de las competencias, ya que aquellos dejan de ser el elemento principal del proceso formativo para que éstos asuman ese  papel en el diseño de  nuevos currículos.  Ello implica también  un cambio de roles en los agentes educativos: el docente se convertirá en un facilitador y el alumno tendrá que tomar las decisiones más importantes sobre las condicionantes de su aprendizaje. De igual manera, como resultado de esta dinámica se están abandonado los viejos currículos rígidos centrados en campos disciplinares para proponer alternativas curriculares sustentadas en principios teóricos y metodológicos diferentes.

Una de las propuestas que está cobrando auge y que se comienza a consolidar como la dominante en los centros universitarios, -probablemente por el impulso que se le está dando desde las instancias supranacionales como la UNESCO, el B.M, el FMI, la OCDE y por ser congruente con la nueva sociedad global e informacional que se está conformando- para efecto del diseño de los nuevos currículos es el de “las competencias”, por lo que una gran gama de conceptos, relacionados con esta propuesta están invadiendo el ambiente académico universitario. Aún así, en muchas de las instituciones de educación superior, tal enfoque sigue sin comprenderse, por lo que están enfrentando grandes dificultades, tanto para implementarlo como para desarrollarlo. De allí que el propósito central del presente trabajo sea aclarar y explicar en qué consiste básicamente el modelo de enseñanza y aprendizaje por competencias.

En el año de 1996 Jacques Delors planteó dentro del informe a la UNESCO los cuatro saberes que se constituirán en el fundamento del modelo por competencias, ellos son: saber conocer, saber ser, saber hacer y saber convivir. Sobre esta base se inicia la reconceptualización curricular y se comienza a definir el término “competencia”.

Ahora bien, lo primero que es pertinente resaltar es que este enfoque es congruente con las economías globales y abiertas que presuponen la libre competencia de mercados, es decir, una sociedad basada en el libre tránsito de las mercancías no puede dar lugar sino a una educación basada en competencias, sin embargo, es necesario diferenciar aquí entre educar para la competencias y educar en competencia. El primer concepto alude a una educación congruente con las economías globales, que en esencia, son competitivas y basadas en políticas de corte neoliberal. Ello induce a los sistemas educativos a esforzarse en la atención de los aspectos cualitativos de la enseñanza y a asegurar los resultados de sus procesos, tratando de conseguir las propiedades requeridas por los empleadores. Los egresados de los sistemas educativos, por exigencia del sistema económico y social, deberán poseer un alto nivel de competitividad, contando con un perfil profesional que les permita ubicarse como ganadores de una competencia donde está en juego, no sólo el prestigio del centro escolar que los formó, sino su inserción en el mundo laboral. Lógicamente, erigirse como ganador de la competencia implicará tener las características y cualidades requeridas por las economías competitivas y globales.

En cambio, el segundo concepto -educar en competencias- se refiere ya no a la competencia entre sus pares, sino al contenido o sustancia del proceso pedagógico; es decir, a lo que concretamente deberá internalizar el alumno como resultado de la acción educativa: conocimientos, habilidades y destrezas necesarias para el desarrollo óptimo de su trabajo en el mundo laboral. La educación en competencias se está constituyendo en el ámbito pedagógico actual, en una nueva orientación curricular, en una  forma diferente de organizar y estructurar el conocimiento, orientado a lograr la máxima vinculación entre el mundo de la escuela y el productivo, procurando atender necesidades propias de la economía global e informacional.

En esencia, ambos conceptos (educar para la competencia y en competencias) se encuentran íntimamente relacionados, ya que, de acuerdo con el discurso dominante, para ser competente, es necesario ser educado en competencias, o sea, el profesional aceptado para ejercer un empleo en el mercado laboral será aquél poseedor de las competencias requeridas proporcionadas por la escuela. Así, el gran reto a enfrentar por parte de los centros escolares en la sociedad informacional será; por un lado, formar egresados competentes, y por otro, otorgarle a éstos las habilidades y capacidades necesarias no sólo para competir, sino para imponerse en el proceso competitivo, asegurando su inserción dentro de un mercado laboral altamente disputado.

En el contexto pedagógico actual el concepto de “competencias” se ha definido de muy diversas maneras. Así por ejemplo, Chomski lo concibe como

 “la capacidad de creación y producción autónoma de conocer, actuar, y transformar la realidad que nos rodea, ya sea personal, social, natural o simbólica, a través de un proceso de intercambio y comunicación con los demás y con los contenidos de la cultura”

Goñi Zabala por su parte lo entiende como

 “… una operación sobre un objeto que es lo que habitualmente llamamos conocimiento para el logro de un fin determinado (contexto de aplicación… se podría resumir en una ecuación como la siguiente: competencia= (operación+ objetivo) + (contexto+ finalidad)

Zabala y Arnau lo define como “la capacidad o habilidad de efectuar tareas o hacer frente a situaciones  diversas de forma eficaz en un contexto determinado. Y para ello es necesario movilizar actitudes, habilidades y conocimientos al mismo tiempo y de forma interrelacionada”; Gimeno Sacristán lo concibe como

“constructos que, a modo de conglomerados, definen las capacitaciones que deben conseguir los sujetos. Tienen una composición compleja de la que forman parte los elementos cognitivos, de motivación, actitudinales  y conductuales… Disponen de un potencial de utilizarse con éxito, de manera flexible y adaptable para enfrentar situaciones diversas, porque la capacidad de la que dotan es transferible… Tienen distintos ámbitos de proyección práctica. Representan disposiciones para actuar en situaciones ante problemas o demandas de contextos muy distintos”

 Perrenoud lo define como

 “la aptitud para enfrentar eficazmente una familia de situaciones análogas, movilizando a conciencia y de manera a la vez rápida, pertinente y creativa, múltiples recursos cognitivos saberes, capacidades, microcompetencias, informaciones, valores, actitudes, esquemas de percepción, de evaluación y de razonamiento.

Sin embargo, para el presente  trabajo, siguiendo el enfoque socioformativo el concepto de competencia no será entendido como un conjunto de conocimientos, capacidades y habilidades para el desarrollo de una profesión, dado que ninguna competencia laboral es desarrollada por esos aspectos en su conjunto, sino más bien se ejecuta con la integración de ellas. En este sentido, se definirá a la competencia como la articulación de capacidades, habilidades, conocimientos y actitudes orientadas a la realización de una o varias tareas en un contexto específico, o bien, se entenderá como una “actuación integral entre actividades y problemas del contexto con idoneidad y compromiso ético, integrando el saber ser, hacer y conocer”. (Tabon, 2010)

Ramiro Viso Alonso (sin fecha de edición) asume que una  competencia básica tiene las siguientes características: es holística ya que integra a un conjunto de demandas externas, atributos personales y contexto, es decir, las integra y combina en la solución  de un problema o caso práctico; es contextual, debido a que su adquisición se sitúa en un contexto y circunstancias  físicas y culturales determinadas; es transferible, ya que es posible aplicarla a situaciones diferentes, por lo que la articulación de conocimientos, habilidades y destrezas se pueden utilizar para resolver problemas prácticos suscitados en diferentes lugares y contextos;  es reflexiva y creativa, en la medida en que cuando se transfiere a otros ámbitos se requiere de usar la reflexión y poner en juego la creatividad; ostenta un carácter transversal debido a que las capacidades cognitivas, habilidades y destrezas que se movilizan no corresponden a una sola disciplina sino que se cruzan con varias de ellas; poseen un carácter dinámico porque nunca un sujeto es competente del todo y requiere de seguir perfeccionando su dominio sobre ellas; posee un carácter multifuncional debido a que se pueden utilizar para actuar sobre múltiples problemas y contextos; y finalmente, tiene un carácter básico porque se orienta a que los sujetos se realicen como personas, se integren a la sociedad y al mercado de trabajo.

En los últimos años han surgido también en el medio académico y pedagógico una variedad de clasificaciones o tipologías de las competencias, las cuales se han construido desde muy diferentes criterios, pero teniendo todas ellas sus bases en los lineamientos determinados por las instituciones internacionales, especialmente en el informe de Delors sobre los cuatro saberes, en la propuesta DeSeCo promovido por la OCDE, en la del Programa para la Evaluación Internacional de  Alumnos (PISA) y en la de los proyectos Tunning, tanto para Europa como América Latina.

El proyecto DeSeCo se propone mejorar los indicadores relacionados con las prácticas, usos y costumbres de los sistemas educacionales, así como enfocarse en competencias que  coadyuven a que los individuos desarrollen una vida plena en sociedad. De acuerdo con el documento denominado Defining and selecting Key Competentes del año 2001 el proyecto DeSeCo define a una competencia como “la capacidad de responder a demandas complejas y llevar a cabo tareas diversas de forma adecuada. Supone una combinación de habilidades, prácticas, conocimientos, motivación, valores éticos, actitudes y emociones y otros componentes sociales y de comportamiento que se movilizan conjuntamente para lograr una acción eficaz”. Existen de acuerdo a este proyecto tres características básicas de una competencia, ellas son: deben ser medibles, adecuadas para una variedad de contextos y útiles para todos los individuos. Así, las competencias para lograr éxito personal son: lograr un buen salario y empleo, poseer buena salud y seguridad, participar en la vida política de su comunidad e integrar redes sociales; las competencias para lograr éxito en sociedad son: capacidad productiva, capacidad para participar en la vida democrática, integración social  equidad y derechos humanos y actitudes para la preservación del medio ambiente; las competencias para responder a las exigencias del contexto son: capacidad para utilizar tecnologías, participar en grupos heterogéneos y actuar de manera independiente.

La propuesta del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA) también es iniciativa de la OCDE, proponiéndose medir el nivel en que los alumnos de 15 años se encuentran preparados para enfrentar los retos del futuro. PISA (2005) define a una competencia como “la capacidad de los alumnos para aplicar conocimientos y habilidades, y para analizar, razonar y comunicarse con eficacia cuando plantean, resuelven e interpretan problemas relacionados con las distintas situaciones. De esta manera, este programa de evaluación se orienta a medir tanto el contenido que el alumno necesita asimilar de cada área como los procesos y las situaciones que éstos enfrentan con problemas matemáticos al aplicar conocimientos y habilidades. Por tanto, a PISA no le interesa el simple dominio de los contenidos, sino el nivel en que los alumnos son capaces de formular y resolver problemas en contextos reales, o sea, evalúa lo que los alumnos son capaces de hacer con lo que han aprendido. Las tres grandes aéreas que evalúa PISA son: competencias científica, competencia lectora y competencia matemáticas.

La propuesta de la Unión Europea descansa en la idea de que para el año 2010 Europa debía de erigirse en la economía del conocimiento más competitiva del orbe capaz de lograr la cohesión social de sus miembros,  de dar empleo a sus ciudadanos y de tener un crecimiento económico sostenido. Para ello los sistemas escolares debían de cambiar sus currículos diseñados por contenidos a currículos basados en el enfoque por competencias, donde una competencia clave o básica ostenta las siguientes cualidades: debe ser positiva tanto para un individuo como para la sociedad, debe impulsar al sujeto a actualizarse en sus habilidades y conocimientos y debe dejar actuar eficazmente ante las nuevas  circunstancias.

La Unión Europea define a una competencia como “combinación de conocimientos, capacidades, y actitudes adecuadas al contexto. Las competencias clave son aquellas que todas las personas precisan para su realización y desarrollo personal, así como para la ciudadanía activa, la inclusión social y el empleo”. De esta manera, las competencias básicas que se destacan son: comunicación en lenguas extranjeras, competencia matemática, en ciencia y tecnología, competencia digital, sentido emprendedor, aprender a  aprender, comunicación en lengua materna, competencias socio-éticas y capacidad de expresión cultural. La competencia se orienta a que el individuo pueda encontrar un empleo digno, a ver su realización personal y en sociedad.

El 19 de junio de 1999   ministros de educación superior de los países europeos  firmaron la declaración de Bolonia con la intención de establecer el Espacio Europeo de Educación Superior en el año de 2010. Previamente, Francia,  Reino Unido e Italia habían aprobado la Declaración de la Sorbona en el año de 1998, y posteriormente, en el 2001, 2003 y 2005 se elaboraron  los comunicados de Praga,  Berlín y Begen respectivamente, de los cuales se derivaron lineamientos que debían seguir los espacios europeos de educación superior, entre los que destacan: convergencia de grados y postgrados, intercambio y movilidad de estudiantes y maestros, el sistema de transferencia de créditos, resaltar la educación para la vida y una educación de calidad. De esta forma, el concepto de competencia emerge como consecuencia de dos lineamientos básicos: la homologación de estudios y la importancia del empleo y el mercado laboral como orientador de los contenidos curriculares, y se define como “una combinación dinámica de atributos –con respecto al conocimiento y su aplicación, a las actitudes y responsabilidades – que describen los resultados del aprendizaje de un determinado programa o cómo los estudiantes serán capaces de desenvolverse al finalizar el proceso educativo”.

El Proyecto Tuning Educacional Estructures in Europe surge derivado de la declaración de Bolonia con el objeto de proponer una metodología orientada a replantear, elaborar, desarrollar, ejecutar y evaluar planes de estudio correspondientes a cada uno de los ciclos educativos, y asimismo, a diseñar nuevos modelos curriculares donde sea posible homologar y comparar titulaciones, estableciendo los mismos criterios de acreditación y evaluación.

De igual manera, el proyecto Tuning impulsará un nuevo modelo pedagógico ya no centrado en la enseñanza o el docente, sino en el aprendizaje o el alumno, lo que supone cambios en todas las vertientes educativas y la necesidad de currículos basados ya no en contenidos, sino en competencias. De esta forma los Espacios Educativos de Educación Superior (EEES) se fundamentan en la estructuración de nuevos perfiles profesionales constituidos por una diversidad de competencias, tanto genéricas como específicas que incrementen las posibilidades de obtener trabajo por parte de los alumnos.

Bibliografía

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  4. Viso, J. (2010). Qué son las competencias. Madrid, España: EOS.
  5. Viso, J. (2010). Cómo programar las competencias. Madrid, España: EOS.
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  7. Pimienta, J. (2008). Evaluación de los aprendizajes, un enfoque basado en competencias. México:  Pearsons.
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  11. Gimeno, José y otros. (2010). Saberes e incertidumbres sobre el curriculum. Madrid, España: Morata.
  12. Gimeno, José. (2011). Educar y convivir en la cultura global. Madrid, España: Morata.
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  16. Frola, P. (2011). Maestros competentes, a través de la planeación y evaluación por competencias. México: Trillas.

 

1 Docente e investigador de la Unidad Académica de Sociología de la Universidad Autónoma de Guerrero. Integrante del Cuerpo Académico "Educación, Cultura y Sociedad", Clave PROMEP: UAGRO-CA-114. Perfil PROMEP. Correo electrónico: anamarc1998@yahoo.com.mx

2 Sociólogo y Doctor de Educación. Docente e investigador de tiempo completo del programa educativo de Sociología de la Comunicación y Educación de la Unidad Académica de Sociología de la Universidad Autónoma de Guerrero. Perfil PROMEP. Miembro del Cuerpo Académico, Educación Cultura y Sociedad. Correo electrónico: rborquezbustos@yahoo.com.mx

3 Maestro en Educación. Profesor – Investigador de la Licenciatura en Sociología de la Comunicación y Educación de la Unidad Académica de Sociología de la Universidad Autónoma de Guerrero. Perfil PROMEP. Integrante del Cuerpo Académico "Educación, Cultura y Sociedad", Clave PROMEP: UAGRO-CA-114. Correo electrónico: jarziga@yahoo.com.mx

4 Doctor en Educación. Docente e investigador del Programa Educativo de Cirujano Dentista perteneciente a la Unidad Académica de Odontología de la Universidad Autónoma de Guerrero. Integrante del Cuerpo Académico "Educación, Cultura y Sociedad" Clave PROMEP UAGRO-CA-114. Perfil PROMEP.