Revista Digital de Tecnologías de la Información y Comunicación. Vol. 7, No. 1. Semestre enero-junio de 2011. ISSN: 1870-7505

 

Problemas y retos del sistema educativo mexicano

Marco Antonio Basilio Loza*

 

Los problemas del sistema educativo mexicano a los que aludirá el presente trabajo no son nuevos, pero sorprende que existan en la dimensión con que se manifiestan, ya que todos ellos han sido tratados de buen tiempo atrás e incluso reivindicados tenazmente por las políticas y programas implementados desde el Estado, lo cual habla de que no se han desatendido, pero que los resultados en cuanto a su avance no han sido los esperados.

La problemática en cuestión es bastante sustantiva y  de carácter diverso, pero sólo se aborda aquí la de un alcance más general, pues muchos de los problemas específicos se encuentran insertos en ésta, ellos son: la inequidad en las oportunidades educativas, la cual se manifiesta en la atención, y al mismo tiempo, la desatención de algunos elementos estructurales del sistema educativo, regiones, estados, secciones de población, etc.; la incapacidad para lograr los objetivos educacionales propuestos, observada en las circunstancias en que se encuentran sus indicadores más representativos; y la falta de competitividad, demostrada por  la situación y lugar que actualmente ocupa México dentro de los países miembros de la OCDE.

Inequidad educativa

El antónimo de inequidad es la equidad, término que en el ámbito pedagógico se ha vinculado recientemente al de calidad, incluso en algunos países como España lo han ubicado como uno de sus factores. En México, Muñoz Izquierdo (1992) también la distingue como uno de sus rasgos. 
Para el presente trabajo, la equidad será identificada de la misma forma, o sea, como un aspecto que indica la posesión o no de ciertos estándares de calidad. Así, ésta debe ser entendida como igualdad de oportunidades educativas para todos los grupos, sectores, sistemas, regiones y estados. De allí que, la equidad demande la atención especial de cada uno los componentes del sistema educativo que se encuentran en desventaja en relación con otros de sus elementos. Ello ha promovido en muchos países, y particularmente en México, el desarrollo de programas tendientes a compensar los déficits originados. La equidad demanda también que los beneficios de los que gozan ciertos grupos, sistemas, regiones estados lleguen a todos los educandos sin distingos, lo cual significa que para tener un sistema educativo de calidad es necesario que su funcionamiento tenga una incidencia social generalizada que favorezca la cohesión social, aliente la integración de todos los alumnos, y al mismo tiempo, evite la creación de colectividades, zonas y regiones atrasadas. La equidad además, demanda la atención diferenciada de todos los educandos y su vinculación con la diversidad, ya que por cuestiones biológicas, genéticas y socio-culturales, los alumnos son disímiles y poseen estilos de aprendizaje específicos, por lo que se hace necesario atenderlos pensando siempre en sus características particulares.

Sin embargo, uno de los problemas y retos que deberá seguir afrontando  nuestro sistema educativo es su inequidad, es decir, la desigualdad de circunstancias educativas que impera entre grupos sociales, regiones y estados.  Por ejemplo, el nivel de escolaridad en el estado de Guerrero  es de 6.9 grados mientras que el promedio nacional es de 8.6, habiendo también diferencias muy marcadas en relación con otros estados de la República. Lo mismo se observa con el nivel de deserción escolar, que se encuentra debajo del promedio, al igual que la absorción, el analfabetismo y la eficiencia terminal. Estas desigualdades se notan también entre México y el resto de los países miembros de la OCDE, ya que, por ejemplo, en el caso del porcentaje de adultos titulados y los resultados de la evaluación PISA (Programme for International Student Assessment) nuestro país se encuentra muy por debajo del promedio de los países pertenecientes a esa organización. Asimismo, esta inequidad se observa en los datos obtenidos en cada uno de los subsistemas educativos, ya que por ejemplo, entre la educación primaria y la educación media superior existe una diferencia de más de 30 puntos porcentuales en la eficiencia terminal, no se diga de los otros indicadores como gasto educativo, absorción, deserción, número de docentes, escuelas y cobertura donde también se distinguen marcadas diferencias.

Estas inequidades también se relacionan con los diferentes sexenios que han sido gobernados por partidos políticos diferentes, donde se observa una desigualdad en el ejercicio del gasto para cada uno de los subsistemas educativos, dándole mayor atención a determinados factores, y en consecuencia, desatendiendo a otros, probablemente obedeciendo a los rasgos específicos de sus propios proyectos políticos.

Diversos estudios se han realizado en México para tratar el tema de las desigualdades educativas, entre ellos, el de Muñoz Izquierdo plasmado en su libro “Origen y consecuencias de las desigualdades educativas”, el de Jorge Bartolucci planteado en el texto denominado “Desigualdad social, educación superior y sociología en México”, el de Enrique Del Val presentado en el libro que compiló Fernando Solana publicado por Siglo XXI en 2006 al cual tituló “ Educación y desigualdad social en México, y el expuesto por Carlos Ornelas como capítulos de dos de sus obras: “El Sistema Educativo Mexicano” y “Política Poder y Pupitres”. Todos estos documentos a excepción del de Bartolucci, culminan con un conjunto de propuestas orientadas a resolver dicha problemática.

Carlos Ornelas (2009, p. 207) en el capitulo VI de una de sus obras citadas concluye que:

A pesar de los grandes esfuerzos y logros de siete décadas aún hay muchos rezagos y saldos pendientes respecto a la desigualdad social. La transición del SEM hacia una mejor distribución de los bienes y servicios representa grandes desafíos: se arrastran cargas históricas, el atraso es muy grande y existe una tremenda desproporción entre las regiones del país y, particularmente, entre las clases sociales.

Según este mismo autor dicha situación se presenta porque el Estado mexicano en las décadas anteriores se enfocó principalmente a la expansión de la oferta educativa, intentando satisfacer la demanda social, no obstante, desatendió otros aspectos de la educación como la equidad pues hasta el presente no se ha logrado en México que: “todos los niños tengan la oportunidad de asistir a la escuela” (Ornelas, p. 207).

En efecto, el avance notable que ha tenido nuestro sistema educativo hasta el año escolar 2008-2009 en el incremento del número de escuelas, de la matrícula, de docentes, en el abatimiento de la deserción escolar en algunos niveles educativos, en la disminución del analfabetismo, en el incremento del nivel de escolaridad, en la eficiencia terminal, etc., comprueba lo dicho por Ornelas, no obstante, como él mismo señala  estos resultados  presentan graves problemas relacionados con la desigualdad de oportunidades educativas, lo que significa que hay mucho por hacer y que las estrategias implementadas para tal caso no han logrado su cometido..

Dentro de los avances más sobresalientes que se han tenido en la educación, Carlos Ornelas destaca la disminución del analfabetismo del 85% en 1910 a 12.5% en 1990, lo que significa un buen avance, pero no la erradicación del problema, ya que para el año escolar 2008-2009 según la SEP se contaba con un 7.8% de analfabetas a nivel nacional y en algunos estados como el de Guerrero con un 18.7%, lo cual habla de que la desigualdad al acceso a la educación todavía subsiste en dimensiones preocupantes. Asimismo, Ornelas resalta el progreso que se ha presentado en la matrícula de 1950 a 1992, lo que se demuestra también en los datos presentados por la SEP, donde se revela que el número de alumnos entre los años escolares 1990-1991 y 2008-2009 pasó de 25091966 a 33747186 respectivamente lo cual indica de que aquí se logró también un excelente resultado.

Por su parte, dentro de lo que el mismo autor llama el saldo pendiente, sobresalen los datos referentes a los grados de instrucción, de repetición y deserción, los cuales siguen siendo altos. De la misma forma, destaca la desigualdad entre regiones como herencia del centralismo, donde compara indicadores de los estados más atrasados del país como el caso de Oaxaca, Chiapas y Guerrero con otras entidades de la República.
Estas inequidades denunciadas por Ornelas también se comrpueban con los datos proporcionados por la SEP en el año escolar 2008-2009, en los cuales se observa la gran desigualdad que persiste entre el estado de Guerrero y otros estados de la República en relación con varios de estos indicadores.

Debido a las dimensiones que ha cobrado el problema en el país, el Estado mexicano ha implementado ciertas iniciativas que han pretendido darle un tratamiento sistemático, como el caso de los programas compensatorios de la década de los noventa, entre ellos: el Programa para Abatir el Rezago Educativo (PARE), implementado en el año de 1991 en los estados más atrasados de la República; el Programa para Abatir el Rezago en Educación Básica (PAREB), que comenzó a funcionar en el año de 1994 en 10 estados de la República; el Programa Integral para Abatir el Rezago Educativo (PIARE), iniciado en el año de 1995; el Programa para el Desarrollo de la Educación Inicial (PRODEI); el Programa de Apoyo a Escuelas en Desventaja (PAED), comenzado en 1992, y los diferentes programas de becas que se orientan hacia el mismo fin.

Según Carlos Ornelas (2008, p. 199).

Los componentes del PARE, PAREB y PIARE se pueden dividir en tres grandes categorías: 1) los que pretenden hacer más atractiva la escuela, subsidios aplicados al centro escolar; 2) los que van a los niños y sus familias y 3) los que apoyan la oferta, en especial a los docentes y directivos de escuelas y zonas escolares favorecidas en los programas compensatorios.

Esto quiere decir que se ha tratado de incidir en la disminución del rezago desde muy diferentes vertientes, sin embargo, cabe la pregunta, ¿por qué entonces los resultados no han sido los esperados?, ¿por qué para el año escolar 2008-2009 todavía el problema de las desigualdades educativas sigue siendo grave?, ¿estamos acaso ante el fracaso de tales programas compensatorios? Desde la óptica de Ornelas, (2008, p. 201) aun y cuando la CEPAL había señalado en los tiempos de Fox que esos programas no eran suficientes para erradicar la pobreza, sin ellos era “casi seguro que al menos dos millones de niños no tendrían las posibilidades de concluir la educación primaria”, lo cual hace inferir que la posición de Ornelas al respecto, es que si bien no han tenido los resultados esperados, han existido también ciertos avances en algunos de sus indicadores, postura desde luego imparcial, pero sustentada en información muy objetiva.

En efecto, no hay que desdeñar los avances que se han logrado en el sistema educativo mexicano, pero tampoco hay que ocultar su realidad, que como se ha descrito enfrenta serios problemas y desafíos, uno de ellos continúa siendo sin duda alguna, el de eliminar las barreras que impiden lograr la equidad educativa. Pero ¿por qué estas medidas no han logrado los resultados pretendidos?, ¿cuáles son los factores que explican que estos programas tengan sólo resultados parciales? Según Ezpeleta y Weiss, citados por Ornelas (2008) los factores de mayor peso que han influido en la obtención de los pobres resultados de los programas compensatorios son: la cultura administrativa, el tratamiento homogéneo entre las escuelas rurales y urbanas, y el sindicalismo.

Ahora bien, nótese que en sí, muchos de los programas implementados para lograr disminuir las desigualdades educativas comienzan en la década de los noventa y coinciden con un conjunto de cambios realizados en el nivel social, económico, político y cultural que dieran una orientación diferente a nuestro sistema educativo, ya que de un modelo de desarrollo sustentado en la amplia participación del Estado, se comenzó a transitar a uno donde el Estado ya no jugaría el mismo papel. El Tratado de Libre Comercio concretado por Salinas de Gortari, si bien provocó el levantamiento en Chiapas del movimiento zapatista, también se constituyó en el fundamento legal que permitió abrir las fronteras, desregulando las actividades comerciales, productivas y financieras, dando lugar al surgimiento de una economía y una sociedad más abierta en todos los sentidos. Se inició entonces la etapa de la economía competitiva, y por tanto, una fase de cambios en el sistema educacional, pues desde ahora habría que enfocarse a la mejora de la calidad de la educación para afrontar tal competencia. Vinieron con ello las reformas a la educación y sus leyes, entre la que sobresale la nueva Ley General de Educación implementada cuando Zedillo era flamante Secretario de Educación.

La tesis que orienta al presente trabajo es que los cambios suscitados en el sistema educativo nacional a finales de los ochenta y principios de los noventa fueron en cierta forma determinados por los cambios ocurridos en el plano global y mundial. La entrada de México al GATT, al Tratado de Libre Comercio y a la OCDE marca el fin del Estado benefactor y promotor principal del desarrollo económico con amplia participación en la sociedad civil, pero marca también el principio de un Estado que deja en manos de la iniciativa privada gran parte de sus empresas paraestatales, cediendo la toma de decisiones sobre aspectos clave de la economía del país a instancias de carácter supranacional. En otras palabras, estamos presenciando un doble movimiento: el del agotamiento del  Estado benefactor todo poderoso y el del fortalecimiento de la aldea global y sus instituciones.

La ineficacia del sistema educativo

De acuerdo con Muñoz izquierdo (1992, p. 98) se entiende por eficacia a “la medida en que los objetivos propuestos se alcanzaron realmente”. Por su parte, la eficiencia se refiere también al logro de objetivos, pero relacionándolos con los recursos disponibles para alcanzarlos. Así, la eficiencia para este mismo autor (1992, p. 98) “se refiere a la relación que se obtiene entre los resultados de la educación y los recursos dedicados a ésta”

Los estudios de la eficacia sobre la educación en el país comúnmente se han enmarcado dentro del tema de la calidad educativa. De esta manera, se han desarrollado varias investigaciones en nuestro país relacionadas con este tópico: el de Silvia Schmelkes realizado en 1991 en 5 regiones del país, el reseñado en el capítulo V del texto “El Sistema Educativo Mexicano”, así como el expuesto en el apartado 7 de su otra obra denominada  “Política, Poder y Pupitres” por parte de Carlos Ornelas, y los estudios presentados por autores diversos en el texto compilado por Fernando Solana en el 2006; no obstante, tal y como se ha señalado anteriormente, estos trabajos han sido presentados más que como un tema específico de la eficacia de la educación, como un tópico referido a la calidad. Esto obviamente tiene una justificación, ya que, comúnmente se considera a los resultados o productos de un proceso como los aspectos que vienen determinando la calidad de los mismos, lo que por supuesto es discutible, toda vez que existen otros factores que están relacionados con su desarrollo y aspecto dinámico y que también inciden sobre la calidad.

De acuerdo con Carlos Ornelas (2009) el sistema educativo mexicano enfrenta un problema grave en la calidad de los servicios educativos que ofrece. Para demostrar esto menciona cifras relacionadas con los resultados que ha logrado, específicamente, de los niveles de eficiencia terminal, deserción y reprobación. Sobre el primer indicador, argumenta que de 1976 a 1991 pasó de 42.6% a 57.1% en la educación primaria, mientras que en el bachillerato, en este mismo rubro, sólo hubo un avance de .7 puntos porcentuales en esos mismos años. Sin embargo, según este autor, el hecho de que las cifras se hayan movido positivamente no significa de ningún modo un aumento de la calidad educativa. Asimismo, arguye que la eficiencia terminal guarda una estrecha relación con los índices de deserción y reprobación, pues si éstos disminuyen como lo ejemplifica con sus cifras –la deserción pasó de 8.7% en primaria en 1976 a 5.3% en 1991 mientras que la reprobación se mantuvo en la misma proporción en esos mismos años- quiere decir que más niños logran terminar sus estudios.

Sobre el fenómeno de la reprobación cita también el dato referido a su porcentaje en sexto año de primaria, en el que, por ejemplo, en Matemáticas, dicha cifra pasa de 86.1% a 84.7% entre los años 1983 y 1991, es decir, se nota un avance de cerca de 2 puntos porcentuales, destacando también el promedio nacional de calificaciones que fue de 4.83 en una escala del 1 al 10., concluyendo con ello, que “la calidad de la educación es mala, las percepciones que de ella tiene la sociedad parece que son correctas”.(Ornelas, 2009, p. 177).

Los resultados obtenidos por Schmelkes (2005, p. 159) también son concluyentes al respecto al señalar que:

1. La calidad de la educación primaria en las escuelas analizadas es un problema serio, porque éstas ni siquiera están logrando niveles de alfabetismo funcional en la mayoría de los alumnos que están apunto de egresar.
2. La calidad de la educación está distribuida desigualmente entre las escuelas de cada una de las zonas estudiadas.

Ahora bien, lo que demuestra la información obtenida por la presente investigación sobre este problema no es muy diferente a lo conseguido por Ornelas y Schmelkes, pues también se observan datos que comprueban que el sistema educativo mexicano no ha podido a lo largo de los años alcanzar los objetivos que se ha propuesto, por lo que se le puede calificar fácilmente tanto de ineficaz como de ineficiente.

Los resultados logrados en aspectos como analfabetismo, nivel de escolaridad, eficiencia terminal, reprobación, deserción, puntajes en PISA, cobertura, absorción, etc., están demostrando que efectivamente, el sistema no ha sido eficaz en el logro de sus propósitos. Así, por ejemplo, es sorprendente que el índice de cobertura en el nivel medio superior sea de apenas el 62.3%, 35 puntos porcentuales menos que el de primaria; el porcentaje de la deserción escolar también sorprende pues en este mismo nivel  16 jóvenes de cada 100 no culminan este tipo de estudios; de igual manera, en la educación secundaria existe una cifra relativamente alta en este indicador que es del 6.8%, lo mismo en el superior que para el 2004, era de 8.4%. Por su parte, el nivel de reprobación en la educación media superior luce igualmente bastante elevado pues se encuentra en un 33.3%; la eficiencia terminal, aun y cuando se avanzó en todos los niveles, también se considera baja en la educación media superior, pues sólo 60 de cada 100 estudiantes terminan sus estudios en el tiempo establecido, cifra más o menos parecida a la encontrada en el nivel superior. En fin, todos estos datos hacen pensar que los objetivos no se están logrando como se quiere, aun y cuando se han conseguido algunos avances, resultado de la gran cantidad de acciones y programas implementados.

Lo mismo está pasando con el sistema educativo estatal de Guerrero donde los promedios de eficiencia terminal, cobertura, absorción y nivel de escolaridad se encuentran por debajo del nacional, y los que deben estar por debajo, como la deserción y el analfabetismo se encuentran por arriba de ese mismo promedio.

Los resultados son más o menos parecidos sin importar si se trata de un gobierno priista o panista el que se encuentra al frente de la administración. Esto significa que la forma de gobernar no es una variable determinante ni explicativa de los resultados educativos obtenidos.

Sin embargo, no se puede ocultar que se observa un progreso constante en cada uno de esos fenómenos a medida que el tiempo pasa, tal y como se mira en los datos presentados en la comparación del nivel alcanzado por los indicadores en el año escolar 2008-2009 con los de hace aproximadamente 20 años.

Pareciera que con tales resultados, el Estado mexicano ha hecho poco por lograr la eficacia de su sistema educativo y sus objetivos, sin embargo, esto no es así, pues en realidad se han implementado una gran variedad de acciones tendientes a mejorar sus indicadores de calidad, ellas han ido desde la implementación de programas para mejorar la formación de profesores, pasando por reformas al curriculum -tanto en la educación normal como de los otros niveles educativos-, hasta modificaciones a la legislación educativa, así como propuestas orientadas a mejorar las formas de administración y gestión escolar. Cabe destacar dentro de esas propuestas, al Programa “Escuelas de Calidad”, implementado en el año escolar 2001-2002 por el gobierno de Vicente Fox. Dicha iniciativa partía de la idea de que la educación es un proceso compartido donde debían participar maestros, directivos y padres de familia en la solución de los problemas de sus escuelas, mediante la ejecución de un proyecto escolar. Otra de las medidas adoptadas para alcanzar los objetivos fue la creación del INEE el 8 de agosto de 2002, al cual se le daría el encargo de evaluar tanto los procesos y resultados de la educación. Dentro de estas medidas también se encuentran la implementación de la carrera magisterial que es un programa que da seguimiento al trabajo docente, la aplicación de las pruebas ENLACE que evalúa los conocimientos obtenidos anualmente tanto por los estudiantes de primaria como de secundaria, las reformas hechas a los planes y programas de los diferentes niveles implementados en la década de los noventa como el caso del plan de estudios de la escuela secundaria en 1995, lo que implicó también el diseño de nuevos libros de texto gratuitos.
Por su parte, en el nivel jurídico también se tomaron acciones, entre ellas, la creación de la Ley General de Educación publicada en el Diario de la Federación el 13 de julio de 1993, la cual se encargaría de regular la educación en la federación, estados y municipios, garante también de su equidad, calidad y cobertura para todo el territorio nacional. De igual manera, se implementó el Programa de Modernización Educativa a finales de la década de los ochenta, el cual, según su creador, –Carlos Salinas de Gortari- era tan importante para México que sin ella, la educación no podría modernizarse ni ser equitativa.

Las causas que propician este problema también han sido objeto de análisis, enfocando su atención a diferentes fuentes explicativas: el financiamiento, los conflictos internos del sistema educativo mexicano y la forma tradicionalista en que se genera y trasmite el conocimiento son sólo algunas de ellas. Sin embargo, desde la perspectiva de este trabajo, la causalidad del problema se encuentra en una combinación de todos esos factores, en el siguiente orden de importancia: en primer lugar, la carencia o falta de aplicación de principios axiológicos y normativos para la conducción del sistema; en segundo lugar, los conflictos en su interior, los cuales han estado allí desde la misma creación de la SEP agudizándose en algunos momentos del devenir histórico de México; en tercer lugar, la manera en que el sistema genera y transmite el conocimiento, pues es de todos conocido que en las aulas predominan las metodologías didácticas tradicionalistas y que se le da poca importancia a las habilidades investigativas; finalmente, el asunto de los recursos económicos los cuales efectivamente se han reducido drásticamente en periodos de dificultad económica, pero como se observa en los resultados de la presente investigación, México no se encuentra lejos de los mejores países inversores de la OCDE, ya que, mientras en el 2007 México invertía el 5.7% del PIB, el promedio de la OCDE era de 6.2% es decir, apenas una diferencia de .5; y en relación con los que más invierten, como el caso de Islandia y los Estados Unidos con 7.8% y 7.5%. No obstante, quienes han ocupado los primeros lugares en PISA invierten más o menos lo mismo que nuestro país. Este es el caso de Finlandia que invierte 5.6% del PIB, Japón el 5% y Canadá el 6%, lo cual quiere decir que la cantidad de dinero invertido en educación, si bien tiene cierta importancia no es tan determinante para la obtención de buenos resultados, en todo caso lo realmente importante sería cómo se utilizan tales recursos, siendo allí donde nuestro país ha demostrado ser poco eficiente.

La falta de competitividad del sistema educativo mexicano.

El inicio de la década de los ochenta es un momento clave en la historia de México. De un modelo de desarrollo basado en la participación amplia del Estado en la economía, se transita a uno donde esa entidad política deja de ser su principal promotor, abandonando su carácter proteccionista para convertirse ahora en el garante de la libre competencia y la libre circulación de capitales. El modelo de desarrollo basado en el proteccionismo dio pasó al nuevo modelo neoliberal.

Después de 1982 la sociedad mexicana ya no volvió a ser la misma. El nuevo proyecto inició un proceso de ajuste en sus diferentes componentes estructurales, la vida económica, política, social y cultural comenzó a transformarse siguiendo el modelo del nuevo  paradigma tecnológico emergente a nivel global.

El sistema educativo mexicano como parte constitutiva de la sociedad, no tiene más opción que iniciar un proceso de cambio para amoldarse a las nuevas circunstancias sociales y atender las exigencias de la nueva sociedad que se está consolidando en el plano global: la sociedad informacional. Después de que en el modelo de desarrollo anterior, basado en el proteccionismo del Estado, el sistema educativo enfocara toda su atención a los aspectos cuantitativos de la enseñanza y que lograra cifras importantes en la cobertura, ahora con el nuevo modelo de desarrollo -de corte neoliberal- su atención estaría en sus aspectos cualitativos. Una sociedad abierta completamente al mundo y con una economía basada en el libre mercado, no tenía otra alternativa que orientar su educación hacia la competencia, lo que suponía comenzar a tratar los problemas que permitirían, primero, ganar ciertos niveles de calidad, y segundo, poder enfrentarla con éxito.

Ello obligó a efectuar un conjunto de reformas a la educación, las cuales desde inicios de la década de los noventa fueron nuestro pan de cada día. Se vivieron cambios en muchas de las vertientes de la educación: en su aspecto jurídico, en el nivel administrativo y de gestión, en los métodos de enseñanza, en el currículo, en la formación docente, en la evaluación, etc. Producto de ello, se implementaron una gran cantidad de programas destinados a mejorar los resultados obtenidos y su aspecto cualitativo: programas compensatorios para lograr equidad, programas para hacer más eficientes a las escuelas -que procuraban incidir positivamente en sus diferentes dimensiones: pedagógico curricular, administrativo y de vinculación con la comunidad-, programas de formación docente, etc.

Sin embargo, a la hora de hacer una evaluación del impacto que han tenido todas estas acciones se debe de ser realista. Por los resultados que se han presentado aquí, y los obtenidos en otros trabajos, es fácil concluir que el sistema educativo mexicano ha tenido avances importantes en muchos de sus indicadores, sin embargo, por todo lo que ya se ha hecho y los recursos que se han  invertido en el ámbito educativo se esperaban mejores consecuencias. Resultados hay, es cierto, pero no son los deseados. La situación de México dentro de los países de la OCDE respecto a varios indicadores, y especialmente, el del rendimiento en PISA hace suponer que no estamos siendo competitivos a nivel internacional. Si el sistema mexicano debía educar para ganar la competencia, se debe decir sin premura alguna, que no está educando ni siquiera para afrontarla.

Los resultados de PISA, así como los indicadores presentados en el informe de la OCDE (2010), aunque demuestran que México está entre los países que más gasto público ejerce en educación, pues tiene 9 puntos porcentuales arriba del promedio de esa organización; que más horas de enseñanza otorga a los alumnos de entre 7 a 14 años -7500 horas-, es decir, 723 horas por arriba del promedio de los países miembros de ese organismo; y que su promedio de número de alumnos por clase es de 20, cifra menor al de la OCDE que es de 22; también enseñan que en todos los demás indicadores la situación del país se encuentra muy por debajo del promedio de este organismo, lo que supone que no se está siendo competitivo, y por lo mismo, tampoco se está enseñando con equidad y eficiencia.

Retos del sistema educativo mexicano

Las medidas, acciones, políticas, programas, planes y reformas que se han implementado en el país desde finales de la década de los ochenta y principios de los noventa para mejorar la calidad del sistema educativo han sido muchas y de muy diversa índole, sin embargo, los resultados arrojados no han sido satisfactorios. Entonces ¿Qué hacer para tener un sistema educativo eficaz?, ¿qué principios, acciones, medidas se deben adoptar para que el sistema logre impartir una educación con equidad?, ¿cómo lograr que el sistema alcance los niveles de competencia promedio en el marco de la OCDE?,  ¿cómo lograr la tan pretendida calidad educativa?, ¿están agotados ya todos los medios posibles con los cuales se pueden lograr los objetivos anhelados?

Para el tratamiento adecuado de la problemática expuesta en la sección anterior –falta de equidad, eficacia y competitividad- el sistema educativo mexicano tiene que desarrollar acciones en diferentes vertientes: en el ámbito del currículo, en el de la formación pedagógica de sus docentes, en el campo de la administración y gestión, en el marco normativo, y el de la vinculación con su entorno.

Entre algunas medidas que se podrían tomar para afrontar tal contingencia, se proponen las siguientes: utilizar enfoques curriculares centrados en el aprendizaje y atención a la diversidad; formar y capacitar permanentemente al profesorado en la adquisición de nuevas metodologías de aprendizaje, de nuevos conocimientos tecnológicos para la innovación y de nuevos conocimientos y habilidades para la investigación; así como prepararlos para que sean ellos mismos los que asuman las tareas de planeación y diseño de planes y programas de estudio; y democratizar la educación, lo que supone el abandono del modelo centralizado en el que se fundamenta el sistema educativo, dándole poder para decidir a los estados y municipios.

En fin, se podría continuar con esta lista de acciones, pero consideramos que ninguna de ellas daría los resultados que se quieren si no se parte de ciertos principios de carácter normativo y axiológico que tienen que generarse o aplicarse. Por ello, más que hacer propuestas concretas orientadas a responder las interrogantes realizadas es mejor resaltar los 5 principios básicos sobre los cuales éstas deben descansar, ellos son:

  1. Ninguna acción, reforma, plan, programa o política etc., es eficaz si no se enmarca dentro de un contexto moral y normativo que la regule, obligando a los encargados de su ejecución a rendir cuentas con transparencia.
  2. Ningún recurso, insumo o dinero alcanza si las acciones en torno a su uso no tienen un fundamento axiológico que permita su correcta aplicación.
  3. Ningún programa, plan o reforma puede tener éxito si los agentes sobre los que recae dicha acción son excluidos.
  4. Los planes, programas, políticas pierden su sentido cuando su diseño e implementación sigue una trayectoria que va del centro a la periferia y de la burocracia al docente.
  5.  Las acciones, políticas y reformas deben sustentarse en compromisos entre quienes participan en ellas, los cuales, tienen que fundarse en el consenso más que en la coerción.

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* Docente e investigador de la Unidad Académica de Sociología  y miembro del CA Educación, Cultura y Sociedad. Perfil PROMEP.