Revista Digital de Tecnologías de la Información y Comunicación. Vol. 6, No. 2. Semestre julio-diciembre de 2010. ISSN: 1870-7505

 

LOS EFECTOS DE LA GLOBALIZACIÓN

Marco Antonio Basilio Loza *

Justino Arziga Castañón *

Rodolfo Bórquez Bustos *

José Francisco Gilés López *

 

La globalización es un tema controversial, y por lo mismo, algunos autores -como Gimeno Sacristán- la han reconocido en términos de una ideología, en tanto que, constituye una “representación del mundo como unidad globalizada de la economía o de la cultura” (2005, p. 26), dando lugar, a dos grandes posiciones encontradas: la que comparte la idea de globalización, sosteniendo que el neoliberalismo económico, la libre competencia, la apertura comercial, el libre flujo de capitales y todos los procesos que conlleva, son algo provechoso para la sociedad (postura de los globafílicos) y la que por el contrario, difiere de ella, denunciándola como la causa del incremento de la desigualdad social, la marginación, la pobreza, la contaminación ambiental, el desempleo, etc. ( opinión de los globafóbicos)

De acuerdo con Castells (2005, p. 120) “Una economía global es algo diferente. Es una economía con la capacidad de funcionar como una unidad en tiempo real y a escala planetaria”. Todo lo que sucede en un lugar, repercute inevitablemente sobre el modo de vida desarrollado en otros lugares. El ataque terrorista del 11 de septiembre de 2001, dirigido hacia las torres gemelas ejemplifica este carácter global de la economía al demostrarnos la fuerte vinculación de los mercados: los países europeos y asiáticos fueron sacudidos por el impacto bursátil; los aeropuertos en diferentes partes del mundo se vieron envueltos en un caos, cerrando sus servicios por temor a nuevos ataques terroristas y el mercado petrolero se desestabilizó, afectando a países de regiones distantes.

Aunque el carácter mundial de la economía capitalista, (carácter presente en su espíritu y naturaleza misma) aparece con los grandes descubrimientos del siglo XVI, permitiendo la integración de América Latina al mercado mundial, es a partir del último cuarto del siglo XX cuando surge el carácter global de la economía, gracias a una revolución tecnológica manifestada en el ámbito de la información y comunicación. En este lapso de tiempo suceden cambios importantes: el muro de Berlín es derribado, dando lugar a la reunificación alemana separada como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría; la Unión Soviética y algunos países del este se desintegran para dar paso a una nueva geopolítica, a la formación de nuevos Estados nación ahora sobre la base de rasgos culturales; el ordenador comienza a bajar de precio, haciéndose más accesible para la gente común; y los teléfonos celulares, se expanden, convirtiéndose en uno de los medios de comunicación más preferidos por la multitud.

Sin embargo, si bien la globalización es un fenómeno que tiene su origen en la economía y está directamente relacionada con la intensificación de la actividad comercial, la liberación de aranceles, la deslocalización de empresas y con la desregulación de los capitales, no se circunscribe sólo a este ámbito, pues afecta a los diferentes niveles de la sociedad. Por ello, mas que concebirla en un sentido restringido -como fenómeno estrictamente económico- la debemos entender en un nivel más amplio; es decir, como un problema extendido a todo el conjunto social. Así, tenemos dos grandes formas de mirar a la globalización: una de ellas consiste en identificarla como un proceso exclusivo de la producción y mercados; es decir, se limita a la explicación de la existencia de redes entre empresas trasnacionales, financieras y mercantiles en el mundo; y la otra, es aquélla consistente en “ver a la globalización desde dimensiones más amplias que las referidas a la economía, el mercado y las políticas económicas del capitalismo actual”. (Gimeno, 2005, p. 23).

La globalización vista como un fenómeno que rebasa las fronteras de lo económico para afectar la vida política y cultural de la sociedad es propuesta por muy diferentes autores. Por ejemplo, Roig Ibañes (2006, p. 48) la define como:

El conjunto de procesos y fenómenos que se están llevando a cabo en todo el mundo, trascendiendo unas veces, e implicando y entremezclando otras, las soberanías nacionales o de los Estados-nación, y sus ordenamientos jurídicos, políticos y socioeconómicos, exigiendo la intervención de actores o instituciones trans o supranacionales.

Es decir, supone la plena mundialización de lo político, económico y socio-cultural, y por tanto, la superación de los límites político-jurídicos del Estado-nación en aquellas situaciones donde es necesario tomar medidas conjuntas para afrontar y resolver problemas propios de todo el mundo.

Con una orientación más cultural, Ulrich Beck (2008, p. 36) concibe a la globalización como:

Un proceso (o dialéctica) que crea vínculos y espacios sociales transnacionales, que difunde o revaloriza culturas locales y trae a un primer plano terceras culturas, trasvasando un poco de cada una de ellas y entremezclándolas con otras o con el contexto general.

La globalización es así, la consecuencia más directa de la reducción y eliminación de problemas que podrían ser resueltos por el Estado-nación en su contexto socio-cultural, trascendiendo a su espacio de funcionamiento para ser abordados desde una perspectiva transnacional  por instituciones capaces de actuar no en el ámbito de lo local, sino en el nivel de lo global.

Octavio Ianni (2004) por su parte, ve a la globalización como un proceso cuya configuración histórica y social se da a finales del siglo XX a partir de la caída del mundo bipolarizado en capitalismo y comunismo, teniendo que ver con una realidad económica, política y cultural articulada plenamente en el ámbito global a pesar de sus connotaciones, locales, nacionales, regionales u otras.

Lo común a todas estas definiciones sobre la globalización es la relación establecida entre lo local y lo global, donde lo primero cede el control a lo segundo. Así, mientras en el capitalismo industrial lo local prevalece sobre lo global, en el informacionalismo, lo extraterritorial predomina sobre lo territorial. Este fortalecimiento de lo global en detrimento de lo local, se debe básicamente al espíritu gitano y expansionista del capital que no requiere límites para su circulación, y en cambio, necesita un mundo sin fronteras para moverse libremente de un lugar a otro. Como la empresa no es de los empleados, ni de los habitantes de un lugar, ni de los proveedores, sino del inversionista, ésta es capaz de trasladarse con facilidad y rapidez hasta donde así convenga a sus intereses, generando un desentendimiento por los problemas del lugar donde funciona. De acuerdo con Bauman (2001, p. 17)

La movilidad adquirida por las personas que invierten- los que poseen el capital, el dinero necesario para invertir- significa que el poder se desconecta en un grado altísimo, inédito de su drástica incondicionalidad, de las obligaciones: los deberes para con los empleados y los seres más jóvenes y débiles, las generaciones por nacer, así como la autorreproducción de las condiciones de vida para todos; en pocas palabras, se libera del deber de contribuir a la vida cotidiana y la perpetuación de la comunidad.

Uno de los cambios más representativos generados por la globalización, es el debilitamiento del Estado-nación. La vida en la sociedad moderna estaba altamente regulada por una entidad estatal preocupada no sólo por el bienestar y la seguridad de sus miembros, sino por reglamentar el funcionamiento del mercado y la circulación de capitales a través de sus  leyes y aranceles. En tanto, en los tiempos de la globalización, ese Estado todo poderoso sufre un adelgazamiento de sus funciones, limitándolas al resguardo de sus residentes, dejando en los organismos supranacionales las decisiones más importantes sobre el comportamiento de los mercados, del gran capital y de la economía en general. Por ejemplo, países miembros de la Organización para la Cooperación de Desarrollo Económico (OCDE) han dejado en los bancos europeos la capacidad de fijar los tipos de interés nacional, excluyendo a los controles nacionales y erradicando las barreras que impiden la vinculación adecuada entre los mercados nacionales y mundiales. Asimismo, las ordenes giradas por las organizaciones globales, como el Fondo Monetario Internacional (FMI), Banco Mundial (BM), la Organización Mundial del Comercio (OMC), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), etc., sobre los países en vías de desarrollo han sido determinantes en la racionalización de su gasto público, imponiendo políticas de excesiva austeridad.

La disminución de poder del Estado-nación y el fortalecimiento de las organizaciones globales trae consigo una sociedad más abierta en todos los sentidos: crea en la economía la libre circulación de mercancías y de capitales, eliminando las barreras reglamentarias y arancelarías que el Estado-nación impone para impedir su libertad de movimiento, beneficiando especialmente a los países desarrollados y perjudicando a los pueblos y regiones más pobres del mundo. Asimismo, genera una competencia entre las empresas por controlar los mercados más rentables, margina a los lugares más miserables del planeta e incrementa la desigualdad social. En lo político, permite a los Estados más fuertes violar constantemente, con cualquier pretexto y cuando así conviene a sus intereses, la soberanía de los Estados más débiles. El proyecto político consiste esencialmente en consolidar un nuevo orden mundial, bajo la hegemonía de un país (Estados Unidos) y de la dominación y obediencia de los otros; en lo cultural, subsiste la tendencia a la universalización confundida con occidentalización. La imposición de hábitos y prácticas de la gente de los países dominantes, hacia las personas radicadas en las naciones periféricas, se lleva a cabo con demasiada libertad, gracias a las nuevas tecnologías de la información y comunicación que difunden y propagan con rapidez a lo largo y ancho del globo, esas prácticas y esos hábitos; y en lo social, se alientan las migraciones de grupos sociales que al no tener oportunidades de vida en sus comunidades, se ven obligados a emigrar a otros lugares (normalmente a las grandes urbes) en busca de un trabajo que les permita atender sus necesidades más básicas.

Pero la globalización no es solamente totalizadora e integradora, es también excluyente y desintegradora. Sus efectos sociales sobre las naciones en vías de desarrollo han sido devastadores, y para el resto del mundo, incluyendo a los países desarrollados, debe proporcionar mayores niveles de vida.

En el caso de América Latina, el aumento de los indicadores de pobreza, ha sido alarmante debido a la situación económica dejada por la competencia del mercado y las políticas impuestas por los organismos supranacionales. De acuerdo con el Banco Mundial, en años recientes, el producto interno bruto per cápita de los países de América Latina y el Caribe ha tenido un crecimiento lento y con altibajos: en el año 2005 creció a un 3.3%, en 2006 a 4.2% y en 2007 a 4.4%, bajando en el 2008 a 3.1%, y en el 2009 a un 0.9%. La deuda externa de la región, también ha tenido altibajos en los últimos años según la CEPAL: en el 2004 la deuda total era de 763 281. 6 millones de dólares, en el año siguiente (2005) bajó a 673 132.3, en el 2006 tuvo un decremento mínimo llegando a 662 331.5 y en el 2007 repuntó llegando a 728 559.5 millones de dólares. La inversión extranjera para el 2007 se incrementó comparada con los tres años anteriores: en el 2004 era de 48 926.0 millones de dólares, subiendo en el 2005 a 54 253.3, en el 2006 se contrae a 30 291.0 y para el 2007 experimenta un notable crecimiento, subiendo a 85 029.7 millones de dólares.

En suma, no ha habido un crecimiento sostenido en América Latina y el Caribe; el pago de la deuda externa ha provocado que los recursos, en lugar de invertirlos en programas sociales para el combate a la pobreza, se hayan ido a engrosar las arcas de los bancos internacionales como pago de intereses; y la inversión extranjera, al depender de la situación económica de los países inversores ha sido incapaz de mantener un ritmo ascendente. Todo ello da lugar a una reducción real de recursos a disposición de Latinoamérica, determinando sus niveles de pobreza. De acuerdo con la CEPAL, en América Latina y el Caribe vivían en pobreza en el año 2007 el 28.9 %, es decir, cerca de 170 millones, y en pobreza extrema el 8.1%; o sea, un poco mas de 46 millones de una población muy cercana a los 570 millones. Sin embargo, el problema no es propio de la región de América Latina y el Caribe, también afecta los países desarrollados. En Estados Unidos se calcula la existencia de cerca de 31 millones de pobres, en España 8.5, en Alemania 7 y en Italia 3 millones.

Como se observa en los datos anteriores, la globalización no ha sido capaz de disminuir los niveles de pobreza en todo el mundo y las previsiones no son alentadoras, se considera que estas cifras seguirán creciendo todavía más en los próximos años. Estos resultados hacen del fenómeno de la globalización un tema controversial, hay quien está de acuerdo con ella, sosteniendo que el neoliberalismo económico, la libre competencia, la apertura comercial, el libre flujo de capitales y todos los procesos que conlleva, son algo provechoso para la sociedad. Hay quien por lo contrario, difiere de ella, denunciándola como la causa del incremento de la desigualdad social, la marginación, la pobreza, la contaminación ambiental, el desempleo, etc.

 

 

* Marco Antonio Basilio Loza. Maestría en Tecnología Educativa. Docente e investigador del Programa Educativo de Sociología de la Comunicación y Educación perteneciente a la Unidad Académica de Sociología de la Universidad Autónoma de Guerrero. Integrante del Cuerpo Académico "Educación, Cultura y Sociedad" Clave PROMEP UAGRO-CA-114. Perfil PROMEP.

* Justino Arziga Castañón. Maestría en Educación. Docente e investigador del Programa Educativo de Sociología de la Comunicación y Educación perteneciente a la Unidad Académica de Sociología de la Universidad Autónoma de Guerrero. Integrante del Cuerpo Académico "Educación, Cultura y Sociedad" Clave PROMEP UAGRO-CA-114. Perfil PROMEP.

* Rodolfo Bórquez Bustos. Doctor de Educación. Docente e investigador del Programa Educativo de Sociología de la Comunicación y Educación perteneciente a la Unidad Académica de Sociología de la Universidad Autónoma de Guerrero. Integrante del Cuerpo Académico "Educación, Cultura y Sociedad" Clave PROMEP UAGRO-CA-114. Perfil PROMEP.

* José Francisco Gilés López. Doctor en Educación. Docente e investigador del Programa Educativo de Cirujano Dentista perteneciente a la Unidad Académica de Odontología de la Universidad Autónoma de Guerrero. Integrante del Cuerpo Académico "Educación, Cultura y Sociedad" Clave PROMEP UAGRO-CA-114. Perfil PROMEP.