Revista Digital de Tecnologías de la Información y Comunicación. Vol. 3, No. 4. Trimestre octubre-diciembre de 2007. ISSN: 1870-7505  

EDUCACION  Y  EL MERCADO, UNA RELACIÓN DISFUNCIONAL.

Augusto Brun López.*

Las notas que a continuación se presentan son un conjunto de reflexiones acerca de la función que la educación debe cumplir en la sociedad moderna. Dichas reflexiones han surgido durante el  proceso de reforma curricular en el que se encuentra el programa de la Licenciatura en Sociología de la Unidad Académica de Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Guerrero; particularmente, en la construcción del perfil de egreso, cuando aparecen argumentos que asignan  un rol protagónico a la dimensión del mercado en su configuración.

La importancia que dan a las necesidades y requerimientos del mercado respecto a los referentes socioculturales, manifiesta la lógica neoliberal del modelo civilizatorio hoy imperante en el  mundo. Esta misma lógica se encuentra en el proceso de redefinición de los asuntos públicos por el que atraviesan nuestras sociedades.

 La vocación social del Estado, es hoy fuertemente cuestionada por visiones utilitaristas, que imponen criterios pragmáticos y eficientitas al quehacer de éste, así como en  sus ámbitos de influencia, incluyendo, de manera especial, la esfera de lo educativo. Es lo que se ha dado en llamar el desmantelamiento del Estado de bienestar, lo que envuelve a esta lógica de desregulación.

Esta desregulación, significa derogar las normas legales de corte proteccionista, con las que cuenta el Estado para proteger a los sectores sociales menos favorecidos de los posibles excesos por parte de los grupos de poder o también para proteger a los empresarios nacionales frente a empresas rivales extranjeras. El papel regulador del estado desaparece, dejando al mercado como único mecanismo ordenador del  comportamiento tanto de los grupos empresariales como el de los individuos.

No obstante, el argumento de que la eliminación de medidas protectoras permitirá la entrada de nuevos capitales y empresas,  redundando en la generación de nuevos empleos y mejores salarios, parece ser desmentido por los bajos índices de crecimiento del empleo y las mínimas o nulas prestaciones laborales y de seguridad social que caracteriza a los nuevos contratos, así como por los reducidos salarios y su constante depreciación.

No hay que perder de vista que, entre las medidas que están implementando los gobiernos que apuestan por los modelos económicos neoliberales, además del desmantelamiento del Estado de bienestar y la privatización de los servicios públicos, hay que añadir, la promoción de discursos y acciones en contra del sindicalismo.

La desaparición de los sindicatos, es una condición necesaria para que el empresariado, impulse las medidas de ajuste estructural tendientes a reducir las plantillas o nominas, congelar los salarios, derogar derechos y prestaciones contractuales, etc.

Los sindicatos universitarios, por ejemplo, han sido relegados en la toma de decisiones en el actual proceso de reestructuración del sistema de educación superior, en el que se discute y decide sobre aspectos de incumbencia para el profesorado, como cargas y procesos laborales, prestaciones contractuales (como los programas de jubilación), programas de estímulos y de formación docentes, etc.

La mundialización de los mercados conlleva la adopción de una racionalidad económica que valora las cosas sólo en la medida en que producen beneficios económicos, no sociales, ni mucho menos morales.

Los discursos apologistas a favor de la privatización de los servicios públicos se fundamentan  en el supuesto de lograr una mayor eficacia, de ahí que los argumentos que esgrimen sus defensores, recurran a razones como: la eficiencia de la empresa privada frente al despilfarro que caracteriza a las formas de trabajo de las instituciones públicas, la mayor competitividad a que da lugar el mercado, el respeto ante la libertad de decisión de los individuos, o la mayor equidad que supone el que cada uno obtenga beneficios y privilegios en función del esfuerzo que se realice.

La eficiencia de lo privado frente a lo público, sigue siendo el eje discursivo de quienes reivindican al mercado, aunque al hacerlo, ignoran generalmente las condiciones histórico-sociales de las realidades a las que pretenden aplicarlo. Se obvia, por ejemplo las acciones de salvamento que el Estado ha implementado frente a los fracasos de la clase empresarial, a costa de las finanzas públicas y la inversión social (Vg. Fobaproa).

Es así, que los eslóganes referentes a la eficiencia y a la calidad, en muchas ocasiones, sirven de coartada para evitar hablar de las reducciones presupuestales que afectan en los últimos años al gasto público en general y a la inversión en la educación en particular. Se nos pretende hacer creer, tanto a los actores educativos, como al resto de la sociedad, de que la mejora de la calidad en educación, no tiene que estar asociada con el incremento del gasto público o de la inversión en el sistema educativo.

Los discursos acerca de la eficiencia en el ámbito educativo, sirven también de subterfugio para evadir debates de mayor alcance respecto a las funciones que debe desempeñar las instituciones educativas de cara al logro de sociedades más democráticas, justas y solidarias.

Es por ello entendible, que en los discursos privatizadores sólo surjan asuntos referidos al rendimiento de los alumnos en los distintos niveles de enseñanza, a la incorporación de estos o aquellos contenidos y/o bloques de asignaturas, pero sin cuestionar la importancia y urgencia de los conocimientos que se están exigiendo en las aulas o la necesidad de introducir otros saberes y valores.

Da la impresión de que estas cuestiones no son problemáticas, que todo el mundo esta de acuerdo en los saberes y haceres que deben enseñarse, que existe pues, un amplio y silente consenso frente a estos asuntos. Se ignora, por tanto, la gran controversia existente en diversos ámbitos sociales acerca de qué valores, procedimientos y conocimientos son más urgentes frente a una sociedad en la que la complejidad y lo diverso lo caracteriza todo.

Jurjo Torres, pedagogo español, en referencia a los discursos y sugerencias que sobre cuál debe ser el futuro del mundo, enarbolan organismos supranacionales, como el Banco Mundial, la OCDE, la OMC o el FMI, señala: “Su apuesta por el libre mercado y su sacralización, por una economía monetarista, por la privatización de todo aquello que puede producir beneficios económicos, así como por la eliminación del arbitraje de los Estados y de su participación en el mercado, se presenta como el único modelo de sociedad posible y, al margen, de las ideologías. Su defensa del pensamiento único y del final de las ideologías y de la historia, que es su más interesada línea argumental, pasa siempre a ser ocultada o disimulada con ropajes de apoliticismo y desinterés; podemos decir irónicamente, que sólo les falta presentar su pensamiento cual Tablas de la Ley o como leyes de la Naturaleza, o sea, como el verdadero mapa cromosomático del planeta tierra” (1).     

Esto explica que la educación, en su acepción de servicio público y de saberes formativos, sea redefinida, desde un racionalismo instrumental, por planteamientos de naturaleza utilitarista, donde la atención a un derecho social deviene en la atención a un requerimiento económico. Capacitar más que educar, parece ser la consigna.

Esta mercantilización de los asuntos públicos revela las intenciones que subyacen en las constantes denuncias por ineficiencia que, contra el sistema educativo oficial, lanzan las elites económicas. Para éstas, la calificación de la mano de obra debe ser función de dicho sistema y debe hacerlo bien.  No pretenden –aún- , tanto la privatización del sistema, como la subordinación funcional y doctrinaria de la educación a la economía y el mercado.

No obstante que, esta doctrina preconiza el mercado laboral como el referente obligado para la definición del papel de la educación, es paradójico, que en nuestro estado, no se cuente todavía con una clase financiera y empresarial, dinámica, modernizante, vinculada al comercio internacional y con significativa presencia en las más promisorias ramas de la producción y de los servidos de la entidad.

Por lo mismo, nuestro estado, está urgido de nuevos insumos científicos y técnicos y de cuadros profesionales capaces de generar o de manejar esos nuevos paquetes tecnológicos. Con la excepción del turismo - cuyos paquetes tecnológicos más modernos se generan fuera del país - las restantes ramas de la producción evidencian ausencia de iniciativa empresarial, falta de proyectos estratégicos y carencia de capital.

 Cabe aquí señalar, que la introducción de este léxico en el mundo académico, es consecuencia  de la institucionalización del discurso neoliberal, en tanto es incorporado como discurso oficial burocrático y pedagógico. Si bien, su uso es obligado en los procesos comunicacionales educativos y de gestión, no debemos dejar de reflexionar críticamente sobre sus significados e implicaciones ideológicas y practicas.

Un hecho demostrativo de lo anterior es, sin duda, el lenguaje que en el ámbito educativo se ha venido adoptando. Palabras, como: calidad, excelencia, desempeño, control, competencias, eficiencia, flexibilidad, etc., son términos ya de uso común y corriente en todos los sistemas y programas educativos, dejando en evidencia la tendencia hacia empresarizaciòn y homogenización del discurso educativo.

Una de las palabras clave recurrente en el discurso neoliberal es excelencia. Esta es entendida como el objetivo a alcanzar de toda mejora en la calidad del sistema educativo. Pero no significa mejorar los servicios para los estudiantes, ni mejorar las condiciones del trabajo docente, ni incrementar los recursos financieros y materiales que permita ampliar la cobertura, ni implementar estrategias pedagógicas que promuevan el compromiso social y los valores democráticos.

Todo lo contrario, el concepto de excelencia, para los defensores del sistema, adquiere su verdadero significado desde la lógica de la producción de bienes de consumo, desde la lógica gerencial de insumo-producto o de costo-beneficio.

 Cumplir los parámetros de calidad, es pues, el imperativo. Hoy se llega al extremo de hablar de estudiantes de calidad y egresados con competencias, dependiendo si cumplen o no los parámetros o estándares preestablecidos. No debemos olvidar que la educación ligada sólo al mercado, atiende exclusivamente a la persona, considerada en su individualidad y es incapaz de analizar y resolver asuntos como: las desigualdades o injusticias sociales o procesos de discriminación y exclusión social por pobreza, genero o etnia, que influyen profundamente en el desarrollo de la persona y en sus posibilidades como ser social y ciudadano el día de mañana.

Asimismo, no olvidemos que los valores del  individualismo en la educación, se contrapone al aprendizaje de los valores de la democracia, en tanto que esta última presupone la interacción entre las personas y tomar en consideración dimensiones comunitarias, lo cual es incompatible con la versión constructivista que ha adoptado la reforma educativa de nuestra universidad. En palabras de Michael Apple: “El tipo especifico de individualismo que estamos presenciando aquí constituye un interesante desplazamiento desde una ideología de la autonomía individual, donde una persona es su propio jefe y controla su destino, a un individualismo carrerista”.(2).

Las condicionantes a las que se encuentra sujeta la función educativa, no se reducen a los efectos que la redefinición del Estado y sus funciones generan, existen otros procesos que ejercen una influencia igualmente importante, por ejemplo, la llamada revolución científica y tecnológica, la cual constituye una tendencia histórica básica sobre la que avanza la implementación del modelo civilizatorio neoliberal y que caracteriza al omnipresente proceso de globalización.

Eventos, como la generación, reproducción, aplicación y divulgación del conocimiento científico y tecnológico, que debieran ser significantes para los sistemas educativos y los actores que conforman la comunidad académica y científica, resultan ser activos fundamentales para la reproducción del capital.

 En tanto que en el ámbito educativo, los promotores acríticos del uso de las nuevas tecnologías, parecen confundir el fin con el medio, al obviar en sus recomendaciones, aspectos de carácter contextual, histórica y culturalmente hablando.                       

En nuestro actual proceso de reforma, estos temas deben estar presentes a la hora de discutir las necesidades contextuales a las que debe responder nuestro plan de estudios, además de las dimensiones laborales-productivas.

Recuperar la tradición humanista en nuestra visión educativa, de educadores  que forman seres humanos y no mercancías, es una responsabilidad irrenunciable. A estas reflexiones nos dedicaremos en próximas ocasiones.

 

 

Citas Bibliográficas:

1.- Torres Santomè, Jurjo. Educación en tiempos del neoliberalismo. Primera ediciòn 2001, Ediciones Morata (2001) Madrid, España. Pp. 20 y 21.

2.- Apple, Michael. Teoría Critica y Educación. Miño y Dávila Editores. Primera edición marzo de 1997. Buenos Aires, Argentina. P. 31.

 

*Profesor - investigador de la Licenciatura en Sociología de la Comunicación y Educación de la Unidad Académica de Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Guerrero