Revista Digital de Tecnologías de la Información y Comunicación. Vol. 3, No. 4. Trimestre octubre-diciembre de 2007. ISSN: 1870-7505  

EL DESAFÍO DEL ORDEN DE LO REAL A NIVEL EDUCATIVO (PRIMERA PARTE)

Mtro. Rodolfo Bórquez Bustos*

RESUMEN

Este ensayo cuenta de dos partes, la primera de una manera general hace un repaso de las posibilidades que tienen los sujetos para construir un conocimiento fundado desde una dimensión gnoseológica y no exclusivamente cognitiva. En este sentido cuestionamos la función dominante de la razón instrumental, planteando la necesidad de proyectar horizontes utópicos emancipatorios posibles, sustentada en una conciencia histórica. Asimismo sostenemos que la utopía no puede ser interpretada como un objetivo inalcanzable, sino como una rebelión inalienable que potencializa la inconformidad con lo dado y trasciende las circunstancias inmediatas, con el propósito de aprehender un mundo que lo real empírico, no puede percibir. Este proceder representa una posibilidad emancipatoria hacia el futuro, convirtiéndose en razón histórica, en necesidad de realidad posible, no como meta o límite hacia la cual se viaja, sino como el horizonte del viaje mismo que el sujeto armado de una ética sustentada en lo humano deseable, va mirando mientras camina.

Una segunda parte (que aparecerá en el próximo número de esta revista), trata sobre las posibilidades o caminos que el pensamiento crítico tiene a nivel educativo para construir y proponer categorialmente una propuesta distinta a la dominante. En este sentido nos pondremos no frente a ciertas certezas dadas, sino que nos situaremos ante lo inédito, desconstruiremos el discurso educativo dominante, y consideraremos lo educativo como un fenómeno inacabado que se nos manifiesta en un contexto determinado, que tal como está constituido lo podemos subordinar a ver desde una dimensión abierta, indeterminada y pasar desde lo constituido a lo constituyente, de contenidos determinados a contenidos determinables, es decir incursionar el fenómeno educativo en toda su riqueza. Se trata de abrirse a la realidad educativa, con toda su complejidad que ello implica, antes que entrar a ella a través de la transparencia de conceptos claramente establecidos.

En este sentido problematizaremos sobre diversas dimensiones educativas como son principalmente: Educar en y para la condición humana, lo que incluye la problemática de la diversidad social, cultural y pluralidad, ya que somos universales e individuales a la vez. Educar para la identidad terrenal debido a que somos ciudadanos del mundo. Educar para la vida no para la muerte, es decir cuestionar los problemas provocados por los peligros nucleares, desequilibrios ecológicos, guerras, hambrunas etc., que actualmente amenazan el planeta. Educar para las incertidumbres, hoy en el mundo crece el desempleo, los viejos cada día viven en condicionas menos humanas, la destrucción ecológica amenaza cada día más a la especie humana etc., en efecto vivimos en una sociedad del riesgo; pero también debemos educar para la esperanza. Educar para la comprensión subjetiva, con el fin de cultivar la capacidad creativa, asimismo las posibilidades de construir utopías, que abran todas las posibilidades a la imaginación situándonos más allá de la realidad parametral dominante. Educar para combinar las aspiraciones individuales y las necesidades sociales a través de la solidaridad, la tolerancia y la libertad. Educar para la acción comunicativa, fomentando el diálogo y la participación para la vida democrática. Finalmente, educar para la ética del género humano.

DESARROLLO

 Los animales están programados para vivir instintivamente de forma natural, ellos se hallan permanentemente de frente “en el ahora”, en una realidad dada de una vez para siempre, no tienen ninguna posibilidad de progresar ya que están condenados a no poder cambiar sus circunstancias.

En cambio el ser humano puede inconformarse con lo dado, con su vida, con su conocimiento, con las cosas que él mismo ha creado, todo ello lo puede cuestionar, desconstruir y reconstruir, fijando nuevos horizontes posibles, re-creando lo creado e imaginando y construyendo lo inédito. Este es el proceder que se han apropiado los grandes pensadores que en cierto momento cambiaron las categorías dominantes fijas, y explicaron el mismo fenómeno desde un ángulo categorial distinto, provocando verdaderas revoluciones a nivel del conocimiento. Sin embargo por sentido común, muchas veces se tiene la impresión que la realidad se nos presenta “dada” de una vez para siempre, que no podemos romper con sus límites. Por tal razón muchas veces escuchamos afirmaciones como estas: “este partido es el que siempre gana las elecciones y siempre será así…. la globalización es el único modelo válido en el mundo que permite el desarrollo…las mujeres no son capaces de desempeñar tal o cual oficio…los extranjeros nos vienen a quitar nuestros empleos…los indígenas son pobres por que son flojos… el fin de la educación es preparar a los estudiantes en habilidades para que puedan insertarse en el mundo laboral etc”.

Afortunadamente todas estas percepciones que parecen fijadas, congeladas, imperturbables pueden ser cambiadas, debido a que la propia condición humana está marcada por la discontinuidad, es decir, los individuos constantemente están problematizando, negando, modificando, re-aprehendiendo las múltiples posibilidades que se encuentran en la realidad. En este sentido el conocimiento siempre se construye en el marco de un proceso conflictivo, siempre lo estamos “re-leyendo” y es en este redescubrir constante, que los humanos no pueden separar el ser con el conocer, ya que tienen la posibilidad de negar lo que ha llegado a ser, aspirando a conocer otras dimensiones de la realidad hasta entonces desconocidas.  En efecto, es solamente a través de la intervención de los sujetos, que la realidad se transforma. El conocer es entonces, un momento del devenir del ser. (Ibáñez, Jesús.1985, p.26) 

Esta inconformidad persistente de lo conocido es propia del ser humano, y siempre lo hace a través de la razón ya que es en la razón donde “tiene lugar el saber pensar” (Zemelman, Hugo. 1998, p.23), entendiendo por “saber pensar” como la capacidad que tenemos los sujetos para reflexionar el presente con conciencia de un futuro posible, es decir, la realidad se observa en movimiento, no estática y estas circunstancias producen tensión, de tal forma que la razón debe ser entendida como una construcción, no solamente en su dimensión cognitiva, sino también gnoseológica (Zemelman, Hugo. 1998, p.23), esto quiere decir que a través de la razón podemos reflexionar profundamente sobre todas las posibilidades que nuestro conocimiento puede alcanzar. La cognición emplea un lenguaje de significados y se limita a explica o comprender el fenómeno, situando la razón en una dimensión analítica; el proceder gnoseológica recurre a un lenguaje de significantes, desde el presente proyecta horizontes utópicos emancipatorios posibles, por lo tanto la razón está sustentada en conciencia histórica, asimismo no se queda en el plano explicativo o comprensivo del conocimiento, sino que trasciende a un plano de aprehensión del mismo en su esencia más profunda.

 En este sentido, el conocimiento no puede estar limitado exclusivamente a lo dado, ni tampoco a seguir un camino seguro pre-diseñado, donde el interés está centrado exclusivamente en el control, medición y manipulación del objeto (única manera de alcanzar la objetividad), como lo supone el método hipotético deductivo fundado en el positivismo. Más bien desde una visión crítica los caminos son inciertos, azarosos. Como dice acertadamente el poeta español Antonio Machado e interpretado musicalmente por el catalán Jean Manuel Serrat: “caminante no hay camino, se hace camino al andar”. De esta manera, metodológicamente lo construido por la razón, la propia razón lo cuestiona, des-construye, modifica o destruye, para reconstruir siempre algo nuevo, que queda al mismo tiempo abierto para ser nuevamente cuestionado.  Para que este proceso ocurra, cada vez debemos tomar caminos distintos, “caminando hacemos brecha”. Esta búsqueda constante de descubrir caminos desconocidos, esta sustentado en la inconformidad permanente de la razón.

Entonces, por su propia condición, el ser humano se opone siempre a toda forma de pensamiento único, la única afirmación inmutable, es que todo conocimiento está predispuesto a ser falseado, a ser cambiado, a ser modificado, el mundo y el conocimiento que lo explica siempre está abierto, así es y siempre lo será. Somos eternos interpretadores, transformadores y constructores de conocimientos nuevos, de utopías, entendiendo a ésta no como una manera de proyectar una idea o un proyecto que no se puede alcanzar, que no existe en ninguna parte, no se trata de “construir un paraíso en la tierra” como fue el planteamiento de algunos escritores utópicos de antaño encabezado por Tomás Moro. Sino que la utopía debe entenderse como una esperanza abierta, como la potenciación imaginaria del pensamiento, que analiza con conciencia crítica el presente y proyecta un horizonte posible hacia el futuro. La utopía desafía lo desconocido, hace trascender al ser humano con el fin de “mejorarse a sí mismo e influir en su entorno de manera constructiva […] es la obligación de proyectarnos en nuestras acciones y de romper las barreras del orden establecido, con el deseo de mejorar cada día nuestra vida y lograr que otros puedan mejorar la suya[…] [la utopía] debe surgir de la intuición y de la técnica, del amor y el trabajo y del placer de uno y del otro. Pero debe surgir ante todo del desacuerdo con la situación presente, ser una rebelión inalienable”. (Fedrico Mayor en Fernando Ainsa: 1999, p. 8). Potenciar la inconformidad con lo dado, trascender las circunstancias inmediatas, con el fin de aprehender un mundo que a través de lo real empíricamente conocido no podemos percibir. Como lo afirma Ernest Bloch, la utopía es la esperanza, es el proceso de “ir siendo” para “llegar a ser”  y viceversa,

Entonces para reconocer los nuevos espacios de reflexión crítica, es importante situarse como sujetos pensantes por sobre los contenidos que ya han sido dados, plasmados de manera “sólida”, es decir, no “acomodarnos” a ellos. Recordemos la sentencia de Marx de que “todo lo sólido se desvanece en el aire” (Berman, Marshall 1998, p. 7).   Para que esto ocurra, debemos reconocer y abrir las fronteras de lo dado, tomar conciencia de la posibilidad de “ver” la realidad desde otro punto de vista, esta postura implica romper con las barreras de los límites construidos por los parámetros dominantes presentes, y avanzar hacia un futuro desconocido, inédito pero posible a ser construido con razón pensante y conciencia histórica.  Reconocer que teóricamente podemos activar lo real desde un ángulo distinto, provoca la apertura de un espacio de tensión, de conflicto con todos los desafíos que implica un futuro posible.  Creemos que “asomarnos” más allá de las verdades “institucionales”, cristalizadas, “empíricamente demostrables” significa subordinar la realidad dada a lo indeterminado, este es el desafío que plantea los diferentes modos de apropiación sustentado en una visión crítica-alternativa. Este proceder representa una luz hacia el futuro. Así el futuro se convierte en razón histórica, en necesidad de realidad-utópica no como meta o límite hacia la cual se viaja, sino como el horizonte del viaje mismo, que el sujeto armado de una ética sustentada en lo humano deseable, va mirando mientras camina. (León, Emma: 1997, p. 66) Es justamente ese horizonte el que nos permite caminar, este es el verdadero sentido de la utopía. Es en esta postura que nos sustentaremos para analizar el fenómeno educativo: describir y analizar lo dado para avanzar hacia lo inédito posible.

BIBLIOGRAFÍA 

Ainsa, Fernando. (1999) La reconstrucción de la Utopía, Correo de la UNESCO, México

Berman, Marshall. (1998) Todo lo sólido se desvanece en el aire. La experiencia de la modernidad, Siglo XXI, México.

Delors, Jacques. (1997) La educación encierra un tesoro, UNESCO, México.

Ibáñez, Jesús. (1985) Del Alegorismo al sujeto. Perspectivas de la investigación social. Siglo XXI, Madrid

León Emma, Zemelman Hugo. (1997) Subjetividad: umbrales del pensamiento social. Anthropos-UNAM, España.

Morín, Edgar, (2001). Los siete saberes necesarios para la educación del futuro, UNESCO México.

Zemelman, Hugo. (1998) Sujeto: Existencia y potencia. Anthropos-UNAM, España,

 

* Maestro de la Licenciatura de Sociología de la Comunicación y Educción. Unidad Académica de Ciencias Sociales de Acapulco. Universidad Autónoma de Guerrero