Revista Digital de Tecnologías de la Información y Comunicación. Vol. 3, No. 4. Trimestre octubre-diciembre de 2007. ISSN: 1870-7505  

 Principales desafíos de la educación en la sociedad de la información

Marco Antonio Basilio Loza*

RESUMEN

El avance sin precedentes que tienen las Nuevas  Tecnologías de la Información y Comunicación está propiciando cambios profundos en el conjunto social. La denominada “Sociedad de la Información o del conocimiento”, aquella que sustenta su funcionalidad en una economía global e informatizada, sólo se está haciendo realidad gracias a un cambio paradigmático, manifestado esencialmente  en la enorme importancia que asumen hoy en día  las organizaciones que se encuentran vinculadas a los procesos de producción, intercambio, diseminación y consumo de información y conocimiento. Ello implica que la escuela, reconsidere el papel que ha desempeñado hasta ahora para  ajustarse a las nuevas características  de este modelo de sociedad.

El presente escrito explica los principales desafíos que enfrentarán nuestros centros escolares como respuesta a este proceso de ajuste.

DESARROLLO

La escuela como una organización social orientada especialmente a la formación integral de los niños surge con los estados modernos del siglo XIX, como resultado del proceso de industrialización. De este modo, a medida que las fuerzas productivas se hacían más sofisticadas y aumentaba la producción en la industria, se hacía necesario también adecuar el perfil  y las competencias de los trabajadores. Por ello, los diferentes gobiernos propusieron la creación de los sistemas escolares nacionales con la intención  de ofrecer una educación elemental para la población, regulada por la ley,  partiendo de un plan  de estudio de uso común. La propuesta hecha por los gobiernos representaba un avance importante enfrente de la enseñanza de corte artesanal, en la que, casi cualquier persona letrada podía ejercer las funciones de maestro.

Con la idea  de que el Estado tomara la responsabilidad de educar se pretendió regular la actividad educativa, construyendo para ello, espacios específicos para llevar a cabo el proceso de enseñanza aprendizaje y contratando trabajadores con capacidades y conocimientos suficientes para desempeñar dicha tarea.

En el fondo, la escuela de entonces pretendía imitar a  la fabrica, de la misma manera de como existía en ese momento en el ámbito de la industria. Tal similitud residía en que  la organización fabril ponía énfasis en la masificación de  la producción de mercancías con unos métodos basados en el eficientismo, mientras que los centros escolares intentaban la formación a gran escala del alumnado, haciendo uso de una metodología de enseñanza que se planteaba como prioridad que todos los alumnos aprendieran las mismas competencias y conocimientos.

Manuel Área (2005,16) reafirma lo anterior al señalar que: “la educación escolar surgió como una necesidad de los estados nacionales en el siglo XIX para dar respuesta tanto al ideal ilustrado de democratización del conocimiento, como a la necesidad de alfabetizar a la clase trabajadora con la finalidad de incrementar la calidad de los procesos productivos. Ello Implicó un modelo de escolarización que en sus formas organizativas y metodológicas imitaba los modos de producción industrializada de masas”

Por su parte, José M. Esteve (2003) argumenta que es a partir de la segunda gran revolución educativa cuando el Estado hace suya la actividad educativa; es decir, la convierte en una actividad regulada y dirigida por él. Este proceso de  consolidación del carácter público de la educación, se inicia a finales del siglo XVIII en Prusia, bajo el reinado de Federico I, y se  prolonga en algunos lugares hasta el siglo XIX y principios del XX.

La argumentación completa de  Esteve sobre este punto, consiste en señalar  que en la trayectoria de la sociedad, han existido tres grandes revoluciones en el ámbito educativo: la primera de ellas, es cuando una  institución social asume la tarea de enseñar, ya sea, la familia, la iglesia, el taller artesanal o la fabrica; la segunda, llega cuando el Estado asume la responsabilidad de la tarea educativa, es decir, la educación se convierte en actividad pública, tal y como ya quedó establecido en párrafos anteriores; y la tercera, es cuando se pone énfasis en que la educación debe llegar a todos los sectores de la población, haciendose obligatoria, primero, en las escuelas de educación básica, y posteriormente,  proyectando la obligatoriedad de la educación media superior y superior, tratando de  asegurar la educación de los jóvenes cuyas edades oscilan entre los 18 y 24 años.

La obligatoriedad de la educación lleva consigo transformaciones profundas de las formas de enseñar y aprender. Los maestros de hoy, en la nueva sociedad de la información, se enfrentan a un escenario completamente distinto al de hace 20 o 30 años, para el cual no fueron preparados. En la actualidad los profesores tienen que enfrentar a grupos de alumnos con unas características diferentes a los de antaño, es decir,  tienen que enseñar al 100% de alumnos con problemas psicológicos, al 100% de alumnos que han vivido en sus hogares violencia intrafamiliar, enseñar al 100%  de estudiantes con capacidades diferentes, al 100%  de alumnos que debido a su difícil situación económica tienen que trabajar para solventar sus estudios, al 100%  alumnos con problemas de drogadicción, etc.

El alumnado, con estas nuevas características, hace más difícil la tarea de los profesores que se tienen que adecuar a las particularidades de este nuevo escenario, propiciando la necesidad de repensar lo que hasta ahora ha sido la actividad docente. No obstante, aun cuando se ha avanzado en la cobertura educativa  y se han logrado en este rubro resultados nunca vistos, persiste la sensación de que nuestros sistemas educativos están en crisis. En este sentido, cabe preguntar ¿Por qué justamente cuando la escuela está logrando resultados sorprendentes se tiene la idea de que la escuela está mal?¿ No es acaso un logro significativo que muchos de los alumnos que antes no podían acceder a la educación, ahora se encuentren matriculados en alguna de las escuelas del sistema educativo nacional? ¿ no es esto realmente un avance en la calidad de la educación que imparten nuestras escuelas?

Es cierto que muchos de nuestros alumnos poseen un  bajo rendimiento académico, pero también, en  muchos de ellos se observa lo contrario. En todo caso, siempre será  preferible para nuestra sociedad que estos estudiantes obtengan bajos niveles de aprovechamiento dentro de nuestras escuelas  a que se encuentren excluidos de ellas.

Sin embargo, la formación docente no es el único desafío que tendrán que encarar nuestros centros escolares como resultado de los cambios suscitados en la nueva sociedad de la información. A éste, se sumarán otros, entre los que podemos destacar por lo menos, los siguientes:

1. Utilizar enfoques curriculares y pedagógicos centrados en el  aprendizaje flexible

Es esencial que las escuelas replanteen las formas de organizar los procesos formativos, de los enfoques tradicionales basados en el papel protagónico de los docentes, se está transitando hacia modelos pedagógicos autoestructuralistas en los que el alumno asume  la  responsabilidad de aprender. En este sentido, es él quien decide sobre los aspectos nucleares de su quehacer dentro del aula.

La rigidez, propia de las viejas formas de enseñanza se está diluyendo  para  permitir procesos de formación flexible, en los que por un lado, las tecnologías de la información y comunicación asumen un papel neurálgico, y  por otro, la enseñanza se orienta a que el estudiante sea el principal protagonista de su aprendizaje. El papel estelar y las decisiones más importantes en relación a lo que el alumno aprenderá: el cómo, el cuándo, el dónde, con quién y con qué medios, son decididos por él mismo.

Ahora bien, es importante señalar que el concepto de formación flexible es un término muy general que se refiere a una unidad en el que se incluyen  dos fases: la enseñanza y el aprendizaje. En este sentido, un proceso de formación flexible implica necesariamente, por un lado, una enseñanza flexible, pero por otro, un aprendizaje flexible. Si bien estos dos últimos conceptos forman parte de un mismo cuerpo, es necesario reconocer que se trata de dos elementos que presuponen el desarrollo de actividades distintas. Por tanto, la enseñanza flexible tendrá que ver especialmente con las actividades desarrolladas por el docente, bajo el entendido de que éste no es más el poseedor absoluto del conocimiento, dándole libertad y responsabilidad al alumno para que sea quien lo produzca de forma autónoma e independiente, y decida sobre el modo de obtenerlo. El aprendizaje flexible por su parte, será el resultado del proceso de formación, y como tal, tendrá que referirse a los conocimientos, valores, habilidades y competencias que resultaron de un proceso en el que el estudiante tomó las decisiones más importantes en relación con su aprendizaje y asumió  el rol protagónico en el mismo.

El informe Delors del año 1996 entregado a la UNESCO, propone que la educación para ubicarse a la altura de los cambios suscitados en la sociedad de la información debe sustentarse en cuatro pilares del conocimiento:

  • Aprender a conocer.  Se refiere a que la escuela debe preparar a las personas para comprender su realidad, a ser críticos y analíticos para que puedan encontrar alternativas de solución a los problemas surgidos por el cambio.
  • Aprender a hacer. Se propone sustituir la organización del conocimiento en campos disciplinares por un currículo basado en competencias. Se sostiene que los seres humanos deben poseer capacidades cognitivas, competencias y habilidades para el desarrollo óptimo de sus actividades profesionales.
  • Aprender a convivir con los demás. Las personas deben de aprender a trabajar en equipo, relacionarse con otras personas y poseer la capacidad para mantener relaciones complementarias de cooperación y colaboración con sus semejantes.
  • Aprender a ser. Se refiere a que la formación de las personas debe ser integral, estimulando sus capacidades creativas.

2. Educar para la competencia y en competencias

Es pertinente diferenciar conceptualmente entre educar para la competencia y educar en competencias. El primer concepto alude a una educación congruente con las economías globales, que como se sabe, son en esencia economías competitivas y basadas en políticas de corte neoliberal. Ello significa que los sistemas educativos tendrán que esforzarse por atender los aspectos cualitativos de  la educación, y concretamente, por asegurar que los resultados de su proceso, ostenten las características que requieren, tanto los empleadores como el mercado de trabajo. Los egresados de los sistemas educativos deberán  tener un alto nivel de competitividad, lo cual quiere decir que contarán con un perfil profesional que les permita ubicarse como ganadores de una competencia en la que está en juego, no sólo el prestigio del centro escolar que los formó, sino su inserción en el mundo laboral. Obviamente, erigirse como ganador de la competencia implicará tener las características y cualidades que las economías globales y  competitivas necesitan.

El segundo concepto, se refiere ya no a la competencia entre sus pares, sino al hecho  de que es una necesidad para el egresado de los sistemas educativos dominar ciertas competencias  que faciliten su integración a una economía global y competitiva. El término educar en competencias se refiere a que los sistemas educativos deben poner especial énfasis en otorgar a sus estudiantes determinadas capacidades para que puedan desarrollar de manera óptima su trabajo en el mundo laboral.

En esencia, ambos conceptos (educar para la competencia y en competencias) se encuentran íntimamente relacionados ya que es necesario para ser competente, ser educado en competencias. En este sentido, el gran reto  de los sistemas educativos en la sociedad de la información es enfrentar esta doble tarea: por un  lado, formar egresados competentes, y por otro, darle a estos egresados las habilidades y capacidades necesarias no sólo para competir, sino como ya se dijo,  para ganar la competencia, lo que le asegurará una posición dentro de un mercado altamente disputado.

Si una competencia es el conjunto de capacidades, habilidades y destrezas que le otorgan a un sujeto la posibilidad de concluir con éxito una tarea o actividad determinada, entonces, educar en competencias es una nueva orientación curricular que pretende lograr la máxima vinculación  entre la escuela y el mundo productivo, procurando atender sus principales necesidades laborales dentro de  una  economía informatizada.

La educación en competencias es uno de los retos más significativos que  los centros escolares deben enfrentar en nuestra sociedad., pues como ya quedó esbozado, el hecho de que la esfera industrial haya sido superada en términos de importancia por el sector servicios, y que las empresas vinculadas al mundo de la información y el conocimiento hayan adquirido tal trascendencia constituyéndose en la fuente principal de producción, de poder y riqueza, presupone la llegada de una economía informatizada que demanda una nueva forma de organización y estructuración del conocimiento.

Ello implica obligadamente un replanteamiento del currículo, que actualmente se encuentra organizado por campos disciplinares -lo que contrasta evidentemente con el mercado laboral, cuya exigencia  va más allá de la simple estructura lógica y  de la jerarquización  de disciplinas en el ámbito del conocimiento- para avanzar hacia el diseño de modelos curriculares basados en competencias, y hacer a éstos más congruentes con la estructura, características y necesidades de la nueva sociedad de la información. Tal es el reto que los centros escolares tendrán que afrontar.

Ahora bien, dentro de las competencias que se deben plantear en el nuevo currículo se encuentran, entre otras: la capacidad de aplicar el conocimiento a la solución de problemas concretos, capacidad para trabajar en grupo, habilidades comunicativas, uso de las nuevas tecnologías de la información y comunicación, habilidades para el desarrollo de la investigación, capacidad de reflexión y crítica, capacidad para la toma de decisiones, capacidad para aprender a aprender, capacidad para adaptarse a las nuevas situaciones, etc.

3. Capacitar y formar permanentemente al profesorado

Otro de los grandes desafíos de los centros escolares en la sociedad de la información es el de la actualización, capacitación y formación permanente del profesorado. Ello porque como ya quedó establecido, los profesores en activo fueron formados hace más de dos décadas  para atender un escenario muy distinto al que se tienen que enfrentar en la actualidad.

El surgimiento de nuevos escenarios en el ámbito educativo ha dado el banderazo inicial para repensar lo que ha sido hasta ahora la práctica del docente, que como se observa, se ha ido rezagando en relación con el avance vertiginoso  que  se ha suscitado en la sociedad y economía informatizadas.

Ante tal situación, el profesor tendrá que asumir un rol más protagónico en la transformación de nuestros centros escolares y en la calidad de los servicios educativos que éstos ofrecen. El rumbo que tomen, así como su adecuado funcionamiento, estará en gran medida supeditado a la actitud que adopten los profesores frente a esta nueva realidad. En este sentido, la  implementación de políticas y estrategias orientadas  a modificar sus conductas  y prácticas tradicionales  dentro del aula y a fortalecer los  conocimientos científicos y tecnológicos demandados por la nueva sociedad de la información, es no sólo una encomienda más, sino una necesidad apremiante. De tal modo que los nuevos profesores, y los que se encuentran en activo, tendrán que ser formados, al menos en los  siguientes aspectos:

En cuanto a la adquisición de nuevas  metodologías de enseñanza.

El uso de estas nuevas metodologías, que algunos las han llamado activas, presupone un cambio en el papel que el profesor ha de jugar en el aula, ya que éste, pasará de ser  un simple transmisor de conocimientos a un facilitador del mismo. Ello presupone también poner en el centro de atención al alumno, y en consecuencia, desarrollar un aprendizaje centrado en los intereses de éste. En tal sentido, muchos de los condicionantes del acceso al conocimiento serán decididos por el estudiante, asumiendo con ello,  un papel mucho más dinámico que  el profesor.
Difícilmente la adquisición de numerosas destrezas, capacidades, habilidades y competencias se haría posible si el profesorado no olvida las metodologías tradicionales e implementa  metodologías activas que faciliten y potencien el aprendizaje de sus alumnos.   De entre éstas podemos citar por lo menos, las siguientes:
  • El aprendizaje cooperativo. Consiste en que a través de un trabajo conjunto, tanto el maestro como el alumno construyan el conocimiento y lo transformen  en un insumo que sirva para la explicación de objetos, situaciones reales y problemas a fin de presentar alternativas de solución. Todo ello, en un ambiente que propicia la responsabilidad compartida, la motivación personal, la organización del trabajo y la toma de decisiones.
  • El aprendizaje basado en problemas (ABP). Es un método en el que el profesor guía a los alumnos para encontrar una respuesta a una  interrogante planteada, de tal manera, que para  conseguirlo se utilicen los conocimientos, conceptos y categorías que serán aprendidas dentro de una asignatura o unidad de aprendizaje.
  • Método del caso.  Es un método que permite al alumno buscar y conseguir información para usarla en la toma de decisiones con respecto a un caso práctico, situación o problema.

Es importante hacer notar, que el uso y la aplicación de estos métodos en el aula presupone el cambio de roles de los principales actores del proceso educativo: el maestro y el alumno. El maestro sustituirá la clase magistral por sesiones en las que el alumno participe de un manera más activa, y  para éste ir a la clase ya no significará simplemente  escuchar el discurso del maestro y tomar notas, sino que ahora se estancia en clase supondrá participar en trabajos y tareas que le permitan aprender más, de una manera significativa.

En cuanto a la adquisición de conocimientos tecnológicos y su aplicación a la innovación de la enseñanza y el aprendizaje.

En los centros escolares de la nueva sociedad de la información, los docentes deben no solamente poseer el conocimiento tecnológico a fin de poder usar sus productos o dispositivos, sino también, lograr aplicarlos para mejorar su enseñanza, y en consecuencia, obtener un mejor aprendizaje de sus alumnos. Es decir, el profesor debe apropiarse de un saber sobre las tecnologías de la información y aprender a enseñar con ellas.

La tarea de hacer aprender a los estudiantes haciendo uso de la tecnología, presupone que el profesor obtenga en primer lugar, el conocimiento y las habilidades  tecnológicas necesarias, de tal modo que, mientras aprender sobre tecnologías significa para el docente apropiarse de las competencias  y capacidades cognitivas, aprender a enseñar con tecnología significa saber aplicarla al proceso educacional para obtener mejores resultados de aprendizaje.

Cuando se hace referencia a la tecnología aplicable al proceso de enseñanza, se alude a aquellos procesos y dispositivos tecnológicos que el docente puede utilizar como medio  en el transcurso del acto educativo, con el objeto de hacer mas eficientes sus resultados académicos. Al respecto, es importante mencionar que la tecnología educativa ha tenido una evolución sin precedentes, y que hoy en día, sin restarle importancia a las tecnologías que han quedado etiquetadas como tradicionales, las nuevas tecnologías de la información y comunicación están asumiendo un rol cada vez más dinámico en los procesos formativos, al grado de propiciar una transformación, no sólo en el nivel de la práctica docente, sino en todos los aspectos de la esfera educacional. Por otra parte, y tratando de hacer una clasificación de los medios tecnológicos por su grado de complejidad y aparición en el tiempo, se puede ubicar dentro del bloque de  las tecnologías tradicionales a los siguientes dispositivos: la televisión convencional, el cine, la radio, el teléfono, el video, la imprenta y sus derivados como la prensa y la máquina de escribir. Por su parte las nuevas TICs estarían representadas básicamente por la televisión en cable y vía satélite, el CD-ROM, el DVD, multimedia, hipertexto, hipermedia, el Internet, el correo electrónico, telemática, videoconferencia etc.

Llama la atención el tremendo impacto que esta teniendo  la incorporación de estas nuevas TICS en la modificación de  las metodologías de enseñanza, las  estrategias didácticas y las formas de generar conocimientos en el aula, así también como en el desarrollo de la inteligencia y  la potenciación de las capacidades de aprendizaje de los estudiantes.

Ahora bien, bajo el entendido de que el proceso pedagógico es básicamente un proceso de comunicación, las nuevas tecnologías puede ser utilizadas en todas las fases que lo componen, pueden ser incorporadas por los docentes como recurso didáctico, pueden también ser utilizadas por los estudiantes como fuente de obtención de datos o como instrumento para procesar información, y pueden finalmente, ser usadas por ambos como canal de comunicación.

Si bien la exigencia de aplicar las nuevas tecnologías a los proceso de formación existe, y es bastante fuerte, ello presupone al menos cuatro cosas:  asegurar su presencia en los centros escolares, capacitar al profesorado para su correcto uso, eliminar las viejas creencias fundadas en las pedagogías heteroestructuralista y abandonar las formas tradicionales de gestión y organización escolar. Cabero (1998)

}Como se observa dentro de estas cuatro condiciones dos tienen relación directa con situaciones que implican un cambio en  la práctica docente: la necesidad de capacitar al profesorado y la de abandonar las pedagogías y formas de enseñanza tradicionalistas.

En cuanto a la adquisición de conocimientos científicos y habilidades para  la investigación.

Los conocimientos científicos y las habilidades investigativas de los profesores determinan de alguna forma la calidad de su trabajo dentro del aula. Docentes con un elevado dominio de contenidos temáticos y con una gran capacidad investigativa  estarán en mejores condiciones de lograr en sus alumnos aprendizajes más significativos. Aunque esto no siempre es una constante -ya que existen docentes que poseen estas características sin lograr buenos resultados académicos- no  deja de ser importante que los profesores hagan todo lo posible por dominar su campo disciplinar y obtener las habilidades investigativas necesarias para el optimo desempeño de su trabajo. Lo anterior motiva a no confundir dos cosas que en términos ideales deben estar presentes en los profesores de la nueva sociedad de la información: por un lado, lo que es la posesión de habilidades para la producción de conocimientos y  el dominio del conocimiento mismo; y por otro, lo que es la apropiación de competencias y capacidades para enseñarlo o comunicarlo. Una cosa es que el docente conozca lo que está enseñando, (porque  lo ha producido a través de la investigación) y otra bien diferente, es que lo pueda realmente comunicar. En este sentido, se reconoce que ambos elementos entendidos como una unidad juegan y jugaran  un rol protagónico en nuestro intento de mejorar la calidad en  la enseñanza.

Saber producir, y al mismo tiempo, socializar el conocimiento son algunas de tantas características  básicas que debe poseer el profesor de la nueva sociedad de la información. Stenhouse (1987) se pronunciaba por ello hace tres décadas al sugerir que el docente no solo debía ser el encargado de socializar y transmitir el conocimiento, sino de producirlo, es decir, reconocía que el profesor debía ser socializador, facilitador y al mismo tiempo productor del conocimiento. De igual forma, diferenciaba entre lo que era la investigación en educación y la investigación sobre educación. La primera tiene que  hacerse dentro de un proyecto educativo con la participación de sus agentes, y la segunda, es la que se realiza para contribuir al conocimiento de la educación. Si bien ambas formas de investigación juegan un papel importante en la producción del conocimiento sobre el campo educativo, es la investigación en educación la que conlleva la idea de que el docente debe ser facilitador, y al mismo tiempo, productor del conocimiento.

La actividad investigativa resulta ser una herramienta muy útil para la formación del profesorado, ya que a través de ella, el docente es capaz de vincularse con la realidad para no solo conocerla e interpretarla, sino criticarla. De acuerdo con Zemelman(2005) todo intento de formar al profesorado ya sea en activo o nuevo, tendrá que estar orientado hacia el carácter critico del mismo, a fin de romper con su condición de subalternidad. El carácter subalterno del docente consiste en que éste solo reproduce el discurso de la trasnacionalidad; es decir, al relato que intenta homogenizar el pensamiento de la gente para aceptar la realidad tal cual, sin asumir ninguna postura crítica. Esta tarea ha sido históricamente no sólo de los medios de comunicación, sino de la escuela y  del docente. Es a éste al que se le ha encomendado la tarea de ajustar el pensamiento de su alumnado al proyecto global y neoliberal.

Es necesario ahora propiciar en el profesor una formación con un carácter crítico que termine con esa subalternidad, porque solo en esa misma medida formará a unos alumnos capaces de transformar la vida social. El dominio de un campo de conocimiento  y de la actividad investigativa por parte del maestro, le permitirá presentarse como un agente autónomo que no sólo transmitirá y facilitará el conocimiento, sino que los producirá. El docente será al mismo tiempo profesor e investigador, lo que de algún modo lo hará asumir una posición crítica y reflexiva frente a la realidad, creando con ello las condiciones para terminar con su carácter subalterno.

 4. Lograr cobertura, equidad y  calidad en la educación

Otro de los desafíos de los centros escolares en la sociedad de la información  es ofrecer servicios educativos de calidad, pero al mismo tiempo no negarle el derecho a ser educado a ningún ciudadano que así lo demande. Es decir, se trata de que las escuelas contribuyan a lograr la máxima cobertura, sin descuidar la calidad de sus procesos formativos.

Hoy en día, se están dando pasos importantes en diferentes países del mundo para lograr la máxima cobertura educativa. En el caso de España,  desde la segunda mitad del siglo XX  se ha logrado proporcionar el servicio de educación primaria al 100% de la población demandante y se empieza ahora a pensar en satisfacer la demanda de educación de sectores de la población cuyas edades van de los 18 a los 24 años, es decir, se piensa seriamente  en la obligatoriedad de la educación superior.

En el caso de nuestro país también se ha progresado en este sentido, inicialmente la educación primaria y ahora el conjunto de la educación básica se ha hecho obligatoria, sin embargo, el problema no parece ser tan mecánico, pues el hecho de  establecer una regla que haga obligatoria  la educación básica, no presupone necesariamente que el 100% de la demanda sea  atendida, ni que todos los alumnos que ingresan tengan las mismas oportunidades, sobre todo, porque los alumnos antes de iniciar su educación  traen consigo grandes desigualdades  culturales, económicas y sociales, aunque se debe reconocer que esto representa finalmente un gran paso para lograr este propósito. Con todo y ello, la pretensión de los sistemas  educativos en la nueva sociedad de la información es  poner fin a la pedagogía de la  exclusión para reivindicar una política inclusiva y de puertas abiertas que atienda las necesidades educativas de aquellos grupos de la población mas desfavorecidos. No obstante, se debe  tener presente que  proporcionar educación básica a todos y proyectar su obligatoriedad en los niveles medio superior y superior, tendrá un impacto sobre las formas de trabajo y funcionamiento de  los centros escolares. El escenario educativo será diferente y en consecuencia las características de los alumnos y profesores también.

Si bien, ofrecer una educación de calidad  es una  preocupación constante y un reto  de los centros educativos en la nueva sociedad de la información, el termino “calidad” ha sido un concepto muy poco debatido y  débilmente abordado. Sin embargo, existen algunas evidencias en el sentido de que históricamente  el nacimiento de la calidad coincide con la era de la producción en masa, es decir, con la aparición de la sociedad industrial o  la sociedad moderna y  en el terreno de la ciencia tiene sus orígenes en la administración científica de Frederick W. Taylor y la escuela cuantitativa.

En tal sentido, cabe señalar, que el pensamiento administrativo de Taylor no aparece como una teoría ordenada y completa, más bien, sus ideas se produjeron como resultado del trabajo desarrollado en distintas empresas, iniciando en el año de 1878 en la Midvale Steel Company.

El eficientismo principio rector de la administración científica de Taylor revolucionó notablemente el trabajo y la producción de la empresa, primero en el ramo fabril, y más tarde, cuando se habían observado ya sus logros, se extendió a los otros giros, llegando hasta las organizaciones de carácter público, entre ellas, los sistemas educativos.

Del enfoque taylorista nació una tendencia dentro de   la administración que se denomina escuela cuantitativa o investigación de operaciones, que al igual que el sistema de Taylor aplica las técnicas cuantitativas para mejorar la producción y suple a la intuición por la investigación en el tratamiento de los problemas de la empresa. De esta escuela nacen las primeras preocupaciones sobre el concepto de calidad, siendo H.F Dodge y H.G Romieg colaboradores de Shewart quienes en los laboratorios de la empresa Bell Telephone desarrollaron por primera vez la técnica de inspección de muestras para el control de calidad.

El mismo Shewart en 1931 profundiza sus estudios sobre la calidad total  y sobre los instrumentos que la pueden medir y regular. Tiempo después, una vez terminada la Segunda Guerra Mundial se inicia la época del aseguramiento de la calidad con los trabajos pioneros de Deming y Juran.

Deming fue influenciado por los planteamientos de Shewart, ya que al igual que éste puso demasiada atención  en la aplicación de las técnicas estadísticas a la solución de los problemas de la empresa. Deming también fue el primer científico de occidente a quien invitaron los japoneses después de la segunda Guerra Mundial para que los orientara en el uso de gráficas de control y en general sobre el uso de técnicas cuantitativas. Una de las ideas principales de Deming que fortalecen su teoría es que el aumento del nivel de calidad de la empresa se encuentra directamente relacionado con las formas de dirección.

Juran es  otro de los científicos invitados por los japoneses, no obstante,  su contribución sobre la calidad se orientó esencialmente hacia la importancia de la planeación, organización y administración de programas de calidad. Así, de acuerdo con este científico, el control de calidad debe de estar presente en cada una de las partes del sistema, poniendo énfasis en los procesos de planeación, organización y control.

En el campo educacional, el concepto de calidad tiene sus antecedentes en la tecnología educativa y concretamente en la teoría  de sistemas. Sin embargo, es importante aclarar que el término calidad es de uso reciente y que el vocablo que se utilizó inicialmente dentro del discurso del enfoque sistémico fue el de “eficiencia” expresión que posteriormente dio lugar al uso de la palabra  calidad.

Queda entendido entonces que dicho concepto surge en el ámbito de la administración de empresas, primero en las productivas, después en las de servicios y finalmente se generaliza a todos los giros. En consecuencia, es en las teorías administrativas en donde se comienza a tener la necesidad de definir lo que es la calidad. En este sentido, los primeros intentos por construir una idea clara del concepto se encuentran ligados a las funciones y necesidades de la empresa: productividad, expectativas del cliente, seguridad del producto, capacidad del producir, diseño del producto, etc.

Partiendo de estas consideraciones, la Sociedad Americana para el control de calidad define a ésta “como el conjunto de características de un producto, proceso o servicio que le confieren su aptitud para satisfacer las necesidades del usuario” (Paola, A.1988: 9)

Ahora bien, las características de calidad pueden ser medidas y controladas (control de calidad) según sus especificidades. Cuando se trata de productos, éstas deben ser cuantificables, cuando se trata de servicios la medición es más difícil, teniendo que recurrir a métodos indirectos para su valoración, sin embargo, aun cuando se trata de casos distintos es fundamental el establecimiento de parámetros que serán el referente de la medición o en su caso de la evaluación.

Por otro lado, el término “calidad” aplicado a la educación no varia mucho en relación a lo que se entiende dentro de la administración empresarial, ya que se refiere al conjunto de especificidades que poseen tanto el proceso educativo, como sus resultados y que de algún modo,  le confieren la capacidad para satisfacer las necesidades de los usuarios y del mercado laboral

Estas características de acuerdo con Muñoz Izquierdo (1988) son fundamentalmente tres: la eficiencia, la eficacia y la relevancia. La eficiencia se refiere a la capacidad que tiene  la escuela, institución o sistema educativo para lograr sus objetivos con los recursos que se le asignan o poseen; la eficacia, nos indica la medida en que los objetivos propuestos se alcanzaron realmente; y la relevancia, nos establece el nivel en que los objetivos educativos mantienen una correspondencia  con las necesidades e intereses del mercado de trabajo y de la sociedad en su conjunto.

La calidad en el ámbito educativo también es susceptible de ser medida o evaluada, para lo cual, también es necesario determinar los parámetros adecuados que permitan establecer el grado en que los objetivos educativos se han logrado y la funcionalidad con la que el proceso formativo se desarrolla.

Ahora bien, la calidad es un termino que siempre estará asociado al de evaluación, ya que, irremediablemente para determinar si un currículo,  programa educativo o escuela, es de calidad se debe  implementar un proceso evaluativo que proporcione información fiable y valida sobre sus características. La evaluación entonces, es el proceso sistemático de obtención de información que se lleva a cabo con el uso de instrumentos confiables a fin de conocer los problemas de un objeto, emitir un juicio y tomar una decisión sobre ellos. En este sentido, determinar si un proceso educativo es de calidad, (que finalmente no es otra cosa que emitir un dictamen que al mismo tiempo  deviene de un juicio de valor) dependerá de este proceso evaluativo. Así, la calidad no es más que el juicio de valor que resulta de un proceso de evaluación.


5. Educar sobre TICs y con TICs

La revolución en las Tecnologías de la Información y Comunicación la que provocó el advenimiento de la sociedad de la información está también causando transformaciones profundas en el campo educativo Los centros escolares están siendo modificados tanto en los rasgos característicos de sus procesos educativos, como en  sus formas de gestión y organización. El uso de las nuevas TICs tendrá un impacto en diferentes dimensiones del ámbito escolar: modificarán las características de los procesos formativos, el rol de los profesores y estudiantes y las formas tradicionales de organización y administración escolar.

El uso de estas tecnologías en las escuelas asume un papel nuclear, en tanto que permiten mejorar los múltiples procesos que allí se desarrollan. Pere Marqués (2000) señala que las TICs se pueden utilizar de la siguiente forma:

1. Como medio de expresión y creación. Se utilizan para escribir, dibujar, elaborar materiales para exposiciones y construir paginas web. Para ello, se usan concretamente los procesadores de texto, editores de imagen, de video, de sonido y de páginas web, power point, y otros programas orientados al desarrollo de estas habilidades.

2. Como canal de comunicación. Tiende a facilitar el proceso de comunicación, esto es, a promover el trabajo colaborativo e intercambio de opiniones, experiencias y materiales. Las tecnologías útiles para lograr estos propósitos fundamentalmente son: el correo electrónico, Chat, forum, videoconferencias, etc.

3. Como instrumento de productividad para el proceso de información. Se propone crear base de datos, realizar cálculos, preparar informes, planificar actividades. Los instrumentos apropiados para llevar a cavo estas actividades son: la hoja de calculo, programas de base de datos, procesadores de texto, lenguajes de programación, programas para el tratamiento digital de imagen y sonido.

4. Como fuente abierta de información y de recursos. Se utilizan básicamente para búsqueda y localización de información. Las tecnologías más comunes para el desarrollo de esta activad son: el CD ROM, el DVD, páginas Web, bibliotecas digitales en Internet, banco de datos digitales, enciclopedias electrónicas.

5. Como instrumento cognitivo. Contribuyen al desarrollo cognitivo de los estudiantes y a potenciar ciertos procesos mentales: memorización, reflexión crítica, inducción, deducción. Los instrumentos tecnológicos más adecuados para el desarrollo de estas habilidades cognitivas son: sistemas multimedia interactivos, hipertextos, hipermedia.

6. Como instrumento para la gestión administrativa y tutorías. Se orientan a mejorar la organización y gestión escolar. Entre las tecnologías más comunes que son apropiadas para el desarrollo de tales tareas podemos citar a aquellos programas específicos para la gestión de centros y seguimiento de tutorías y Web del centro con formularios para facilitar la realización de trámites on line.

7. Como medio didáctico y la evaluación. Se orientan fundamentalmente a mejorar el aprendizaje de los alumnos y la evaluación del mismo. Para ello se pueden utilizar materiales didácticos multimedia, videos digitales, presentaciones, programas de televisión por cable o satelital.

8. Como soporte de nuevos escenarios formativos. Sirven para el diseño de currículos alternativos basados en modelos flexibles y a distancia. Las tecnologías utilizadas para tal fin, pueden ser: entornos virtuales de aprendizaje y videojuegos.

Como se puede apreciar, la versatilidad de las tecnologías de la información y comunicación permite utilizarlas de muy  diversas maneras, al mismo tiempo que pueden ser aplicables a diferentes ámbitos de la educación: el pedagógico,  al campo de la gestión escolar y al campo curricular. Si bien es cierto que lo primero que tiene que hacerse para utilizarlas en los centros escolares es asegurar su presencia, esto no es suficiente, ya que la sola presencia no garantiza su uso, sin embargo el hecho de poseerlas es ya el primer momento de su aplicación. Lo que seguirá es el aseguramiento de las condiciones para que los diferentes agentes educativos las sepan usar; es decir, deben aprender sobre TICs, lo que implica que tendrán que saber las características y funcionamiento de estos dispositivos tecnológicos. Si bien esto es importante, también es necesario que los agentes educativos aprendan a enseñar y a prender con TICs. Ello  supone que el docente y el alumno deberán utilizarla para mejorar el  proceso de enseñanza-aprendizaje.

6. Planear en los centros escolares de  la sociedad de la información

Hoy en día, planear las actividades de un centro escolar a pasado de ser una simple tarea, a una  necesidad apremiante. Por dicha razón concebimos a esta actividad como uno de los desafíos supremos  que tendrán que encarar  los centros escolares de la sociedad de la información. Su uso sistemático favorecerá el surgimiento de nuevas formas de gestión escolar, de modos alternativos de organizar las actividades de aprendizaje y nuevas maneras de dirección y administración de recursos, lo que propiciará el incremento de la calidad de los servicios educativos  ofrecidos.

Implementar la planeación estratégica en las escuelas, representa entonces, el abandono de  las formas tradicionales de administración y gestión. Éstas ya no se dirigirán más por el sentido común, y el uso de la administración científica será la práctica cotidiana que defina el rumbo y garantice el éxito de las instituciones educativas.

 Los problemas que actualmente se están afrontando en los centros escolares han comenzado a  diversificarse, al mismo tiempo, que otros nuevos están apareciendo. Esto  como resultado de las transformaciones suscitadas en los diferentes ámbitos de la sociedad y como  producto de los avances sin precedentes que están teniendo las nuevas tecnologías de la información y comunicación.

Ahora bien, los  problemas escolares recientes requieren de ser plenamente detectados, dimensionados y atendidos con el mayor cuidado, de una forma ordenada y sistemática. El planificador, por tanto,   será un verdadero conocedor de las debilidades  del centro escolar, lo que le permitirá  ponerlas en el centro de su atención a fin de convertirlas en autenticas fortalezas. En consecuencia, el planificador no podrá prever la solución de la problemática si no sabe, primeramente, si ésta existe, y segundo, si ignora  en que magnitud se manifiesta. 

Por ello, el primer  requisito que debe reunir  aquel que va a elaborar un plan estratégico para una institución educativa, es el de conocer su realidad, para lo cual será de gran utilidad el diagnostico o análisis situacional que tendrá que realizarse mediante técnicas y metodologías altamente confiables y válidas.

Como ha quedado plenamente establecido, la planeación estratégica permitirá atender  la nueva problemática educativa surgida en los centros escolares de la sociedad de la información, problemas, que hoy en día representan auténticos desafíos, que si se enfrentan con éxito, se estará dando un gran paso para consolidar el nuevo paradigma educativo demandado por la sociedad.

Los retos que se han mencionado: elevar la calidad de la educación, lograr el 100% de cobertura, proporcionar las mismas oportunidades educativas a todos, formar permanente al profesorado, introducir nuevas tecnologías de la información y comunicación, incorporar  nuevos métodos de enseñanza, integrar nuevos modelos curriculares, así como los problemas educativos de orden cotidiano - regular  el crecimiento de la matricula, disminuir la deserción escolar, atender a estudiantes con problemas de aprendizaje y de conducta, etc. -   sólo podrán ser correctamente atendidos en la medida en que sean utilizados nuevos modelos de administración y gestión escolar. En este sentido, la planeacion estratégica se constituirá en el medio por excelencia para administrar y gestionar insumos para prestar  atención y ofrecer alternativas de solución a esta diversidad de problemas.
Ahora bien, para lograr este propósito y debido a la gran acogida que está teniendo el uso de las TICS, se propone un nuevo tipo de gestión en la que los trámites para la  adquisición de recursos, la planeación y el desarrollo de actividades escolares, se efectúen a través de medios electrónicos, iniciándose así, una nueva etapa de la gestión, la e gestión, que simplificaría trámites, ahorraría gastos innecesarios, evitaría traslados engorrosos, fortalecería la comunicación con otras instancias y haría más rápidos y sencillos un número importante de  procesos escolares.

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*Profesor-investigador de la Licenciatura en Sociología de la Comunicación y Educación de la Unidad Académica de Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Guerrero