Revista Digital de Tecnologías de la Información y Comunicación. Vol. 7, No. 1. Semestre enero-junio de 2011. ISSN: 1870-7505

 

La educación en el contexto de la sociedad actual

Marco Antonio Basilio Loza1
Rodolfo Bórquez Bustos2
Justino Árziga Castañón3
José Francisco Giles López4

 

La tesis de Carlos Marx planteada en el siglo XIX consistente en afirmar que el cambio social se debe ante todo al desarrollo de las fuerzas productivas sigue hasta cierto punto vigente. Las explicaciones que se han dado actualmente sobre el advenimiento de la nueva sociedad global e informacional son un claro ejemplo de ello, al señalar que ésta sólo se está haciendo posible gracias a una Revolución Tecnológica suscitada en el campo de la información y la comunicación. Sin embargo, se sostiene, que haber llegado hasta este nivel sólo fue posible debido a que anteriormente se habían manifestado dos grandes revoluciones: la Primera Revolución Industrial auspiciada por la aparición de una nueva fuente de energía como lo es el vapor en el último cuarto del siglo XVIII; y la Segunda Revolución Industrial también propiciada por una fuente de energía como lo es la electricidad a mediados del siglo XIX. En ambos movimientos, la aplicación de esos tipos de energía y el avance del conocimiento científico dieron lugar a nuevos dispositivos tecnológicos que fueron transformando paulatinamente las estructuras económicas, sociales, políticas y culturales. Así, como resultado de la Primera Revolución Industrial apareció la máquina de vapor, la cual se aplicó a diferentes campos de la economía como a la industria textil y las comunicaciones ferroviarias; y como consecuencia de la Segunda Revolución, surgieron tecnologías como la locomotora eléctrica, el automóvil, el teléfono y el telégrafo, las cuales fueron promotoras del cambio en todas las esferas sociales.
 
Este planteamiento que explica el cambio social a través de la existencia de las Tres Grandes Revoluciones Tecnológicas no es más que la demostración de que la tesis de Carlos Marx propuesta en el siglo XIX sigue viva, pues el avance tecnológico no es otra cosa que el desarrollo de las fuerzas productivas.

Sin embargo, la nueva sociedad global e informacional no es un tipo de sociedad distinta a la capitalista, sino que más bien es una modalidad de ella, pues sigue conservando su rasgo más típico: el de fundar las relaciones de producción en la propiedad privada. Por tanto, tampoco han surgido en su estructura social nuevas clases dominantes que hayan desplazado a las anteriores, aunque debe de reconocerse que se han suscitado cambios de gran trascendencia que le han otorgado características originales. Dos de esas cualidades son justamente su carácter informacional y global; la primera de ellas alude a un proceso de tercerización de la economía, lo cual supone el desplazamiento del sector industrial y la consecuente consolidación del sector servicios, y de las empresas vinculadas a la generación, intercambio y distribución del conocimiento. Ello también supone que la mayor parte de la mano de obra se ocupa en este sector y que la riqueza se produce en su gran mayoría en este mismo ámbito. Sin embargo, esto no implica a mi modo de ver las cosas, que la información, aunque juega un rol neurálgico en este tipo de sociedad, constituya la fuente absoluta de poder como lo han señalado algunas teorías en el campo de la Sociología; la segunda cualidad, su carácter global, se refiere al hecho de que todos los “países, grupos sociales, culturas y actividades participan de una gran red que condiciona a cada pieza del todo: sus economías, las políticas que pueden emprender, las culturas,… la información que circula, etc.” (Gimeno, 2005, p. 15)

La idea anterior expuesta por Gimeno lleva a pensar la globalización más allá de las fronteras económicas, extendiéndose a todas las esferas de la vida social, es decir, a reflexionar en ella como un fenómeno no limitado a la economía como lo han sugerido algunos intelectuales, sino como algo que afecta toda la gama de relaciones mantenidas en una sociedad. En este sentido, es válida la idea de que en los tiempos de la globalización comúnmente lo que acontece en un lugar afecta a otros, aun y cuando los acontecimientos se hayan dado en zonas y regiones distantes del planeta.

También, el concepto de la globalización conlleva, para autores como Chomsky, determinadas relaciones de poder efectuadas entre el contexto local y global. Así, la globalización es vista como un proceso de traslado del poder local al global. Ello ha propiciado por razones obvias una discusión seria en el terreno de la Sociología política que pone en la mesa del debate al papel que desempeña actualmente el Estado, existiendo básicamente dos posturas antagónicas: una de ellas sostiene que el fenómeno de la globalización está difuminando paulatinamente su poder y como resultado de ello estamos próximos a presenciar su fin; la otra de las tendencias consiste en afirmar que el Estado sólo se esta adecuando a las nuevas circunstancias, y concediendo de algún modo la toma de decisiones en ciertos aspectos a instancias supranacionales, pero que de ninguna manera esto nos lleve a cuestionar su existencia.
 
La globalización y el ascenso del informacionalismo como resultado del avance del paradigma tecnológico están propiciando transformaciones importantes en las distintas estructuras de la  sociedad. La economía, la estructura social, el Estado, la cultura, y especialmente la educación están en proceso de cambio.

La afirmación anterior conduce a reflexionar sobre el objeto de estudio de la Sociología tal y como lo planteó Durkheim a finales del siglo XIX en su obra las “Las Reglas del Método Sociológico” (1895) donde expone de forma clara el concepto de hecho social, estableciendo la relación entre individuo-colectividad, y asumiendo que es esta última la que explica el comportamiento del primero; es decir a la Sociología le interesa el comportamiento del actor en cuanto forma parte de una entidad colectiva mayor, pues es ésta la que determina la conducta de aquél. Más adelante, en su obra “El Suicidio” (1897) demuestra de manera brillante este carácter coercitivo al analizar un hecho que al parecer expresa con todo su rigor al individualismo -que es el acto de quitarse la vida-, allí se asume que tal acontecimiento no se explica por lo que hace el actor, sino por el grupo al que pertenece. Queda entonces delineada la perspectiva sociológica consistente en que es la colectividad la principal responsable de explicar los hechos sociales.

No obstante, este planteamiento está comenzando a ser cuestionado. Zygmunt Bauman sociólogo polaco, asume que ya no se pude ver a los problemas sociales como antaño pues las circunstancias actuales ya no son las mismas a las de hace más de un siglo: en primer lugar Durkheim escribió sus obras en el tiempo en que el Estado ostentaba el monopolio de la coerción lícita, tal y como era concebido por Max Weber, es decir, era la única institución legitima para ejercer cualquier tipo de coacción; y en segundo lugar, también se concebía a esta institución política como el marco exclusivo donde se debían analizar los diferentes problemas sociales. Sin embargo, los cambios ocurridos como resultado del avance del paradigma tecnológico ya no permiten a la sociología analizar los hechos sociales sólo en el marco del Estado nación, sino que requieren de ser explicados en un contexto más amplio: el de la globalización. Asimismo, este Estado tampoco es la única instancia capaz de ejercer una coacción sobre los actores, sino que existen otras entidades supranacionales que ya han suplido a dicha institución política en la ejecución de esta tarea.

Los sistemas educativos del mundo tienen obligadamente que ajustarse a las nuevas circunstancias, lo cual los obliga a transformarse y a innovarse, por lo que existen muchos  retos o desafíos que  los centros escolares deberán afrontar.

La globalización no sólo se orienta a la universalización de una cultura, sino también a su imposición. El fenómeno del globalismo que implica la transición del poder local al global, atiende al interés de una elite dominante de establecer un nuevo orden mundial bajo la hegemonía absoluta de los Estados Unidos, representando en el fondo, un proyecto político para gobernar al mundo. En el plan, esta presente la idea de universalizar la cultura occidental; es decir, de extender por todo el orbe las prácticas, modas, estilos de vida, expresiones y símbolos culturales occidentales, aprovechando la omnipresencia de las nuevas tecnologías de la información y comunicación. El éxito de la rápida propagación e imposición de la cultura estadounidense hacía las personas radicadas en otros continentes y regiones del globo, obedece al papel tan decisivo jugado por las instituciones que integran a la industria cultural a nivel global, pero especialmente a las propiedades de los nuevos medios de comunicación, como Internet, telefonía móvil, cine, TV por satélite, etc. Con el nivel de penetración de estas tecnologías, es prácticamente imposible que las gentes establecidas en las naciones subdesarrolladas no imiten los estilos de vida propagados por los grupos dominantes de los países avanzados. No olvidar que de acuerdo con la teoría del desarrollo, los países periféricos aspiran a ser desarrollados, es decir, desean vivir como allá se vive.

El proceso de universalización e imposición cultural se lleva acabo no sólo a través de los medios de comunicación, sino también a través de las instituciones educativas. Existen en el ámbito de la Sociología de la Educación, ideas fundamentadas en una relación entre ciertos rasgos culturales y la función desempeñada por la escuela. Por ejemplo, Bordieu sostiene que los centros escolares deben preocuparse por la reproducción de hábitos de clase; Althusser en cambio, se pronuncia a favor de la perpetuación de las ideas de los grupos dominantes; en tanto Berstein, se inclina por la perennidad de los códigos lingüísticos. En los tres casos citados, el funcionamiento de los centros escolares se orienta hacia la reproducción de la cultura o de uno de sus aspectos, relacionándolo con el ejercicio del poder y la dominación.

En los tiempos de la globalización, el neoliberalismo está siendo llamado a desempeñar la función de reproducir las ideas y prácticas de las clases dominantes para legitimar el nuevo orden mundial; sin embargo, esto es posible gracias al papel trascendental de la industria cultural y en particular al de los centros escolares que lo han integrado en sus contenidos curriculares y convertido en el discurso pedagógico oficial.

Uno de los grandes problemas afrontados por los centros escolares a consecuencia de la globalización, es la estructuración de una nueva identidad. En una sociedad abierta y plural, la dificultad de construir el yo (lo que hace ser diferente a los demás en cuanto a experiencias individuales, cualidades, competencias, etc.), se hace más difícil, en tanto que la cultura local es alienada por la global, provocando un cambio de las prácticas culturales y propiciando que preguntas tan sencillas como ¿quién soy yo?, ¿a quien pertenezco? y ¿a donde voy?, sean difíciles de contestar. Las escuelas en el informacionalismo y la globalización tendrán que abocarse a la contestación de dichas interrogantes, contribuyendo a la construcción de una nueva identidad, fundada sobre la base de la vinculación entre lo territorial y lo extraterritorial, lo local y lo global.

Otro más de los problemas generados por la globalización, es el debilitamiento de las instituciones pertenecientes a la sociedad civil y política, como la familia, la escuela, el pleno empleo y el Estado. Las instituciones educativas ya no pueden seguir educando con los mismos procedimientos de la sociedad industrial, ahora tendrán que educar para el cambio, a enseñar al alumno a pensar en la discontinuidad, a prepararlo para la toma de decisiones y a ser reflexivo; o sea, se le enseñará a vivir en una sociedad del riesgo.

La globalización al favorecer los movimientos migratorios exige también una educación multicultural. La creciente desigualdad social, los elevados índices de pobreza y marginación, resultado de la aplicación de las políticas neoliberales por parte de los organismos supranacionales hacía los países en vías de desarrollo, han fomentado las olas migratorias. Grupos sociales que ven amenazadas sus condiciones de existencia dentro de su comunidad se ven obligados a buscar mejores condiciones de vida fuera de ella, llegando a un lugar en donde comúnmente no serán bien recibidos.

El incremento de las corrientes migratorias como efecto del proceso de globalización ha transformado al multiculturalismo en una de las principales características de la sociedad actual. No obstante, este hecho desafortunadamente se está viendo más que como un fenómeno de emergencia social derivado de un contexto económico mundial, como un problema de orden público, trayendo consecuencias graves para la convivencia y solidaridad social en los lugares donde coexiste la diversidad cultural. La migración, al considerarse como una amenaza política a la identidad nacional, al ser visto como algo catastrófico y conflictivo ve al emigrante como el responsable directo de muchas de las calamidades sufridas por la sociedad, relacionándolos con la criminalidad, la ilegalidad, problemas demográficos y escasez de empleos; propiciando brotes de xenofobia e impidiendo la conformación de formas de vida basadas en la cohesión y solidaridad social. Por ello, es necesario construir sociedades plurales y abiertas, predispuestas a recibir culturas diversas que respeten el derecho a las diferencias, basándose en plena igualdad de derechos y deberes, independientemente de la pertenencia a grupos culturales deferentes. La diversidad cultural no debe considerarse más como un pretexto para ampliar la brecha entre clases y para legitimar las diferencias sociales. De allí, que la escuela necesite orientar sus esfuerzos a otorgar igualdad de oportunidades a estudiantes pertenecientes a grupos culturales diversos y a individuos con prácticas diferentes, valores y lenguas. Asimismo, deberá erradicar los prejuicios, la discriminación, el racismo, tratando de construir formas de vida basadas en la tolerancia, la solidaridad cooperación y ayuda reciproca entre grupos culturalmente diversos.

La globalización exige también nuevas formas de conocer. Las transformaciones ocurridas en los últimos cuarenta años han dado lugar a un cambio, al surgimiento de una sociedad con nuevas características y problemáticas, haciendo obsoletos los conceptos generados por las Ciencias Sociales modernas y exigiendo otros más acordes a las circunstancias actuales. Ello habla de una crisis de la ciencia manifestada en el desajuste entre las formas de conocimiento tradicionales y el nuevo contexto social. Los problemas globales, tal y como se presentan -como sistemas complejos- están cuestionando la disciplinarización y la especialización, dando lugar a otras formas de conocer basadas en la convergencia disciplinaria. Para revertir estos momentos críticos de la ciencia es necesario generar diferentes formas de conocimiento, teorías y conceptos. La escuela y particularmente las universidades, deberán ser los espacios por excelencia  donde se efectúe dicha tarea.

La globalización obliga también a replantear las políticas educativas. En momentos de cambio, de transito de una economía industrial a una de servicios, donde la capacidad para concentrar y consumir información se multiplica, se requiere reorientar las políticas hacía la universalización, democratización y diversificación de la educación. No es ya prudente formar profesionales o técnicos univalentes, aptos para el desarrollo de actividades concretas, sino crear profesionales que se adapten fácilmente al carácter flexible del mercado laboral. Es pertinente también, avanzar no sólo en el mejoramiento de los aspectos cualitativos de la enseñanza, sino progresar hacia el logro del 100 % en la cobertura educativa, haciéndola llegar a todos los sectores de la población sin distingos.

En la sociedad global e informacional, el conocimiento y la información no son poseídos simétricamente por grupos sociales, regiones, continentes y países.

Si bien las tecnologías de la información y comunicación juegan un papel preponderante en el capitalismo informacional, también es necesario reconocer que no todos sus miembros pueden hacer uso de ellas. Existe una barrera impidiendo a algunos grupos sociales el acceso a estas tecnologías, debido a diferentes razones, que van, desde la simple ignorancia del lenguaje digital hasta factores económicos, sociales y culturales. No obstante, este problema diferencial no es exclusivo de los grupos, también se manifiesta en el nivel de los continentes, países, estados y regiones. A este fenómeno, consistente en el uso y acceso desigual a las tecnologías, se le ha llamado en el ambiente académico: “brecha digital” o “divisoria digital”. El término alude, en efecto, al acceso diferenciado a las tecnologías de la información y comunicación desde muy diversas variables: edad, sexo, raza, nivel educativo, nivel de ingresos, etc.
 
Internet, por ejemplo, una de las tecnologías más extendidas y aceptadas en el mundo es para ciertos grupos sociales de uso común, en tanto para otros, representa segregación. De acuerdo con Castells (2003, p. 327)

En septiembre de 2000, sobre un total de 378 millones de usuarios de Internet (que representaban el 6.2% de la población mundial), el 42% de los usuarios estaban en Norteamérica, el 23.8% en Europa y el 20.6% en Asia; mientras en América Latina sólo había un 4% de usuarios, en Europa del Este el 4.7%, en Oriente Medio un 1.6% y en África un exiguo 0.6%.

Como se observa en estos datos, la penetración de Internet es mucho menor en los países en vías de desarrollo que en los países desarrollados, siendo un claro ejemplo de brecha digital entre regiones geográficas del orbe.

No obstante, como ya lo hemos planteado, el fenómeno de la desigualdad en el acceso y uso de las tecnologías, se manifiesta también, al interior de un país. En Estados Unidos, ejemplo de sociedad informatizada, existe un uso diferenciado del Internet. En el año 2000 de la población de 3 años o más, sólo el 44.4 % tenía acceso a la red y el 51% de los hogares tenían ordenadores; en cuanto a la variable ingresos, se observa, que los que más ganan, tienen mayores probabilidades de usar este servicio; mientras los de escasos ingresos, poseen menos posibilidades. Así, las familias con salario de más de 75000 dólares tenían un nivel de acceso a la red del 70.1%, mientras los de menos de 15000 dólares sólo accedían en un 18.9%; el nivel educativo también influye, la población con un mejor nivel educacional usa en mayor proporción la red, en tanto los de bajo nivel, acceden en menores proporciones.
 
El problema de fondo resultante es que las asimetrías entre países, regiones, municipios, provincias y escuelas hace más grande la divisoria digital, la marginalidad y la exclusión social, diluyendo las posibilidades de construir modelos de sociedad basadas en la democracia, la participación, el beneficio colectivo y la igualdad.

 

1 Docente e investigador de la Unidad Académica de Sociología de la Universidad Autónoma de Guerrero. Integrante del Cuerpo Académico "Educación, Cultura y Sociedad", Clave PROMEP: UAGRO-CA-114. Perfil PROMEP. Correo electrónico: anamarc1998@yahoo.com.mx

2 Sociólogo y Doctor de Educación. Docente e investigador de tiempo completo del programa educativo de Sociología de la Comunicación y Educación de la Unidad Académica de Sociología de la Universidad Autónoma de Guerrero. Perfil PROMEP. Miembro del Cuerpo Académico, Educación Cultura y Sociedad. Correo electrónico: rborquezbustos@yahoo.com.mx

3 Maestro en Educación. Profesor – Investigador de la Licenciatura en Sociología de la Comunicación y Educación de la Unidad Académica de Sociología de la Universidad Autónoma de Guerrero. Perfil PROMEP. Integrante del Cuerpo Académico "Educación, Cultura y Sociedad", Clave PROMEP: UAGRO-CA-114. Correo electrónico: jarziga@yahoo.com.mx

4 Doctor en Educación. Docente e investigador del Programa Educativo de Cirujano Dentista perteneciente a la Unidad Académica de Odontología de la Universidad Autónoma de Guerrero. Integrante del Cuerpo Académico "Educación, Cultura y Sociedad" Clave PROMEP UAGRO-CA-114. Perfil PROMEP.