Revista Digital de Tecnologías de la Información y Comunicación. Vol. 7, No. 2. Semestre julio-diciembre de 2011. ISSN: 1870-7505

 

¿Enseñanza o aprendizaje?

Rodolfo Bórquez Bustos*

 

En los procesos de educación escolarizada, durante mucho tiempo se ha discutido sobre el papel que debe jugar tanto el profesor como el alumno. Tradicionalmente al profesor se le ha otorgado la función de “enseñar”, y el alumno “aprender”, para lograrlo debe escuchar,  prestar atención y repetir lo que dice el profesor, es decir el maestro es el dueño del conocimiento, y el alumno se limita a memorizar y repetir lo que éste dice.

Esta vieja idea, que el maestro enseña y el alumno aprende  lo que los programas establecen con un cierto orden secuencial, trae como resulta un aprendizaje memorístico y desvinculado de los problemas reales a los cuales debe abocarse el estudio de cualquiera ciencia, formando un alumno disciplinado en la repetición de las ideas que expone el profesor, o lo que dice el texto que el mismo profesor establece como material oficial y obligatorio. Esta forma de trabajar hace  que el alumno no tenga el espacio pedagógico para aportar sus propias ideas, cultivando una práctica pasiva entre los dicentes.

Que un maestro pretenda enseñar y un alumno pretenda aprender, está directamente relacionado con la metodología que se utilice, y el uso de cada metodología está íntimamente vinculada  a diversos factores como son: los principios institucionales de la escuela, la ideología del profesor, el capital cultural de los estudiantes, las características de la asignatura, las relaciones de poder entre los agentes o actores involucrados, etc.

Universalmente los docentes se limitan a utilizar por lo general, cualquiera de estas tres las metodologías pedagógicas, que corresponden a tres formas de prácticas educativas.

1.- La exo-extructuración. La aplicación de esta metodología escinde o sesga la relación entre maestro y alumno, el primero es considerado sujeto, el segundo es objeto; el primero es el activo y enseña,  el segundo es el pasivo y aprende lo que el maestro le enseña.. El papel del maestro es enseñar y el del alumno es repetir lo que el maestro le enseña. Esta práctica pedagógica procede de la propia raíz latina del concepto de educación, educare, que quiere decir “criar”, “nutrir”, “alimentar”, “guiar”. Este proceso se hace de afuera hacia adentro, se supone entonces que el estudiante “no sabe” quien sabe es el maestro, quien desde el exterior va a llenar de conocimientos al alumno, quien pasivamente va a incorporar esos conocimientos a través de la repetición y la memoria. Esta metodología se conoce como tradicionalista, Paulo Freire dirá que se considera al dicente como un recipiente vacío que el maestro debe llenar, es la educación bancaria donde el profesor “deposita” el conocimiento en un alumno pasivo.

En este modelo, el proceso educativo se genera fuera del alumno, pero incide en él de manera determinante. Se establece una estructura jerarquizada, donde el maestro se encuentra en la cúspide y decide sobre lo que debe o no debe aprender el dicente; éste se limita hacer clasificaciones, no se le enseña a pensar  sobre el proceso de aprendizaje, al no comprenderlo el estudiante solamente se limita a memorizar. El profesor controla lo memorizado a través de pruebas o exámenes. En síntesis, el maestro mantiene el control, el poder en la relación con el alumno. Finalmente se impulsa al dicente a competir con sus pares y no con él mismo, en este contexto encontramos los alumnos que están en el cuadro de honor con puros 10, o bien con calificaciones de excelencia. Recordemos que para que unos ganen otros necesariamente deben perder.

La forma de esta metodología se expresa en tres dimensiones. Primero, se fija un objetivo de enseñanza para que el alumno aprenda. Segundo se seleccionan estrategias y actividades para tal efecto. Tercero, se busca uno o varios instrumentos para medir si se alcanzó o no el objetivo, por lo general se aplican exámenes durante y al final del semestre.

2.- La endo-estructuración. Aquí encontramos un modelo totalmente contrario al tradicionalista, se considera que el alumno por su propia naturaleza social, posee las capacidades y posibilidades de autoformación y desarrollo autónomo. Se entiende la educación como un proceso mediante el cual el alumno se forma y transforma, donde aprende y reaprende constantemente por sí mismo, él es responsable de su propio aprendizaje, este proceso sucede en sus prácticas e interacciones sociales con los objetos que se propone conocer, generando en el sujeto alumno la formación y transformación constante de sus propios conocimientos. El alumno por sí solo se autodisciplina.

Esta metodología es constructivista y en la relación epistemológica, todo el proceso de aprendizaje ya no recae en el maestro como en el modelo tradicional, sino que es el propio dicente que de manera autónoma construye su conocimiento.

Durante muchos años, los organismos oficiales encargados de organizar la educación en México, han señalado oficialmente que el modelo pedagógico que debe implementarse en las escuelas es el constructivismo. Estas declaraciones se han convertido más bien en un simple discurso, ya que la mayoría de los centros educativos aún prevalece mayoritariamente las prácticas educativas tradicionales.

A pesar que esta metodología tiene mucha potencialidad, también tiene sus debilidades como son: sensación de no alcanzar nunca un punto de llegada, deficiencia en la construcción de  categorías, se cae frecuentemente en generalizaciones de orden ideológico, a veces los aprendizajes no son sustantivos ya que están plagados de lugares comunes envuelto en un discurso meramente empírico, o al contrario, se abstrae mucho sin referentes empíricos.

3.- Modelo crítico dialéctico de síntesis. Este modelo retoma dialécticamente principios de los dos modelos anteriores, pero no de forma ecléctica, sino como conjugación.  Su característica más relevante es que no es el profesor que enseña, ni el alumno que aprende en la autonomía absoluta, sino que el proceso educativo se caracteriza por la relación simultánea de ambos principios, pero en una dimensión y fundamentación distinta a lo expuesto en los dos puntos anteriores. Son las prácticas sociales de los sujetos lo que determina  los procesos de aprendizajes, es el todo quien determina la parte, pero muchas veces también es la parte que determina el todo. De manera más sencilla, muchas veces es el curriculum, el discurso académico del profesor, el conocimiento que éste tiene y expresa en el aula, (el “todo”) lo que determina el aprendizaje del estudiante, pero otras veces es el conocimiento que el dicente (“la parte”) posee fuera de la escuela, lo que hace que éste construya un cierto conocimiento. Es a través de esta relación dialéctica que alumno condensa o conjuga un conocimiento propio, autónomo.

En este modelo, no es el sujeto que determina al objeto, ni tampoco es el objeto quien determina al sujeto, ambos de contienen dialécticamente, no existe un orden de jerarquía donde el profesor tiene todo el poder en la relación con los alumnos, y al contrario, no son los alumnos quienes dominan al profesor, sino más bien en colaboración mutua, el alumno aprende del profesor y el profesor aprende de sus alumnos. La función del maestro es coordinar el conocimiento, no imponerlo, trabajar con preguntas no con respuestas, y la labor de los alumnos es encontrar respuestas para resolver los problemas planteados, confrontar las soluciones con sus compañeros donde el profesor es uno más.

Este modelo parte de la inspiración de una segunda raíz latina del concepto de educación que es exducere, expresión que significa, “extraer” o “encaminar”, por lo tanto la función del maestro, es encausar las disposiciones o conocimientos que el dicente ya tiene o posee, y la función del alumno es analizar a través de la reflexión la opinión que tiene tanto el profesor como sus compañeros, comparar esas opiniones con sus propias ideas y de esta forma condensar un conocimiento propio.

Este modelo se sustenta en las siguientes categorías genéricas. Flexibilidad en la construcción de conocimientos; se pone mayor importancia al aprendizaje y no a la enseñanza; mayor relevancia a la formación y no a la información, a la comprensión y no a la memorización; el docente es orientador, no el sabio que todo lo sabe.

 

* Sociólogo y Doctor de Educación. Docente e investigador de tiempo completo del programa educativo de Sociología de la Comunicación y Educación de la Unidad Académica de Sociología de la Universidad Autónoma de Guerrero. Perfil PROMEP. Miembro del Cuerpo Académico, Educación Cultura y Sociedad.