Revista Digital de Tecnologías de la Información y Comunicación. Vol. 6, No. 1. Semestre enero-junio de 2010. ISSN: 1870-7505

 

Ambiente escolar en los procesos de aprendizaje

Por Rodolfo Borquez Bustos *

 

Se ha convertido en un lugar común afirmar que ya el maestro no debe “enseñar” sino que el alumno debe “aprender” de manera autónoma, entonces se promueve la famosa competencia de “aprender a aprender”. Para poder alcanzar este objetivo, los directivos del sector educativo han elaborado diversas propuestas, que en su gran mayoría están relacionadas con el currículo, la planeación, los procesos de evaluación, el control de calidad de los profesores etc., sin embargo le han restado importancia a una serie de aspectos que a simple vista son de sentido común pero que sin embargo pensamos que son fundamentales para el aprendizaje. Nos referimos a la creación de ambientes armónicos tanto a nivel de los procesos comunicativos como del entorno físico.

En el aula se debe promover un ambiente de comunicación horizontal entre todos los agentes que participan en el proceso de aprendizaje, para ello debemos privilegiar la confianza entre profesor-alumno. Confianza no quiere decir “ser iguales”, y que cada quien haga lo que quiera (entendemos que en el aula el profesor es el líder), sino respetarse mutuamente y permitir que el “otro” pueda expresar libremente sus ideas, aunque no las compartamos, la acción comunicativa sustentada en la argumentación razonada debe ser el criterio que guíe los procesos de aprendizaje.  Sin embargo en nuestra práctica cotidiana los profesores tenemos la tendencia de mostrarnos como los seres “inalcanzables”, dueños del conocimiento, cuyos argumentos son incuestionables. Esto nos da la imagen de ser profesores soberbios y carente de humildad. En este contexto, los alumnos piensan que su papel en el aprendizaje consiste en repetir lo que el maestro o el libro nos enseña, formando de esta manera el perfil de un alumno pasivo, sentado de forma disciplinada, callado, sin iniciativa y sin autonomía.

Consideramos que el profesor debe crear un ambiente donde el alumno no tenga miedo ni pudor en participar e incluirse en el proceso de aprendizaje autónomo. Para ello podemos recurrir a diversas técnicas didáctico-pedagógicas, como son el trabajo de equipo, de investigación, debate o lectura grupal, mesas redondas etc. Este tipo de estrategias favorecen los procesos de comunicación horizontal, pero todo ello debe estar motivado por la confianza que el profesor le expresa a los alumnos. Una pedagogía comprensiva, favorece los procesos de aprendizaje centrados en el alumno.

Sabemos por experiencia propia, que en el lugar en que nos sentimos mejor es en nuestro hogar, por lo tanto tenemos que propiciar que la escuela, o el salón de clases sea una especie de “prolongación de nuestra casa”, sentirnos bien en nuestra escuela, identificarnos con ella, emocionarnos cuando asistimos al salón de clases.

 

Para tener éxito en esta estrategia es importante propiciar buenas relaciones interpersonales, entendemos que todos los alumnos son diferentes, pero esto no impide crear puentes comunicantes de respeto sustentado en la tolerancia. Abrir el dialogo y evitar la agresión, que se sostiene en la intolerancia de aceptar al otro que es diferente. Fomentar actividades que favorezcan el dialogo interpersonal, y no que fragmente o divida.

Especificar previa discusión colectiva, las reglas que van a guiar la convivencia escolar. Sustentándose en el reglamento de la institución educativa, fijar por consenso las reglas que deben ser respetadas, esto favorece un buen ambiente de aprendizaje.

Realizar actividades que encausen el interés de los alumnos. Es decir, ser congruente con el principio de que los procesos de aprendizaje deben estar centrados en el interés de los alumnos. Para lograr este fin, tenemos que utilizar estrategias didáctico-pedagógicas innovadoras, que llamen la atención de los estudiantes, sabemos por ejemplo, que los niños y jóvenes actualmente les fascinan el uso de las nuevas tecnologías de información y comunicación. Se podrían adecuar estos medios a los procesos de aprendizaje.

El uso y las características del espacio físico también constituyen elementos fundamentales en los procesos de aprendizaje. En ciudades calurosas por ejemplo, se valora mucho tener un salón ventilado, pero también es importante la luminosidad adecuada, la limpieza, el servicio de agua en los baños, un mobiliario apropiado, áreas verdes en el entorno, espacios para que los jóvenes o niños tengan un sitio donde puedan sentarse en el recreo a convivir, jugar o a comer algún bocadillo, que el salón esté pintado con colores que promuevan la calidez y tranquilidad, la disposición de las butacas que estimulen al dialogo horizontal, incluso si las condiciones se prestan, romper los muros del salón de clases y trabajar por ejemplo en un jardín de la escuela.

Pensamos que construyendo una estrategia que promueva un buen ambiente de aprendizaje en los términos que propusimos, ésta puede convertirse en un elemento tanto o más importante que un buen programa educativo, una planeación racional, una evaluación sustentada en manuales según las competencias establecidas por la institución educativa, o puede ser más provechoso para el aprendizaje que el usos exclusivo y rutinario del cañón, cuya proyección de diapositivas termina generalmente fastidiando a los alumnos y resistiendo al aprendizaje. 

 

 

 

* Rodolfo Bórquez Bustos. Doctor de Educación. Docente e investigador de tiempo completo del programa educativo de Sociología de la Comunicación y Educación de la Unidad Académica de Sociología de la Universidad Autónoma de Guerrero. Perfil PROMEP: rborquezbustos@yahoo.com.mx