Revista Digital de Tecnologías de la Información y Comunicación. Vol. 8, No. 2. Semestre julio-diciembre de 2012. ISSN: 1870-7505

 

La calidad en las universidades públicas

Rodolfo Bórquez Bustos *

 

La política del Estado mexicano implementada a nivel de la educación superior, está centrada fundamentalmente en lograr la tan anhelada calidad. El primer obstáculo que encontramos es que este concepto es polisémico, y lo que significa para unos no significa lo mismo para otros.

Algunos jóvenes y padres de familia piensan que una universidad de calidad es aquella que tiene un bonito edificio, aire acondicionado, piso de mármol, sala de cómputo, cañones en cada salón y alumnos pertenecientes a una clase social acomodada, es decir el joven estará relacionado “con personas bien”. Otros creen que la calidad, se demuestra por la cantidad de libros que los alumnos deben leer y memorizar y si los maestros le dejan muchas tareas mucho mejor. Algunas personas señalan que la calidad “se demuestra” y para ello hay que aplicar exámenes, si los alumnos lo aprueban, quiere decir que la universidad le enseñó bien, y en consecuencia es de calidad. También se piensa que la calidad se demuestra cuando un egresado encuentra rápidamente un trabaja en el perfil para el cual fue preparado. Igualmente hay quienes creen que la calidad está determinada por un currículo actualizado y por docentes bien preparados.

Sabemos que “el hábito no hace al monje”, por muy bonitas instalaciones que tenga una universidad, no necesariamente en esa institución se imparte una buena calidad educativa. El leer mucho, memorizar y pasar exámenes con 10, no necesariamente significa que se ha aprendido. El hecho de egresar de la universidad y encontrar un trabajo acorde al perfil, muchas veces (podríamos decir que es casi la regla), se logra por amistad y raramente por el conocimiento o habilidades que se posee, el famoso dicho mexicano “más vale tener un conocido que tener conocimientos”, es una verdad indiscutible, las “relaciones” son más importantes que la calidad de los conocimientos.
 
Por otra parte, la fama o prestigio que tenga una institución educativa ayuda mucho a ser aceptado o no en un empleo. Recientemente leía un informe de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES), sobre una encuesta aplicada a empresarios, se señalaba que si frente a ellos tenían dos candidatos para un puesto de trabajo, y uno era egresado del Tecnológico de Monterrey y el otro del Instituto Politécnico Nacional, mayoritariamente preferían el del “Tec de Monterrey”, lo mismo ocurría si uno era de la UNAM y el otro de la Universidad Iberoamericana, la mayoría de los encuestados optaban por elegir el candidato de “la Ibero”. Las razones era “el prestigio” de las dos universidades privadas. En consecuencia la variable “prestigio” es más importante que el conocimiento real que posean los candidatos, pero hay que aclarar que el valor “prestigio” constituye un factor muy subjetivo, ya que en general muchas veces es producto de la mercadotecnia y no de la calidad real de esa institución. Posteriormente en una encuesta de control, se comprobó que en el transcurso del desempeño laboral, la tendencia era que el egresado de la universidad de “prestigio”, resultó tener conocimientos iguales o más bajo que el egresado de una universidad pública. Algo similar sucede en Acapulco con los egresados de la Universidad Americana y de la Universidad Autónoma de Guerrero, generalmente los empleadores prefieren a los de la “americana”.

Todas estas confusiones existen con respecto a lo que los agentes sociales, e instituciones entienden, o mal entienden por calidad. Sin embargo considero que poco a poco el Estado mexicano ha ido construyendo una idea clara con respecto al tema de la  calidad, este valor está íntimamente relacionada con el conocimiento, pero no cualquier conocimiento, sino un conocimiento útil, pertinente, apto, rentable pero ¿rentable para quién? ¿Qué lógica mueve este postulado? Su sustento se ha ido construyendo desde percepción empírica, es decir comprobada. Hagamos un pequeño rodeo para encontrar las raíces de lo que el Estado mexicano entiende por calidad educativa a nivel de la educación superior.

En la época actual, se ha comprobado que el conocimiento varía o cambia en un corto periodo de tiempo si lo comparamos con los siglos precedentes, en consecuencia las instituciones que producen riqueza (las empresas), tienen una necesidad permanente por renovar el conocimiento, para producir más, más barato, mejor y por supuesto incluir tecnologías de punta en la producción, para emplear a menos trabajadores y ganar más, como se dice en la jerga laboral “hacer más con menos”. Este es el corazón del modelo educativo neoliberal, que ha construido un concepto neutral del mundo actual, señalando que vivimos en una “sociedad del conocimiento”, o “sociedad de la información”, cuando en realidad se trata de una sociedad capitalista que brutalmente se ha extendido a nivel mundial sin límites de fronteras, destruyendo todo tipo de soberanía nacional, centralizando la riqueza  en un puñado de empresas multinacionales, creando en los diversos países una carencia laboral y en general provocando un aumento de la pobreza, asimismo se han construido instituciones supra nacionales como el FMI, la OCDE el BM etc., que dictan a todos los estados del mundo lo que debe hacerse tanto en materia económica, política, social y educativa.
           
En este sentido una universidad de calidad debe tener como prioridad forma futuros trabajadores capaces de integrarse exitosamente al mundo laboral. Por tal motivo se ha creado una función nueva en el perfil de todas las universidades públicas, la vinculación, que consiste en que los estudiantes deben realizar prácticas laborales en las empresas, para depositar el conocimiento adquirido en las universidades, generalmente de manera gratuita, y a cambio, el patrón le da “la posibilidad” de que “aprendan en el trabajo cotidiano”. Es decir, los dueños de las empresas podrán disponer durante un cierto tiempo de una mano de obra preparada y gratuita. Pero la vinculación no termina ahí, también se les sugiera a las universidades hagan convenios para realizar investigación útil, para los dueños de los medios de producción que la soliciten, en el campo que ellos estimen conveniente. Los docentes deben también ser investigadores al servicio de este proyecto, como asimismo deben integrar a los alumnos.

Estas son las razones del por qué se le ha prestado tanta importancia a las competencias relacionadas con la vinculación a nivel del mundo empresarial, “aprender a aprender” “aprender hacer”, es decir fomentar la autonomía y la capacidad creativa en los alumnos con el propósito de construir conocimientos nuevos, eficaces sujeto a los vaivenes de la oferta y la demanda del mercado laboral, “el que paga más, o el que ofrece más”, a ese le vendo mi conocimiento y mi creatividad. Ese es el motivo del por qué los técnicos que crean video juegos por ejemplo, son los más demandados en el mundo laboral a nivel global, debido a que hay una gran demanda de estos tipos de juegos, que cada vez son más sofisticados y novedosos para los usuarios.

Pero esta perspectiva no acaba ahí, costear una universidad pública cuesta muy cara al Estado. La primera solución es que paulatinamente se ha implantado pedir “cuotas” o simplemente ya se cobran algunos servicios. Las licenciaturas que en antaño duraban 5 años, hoy en general se reduce a 4, igualmente se oferta a mitad de carrera un título de técnico. Han crecido de manera muy veloz, las universidades tecnológicas en diversas regiones del país, el fin primordial es satisfacer la demanda patronal. El modelo alemán es un ejemplo de esta tendencia. En ese país se han incrementado las carreras técnicas, y existe un interés a disminuir los programas educativos en las áreas humanísticas y sociales. Los estudiantes universitarios alemanes pasan 3 o 4 días “practicando” en las empresas, y solo 1 o 2 día en la universidad estudiando aspectos teóricos. Es decir se terminó imponiendo la racionalidad técnica en las prácticas de los alumnos universitarios alemanes. En Finlandia solo un 20% de los egresados de bachilleratos, entran a la universidad, todos los otros siguen carreras técnicas cortas vinculadas con la demanda del mercado laboral.

En definitiva, la “calidad” para el Estado mexicano, está vinculada principalmente con el conocimiento útil para insertarse en el mundo laboral. ¿Será este el único fin o el más importante de la actividad educativa? Pensamos que reducir el quehacer educativo, exclusivamente a esta función instrumental, es empobrecer su universo tan amplio. El término “calidad” puede ser muy claro en el caso de una mercancía pero no así en el caso de una persona (estudiante o maestro), o de un proceso de formación, como el de la educación. La formación de las personas es un quehacer sumamente complejo y diverso y además con grados importante de diferencia en cada región, cada grupo de niños y cada persona.

Sin embargo las autoridades y empresarios están empecinadas en reducir la calidad a la suma de conocimientos, por tal motivo constantemente proponen aplicar exámenes de control para probar el conocimiento que tiene cada estudiante.

Es evidente que una de las funciones principales de las universidades es que sus alumnos aprender ciertos conocimiento para la vida laboral, pero esta no debe ser la única función. Las universidades principalmente deben tener una misión superior, constituirse en la conciencia crítica de la sociedad, este aspecto también es relevante para formar un alumno de calidad y este aspecto debe promoverse transversalmente en todas los programas  universitarias. La calidad de un estudiante universitario se refleja cuando piensa y actúa para  transformar la realidad del país, para mejorarlo, cuando construye horizontes utópicos como posibilidades.

Aprender a respetar los derechos humanos, la naturaleza y toda especie viva, también es importante para una vida de calidad. Sin embargo en las universidades se promueve el “éxito”, la “excelencia”, ser “triunfadores”, “ser los mejores” etc. Esta cultura de la “competencia” trae consigo legitimar una sociedad injusta, y visualizar principios que van en sentido contrario de lo humano, como dice el gran maestro Pablo Latapí, “Excelente” es el superlativo de “bueno”; excelente es el que excellit, el que sobresale como único sobre todos los demás, en la práctica, el perfecto. En el ámbito educativo, hablar de excelencia sería legítimo si significara un proceso gradual de mejoramiento, pero es atroz si significa perfección. Educar siempre ha significado crecimiento, desarrollo de capacidades, maduración, y una buena educación debe dejar una disposición permanente a seguirse superando; pero ninguna filosofía educativa había tenido antes la ilusoria pretensión de proponerse hacer hombres perfectos. El lema de la Universidad Americana de Acapulco es “Excelencia para el desarrollo”, esto lo dice todo.

Entonces la calidad las autoridades y empresarios la entienden como poseer un conocimiento excelente, ser los mejores en esta carrera de competencia. No hay que olvidar, que cuando uno gana hay otros que pierden, se rompe con el valor de la solidaridad, en el kínder al ganador se le pone una estrellita, en la escuela primaria le dan un diploma y desfila cada lunes con la bandera, ese es el premio, en cambio el que pierde baja su autoestima. Más bien la calidad debe estar vinculada al trabajo colectivo solidario, y no a la competencia individual marcada por el valor del egoísmo. Una educación de calidad debe estimularnos a ser mejores, pero también nos debe hacer comprender que todos estamos necesitados de los demás, que somos seres que no nos movemos en una sola dirección ya que siempre estamos en el límite algunas veces somos triunfadores y a veces perdedores. Finalmente, una formación de calidad debe contemplar todos los aspectos, del desarrollo humano.

 

* Dr. Rodolfo Bórquez Bustos. Sociólogo y Doctor de Educación. Docente e investigador de tiempo completo del programa educativo de Sociología de la Comunicación y Educación de la Unidad Académica de Sociología de la Universidad Autónoma de Guerrero. Perfil PROMEP. Miembro del Cuerpo Académico "Educación Cultura y Sociedad.