Revista Digital de Tecnologías de la Información y Comunicación. Vol. 5, No. 3. Trimestre julio-septiembre de 2009. ISSN: 1870-7505

 

La adquisición de conocimientos en la escuela como proceso y como producto

Rodolfo Bórquez Bustos *

 

En las escuelas escuchamos constantemente afirmar que tanto el profesor como el alumno “debe comprender que el conocimiento se adquiere como proceso” ¿de qué estamos hablando? Después de ciertos años repetimos esta frase que muchas veces se ha transformado en una moda, una llave mágica de respuesta a las carencias educativas o simplemente una ideología.

Tanto en el mundo escolar como en general en el mundo social el conocimiento se transmite, recordemos la clásica definición de educación que nos da Durkheim, la educación es el legado de conocimientos que nos trasmite una generación mayor a una más joven. En los modelos de comunicación, tanto en los más simples como los más complejos siempre en el proceso de trasmisión de conocimientos están involucrados como mínimo  ciertos elementos: un emisor que da un mensaje con una cierta intencionalidad, un contenido que es transmitido a través de un canal, este canal puede ser el leguaje humano hablado” cara a cara”, o valiéndose de otro medio (radio, tv, prensa escrita etc.) a un emisor, que comúnmente acepta, rechaza o negocia el mensaje por medio de un proceso de retroalimentación, o feed back.

Explicado así el proceso de adquisición de conocimientos parece extremadamente sencillo, sin embargo consideramos que este proceso es muy complejo. Veamos algunos de sus aspectos que considero relevante.

Cuando una madre o padre le enseña algo a su bebe, a fuerza de repetir el concepto o signo, el bebé aprende, por ejemplo, le muestra un vaso con agua y le dice “agua”, en cierto momento el niño va a señalar el vaso con el vital líquido y dirá “agua” y los padres dirán “ya el niño aprendió, adquirió un conocimiento”. En los procesos educativos esto no sucede así, generalmente los profesores no tenemos certeza el conocimiento que el alumno asimiló. Tradicionalmente el profesor produce signos a través de diversos lenguajes, su intención es que el alumno asimile lo que se le enseña, (una poesía, cálculo matemático, acontecimientos y fechas históricas etc.). Para saber si el alumno asimiló o no, generalmente el profesor aplica controles apoyándose comúnmente en exámenes, explicaciones verbales, preguntas directas, ensayos etc.

 Realmente es difícil saber a través de estos medios si el niño o joven realmente aprendió o no un nuevo conocimiento, debido a que este proceso es intersubjetivo, y depende fundamentalmente del estado mental del alumno, disposición psicológica, condición social, mediación cultural, por lo tanto no es sencillo saber si se dio exitosamente el proceso de transmisión –adquisición. Además la actividad cognoscente es compleja debido a que depende de la disposición o interés de aprender por parte del sujeto. Es decir, la transmisión de un conocimiento aunque utilicemos muchas técnicas, sentido común o rigor científico, entusiasmo y paciencia, no es una garantía para que el proceso llegue a buen termino, y que el estudiante incorpore realmente un conocimiento nuevo que el profesor trata de trasmitir, o que le sirva para cuestionar los conocimientos que él ya tenía. Siempre el campo del aprendizaje estará en el lado del alumno, “solo él sabe lo que aprendió”, cómo lo aprendió, cuanto aprendió y qué dirección le dio a ese aprendizaje, lo que si es cierto, es que raramente la mente del estudiante incorpora de manera idéntica lo que el maestro le transmite, el alumno constantemente construye y re-construye generalmente algo distinto que le dará un uso diferente a la intención curricular que el maestro trasmite.

            Otro aspecto relevante a destacar, es que nuestros alumnos aprenden desde la cultura escolar es decir: contenido curricular, reglamentos, posición en que se encuentran las jerarquías administrativas, relaciones de poder profesor alumno, papel del docente, papel del alumno, ejercicio de la disciplina y el orden, formas de evaluación, valor que se le da al éxito o al fracaso, lo que se entiende por calidad, excelencia y en general todas las prácticas legitimadas al interior de la institución educativa. Cualquier alumno que quiere aprender tiene que tener en consideración la cultura escolar, entendida como el sentido que la institución escolar le da a sus prácticas cotidianas, las cuales están envueltas en reglamentos específicos y valores, es decir la institución escolar aprueba y desaprueba cierto tipo de prácticas.

            Pero la cultura escolar no basta para que el conocimiento llegue a nuestros discentes. Tenemos también que considerar la propia cultura que tiene el estudiante, es decir que sentido le da al  mundo que lo rodea, muchas veces podrá coincidir la cultura escolar con la cultura del discente, pero otras veces no. Describamos un ejemplo sencillo, para una institución escolar puede ser importante que sus alumnos memoricen una fecha de algún acontecimiento histórico y respondan correctamente en un examen de opciones múltiples, en cambio para un estudiante puede ser más relevante comprender por qué sucedió ese acontecimiento histórico. En el primer caso se privilegia “lo objetivo”, en el segundo “lo subjetivo”. Otra apreciación puede ser que algunos alumnos aprenden a partir de saber que ese conocimiento “le será útil para algo”, esto quiere decir considerar el conocimiento entendido como “producto”, cosificado, y otros se interesarán más por conocer, para expandir su conocimiento o cuestionar los que ya posee, en este caso se entiende el conocimiento como “proceso”.

En rigor al adquirir un conocimiento se conjugan ambas dimensiones, descrita a lo largo del texto, lo objetivo que viene del exterior (de lo que el maestro enseña), y lo subjetivo es lo que para bien o para mal el alumno sabe, desde y en su propio medio o contexto. Así nuestros dicentes van construyendo las nuevas estructuras conceptuales. Hoy tan de moda la categoría de red o sistema, el alumno para incorporar un nuevo conocimiento crea nuevos vínculos, otros solo se reforman, otros se debilitan y dan paso a nuevos vínculos distintos, otros estaban “ahí” y despiertan creando en la red, sistema o subsistema de conocimientos, una nueva configuración que potencializa a su vez nuevas expectativas para re-construir nuevas redes de conocimiento.

En esta lógica empezamos a comprender que el conocimiento no es proceso ni producto son ambas cosa a la ves. Me explico, el conocimiento potencializa al propio conocimiento, todo conocimiento adquirido aunque sea pequeño, repercute en la creación de nuevos conocimientos. Esta es la razón del porqué actualmente el conocimiento en el mundo se duplica cada 6 meses. Cada conocimiento entendido como “producto final” nunca es tal, siempre se incorpora en la mente, pero al mismo tiempo se integra a un “proceso activo” que transforma dicho conocimiento en algo que a la larga se modificará. Todo conocimiento está abierto a ser falseado. En este sentido no es aventurado sostener que el conocimiento se “hace a sí mismo” o bien es proceso y producto a la vez, o más exactamente como lo han argumentado los célebres biólogos chilenos, Humberto Maturana y  Francisco Varela, al analizar los seres vivos, ellos señalan que la condición de existencia de los seres vivos está marcada por la continua producción de sí mismo es decir a través de un fenómeno de autopoiesis. El sociólogo alemán Niklas Luhmann, incorporará esta categoría a los análisis de los sistemas sociales para argumentar que los fenómenos sociales son siempre autopoiéticos. En esta lógica a nivel educativo diremos que en cada actividad cognoscitiva se condensa cada aumento de conocimiento en tanto que producto, pero igualmente de manera simultanea se integra a un proceso que lo transforma.

 

 

* Dr. Rodolfo Bórquez Bustos. Profesor – Investigador de la Licenciatura en Sociología de la Comunicación y Educación de la Unidad Académica de Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Guerrero. Perfil Promep e Integrante del CA "EDucación, Cultura y Sociedad" Clave UAGRO-CA-114.