Revista Digital de Tecnologías de la Información y Comunicación. Vol. 6, No. 2. Semestre julio-diciembre de 2010. ISSN: 1870-7505

 

VIOLENCIA DE GÉNERO EN LAS UNIVERSIDADES

Dra.Yolanda Emperatriz Cortez Dillanes1
M.C. Mónica Guevara Rojo 2
M.C. Guadalupe Antúnez Nájera3

 

RESUMEN

La violencia de género en los espacios universitarios está presente en distintos países y regiones, que ha sido expuesta a través de la investigación científica internacional. No obstante, es poco reconocida en las mismas universidades y en algunos casos, por las mujeres que padecen los efectos de esta violencia.

Existen hasta el momento pocas investigaciones sobre la violencia de género en el ámbito universitario de México, a diferencia de países  como Estados Unidos, Canadá o España que han analizado la violencia de género en ese contexto  desde hace varias décadas y han implementando medidas de prevención e intervención.

PALABRAS CLAVES: Violencia, género, universidad, educación, acoso

DESARROLLO

Al centrarnos en la violencia de género en las universidades, nos ubicaremos sobre las formas de relación entre hombres y mujeres al interior de las mismas.

Partimos de la definición dada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU, 1993) en su Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer, en su artículo 2, inciso b señala como forma de violencia contra la mujer:

“La violencia física, sexual y psicológica perpetrada dentro de la comunidad en general, inclusive la violación, el abuso sexual, el acoso y la intimidación sexuales en el trabajo, en instituciones educacionales y en otros lugares, la trata de mujeres y la prostitución forzada.”

La Organización de las Naciones Unidas (ONU, 1993) en la misma Declaratoria mencionada, establece en su artículo 4, inciso j
“Adoptar todas las medidas apropiadas, especialmente en el sector de la educación, para modificar las pautas sociales y culturales de comportamiento del hombre y de la mujer y eliminar los prejuicios y las prácticas consuetudinarias o de otra índole basadas en la idea de la inferioridad o la superioridad de uno de los sexos y en la atribución de papeles estereotipados al hombre y a la mujer.”

El análisis de las investigaciones y la literatura científica manifiesta una labor notable de estudio sobre la violencia de género en las universidades, en diferentes partes del mundo, primordialmente en Estados Unidos, Canadá y España, existen pocas  realizadas en México.

La mayoría maneja una metodología cuantitativa para medir la presencia o el grado de violencia de género en las facultades o entre universitarios y universitarias, obteniendo la información mediante cuestionarios y escalas de medida, son estudios de diagnósticos. En relación a las que no han utilizado cuestionarios ni otro tipo de técnicas cuantitativas, han verificado una búsqueda documental de políticas y medidas de actuación, efectuando un análisis del discurso combinado con otras técnicas, como la observación participante.

Todas las investigaciones han ocupado una muestra de más de 100 personas y algunas de ellas superior a 500. Los cuestionarios se aplican a estudiantes, especialmente del sexo femenino, o si, en el caso de las que han trabajado con ambos sexos, el número de cuestionarios administrados a las mujeres es superior.

Los estudios internacionales reconocen que la violencia de género perturba a diferentes edades, clases sociales, culturas, niveles académicos y espacios, de modo que se da sin distinción y no se supera con mayor formación académica.

Así, algunos han examinado la presencia de la violencia de género en el contexto universitario. Con muchas divergencias en el objeto delimitado, instrumento, muestra y territorios, los datos derivados revelan cifras que fluctúan entre el 13% y el 58% de personas con algún tipo de violencia o situación sexual no deseada en el período universitario.

A continuación nos centraremos en las investigaciones que se han realizado y las que se están produciendo sobre violencia contra las mujeres en el espacio universitario realizadas en Estados Unidos, Canadá, España y México.

Una de las investigaciones actuales relevantes relacionadas con el tema es la realizada por Strauss The International Dating Violence Study  es un estudio longitudinal, que se desarrolla en 32 países, demuestra que la violencia de género entre jóvenes universitarios es un problema independiente de la esfera privada, al margen del matrimonio y la nacionalidad, que no solo se comete, sino que también se acepta, y es un problema vigente aunque no así visible en las universidades. (STRAUSS, 2004 citado por BURGUÉS et al, 2006).

Smith, White y Holland (2003, citado por BURGUÉS, et al. 2006) analizaron el desarrollo de la violencia en las citas de estudiantes en los Estados Unidos durante cuatro años. Obtuvieron que en caso de haber sufrido actos de violencia en la adolescencia, sea más probable que se repitan hechos similares durante sus estudios superiores. Otro dato significativo es que desde el instituto hasta el final del cuarto curso universitario, el 88% de las estudiantes habían sufrido algún incidente de ataque físico o sexual. De quienes recibían más agresiones eran de los “novios” (del 62.4% en el instituto a un 77.5% en el último año de la carrera).

También en Estados Unidos, Charkow y Nelson (2000, citado por Burgués, ob. cit.,) analizaron, en alumnas universitarias, la correlación entre la dependencia en las relaciones y la incidencia de los abusos en las citas. Los resultados indican que las estudiantes que tienen relaciones de dependencia tienden a sufrir más abusos.

En Canadá, DeKeseredy y Schwatz (1998, citado por Burgués, ob. cit.,) confirman las principales conclusiones de las investigaciones realizadas en Estados Unidos, sus resultados indican  que es creciente la violencia de género sobre todo en el ámbito de relaciones esporádicas o “citas” que mantienen las estudiantes universitarias, donde paradójicamente existe menos reconocimiento del riesgo, aunque ellas están más preocupadas por ser agredidas por personas extrañas en lugares públicos, sin embargo las estadísticas indican que deberían estarlo por los encuentros con compañeros.

Algunos estudios se ubican en el análisis de las creencias y actitudes por parte del estudiantado y esencialmente, en la no identificación como tal de algunas actitudes y escenarios que conciernen visiblemente a violencia de género. Esta no identificación ocasiona una menor denuncia de situaciones.

De tal forma que, una de las contribuciones más significativas identificadas en distintos estudios reside en ver la presencia de una considerable diferencia en el grado de reconocimiento y/o conocimiento que la comunidad universitaria tiene de este problema. Muchos estudios expresan que, situaciones consideradas como violencia de género por las definiciones científicas elaboradas sobre esta problemática (Fitzgerald 1988; Kalof, Kimberly, Matheson, y Kroska 2001, citados por VALLS, et al., (2007)  (que abarcan desde situaciones incómodas, caricias y besos sin consentimiento hasta relaciones sexuales no deseadas), no son identificadas como tales por parte de las y los estudiantes (Benson y Thomson, 1982 ; Kalof et. al.; Toffey y Levesque,1998 citados por VALLS R. et al., 2007)

Muchas investigaciones estudian el acoso sexual, las agresiones sexuales y las violaciones que se dan en los espacios universitarios, particularmente en Estados Unidos, señalan los altos índices de agresiones sexuales y violaciones que se dan en las citas entre universitarios/as, tanto fuera como en los distintos espacios de convivencia del campus (fiestas, casas de fraternidades, encuentros con profesores, etc.) sin embargo, muchas mujeres que han sido víctimas de alguna de estas situaciones de violencia de género, así hayan sido forzadas a tener relaciones sexuales no deseadas, no identifican situaciones de agresión sexual sufridas, como una violación. (Kalof, L.1993, citado por VALLS et al. 2006-2008).

Otros estudios demuestran también la baja asimilación de la agresión sexual como violación y por consiguiente la baja denuncia en casos primordialmente efectuados por novios, amigos o conocidos. Existe un proceso de normalización de la violencia durante la estancia en la universidad, en particular cuando esta proviene de personas cercanas por sentir que ellas provocaron el suceso o por evitar el malestar de la persona agresora. (Gross, A. y colaboradores 2006 citados por  VALLS, ob. cit.)

La aclaración del porqué existe esta falta de identificación y denuncia se atribuye a la influencia que tienen ciertos estereotipos sexistas, que pueden lograr que las víctimas se inculpen cierto grado de responsabilidad en la provocación de la situación vivida o que se sientan aisladas y rechazadas del grupo de iguales (Gross et. al 2006; Stomber, 1994 citados por  VALLS, ob. cit.). Estos eventos contribuyen a la persistencia de esta problemática en los espacios universitarios.

Algunos concluyen que las víctimas que sufren niveles elevados de violencia durante la agresión, son las que identifican, en mayor medida, el hecho como una violación, agregan que el dialogo y las interacciones entre iguales son un factor clave a la hora de identificar situaciones de violencia de género, porque entre  las amigas con las que se hablan sinceramente sobre este tipo de situaciones, las mujeres están más predispuestas a reconocerlas como agresiones sexuales o violaciones. (Bondurant, 2001 citados por  VALLS, ob. cit.)

Una investigación realizada para explicar la hostilidad que muchas mujeres viven en los espacios universitarios indica que existe la tendencia a culparlas de la violación y a disculpar a los hombres, que algunas mujeres pueden contribuir a perpetuar la violencia de género cuando apoyan los discursos de culpabilización a las víctimas, como considerar que ellas son las que provocan la situación y por consiguiente, las responsables de que suceda, que las violaciones son ejecutadas por hombres con patologías mentales, o son situaciones que los hombres que las realizan no las pueden evitar por sus necesidades sexuales, este tipo de respuestas fueron proporcionadas por estudiantes mujeres que tenían menos  tiempo en la universidad en comparación con las de más permanencia. Esa investigación reconoce que este rechazo, insolidaridad y desconfianza entre las propias estudiantes no son actitudes aisladas, más bien deben considerarse a partir de la  explicación de una serie de creencias sociales producto de la socialización que toleran y permiten la violencia y acoso sexuales, favoreciendo en crear un ambiente de hostilidad hacia las mujeres. (Gowan, 2000 citado por VALLS, ob. cit.)

Otros se centran en las creencias y los posicionamientos de los y las estudiantes en relación al acoso sexual. Los hombres expresan mayor tolerancia hacia estos comportamientos, más aceptación y aprobación de mitos sobre la violación y creencias respecto a que las relaciones entre mujeres y hombres son conflictivas por naturaleza. Algunos aceptan que serían capaces de agredir o acosar sexualmente a alguna mujer en determinadas circunstancias. Los investigadores concluyen que hay una relación constante entre actitudes, creencias y los índices de conductas sexuales hostiles que manifiestan los hombres contra las mujeres. Es decir, se hace explicito que algunos hombres exhiben una misoginia continua que incluye comportamientos de acoso y agresión sexual. Los estudiosos creen que la violación puede ser prevista y prevenida a partir de programas que intervengan directamente en las creencias de apoyo a la violación por parte del estudiantado (Reilly, M.E. et al. 1992 citados por  VALLS, ob. cit.)

Distintas investigaciones indican que algunos miembros de fraternidades, en Estados Unidos, incluso algunas mujeres que se relacionan con hombres de estas organizaciones, cuentan con más actitudes estereotipadas sobre el género, atribuyen a los hombres un papel de dominación y a ellas de sumisión.  (Robinson, Gibson-Beverly y Schwartz, 2004; Kalof, 1993 citados por  VALLS, ob. cit.).

Muchas investigaciones se han ocupado de la relación entre las actitudes de apoyo a las relaciones sexuales forzadas que se da en las fraternidades y la violencia sexual. En sus resultados indican que los hombres integrantes de fraternidades poseen ideas fundadas en un profundo sexismo y desprecio hacia las mujeres como: a las mujeres les agrada que sean violentos con ellas; las mujeres quieren que las obliguen a la hora de mantener relaciones sexuales; las mujeres imaginan ser violadas; los hombres deben controlar la relación; las mujeres sexualmente liberadas son promiscuas; las mujeres que toman la iniciativa en el sexo son chicas fáciles. Todas estas ideas preconcebidas forman parte de lo que estas investigaciones han identificado como la rape culture o la cultura de la violación. (Yancey, et al, 1989; Copenhaver, et al 1991; Fonow, et al., 1992; Boeringer, 1999; Boswell y Spade, 1996 citados por  VALLS, ob. cit.)

Por otra parte, se fortalece un ambiente donde fluye la dominación sexual en las relaciones con las mujeres, como regla o juego, sin que se discuta este tipo de conductas, ni mucho menos identificándolas como lo que son, un delito muy grave. Sin embargo, hay estudios que indican que no todos los hombres que pertenecen a fraternidades despliegan actitudes negativas hacia las estudiantes, y hay muchos de estos contextos en los que no se da el trato despectivo hacia ellas; hay otros estudios que indican que el desarrollo de actitudes sexistas y violentas contra las mujeres no está simplemente relacionado con las fraternidades en sí, sino con la presencia de una serie de pautas de conductas y normas de regulación de las relaciones sociales  entre hombres, y también entre mujeres, que favorecen un clima de apoyo a la violencia y a la agresión sexual. (Ayres y Spade, 1996; Banyard et al., 2005 citados por  VALLS, ob. cit.)

Otra línea se orientó a indagar sobre las dinámicas asociadas a las relaciones en las que se ocasiona violencia en las citas entre universitarios y universitarias, identificando que en las que se producía violencia o coacción sexual respondían a esquemas determinados por aspectos de dependencia y aceptación del abuso involucrándolo con amor o con ideales tradicionales románticos. Enfatizan que el hecho de que mujeres universitarias consiguieran ese modo de relación es significativo y, por lo tanto, la intervención con programas de prevención de la violencia en los encuentros se enfocaría en trabajar los elementos que definen este tipo de relaciones no saludables (Charkow y Nelson, 2000 citados por  VALLS, ob. cit.)

Distintas publicaciones detallan características de las personas que realizan violencia de género, considerando variables diversas, desde las experiencias previas de estas personas, su socialización, la relación con la víctima -ser su pareja, amigo o conocido, ser el profesor- pertenecer a clubes o fraternidades, o practicar deportes agresivos.

Algunas nos dan inclusive datos sobre el hecho de que la violencia de género habitualmente es realizada por parte de una persona conocida por ellas (Bondurant, 2001; Banyard, 2005; Gross, A. et al, 2006 citados por VALLS, ob. cit.) En mujeres universitarias que sufrieron experiencias de violencia sexual, los novios  son los autores más frecuentes de las agresiones sexuales, seguido de los amigos y los conocidos. En el caso de agresiones sexuales cometidas a mujeres universitarias que informaron en otra investigación, sólo en el 6% de los casos el agresor era una persona extraña para ellas. (Gross, A. et al, 2006; Bondurant, 2001 citados por VALLS, ob. cit.) 

Algunas han contribuido con un detallado análisis de diferentes situaciones de violencia de género en los campus universitarios (Nicholson, M, 1998; Gross, A, et. al, 2006 citados por  VALLS, et. al. 2006-2008). Específicamente sobre agresiones no-sexuales, actividad sexual no buscada de cualquier tipo, incluso el solo intento, actividades incompletas o intercambios no deseados, violación; el papel del alcohol en todos estos acontecimientos, si la persona afectada era hombre o mujer y si cualquiera de estas agresiones fue o no denunciada a la policía, así como indagación demográfica de las muestras. En este estudio se identificaron situaciones de violencia como pegar, abofetear, empujar u otras agresiones físicas, actividad sexual no deseada como besos, tocamientos y caricias, relación sexual no buscada, intentada, o no deseada sin penetración, violación e intercambio sexual no buscado con penetración (Nicholson, M, 1998 citados por  VALLS, et. al. 2006-2008).

Otras se han ocupado en analizar a la universidad como una institución dónde se crea un ambiente adverso hacia las mujeres. Osborne, (1995, citado por  VALLS, ob. cit.) en Canadá enfatiza que son un contexto mucho más peligroso para las mujeres que para los hombres, donde se desarrollan comportamientos y prácticas institucionales dirigidas a realizar distintas formas de control social sobre ellas mediante la dominación, el abuso, la fuerza, o el silenciamiento. Esta autora plantea que el acoso sexual y la misoginia son maneras de agresiones, que se muestran con normalidad a través de distintos modos de sexismo presentes en los currículos académicos, en las discusiones y debates en las aulas, existiendo un componente de humillación y superioridad hacia las mujeres cotidianamente. Insiste que hay pocos estudios que han identificado este tipo de actitudes, comportamientos y prácticas como expresiones de violencia e inclusive que  comparen  el vínculo entre formas de violencia y otros mecanismos de sometimiento de las mujeres. Así ultima, que la subordinación y agresiones que sufren las mujeres en estos espacios están enlazadas entre ellas porque son manifestaciones de la práctica de los hombres de controlar a las mujeres mediante la fuerza, la coerción, el abuso o el silencio.

Juzga  que no todas las mujeres especifican estas situaciones como violencia de género, sin embargo, es percibida frecuentemente como una forma de perpetuación del dominio de los hombres sobre las mujeres. Es lo que se nombra continuum of violence against women, que contiene desde el acoso sexual por hombres del entorno universitario (maestros, otros profesionales) o por iguales (entre estudiantes universitarios), la agresión física o sexual en la universidad hasta el sexismo en los debates y discusiones en las aulas. (Osborne, R. 1995, citado por  Valls et. Al, 2006-2008)

Por otro lado, las investigaciones analizadas inciden no únicamente en la violencia de género que se puede dar entre iguales, es decir entre alumnos y alumnas, también en el acoso que reciben algunas estudiantes mujeres por parte de profesores o el referido a maestras universitarias por parte de compañeros de trabajo, superiores o alumnos. (Benson y Thomson, 1982; Fitzgerald et al., 1988; Garlick, 1994; D. Lee, 2006, citados por VALLS, R. et. al. 2007).

Escasas indagaciones  se han realizado en las que se da una doble situación de desigualdad entre la afectada y la persona agresora, desigualdad ya no sólo de género sino incluso de poder, como es una situación de violencia de género cometida por un maestro  a una estudiante.

En esta línea se destacan Linda Kalof, Kimberly K. Bey, Jennifer L. Matheson y Robo J. Kroska (2001, citados por VALLS, R. et. al. 2006-2008) que  se centran en el acoso sexual de catedráticos a estudiantes en una universidad americana, con el objeto de analizar las interrelaciones de este acoso con el género y el grupo étnico (tomando en cuenta que se realiza en el contexto estadounidense). Los resultados, indican que de las 525 estudiantes  el 40% de las mujeres y el 28.7% de los hombres habían sido acosadas y acosados por un profesor.

Uno de los resultados notables radica en la diferencia entre el número de estudiantes que reconocen haber vivido acoso sexual, y el número que perciben que han vivido alguna situación de acoso.

Así, estos autores hallaron que la mayoría de los que sufrieron un hecho de acoso sexual no lo percibieron como tal, concluyen que las mujeres generalmente confían en la autoridad, creen en la buena voluntad de las actitudes de maestros, no identificándolas como acoso. Otro elemento importante de esta investigación es que las mujeres de las minorías étnicas son doblemente vulnerables por su status de minoría, coherente en muchos casos con una mayor falta de poder y temor a la discriminación.

Muchas de las mujeres que sufren situaciones de violencia de género, inclusive agresiones sexuales y violaciones, no denuncian estas situaciones. Algunas investigaciones ponen de manifiesto que entre las causas por las que no lo hacen, se debe a la poca confianza que existe por parte de las agredidas hacia la institución, muchas no se atreven a romper el silencio por miedo a no ser tomadas en serio o no ser apoyadas (Hensley, L. 2003 citado por Valls, R. et. al. 2006-2008).

Expresan también que los estudiantes creen que las autoridades no afrontan apropiadamente la violencia de género en los contextos universitarios y las conductas que la fortalecen. Esta apreciación lleva a la apatía y conduce que no informen de acontecimientos de violencia que han acontecido. Por tanto, es necesario que las universidades cambien el ambiente fortaleciendo la no tolerancia hacia ningún tipo de violencia. (Bryant, S. A. y Spencer, G. A. 2003 citados por VALLS, R. ob. cit.)

Un artículo ya citado realizado en universidades de Canadá (Osborne, R. 1995 citado por VALLS, R. et .al. 2006-2008) menciona el entorno hostil con el que se topan las mujeres que se han decidido a romper el silencio, denunciando y publicando las situaciones de violencia de género.  Se refiere a la reacción violenta de la propia institución o de miembros con poder, que se manifiesta de muy diversas formas, hacia las mujeres que con sus estudios y su posicionamiento coherente al feminismo, rompen el silencio y hacen pública la violencia de género escondida en el contexto académico.

Algunas divulgaciones brindan especial interés a la respuesta de las instituciones frente a este tipo de situaciones, concluyendo que las universidades crean, como otros institutos, espacios más desfavorables para las mujeres que para los hombres, consiguiendo dificultar activamente, en algunos casos, la denuncia por parte de las mujeres violentadas.

Algunos se centran en el impacto o los efectos de haber vivido violencia de género para las trayectorias personales y profesionales de las mujeres. Estas consecuencias pueden ocasionar  el abandono de los estudios, y perturban no solo a las violentadas directas, sino además a personas de su medio que se solidarizan con ellas. (VALLS, R. et .al. 2006-2008).

En España en el 2004, E. Oliver y R. Valls señalan que la aceptación de la violencia supera los estereotipos culturales, las clases sociales y no se supera con más estudios, enfatizan sobre la dimensión internacional del problema y en la revisión sobre las principales normativas para su prevención.

En  2006-2008 se realizó en España la investigación Violencia de Género en las Universidades Españolas, coordinada por el CREA y R. Valls, los resultados indican que el 58% de las personas encuestas expresó haber vivido o conocer a alguna persona que había sufrido alguna situación de violencia de género. Destacó la necesidad de implementar prácticas de prevención y combate contra la violencia de género, realizó un inventario de medidas implementadas en universidades de ranking internacional a partir de la información suministrada en los sitios web de esas instituciones y elaboro una Guía para la prevención y atención a la violencia de género en las universidades. (VALLS, R. ob. cit.)

En México en un estudio realizado en la Universidad Autónoma de Chapingo (UACh) (CASTRO, R. VÁZQUEZ, V., 2008)  denominado: “La Universidad como espacio de reproducción de la violencia de género”, se sostiene que todos los testimonios de violencia física, sexual y simbólica son formas de abuso que  ejercen los hombres contra las mujeres con el fin último de perpetuar la dominación sobre ellas. Analizan las trayectorias sociales de un conjunto de estudiantes mujeres. Las conclusiones a las que llega son: el carácter sistémico de la violencia contra las mujeres, que se inicia desde la familia de origen, se incorpora como parte de la regla y por esto mismo desarrolla gradualmente predisposiciones de conformidad con el sometimiento   —expresión plena de la opresión simbólica que se consuma en ellas—; y que se radicaliza en la UACh, donde un conjunto de factores institucionales —como la matrícula minoritariamente femenina, la enorme desventaja que significa para las estudiantes del sexo femenino tener que abrirse paso en un mundo tradicionalmente masculino, la tolerancia hacia las diversas formas de misoginia de los profesores, los trabajadores y los alumnos, contribuyen al debilitamiento sistemático de que son objeto las mujeres.

También indican el carácter metódicamente individualista de las alternativas de solución que las jóvenes estudiantes aciertan a concebir. Refieren que ellas son conscientes de la agresión organizada de la que son objeto y sin embargo no logran sino imaginar salidas voluntaristas e individuales. Que esto constituye la mejor expresión del triunfo del proyecto de domesticación que comenzó en casa y que ellas sufrieron en carne propia desde el primer día en la universidad. Pero que es una falsa conciencia del problema, idónea para que el sistema de dominación pueda seguirse reproduciendo, y no es sino una nueva expresión de la supremacía simbólica a la que están sometidas: describen las rutas de emancipación de su resignación en términos que resultan del todo convenientes para el régimen de opresión masculina, por ser precisamente del todo ineficaces para subvertir ese orden social al que están sujetas. Agregan que es necesario identificar las formas en que otras instituciones educativas forman parte de este procedimiento general de reproducción del dominio masculino, más allá del currículum oficial, en el plano de las prácticas.

En un estudio realizado en la UNAM (Cooper, Jenny e Hilda Rodríguez,  2007 citados por BELAUSTEGUIGOITIA, M. 2008), se obtuvo que el hostigamiento sexual no sea extraño en la comunidad universitaria. Un 72% de las alumnas encuestadas y un 36% de los alumnos, reportaron alguna forma de hostigamiento sexual. En el personal académico, 48% de mujeres, frente a un 23% de hombres han vivido alguna forma de hostigamiento. En la población administrativa se realzan las diferencias ya que son 53% de las mujeres encuestadas las que expresan algún hecho de hostigamiento frente al 15% de los hombres.

CONCLUSIONES

Cuando las universidades pongan las medidas de prevención, atención y sanción contra la violencia de género y las mujeres perdamos el miedo a organizarnos y denunciar la violencia de género que vivimos y no de temor hacer investigación sobre estos temas tendremos unas universidades no sólo menos sexistas y discriminatorias si no también más humanas y científicas.

BIBLIOGRAFÍA Y RECURSOS ELECTRÓNICOS:

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[consultado en junio 2010]

BURGUÉS, A.; OLIVER, E.; REDONDO, G.; SERRANO, M. (2006). Investigaciones mundiales sobre violencia de género en la universidad. [en línea]. XI Conferencia de Sociología de la Educación: Santander, 22, 23, y 24 de septiembre de 2006. Disponible en:
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[consulta: 15 septiembre 2010]

CASTRO, R. VÁZQUEZ, V. (2008). La Universidad como espacio de reproducción de la violencia de género. Un estudio de caso en la Universidad Autónoma Chapingo. [en línea]. México. Estudios Sociológicos, Vol. XXVI, Núm. 3, septiembre-diciembre, 2008, pp. 587-616 El Colegio de México Disponible en: http://redalyc.uaemex.mx/src/inicio/ArtPdfRed.jsp?iCve=59811148003  
[Consulta: 20 agosto 2010].

ONU (1993). Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer. Resolución de la Asamblea General. [en línea].  20-12-1993 (DOC. G. A/RES/48/104). Disponible en:
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VALLS, R., OLIVER E., SÁNCHEZ, A., RUIZ, E., MELGAR, P., (2007) ¿Violencia de género también en las universidades? Investigaciones al respecto. [en línea]. Revista de Investigación Educativa, 2007, Vol. 25-1.
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VALLS, ROSA, et al. (2006-2008).  Violencia de Género en las Universidades Españolas. [en línea]. Plan Nacional de I+D 2004-2007. Madrid: Instituto de la Mujer. Disponible en: http://www.pcb.ub.es/crea/proyectos/violencia/proyecto,htm [Consulta  15 junio 2010]

AUTORES:

Dra. Yolanda Emperatriz Cortés Dillanes, Doctora en Clínica Psicoanalítica. Docente e investigadora de la Unidad Académica de Psicología de la Universidad Autónoma de Guerrero. Perfil PROMEP, Coordinadora del Proyecto de Investigación: La aplicación de la psicología clínica –desde la perspectiva de género-  en el tratamiento de mujeres universitarias de la UAGro que viven con violencia. yocodi_@hotmail.com

M.C. Mónica Guevara Rojo, Maestría en Psicoterapia Humanista. Docente e investigadora de la Unidad Académica de Psicología de la Universidad Autónoma de Guerrero. Perfil PROMEP, participante del Proyecto de Investigación: La aplicación de la psicología clínica –desde la perspectiva de género-  en el tratamiento de mujeres universitarias de la UAGro que viven con violencia. Moguero22@hotmail.com 

M.C. Guadalupe Antúnez Nájera,  Maestría en Psicoterapia Humanista. Docente e investigadora    de la Unidad Académica de Psicología de la Universidad Autónoma de Guerrero. Perfil PROMEP, participante del Proyecto de Investigación: La aplicación de la psicología clínica –desde la perspectiva de género-  en el tratamiento de mujeres universitarias de la UAGro que viven con violencia. antunez1424@yahoo.com.mx