Revista Digital de Tecnologías de la Información y Comunicación. Vol. 8, No. 2. Semestre julio-diciembre de 2012. ISSN: 1870-7505

 

LEYES, VIOLENCIA DE GÉNERO Y EDUCACIÓN

Guadalupe Antúnez Nájera*
Yolanda E. Cortes Dillanes**
Karla E. De la luz Antúnez***

 

RESUMEN

La violencia de género contra las mujeres es un tema de trascendencia social, que ocupa espacios en las agendas de los gobiernos de distintos países incluyendo al País Mexicano. Existente un conjunto de instrumentos jurídicos dirigidos promover  la igualdad entre hombres y mujeres y a erradicar la violencia de género.  Sin embargo,    las estructuras de poder originan relaciones desiguales y refuerzan  una cultura patriarcal que enfatiza en la  diferencia de los sexos el deber ser de los individuos. La educación juega un papel preponderante en el desarrollo social de los seres humano que orienta al deber ser social de los mismos.

Palabras claves: Violencia de género, Educación, Ley y cultura.

Desarrollo del tema

La idea de igualdad, de libertad y de respeto a los derechos humanos entre los seres humanos, por parte de las mujeres, da origen a la promoción de nueva ideologías y formas de relacionarse entre estos. Uno de los avances de trascendencia social en la vida pública y política del país fue la emisión del voto libre y secreto de las mujeres  en 1975,   logrando  con ello, la asistencia  a las urnas y ser electas.  Este nuevo proceso posibilita la inclusión de las mujeres en la vida pública y política del país. Pero además da origen a nuevas formas de relación tanto en la vida privada como en la vida pública de estos. (Write Mills).  En este mismo año,  se logra la igualdad constitucional y se da inicio a los  trabajos para una  homologación legislativa.

Sin embargo, estos avances sociales y jurídicos no determinan cambios sustanciales en la vida socio-política y cultural de las mujeres, lo que hace necesario a las mujeres continuar motivando la elaboración de instrumentos jurídicos que garanticen su aplicabilidad,  el compromiso y responsabilidad por una sociedad justa de igual representación de hombres y mujeres disminuyendo así, la opresión,  el control y la violencia en la que viven.

En 1979,  la Organización de las Naciones Unidas (ONU) fue el primer organismo internacional que detectó y reprobó la gravedad de la violencia contra las mujeres y reconoció explícitamente que esta situación en el entorno familiar es el crimen encubierto más frecuente en el mundo, y aprobó en 1980 la Convención para Erradicar la Discriminación Contra la Mujer.

En la década de los noventa,  con una mayor capacidad de organización y esfuerzos emprendidos por las mujeres, de expertos y el compromiso de algunos gobiernos, que se logra una sensibilización pública respecto al problema de la violencia contra  la mujer.  Así, en la conferencia realizada en Viena en 1993,  la ONU reconocía la urgente necesidad de integrar a la mujer en la aplicación universal de los derechos y principios relativos a la igualdad, seguridad, libertad, integridad y dignidad de todos los seres humanos.

Estas acciones promovieron el entusiasmo, la perseverancia de las mujeres  por continuar exigiendo instrumentos internacionales con carácter de obligatoriedad  jurídica que mandara a  los estados  a reformar  legislaciones acordes. Fue así, que 1994 en Belém do Pará,  Brasil,  la Asamblea general de la OEA adoptó la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia Contra las Mujeres. En la IV Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre las Mujeres, celebrada en Beijing en 1995,  se declaró que la violencia que enfrentan las mujeres constituye un gran obstáculo para el logro de objetivos globales de equidad, desarrollo y paz.  Situación que menoscaba o anula el goce de los derechos humanos y de las libertades fundamentales de la mujer, y limita seriamente su capacidad para aprovechar sus aptitudes. 

Finalmente la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia(1997), es un instrumento jurídico que constituye principios y modalidades definidos para hombres y mujeres,  garantizar  su acceso a una vida libre de violencia que favorezca su desarrollo y bienestar conforme a los principios de igualdad y de no discriminación de hombres y mujeres, así como para garantizar la democracia, el desarrollo integral y sustentable que fortalezca la soberanía y el régimen democrático establecidos en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Estos escenario jurídicos y políticos, sustentado por todos estos instrumentos jurídicos internacionales, nacionales y regionales orientados a sancionar y a erradicar  conductas violentas aplicadas a hombres y mujeres, especialistas en el  tema coinciden que la Violencia de género contra las mujeres, es un tema pendiente a pesar de todos los esfuerzos nacionales, estatales y municipales por prevenirla y atenderla, precisamente porque el acceso a los espacios de justicia encuentra obstáculos derivados de una tradición que permite la impunidad y por tanto, la tolerancia y aceptación de este problema. (Protocolos de actuación, UNAM, CONACYT, 2012).

Se reconoce que la violencia de género contra las mujeres es una expresión simbólica de las estructuras sociales gestadas desde el origen mismo de las sociedades, al considerarse el hombre mismo desde la filosofía como el centro, como el superior y omnipotente que determina y controla todo su entorno. Ya lo  mencionaba Bourdieu,  que las claves de las reproducciones sociales están incrustadas precisamente en lo simbólico, en aquello donde se gestan las peores forma de violencia, es allí donde cada uno es reducido en sus capacidades humanas, y es capaz de anular a la inteligencia más viva. Este mismo, concluye, que la violencia simbólica, como todo lo simbólico en el ser, se encuentra en todos lados de lo social. El poder otorgado a los dominantes es la base de la violencia simbólica, que lleva a los propios dominados a ejercer sobre sí mismos las relaciones de dominación, asegurando así las reproducciones sociales de  desigualdad y discriminación.

Entender precisamente como operan las estructuras sociales,  su conformación,  efectos y resultados no es del todo sencillo, y entonces empezare formulando ¿Qué produce violencia? ¿Quién la produce? ¿A partir de que se produce? ¿Son las estructuras sociales, las que cimientan los factores de la violencia? ¿Las estructuras sociales por si, producen efectos violentos?.  Si la violencia es reconocida en contextos geográficos, políticos y culturales diversos, independientemente de la condición económica, de edad o grupo social al que pertenezcan las mujeres. Sus forma de expresión en la cotidianidad son múltiples y su presencia se revela en múltiples espacios como privados. Podemos entender que la violencia contra la mujer es una clave cultural, que devela de alguna manera a lo simbólico,  a lo sistémico,  producto precisamente de la estructura social establecida. La cultura impone pautas de comportamientos a seguir,  y por lo tanto, se aplica un poder que como dijera Bourdieu no se observa pero existe y actúa. Foucault por otra parte menciona “el poder es el resultado del juego de relaciones  sociales dinámicas y no igualitarias”.

Para este filósofo francés, los comportamientos se disciplinan a partir de un poder que se produce mediante un discurso que se aplica ya puede ser desde el derecho, la familia, la educación, y orienta de alguna manera a como observar el mundo, se dirige así una determinada mentalidad y por ende se reproduce una determina relación de poder.  Esta dinámica tiene sus efectos, por una parte es opresivo y por el otro es configurador porque determina formas de ver y vivir  el mundo que definen existencia y subjetividad. 

Como lo he mencionado,  la educación juega un papel preponderante en el desarrollo social de los seres humanos. Pero además,  como parte de una estructura social hegemónica, por una parte asume procesos de institucionalización y por otra promueve ideologías, comportamientos y patrones culturales que orientan  el deber ser de los seres humanos.  Un deber ser social cimentado por relaciones de poder, relaciones de desigualdad que enmascaran a la violencia simbólica, estructural y psicológica por no decir más con apartados clásico que aun en la actualidad no terminan de aniquilarse, el profesor y el estudiante manejando relaciones asimétricas operantes de la violencia y sus formas. La educación formal parte de un aparato estructural que responde a objetivos claros de un estado muchas veces opresor que minimiza y excluye.

Por ejemplo, algunas investigaciones ubican el ámbito universitario como un espacio predispuesto para agresiones contra las mujeres en términos de acoso y hostigamiento sexual. Otras,  sostienen que la propia estructura universitaria jerarquiza y masculiniza favoreciendo al silenciamiento de la violencia por parte de las víctimas. En un estudio recientemente realizado sobre la violencia de género en el nivel superior de la Universidad Autónoma de Guerrero-Acapulco, se encontró que  el 2.4% de los profesores amenazan a las estudiantes si no acceden a invitaciones sexuales. (Violencia de género en el nivel superior de la UAGro, 2013).

Para Torres Falcón (2010), la violencia es un acto u omisión intencional, y el imaginario social promueve sus formas sobre todo la violencia masculina con un significado especifico que promueve a las estructura con un fin determinante, establecer relaciones que diferencia a los seres humanos. 

RECURSOS BIBLIOGRAFICOS:

1. Tepichin, Ana María, Tinat Karine y Gutiérrez de Velasco, Luzelena, (2010), Los grandes problemas de México, Relaciones de género. Colegio de México, D.F.
2. Cortes D, Yolanda E., Guevara R., Mónica y Antúnez N., Guadalupe (2013), Violencia de género en el nivel superior de la UAGro., Editorial Académica Española.
3. Bourdieu, Pierre, La racionalidad jurídica como instrumento de subyugación. (Consultado el 26 de julio de 2013.) www.docentes.unal.edu.
4. Ley general de acceso de las mujeres a una vida libre de violencia. (Consultado el 02 de septiembre de 2013), http://www.diputados.gob.mx

AUTORAS:

* Licenciatura en Derecho con Maestría en Psicoterapia Humanista. Profesora - Investigadora de Tiempo Completo en la Unidad Académica de Psicología de la Universidad Autónoma de Guerrero. Perfil PROMEP, colabora en el Cuerpo Académico "Psicología Clínica". Adscrita al Programa Educativo de Psicología y Psicoterapeuta del  CISPG en el Campus Psicología.
** Con doctorado en Psicología psicoanalítica, Profesora investigadora de Tiempo Completo en la Unidad Académica de Psicología de la UAGro., Coordinadora del CA. Psicología Clínica y del CISPG. Integrante de la Comisión Universitaria para la Transversalización del Enfoque de Genero
*** Estudiante por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla,  colaboradora en Proyectos  con la Universidad Autónoma de Guerrero.